Me declaro culpable. Florence Nightingale debería haber sido la número 1 de este blog (y no la número 70) porque fue, cronológicamente, la primera de las extraordinarias "mujeres por descubrir" que yo descubrí. Recuerdo perfectamente cuándo y como ocurrió, hace más de 50 años. Yo estaba todavía en el colegio de las Esclavas, haciendo el bachillerato. Desde que mi abuela me enseñó a leer, con 4 años, yo era una voraz lectora. Como leía tanto siempre fui adelantada en lecturas con respecto a mi edad. Mientras otras personas de mi edad leían cosas como "la fiesta de cumpleaños de la gallina Catalina" (título imaginario), yo disfrutaba de un precioso libro de tapa dura con una versión adaptada de la Ilíada. Y en el colegio me informaron de que la directora, la madre Luisa Merello, quería verme en su despacho. No niego que me asusté un poco. Aquello olía a regañina, pero yo estaba segura de que no había hecho nada para que me regañaran o castigaran. Y cuando supe que mi compañera y amiga Concha Fajardo había recibido la misma "invitación" me tranquilicé del todo. Así que en un recreo, por no faltar a ninguna clase, allá fuimos las dos con más curiosidad que otra cosa. La directora nos dijo que sabía que leíamos mucho y, puesto que al parecer no afectaba negativamente a nuestras notas (podía haber pasado porque, puestos a confesar, confieso que parte del tiempo que se suponía que yo estaba estudiando estaba leyendo un libro estratégicamente situado entre las páginas del libro de texto), nos ofrecía la posibilidad de compartir algo. Toda una larga pared de su despacho estaba cubierta por unos armarios de puertas correderas y, descorriendo algunas, vimos que esas puertas ocultaban estanterías y estanterías llenas de libros hasta el techo. Podíamos llevarnos a casa los que quisiéramos y devolverlos una vez leídos para llevarnos más. Aquello era como poner un tesoro ante los ojos de Tío Gilito o invitar a un goloso a servirse a su gusto de una pastelería. Uno de los primeros libros que me llevé en préstamo era un tomo que contenía cuatro obras independientes, una de las cuales resultó ser una biografía de Florence Nightingale. La devoré, asombrada por el personaje que iba descubriendo. Posteriormente he ido sabiendo más detalles sobre ella. Así nos encontramos Florence y yo cuando todavía no había cumplido los 16.
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Monumento dedicado en honor a los héroes de la Guerra de Crimea. Waterloo Place, Londres. Florence Nightingale es la figura de la izquierda. Wikipedia |
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Detalle de la foto anterior. Wikipedia |
Y después de este largo prólogo, ahora por fin vamos a hablar de Florence Nightingale y por qué está en un monumento dedicado a la guerra de Crimea.
Florence Nightingale nació en Villa Colombaia, en la ciudad italiana de Florencia el 12 de mayo de 1820. Sus padres, William Edward Nightingale y Frances Smith, pertenecientes a la clase alta inglesa, pasaron los primeros años de su matrimonio viajando por Europa. Establecidos temporalmente en Italia, pusieron a su segunda hija el nombre de su ciudad natal. Así habían hecho también con su hermana mayor, Parthenope, a quien le pusieron el nombre griego de la ciudad de Nápoles, Parthenopolis (1).
Su destino, como mujer de su clase en época victoriana, debía ser prepararse para ser una dama al uso y llevar una vida cómoda y confortable después de un matrimonio concertado con alguien de su misma clase social. Pero Florence no siguió ese camino. En primer lugar, se obstinó en estudiar matemáticas, interés que compartía con su padre. Su segunda petición resultó ser aún más escandalosa a ojos de madre: quiso prepararse como enfermera. En aquel momento, las enfermeras estaban en el escalón más bajo del mundo laboral femenino, por debajo de las sirvientas. Casi todas eran analfabetas, sin ninguna preparación. Con jornadas de trabajo extenuantes y salarios de miseria, entre ellas abundaban las alcohólicas y se daba por hecho su inmoralidad. Su labor en los hospitales se limitaba a limpiar, vaciar los orinales, cambiar las sábanas y realizar las tareas que nadie más quería. Florence viajó por varios países aprendiendo lo que pudo por sí misma colaborando en distintas instituciones para aprender metodología y procedimientos, pero lo que más le sirvió fue la aguda observación y la aplicación del sentido común, además de aprender de los errores de los médicos, ignorantes y mal preparados, aunque soberbios y prepotentes. Así, poco a poco, iba formándose en su mente una visión global de lo que debe ser una enfermera. Con su experiencia en instituciones civiles y religiosas en varios países, en 1.853, asumió el cargo de superintendente en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas (que eran casi todas personas marginadas que vivían en la calle).
En marzo de 1.854 comenzó la guerra de Crimea, entre el imperio zarista y la alianza formada por Francia, Gran Bretaña y Turquía. Las condiciones sanitarias eran tan deplorables en el frente que el entonces Secretario de Guerra británico, Sidney Herbert (es la figura que aparece junto a Florence en la foto del monumento más arriba), a quien Florence había conocido en Roma unos años antes, le pidió que supervisara el papel de las enfermeras en los hospitales de la zona. Florence no se lo pensó dos veces. Con el cargo de Superintendente del Sistema de Enfermeras de los Hospitales Generales Ingleses en Turquía llegó a Constantinopla junto con 38 enfermeras (preparadas por ella misma) el 21 de octubre de 1854.
Florence comprendió el problema instantáneamente: la falta de higiene era letal. Morían muchos más soldados de infecciones, tifus, cólera y disentería que por las heridas de guerra. Los residuos lo contaminaban todo, las ratas subían por las paredes, las salas no se ventilaban porque los médicos, que apenas hacían otra cosa que amputar miembros, pensaban que el aire y la ventilación eran peligrosos.
Florence ordenó la limpieza de los vertederos contaminantes, la ventilación de las salas y extremar la limpieza en la preparación de las comidas. Y en poco tiempo la mortandad bajó del 42% al 2%. Cuando Florence comprendió que sus medidas funcionaban y que a su vuelta de Crimea tendría que convencer a mucha gente hostil, comenzó a llevar un riguroso registro de cifras y todas las observaciones que pudo.
Además de las cifras, se volcaba en el cuidado de los heridos. Cuando ya no quedaban médicos en el hospital, en plena noche, pasaba horas yendo de cama en cama, charlando con los pacientes, escribiendo las cartas que ellos le dictaban para sus familias. Entonces comenzaron a llamarla "la dama de la lámpara". Este nombre se popularizó a partir del poema Santa Filomena de Henry Wadsworth Longfellow, publicado en 1857.
A su regreso a Londres, su afición por las matemáticas demostró su utilidad. En la actualidad, aceptamos la presentación de los datos en gráficos con naturalidad, pero entonces no era lo habitual. Para convencer a los políticos y a cualquier persona que no entendiera los resultados de sus reformas creó un gráfico que llamaron "La rosa de Nightingale". Por eso se la considera también una pionera de la estadística. Y por eso esta entrada figura tanto bajo la etiqueta "Enfermeras" como "Matemáticas". Con esos gráficos y las cifras en la mano se presentó una y otra vez ante al Parlamento, hasta que sus reformas fueron aceptadas.
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La "Rosa de Nightingale" |
La realidad se impuso. Los médicos que habían trabajado con ella y el testimonio de los pacientes salvados (se cree que sus medidas salvaron millones de vidas) fueron convenciendo a los más renuentes. La estancia de Florence en Crimea no sólo le reportó fama personal. Consiguió un reconocimiento público de la profesión y ayudas económicas para crear una escuela de enfermeras. En 1860 se inauguraba la Nightingale Training School en el Hospital Saint Thomas de Londres. Se creaba la primera escuela de enfermería laica del mundo.
El 29 de noviembre de 1855, mientras aún permanecía en Crimea, se celebró una asamblea pública con el propósito de reunir fondos para homenajearla, haciéndole entrega de un objeto de arte en reconocimiento por su labor durante la guerra. Fue tal el éxito de la convocatoria que se decidió crear el Fondo Nightingale para el entrenamiento de enfermeras, con Sidney Herbert como secretario honorario de la fundación y el duque de Cambridge como presidente. En 1859 Nightingale disponía gracias a este fondo de 45 000 libras, monto con el que inauguró el 9 de julio de 1860 la Escuela de Entrenamiento Nightingale (Nightingale Training School) en el hospital Saint Thomas. Actualmente se llama Escuela Florence Nightingale de Enfermería y Partería (Florence Nightingale School of Nursing and Midwifery) y forma parte del King's College de Londres. Las primeras enfermeras entrenadas en esta escuela comenzaron a trabajar el 16 de mayo de 1865 en la Enfermería Liverpool Workhouse (2)
Recogió todo lo que había aprendido y experimentado en un sencillo manual de enfermería que aún hoy se considera un manual de introducción, el primero de su tipo en ser escrito.
Y también escribió un libro sobre el cuidado de enfermos en domicilio. uno de los mayores logros de Nightingale fue la introducción de enfermeras entrenadas para el cuidado de enfermos a domicilio en Inglaterra y en Irlanda a partir de 1860. Esto significó que los enfermos pobres podrían acceder a ser cuidados por personal capacitado, en lugar de ser cuidados por otras personas de buena salud, pero también de escasos o nulos recursos como para acceder a una formación adecuada en la materia. Esta innovación es vista como el antecedente del Servicio Nacional de Salud británico, establecido cuarenta años después de su muerte.
A pesar de sus dolencias, permaneció fenomenalmente productiva en el área de la reforma social. Durante sus años de postración en la cama, también realizó trabajos pioneros en el campo de la planificación hospitalaria, y su trabajo se propagó rápidamente a través de Gran Bretaña y del resto del mundo.
Nightingale dedicó el resto de su vida a promover el establecimiento y el desarrollo de la enfermería como profesión y a organizarla en su forma moderna.
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Tumba de F. N. |
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(1)Fuente: Mujeres en la Historia)
(2) Fuente: Wikipedia