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martes, 11 de enero de 2022

65. La primera mujer en la maraton de Boston

 


Kathrine Switzer nació el 5 de enero de 1.947 y fue la primera mujer en correr la maraton de Boston. A las mujeres no se les permitía correr porque "para ellas era físicamente imposible correr esa distancia".   Kathrine Switzer se inscribió en el maratón de 1.972 como K.V. Switzer, pero el director de la carrera, Jock Semple, la asaltó tres veces durante la carrera, intentando arrancarle el dorsal. Le gritó "¡Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!" Su novio, que también corría, lo impidió,  momento recogido en la foto en la foto. A partir de ese momento su novio y varios corredores más la escoltaron el resto de la carrera para que nadie pudiera molestarla.

En realidad tendría que corregir el título y cambiarlo por "La primera mujer en correr con dorsal en la maratón de Boston", pues otra mujer, Bobbi Gibbs, corría también ese año, llegando a la meta, y también lo había hecho el anterior, pero sin dorsal y camuflada con unas bermudas de su hermano y una sudadera con capucha. Por eso no fue molestada. 

 Todavía tuvieron que pasar otros 5 años para que finalmente se permitiera a las mujeres correr oficialmente. En 1.966, con ocasión de la carrera número 100 del maratón de Boston, la Asociación Atlética de Boston (BAA) permitió la inscripción de mujeres y se reconoció oficialmente como campeonas a las mujeres que terminaron en primer lugar de la pionera categoría femenina entre los años 1966-1971.  Gibb recibió medallas por sus tres victorias en 1966, 1967 y 1968. Su nombre está inscrito con los nombres de las demás ganadoras en el Boston Marathon Memorial en Copley Square. En sus años jóvenes, Gibb corría diariamente 13 millas (unos 8 kilómetros) hasta la escuela, y lo hacía con unas zapatillas de la Cruz Roja porque ni siquiera  existían zapatillas de correr para mujeres.

Kathrine Switzer ganó la maratón de Nueva York femenina de 1974 y quedó segunda en  1975, donde logró su mejor marca con un tiempo de 2 horas, 51 minutos y 37 segundos. También logró que todas las mujeres pudieran competir en una maratón.


sábado, 28 de agosto de 2021

58. Katherine Johnson, una vida de pelicula

 

Doodle dedicado a Katherine Johnson


Esta es la historia de una niña afroamericana que lo contaba todo; los pasos que necesitaba para cruzar la calle, los pasos que había hasta la iglesia, el número de platos que limpiaba, las estrellas que veía todo lo que podía ser contado. La historia de una niña afroamericana que creció en una época en la cual la segregación racial era una realidad y que aun teniendo, a priori, pocas oportunidades, se convirtió en una excelente matemática.  Contribuyó a la aeronáutica de Estados Unidos y sus programas espaciales. Sus cálculos de la mecánica orbital como empleada de la NASA fueron fundamentales para el éxito del primer y posteriores vuelos espaciales tripulados en su paí­s. Durante su carrera de 35 años en la NASA y su predecesor, el Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica (NACA por sus siglas en inglés), se ganó la reputación de dominar los cálculos manuales complejos y contribuyó al uso pionero de computadoras para realizar tareas. La agencia espacial destacó su «papel histórico como una de las primeras mujeres afroamericanas en trabajar como científica de la NASA».

Katherine Johnson nació el 26 de agosto de 1918 en White Sulphur Springs, Virginia Occidental, y ya desde muy pequeña demostró su talento para las matemáticas. Desgraciadamente las leyes de segregación racial que imperaban en los Estados Unidos en aquella época hacían que una afroamericana no pudiera estudiar más allá de octavo curso en su condado natal. Decididos a que sus hijos e hijas tuvieran una buena educación, los padres de Katherine decidieron mudarse a Institute, donde estaba el West Virginia Colored Institute para afroamericanos. Se graduó a la temprana edad de 14 años y con 15 años continuó sus estudios superiores en la denominada West Virginia State College, donde consiguió sus grados en Matemáticas y Francés a la edad de 18 años. Durante sus años de estudio tuvo el apoyo de varios profesores, entre ellos la química y matemática Angie Turner King y el matemático W.W. Schiefflin Claytor, el tercer afroamericano en obtener un doctorado en Estados Unidos. El profesor Claytor vio semejante potencial en Katherine que creó asignaturas de geometría analítica y aeronáutica específicamente para ella.

En 1937 la (casi) única opción de una mujer afroamericana para trabajar fuera de casa era dedicarse a la enseñanza. Fue así­ como Katherine se mudó a Marion (Virginia) a ejercer como profesora de matemáticas, música y francés. Según sus propias palabras, fue en Virginia donde sufrió las consecuencias de la segregación racial y el racismo por primera vez de forma consciente. Aunque también fue en Virginia donde Katherine luchó de alguna manera contra esa segregación; fue uno de los tres estudiantes afroamericanos (la única mujer) seleccionados para realizar estudios de postgrado en  la West Virginia University de Morgantown.  Desgraciadamente, problemas familiares hicieron que Katherine no pudiera finalizar sus estudios.

Corría el año 1950 cuando se enteró que la NACA (National Advisory Committee for Aeronautics. NACA por sus iniciales), predecesora de la NASA (National Aeronautics and Space Administration), buscaba mujeres afroamericanas para tareas de cálculo en el Departamento de Gua y Navegación. Durante la II Guerra Mundial las agencias gubernamentales estadounidenses contrataron a miles de mujeres para realizar diferentes actividades. Después de la guerra, la NACA siguió aplicando dicha política, especialmente cuando la carrera espacial dio su pistoletazo de salida con el lanzamiento del Sputnik 1 por parte de la Unión Soviética años más tarde. Aunque no pudo conseguir el trabajo en 1950 por estar lleno el cupo de contratacón, Katherine empezó a trabajar para la NACA en 1953.

Fotograma de la película Hidden figures
Como experta en matemáticas y geometría, su trabajo consistía en realizar todas las operaciones y comprobaciones de cálculo que requerían los ingenieros aeronáuticos. Ese era un trabajo silencioso que las mujeres hacían sin preguntar nada. Pero Katherine no se conformó sólo con hacer el trabajo. Empezó a plantear preguntas como ¿por qué?, ¿para qué?, ¿como?, ¿por qué no? y pidió poder ir a las reuniones de los ingenieros para poder discutir esas cuestiones con ellos. Le contestaron que eso no era común, a lo que ella preguntó si estaba prohibido. La contestación fue que no, y fue así­  como Katherine Johnson empezó a ir a las reuniones. Con el tiempo fue destacando no sólo por sus conocimientos sino también por sus capacidades de liderazgo. A pesar de las barreras iniciales que pudo sufrir al inicio de su carrera debido a su doble condición de mujer y afroamericana, poco a poco se fue ganando el reconocimiento de sus colegas. Su asombrosa carrera como matemática, científica espacial e informática teórica la convirtieron en todo un referente en la NACA/NASA.

Fue la encargada de llevar a cabo los cálculos del Proyecto Mercury desarrollado por la ya NASA entre 1961 y 1963. Calculó la trayectoria parabólica del vuelo espacial de Alan Shepard, el primer estadounidense que viajó al espacio a bordo del Mercury Redstone 3 en 1961. Este vuelo suborbital fue realizado veintitrés días después del primer vuelo orbital de la humanidad del cosmonauta Yuri Gagarin. Según las propias palabras de Katherine "Al principio, cuando me dijeron que querían que la cápsula bajara en un lugar determinado y que estaban tratando de calcular dónde y cuándo debían hacer el lanzamiento, les dije: dejadme hacerlo. Decidme cuándo y dÓnde lo deseáis en la Tierra y os indicaré cuándo debe despejar".

 

Su magnifico trabajo no acabó ahí­. Calculó la trayectoria del Apolo 11 que llevaría el hombre a la Luna en 1969. Además sus cálculos ayudaron a sincronizar el módulo lunar con el módulo orbital. Katherine comentaba: "Yo había hecho los cálculos y sabía que eran correctos, pero podía pasar cualquier cosa". De hecho algo inesperado pasó durante la misión Apolo 13 y Katherine ayudó, una vez abortada la misión, a que la nave volviera a la Tierra implementando procedimientos y cartas de navegación.

También participó en el programa Space Shutlle y en planes de misión a Marte hasta su jubilación, en 1986, después de treinta y tres años de servicio en la NASA.

Cartel de la película
Hidden Figures (titulada Talentos ocultos en Hispanoamérica y Figuras ocultas en España) es una película biográfica estadounidense de 2016 dirigida por Theodore Melfi y escrita por Melfi y Allison Schroeder. (El título juega con el doble significado de figure/cifra y figure/silueta). Está basada en el libro de no ficción del mismo nombre de Margot Lee Shetterly. 

Hidden Figures (titulada Talentos ocultos en Hispanoamérica y Figuras ocultas en España) es una película biográfica estadounidense de 2016 dirigida por Theodore Melfi y escrita por Melfi y Allison Schroeder. El tí­tulo juega con el doble significado de figure/cifra y figure/silueta.4​ Está basada en el libro de no ficción del mismo nombre de Margot Lee Shetterly. La película està protagonizada por Taraji P. Henson en el papel de Katherine Johnson. 

Mujeres y negras, las ˜hidden figures" de las que habla Margot  Lee en su libro lograron hacerse un hueco en la historia de la NASA. En concreto, otras cuatro mujeres afroamericanas (Dorothy Vaughan, Mary Jackson, Christine Darden y Gloria Champine) acompañaron a Johnson en su peculiar lucha. Fueron discriminadas por culpa de las leyes de segregación vigentes en aquella época, "pero a la vez hicieron amistades fuertes con las otras calculadoras blancas y con los ingenieros. Recibieron el apoyo de muchos colegas", explica Lee.

Johnson fue incluida en la lista de la BBC de 100 Mujeres influyentes en todo el mundo en 2016.‹ En un video de 2016, la NASA declaró: «Sus cálculos resultaron ser fundamentales para el éxito del programa de aterrizaje de Apolo en la Luna y el inicio Programa del transbordador espacial, como lo hicieron con esos primeros pasos en el viaje del país al espacio».

Katherine Johnson murió el 24 de febrero de 2.020, a los 101 años en Newport News (Virginia). después de  haber recibido múltiples reconocimientos. El administrador de la NASA, James Bridenstine, dijo: "Nuestra familia de la NASA está triste al enterarse de la noticia de que Katherine Johnson falleció esta mañana a los 101 años. Era una heroína estadounidense y su legado pionero nunca será olvidado. "  En 2019, Johnson recibió la Medalla de Oro del Congreso por parte del Congreso de los Estados Unidos . En 2021, fue incluida en el Salón Nacional de la Fama de la Mujer.

 

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FUENTES:








Filmaffinity: Hidden figures


Wikipedia: Hidden figures



sábado, 17 de julio de 2021

51. Valerie Thomas, la inventora que se convirtió en científica de la NASA contra todo pronóstico

 


Comienzo diciendo que el texto que sigue no es mío, sino de una periodista llamada Rocío P. Benavente, que lo ha publicado en el blog "Mujeres con Ciencia", un blog de la Universidad del País Vasco. Encuentro el texto tan correcto y tan claro que he decidido incluirlo  en mi blog "Mujeres por descubrir", dando crédito a su autora, como hay que hacer en estos casos.

Entre 1972 y 2021, Estados Unidos ha lanzado al espacio un total de nueve satélites del programa Landsat. El objetivo de estos dispositivos es devolver a la Tierra imágenes detalladas de su superficie con distintos fines de investigación. Para lograrlo hay que utilizar sofisticados sistemas de procesamiento de imágenes, de forma que los datos se transmitan e interpreten correctamente y el potencial de sus observaciones no se pierda por el camino. Valerie Thomas, inventora y científica contra todo pronóstico, fue una de las responsables de desarrollar esos sistemas de procesamiento de imagen.

Thomas nació en febrero de 1943 en Maryland, California, y es un ejemplo más para la larga lista de mujeres que siguieron sus inquietudes científicas por una cuestión, casi, de cabezonería personal y a pesar de no contar con la ayuda de su entorno. Y eso que su padre sí tenía algunos conocimientos técnicos y científicos.

De hecho su primera curiosidad por esa rama del conocimiento apareció un día que vio a su padre cacharrear con las tripas de la televisión para arreglarla. Ella quería saber cómo funcionaba. Alrededor de los 8 años cayó en sus manos un libro titulado The Boys First Book on Electronics —El primer libro de los chicos sobre electrónica–, y ella lo llevó a casa esperando que su padre le ayudase a poner en marcha alguno de los proyectos que aparecían en él, pero no fue así.

En esa época, Thomas asistía a un instituto femenino donde tampoco se impulsó su vocación técnica, ya que no se consideraba una opción para las mujeres. En un momento de tensiones raciales y lucha por los derechos civiles, Thomas, una adolescente negra, tenía una desventaja añadida para recibir una educación completa en ese campo. Para ella sus intereses eran, sobre todo, un empeño personal.

Esto cambió al pasar a la universidad. Thomas se matriculó en la Morgan State University y fue una de las dos únicas mujeres que hicieron estudios de física. Era muy buena estudiante y pronto tuvo suficientes conocimientos de matemáticas como para entrar a trabajar como analista de datos en la NASA.

Entró en la agencia espacial en 1965. En 1976, asistió a un seminario científico donde se produjo la demostración de una ilusión óptica en la que se engañaba al espectador para que creyese que una bombilla seguía encendida, incluso después de haber sido desenroscada de su sitio, utilizando un complejo juego de espejos. Esto despertó su vocación de inventora y decidió empezar a trabajar con espejos ella misma, cóncavos y planos, consiguiendo por ejemplo generar la ilusión de que podía reflejarse un objeto que en realidad estaba detrás del cristal y produciendo así ilusiones tridimensionales.

Empezó a experimentar y a estudiar cómo se relacionaba un objeto y su reflejo respecto a las distintas imágenes y posiciones que se percibían al utilizar distintos espejos. Pensó que si era posible presentar y transmitir este tipo de imágenes de forma realista, en el futuro ese conocimiento y técnicas servirían para realizar grandes mejoras en los sistemas de vídeo y televisión.

En 1980 obtuvo la patente de su transmisor de ilusiones, un sistema que utilizaba un espejo cóncavo en el lado del emisor y otro en el del receptor para producir ilusiones ópticas. Este sistema y algunas de sus variantes sigue siendo utilizado hoy por la NASA en programas de observación espacial, y se han estudiado para implementarse en herramientas médicas y quirúrgicas para observar en el interior del cuerpo de los pacientes durante una operación, entre otras cosas.


Dentro de la NASA, Thomas se encargó durante más de diez años de supervisar los trabajos de procesamiento de imagen del programa Landstat, el primero que sirvió para conseguir imágenes de la Tierra desde el espacio. Gracias a estas imágenes pudo ayudar a predecir, entre otras cosas, problemas con las cosechas en distintos lugares del mundo. A medida que avanzaban en el conocimiento y la información que estas imágenes podían proporcionar, la tecnología y los sistemas empleados también avanzaban para poder compartirlas y transmitirlas a otros lugares del mundo.

A pesar de su talento, la carrera de Thomas en la NASA estuvo marcada por el hecho de ser mujer y afroamericana, y tuvo que trabajar especialmente duro para ascender; llegó a ocupar el puesto de jefa de la Oficina de Operaciones de Datos de Ciencia Espacial de la NASA. Durante su tiempo allí contribuyó al desarrollo de programas informáticos que se utilizaron en la investigación sobre el cometa Halley, sobre el agujero y la capa de ozono y la tecnología satelital en su conjunto. Se retiró de la agencia en 1995.

En recuerdo de sus años de estudiante, cuando no tuvo mucho apoyo para sus aspiraciones, Thomas ha participado en programas que buscan despertar y alimentar las vocaciones científicas entre los jóvenes, especialmente entre las chicas, tanto desde la NASA como en un papel de mentora dentro de distintas organizaciones con ese fin.


sábado, 24 de abril de 2021

37. Patricia Bath, ". . . y los ciegos ven"

 


Fue una niña afroamericana nacida en Harlem; su padre era un inmigrante de Trinidad, el primer hombre negro autorizado a manipular maquinarias pesadas en la construcción del metro de la ciudad, su madre, descendiente de esclavos negros, fue ama de casa mientras sus hijos fueron pequeños, después trabajó en el servicio doméstico para ahorrar y conseguir que sus hijos tuvieran estudios; según las estadísticas, Patricia era una persona con muy pocas posibilidades de triunfar en la vida. Sus padres le regalaron, cuando era pequeña, un juego de química y un microscopio y eso despertó su curiosidad y sus ganas de aprender. Y lo consiguieron, pues pronto comenzó a sentirse realmente interesada por todas las ramas de la ciencia. Era también una buena estudiante, por lo que pudo obtener durante su época de adolescente una beca de la National Science Foundation que le permitió continuar sus estudios y realizar un exitoso trabajo de investigación que más tarde le valdría el Premio al Mérito de la Revista Mademoiselle.

Gracias a sus recién estrenados éxitos, además del esfuerzo de sus progenitores, pudo obtener primero el Bachiller Universitario en química y más tarde la carrera de medicina, en la Universidad de Howard. Después de licenciarse se mudó a California, donde se convertiría en la primera mujer afroamericana en ejercer como cirujana en su hospital universitario. Además, pasó a ser la primera oftalmóloga del Instituto de los Ojos Jules Stein, de UCLA.

Bath recibió el Bachelor of Arts en química del Hunter College de Manhattan en 1964. Se trasladó a Washington D. C. para asistir la Universidad de Medicina Howard College para recibir su doctorado en 1968. Durante su tiempo en Howard, fue presidenta de la Asociación Médica Nacional Estudiantil y colaboradora de los Institutos Nacionales de Salud y el Instituto Nacional de Salud Mental.

Fue interna en el Hospital Central de Harlem, posteriormente sirviendo como especialista en la  Universidad de Columbia.​ Viajó a Yugoslavia en 1967 para estudiar la salud infantil, observando que la práctica de cuidado de ojo era desigual entre minorías raciales y la población pobre; posteriormente percibió la mayor incidencia ceguera entre sus pacientes negros y pobres.​ Decidió que abordaría este asunto, y persuadió a sus profesores de Columbia para operar a pacientes ciegos, gratuitamente, en el Hospital Central de Harlem, el cual no había ofrecido hasta entonces cirugía ocular.

Bath fue pionera en todo el mundo en la disciplina de "oftalmología comunitaria", desarrollada por voluntarios, que facilita los cuidados oculares necesarios a las poblaciones desfavorecidas. Fue residente en oftalmología en la Universidad de Nueva York entre 1970 y 1973, siendo la primera afroamericana en este rol.

Uno de los grandes trabajos que debemos agradecer a Patricia Bath es su preocupación por la salud de los ojos de las personas con menos recursos. Observó que en las comunidades más desfavorecidas de Estados Unidos se producían problemas de visión derivados de causas que podían prevenirse a través de la educación, la divulgación y la implicación de los servicios públicos sanitarios. Fue así como cofundó en 1970 el Instituto Americano para la Prevención de la Ceguera, una organización sin ánimo de lucro que defendía la visión como un derecho básico del ser humano.

El año 1981 marcaría un antes y un después en la vida de Bath. En ese momento comenzó a trabajar en su invento más reconocido: el ultrasonido Laserphaco (Laser PHotoAblative Cataract surgery). A lo largo de más de un lustro se enfrascó en la construcción de una herramienta que permitiera debilitar, de forma menos dolorosa, la capa rugosa y externa de las cataratas. Esto permitió que el procedimiento fuese mucho más preciso y acelerado. Patricia recibió la patente de su invención en 1988. Con ella, se convirtió en la primera mujer afroamericana y médica en obtener esta clase de registro para una aplicación en materia de salud. A lo largo de su carrera, conseguiría otras cuatro patentes de inventos.

Además, se convirtió en pionera en una nueva disciplina, llamada oftalmología comunitaria, que la llevó incluso a atravesar las fronteras de su país natal y viajar varias veces a países como Pakistán,  Nigeria o Tanzania, donde ayudó a tratar la visión de sus habitantes. También publicó 100 artículos de investigación y dedicó parte de sus años de trabajo a la divulgación de la oftalmología, así como a dar charlas a jóvenes interesados en la medicina, la ciencia y la tecnología. Incluso después de retirarse de la medicina siguió dando charlas y conferencias.

A principios de 1993, la doctora Bath decidió retirarse. Pasó entonces a formar parte del equipo honorario de Centro “Jules Stein” y la UCLA. Ese mismo año fue reconocida como Pionera de la Academia de Medicina de su alma máter en Washington D.C. Con el tiempo y el deterioro de su salud, decidió mudarse a San Francisco para estar más cerca de su hija y nieta. Allí murió el 30 de mayo de 2.019, a los 76 años, a causa de un cáncer de pulmón que padecía, aunque todavía decía tener muchos proyectos pendientes.

Yo, particularmente, le estoy agradecida por la sonda Laserphaco, que inventó y perfeccionó. Tanto mi padre como mi madre fueron operados de cataratas por este método sin dolor, casi sin molestias ni postoperatorios complicados y eso les evitó la ceguera en su vejez.

 FUENTES:

- Patricia Bath,  Wikipedia   

- Claudia Alemany: Patricia Bath, de Harlem a la Academia. Mujeres con Ciencia.

- Azucena Martín: La vista como derecho fundamental: el legado que nos deja tras su muerte Patricia Bath. Hipertextual.

- Patricia Bath, inventora de un laser para las cataratas. Huellas de mujeres geniales.


martes, 9 de marzo de 2021

31. Susan La Flesche Picotte, la primera doctora amerindia

 


La historia de esta mujer merece una película, o al menos una miniserie de media docena de capítulos. Si algún mandamás de Netflix lee esto, le cedo graciosamente la idea.

Suzanne La Flesche nació el 17 de junio de 1865 en la reserva de los indios omaha de Nebraska. Suzanne era medio indígena medio blanca, como sus padres, Mary Gale y Joseph La Flesche.

Su padre, Joseph La Flesche, también llamado Ojo de Hierro, era indio ponca con  ascendencia franco-canadiense. Fue educado en St. Louis, pero regresó a la reserva como un hombre joven y se identificó como culturalmente Omaha. Fue adoptado por el jefe joven Elk en 1853, quien lo eligió como su sucesor, y La Flesche se convirtió en el principal dirigente de la tribu Omaha alrededor de 1855.

Su madre, Mary Gale, era la hija del Dr. John Gale, un cirujano blanco  del ejército estacionado en Fort Atkinson, y de  Nicomi, una mujer de estirpe omaha-Oto-Iowa.

Sus padres quisieron evitar que Susan sufriera discriminaciones y por ello no le pusieron un nombre omaha ni le hicieron los tatuajes tradicionales en el rostro. Aunque su madre solo hablaba la lengua de los omaha, su padre y sus hermanas la animaron a que usara el inglés para comunicarse. Por ello, Susan hablaba con fluidez las tres lenguas: omaha, francés e inglés.

Foto familiar de Susan
Era la pequeña de la familia, tenía un medio hermano mayor, el antropólogo Francis La Flesche, y tres hermanas también mayores que ella. Su educación se inició en la escuela misional de la reserva. La escuela de la reserva era un internado donde a los niños nativos se les enseñaba las prácticas de los europeos para asimilarlos a la sociedad blanca. Después, Susan dejó la reserva para ir a Elizabeth , Nueva Jersey , donde estudió en el Instituto Elizabeth durante dos años y medio. En aquel tiempo, a las muchachas se les enseñaba los rudimentos del hogar y poco más, esperando que, finalizado el instituto, volvieran a su casa y ejercieran con esmero el papel de esposa y madre. Pero Suzanne decidió que quería seguir estudiando y se preparó para ingresar en una de las pocas instituciones educativas que aceptaban a mujeres en los estudios de medicina, carrera a la que había decidido dedicarse. Suzanne fue aceptada en el Women’s Medical College of Pennsylvania. Susan estudió química, anatomía, fisiología, histología, la ciencia farmacéutica, obstetricia y medicina general, y al igual que sus compañeros, hizo el trabajo clínico en las instalaciones en Filadelfia junto a estudiantes de otras universidades, tanto masculino como femenino. Mientras asistía a la Escuela de Medicina, el aspecto de Suzanne La Flesche cambió; empezó a vestirse como sus compañeras blancas y llevaba el pelo recogido en un moño en la parte superior de la cabeza.  Cuando era niña, Suzanne había visto morir a una mujer india enferma porque el médico blanco local no la cuidaba. Más tarde acreditó que esta tragedia fue su inspiración para ser médico, para poder atender a las personas con las que vivía en la Reserva de Omaha. A los veinticinco años, Suzanne La Flesche era la primera indígena doctorada en medicina en los Estados Unidos. 


En 1889 se graduó con la nota más alta y consiguió un puesto del gobierno con el que volvió a la reserva de Omaha para iniciar su labor como profesora en la escuela que le había sido asignada. Fue la primera mujer nativa americana en ocupar el cargo. Hasta entonces, no había ni un solo médico en la reserva donde malvivían los indios Omaha.

Allí debía enseñar a sus alumnos reglas básicas de higiene y salud. Pero Suzanne dedicó también muchas horas a visitar a enfermos en sus hogares de la reserva. Después de largas jornadas de trabajo extenuante, terminó cayendo ella misma enferma. En 1893 decidió darse un respiro y retirarse un tiempo a la vez que se hacía cargo de su madre que también estaba enferma.

En 1894 se casó con Henry Picotte, un indio de la tribu de los sioux con el que tuvo dos hijos. Después de ser madre, todo el mundo esperaba que Suzanne se retiraría definitivamente de su trabajo como maestra y doctora pero ella decidió de nuevo saltarse las normas sociales y optar por continuar trabajando.

Suzanne fue la primera y la única, la médica de todos, en los días y en las noches, sola en la nieve y en el sol”, escribe Eduardo Galeano. Se hizo tan popular, que los que estaban enfermos pedían su ayuda, en lugar de pedírsela a un doctor blanco. Se convirtió en la única doctora en una reserva de cerca de 3.500 kilómetros cuadrados. A menudo tendría que recorrer muchos kilómetros a pie para llegar a sus pacientes. Por todo ello recibía un sueldo de 500 dólares anuales, la decima parte que un médico del ejército o de la marina.

Además de cuidar de los enfermos, Suzanne dedicó mucho tiempo a la concienciación social de la importancia de la prevención y la higiene, sobre todo en enfermedades como la tuberculosis que acabaría con la vida de muchas personas en la reserva, entre ellas su propio marido, en 1905. Defendió la limpieza, el aire fresco y la erradicación de las moscas domésticas, que se creía que eran los principales portadores de la tuberculosis. Fue también una gran impulsora de la lucha contra el alcoholismo, problema que vivió en su hogar, con un marido alcohólico.



En 1913, recaudó dinero y abrió un hospital moderno en una colina de su ciudad natal de Walthill. Esto le permitió cuidar a las mujeres embarazadas y a los enfermos de todas las razas y credos, de la forma en que ella creía que debía ser. Que una mujer amerindia  sola (ya era viuda) consiguiera todo el dinero necesario para construir el hospital fue una hazaña, teniendo en cuando la época en la que se hizo.

Cuando Suzanne enviudó en 1.905, se tuvo que enfrentar a muchos problemas burocráticos para poder heredar las tierras de su marido. Una situación a la que se enfrentaban muchos indios americanos que veían peligrar, a menudo, sus derechos. Sensibilizada también con este problema, llegó a asesorar a los miembros de la reserva y a viajar a Washington para entrevistarse con los miembros de la "Office of Indian Affairs" para intentar mejorar la situación de los indígenas. Argumentó que el papeleo innecesario y la burocracia no eran más que una carga adicional sobre el pueblo omaha. Una prueba más de que la Oficina de Auditoría los trataba como niños y no como ciudadanos dispuestos a participar en una democracia. Suzanne continuó trabajando en nombre de su comunidad hasta el final de su vida.

Además de cuidar de los enfermos, Suzanne dedicó mucho tiempo a la concienciación social de la importancia de la prevención y la higiene. Fue capaz de combinar la medicina aprendida con la sabiduría heredada, las terapias de la universidad y las recetas de sus abuelos, para que la vida de los omaha doliera menos y durara más.

Luchadora incansable, Suzanne La Flesche dedicó toda su vida a los demás. Hasta que su cuerpo, aquejado de una enfermedad crónica desde pequeña que le hizo sufrir multitud de dolores a lo largo de los años, se apagó. El 18 de septiembre de 1915 fallecía a causa de un cáncer de huesos.

Ella fue mucho más que una doctora de la reserva, fue también una consejera, una confidente, y un símbolo de la esperanza para los Omaha. Fue una feroz defensora de la salud pública y reformadora social. Promovió prácticas de higiene que salvan vidas, como la eliminación de vasos compartidos y la instalación de mosquiteras para evitar insectos portadores de enfermedades.

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FUENTES: 


Mujeres con ciencia, Blog de la Universidad de País Vasco:

Wikipedia

Nos queda la palabra, blog de Agustina Pérez

Ahoramismo.com: Susan La Flesche Picotte: 5 datos curiosos que tienes que saber



domingo, 13 de diciembre de 2020

23. Nellie Bly, pionera del periodismo encubierto, la mujer que demostró que Verne se equivocaba

 


Cuando se leen muchos blogs, ocurre con frecuencia que, justo  cuando vas a escribir algo, otra persona escribe sobre el mismo tema (o parecido). Ya me ha pasado varias veces y siempre he dejado a un lado lo que tenía escrito porque no me gusta que alguien piense que utilizo ideas ajenas o copio. Esta mañana me he sentado en mi butaca con muchas ganas de escribir cosas en TODOS mis blogs. Pero tengo una rutina diaria: primero entro en mi correo, luego me pongo al día en Face book. y ya luego escribo, leo periódicos o novelas, veo series o vídeos de conferencias que me interesan..., hasta la hora de cenar.

Así pues, entré hoy en mi correo y allí me encontré con un aviso de nueva publicación en el blog Curistoria, del que ya os he compartido bastantes cosas en Fb y resulta que era casi igual a un borrador que yo tenía ya escrito y listo para publicar. Me dio un poco de rabia. Como el post de Curistoria parece que complementa al mío: cada uno de nosotros aporta algo que al otro le falta, he decidido publicar también mi post, con enlaces al post de Curistoria y a una web de cine que aporta información que creo interesante. Jamás me adorno con plumas ajenas y en todo lo que he escrito como historiadora o arqueóloga siempre he dado el crédito debido a otros con notas a pie de página o como correspondiera. De forma que, aquí vamos:

Elizabeth Cochran, sobre todo conocida por su pseudónimo Nellie Bly, (1864-1922) fue la pionera del periodismo de investigación y, particularmente, de lo que se convirtió en su sello personal, el periodismo encubierto.


Siendo muy joven, tras leer una columna de carácter sexista en el periódico Pittsburgh Dispatch, escribió una carta de respuesta al editor. Éste, impresionado por el estilo de la carta, le ofreció un trabajo como reportera en la sección de sociedad con reportajes sobre las desigualdades que padecían las mujeres. Nellie trabajó como sirvienta y en una fábrica de cajas de cartón, para conocer las condiciones de trabajo de estas mujeres. En 1885 fue corresponsal en México: sus crónicas contra el gobierno corrupto del dictador Porfirio Díaz provocaron su expulsión del país.

Pulitzer, propietario de The New York World, la contrató como reportera. El primer trabajo que le encargó fue un artículo sobre el manicomio para mujeres de Blackwell’s Island. Nellie se fingió loca y consiguió que la internaran en él. Desde dentro, como una enfema más, supo de primera mano las tremendas condiciones a que se sometía a las mujeres y escribió un impactante libro titulado Diez días en un manicomio.   Se ha hecho una película sobre este episodio protagonizada por Christina Ricci. Se titula "Atrapada en el manicomio". Nellie sólo permaneció allí diez días, pero su libro consiguió que la institución fuera clausurada y que la sociedad se concienciara. Hay que decir que en el siglo XIX muchos padres y maridos sin escrúpulos ingresaban impunemente a hijas o esposas de por vida en lugares así, por intereses económicos, o por tener relaciones con otras mujeres, o por evitar escándalos familiares.

En 1888 Nellie supo que una compañía naviera aseguraba que ya se podía realizar la vuelta al mundo en menos de 80 días. Nellie había leído la famosa novela de Julio Verne y estaba convencida de poder realizar el viaje en menos tiempo. Le propuso a Pulitzer que la enviara a tratar de hacer ese viaje en menos tiempo, a lo que éste se negó, por considerar que aquello era imposible para una mujer y además tan joven. Ella lo desafió a que enviara a un hombre mientras ella salía al mismo tiempo, pero escribiendo para otro periódico, y así lo convenció. En noviembre de 1889 salió de Nueva York rumbo a Inglaterra. Por el post de Curistoria he sabido que la revista Cosmopolitan envió a otra mujer para que compitiera con ella, saliendo de la misma ciudad y viajando en dirección contraria. 

 Nellie había pensado que un encuentro con Julio Verne sería una interesante aportación a su narración del viaje, que se publicaba en el periódico por entregas, de modo que solicitó de antemano reunirse con él, lo que fue aceptado. Desde Calais se apartó de su ruta para el encuentro con Verne. Tenía que recorrer 180 millas y sólo tenía tres horas para la entrevista. Verne, su mujer y un intérprete la recogieron en la estación de ferrocarril de Amiens y la llevaron a casa. Allí Verne le enseñó en un mapa del mundo el recorrido realizado por Phileas Fogg en su novela y le preguntó su itinerario. “Londres, Calais, Brindisi, Port Said, Ismailia, Suez, Aden, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, y de regreso a Nueva York en sólo 79 días”. “¿Por qué no va a Bombay, como hizo Phileas Fogg?”, le preguntó Verne. “Porque me interesa mucho más ganar tiempo que salvar a una joven viuda”, le respondió Nellie. Verne le aseguró que la aplaudiría si lo conseguía en 79 días pero que hacerlo en 75 sería un milagro. Le deseó suerte, pero estaba convencido de su fracaso. Este episodio del encuentro con Verne no aparece en el post de Curistoria, por eso digo que ambos nos complementamos.

Verne se equivocó. Nellie realizó su viaje (24.899 millas) en 72 días, 6 horas y 11 minutos (1). La última entrega del viaje fue publicada en el periódico junto con una felicitación de Verne. Su viaje completo fue también publicado como libro en La vuelta al mundo en 72 días. En su recorrido no se limitó a pasar por los lugares, sino que investigó sobre asuntos hasta entonces no tocados por mujeres periodistas (y prácticamente tampoco por hombres). Por ejemplo, en Cantón visitó leproserías y cárceles, escribiendo después sobre las condiciones de vida en ellas, los métodos de tortura y las ejecuciones.



Continuó realizando hazañas impensables para una mujer de su época hasta que en 1895 se casó con un millonario y abandonó el periodismo. A la muerte de su marido se hizo cargo de sus empresas pero, años después, arruinada, volvió al periodismo, llegando a ser reportera desde el frente del este durante la Primera Guerra Mundial. Murió a los 57 años de una neumonía.

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(1) El récord fue posteriormente batido por Georges Francis Train, que consiguió reducir el tiempo a 62 días. 

lunes, 2 de noviembre de 2020

21. Alice Ball y el medicamento contra la lepra


 

Alice Augusta Ball (Seattle, 24 de julio de 1892 – Hawái, 31 de diciembre de 1916) fue una científica y química estadounidense que desarrolló un extracto de aceite inyectable que fue el único tratamiento efectivo contra la lepra hasta la aparición de los antibióticos en 1940. Y Fue la primera mujer afroamericana que se graduó en la Universidad de Hawái con un máster.


Alice Augusta Ball nació el 24 de julio de 1892 en Seattle (Washington, EE. UU.) y era hija de James Presley y Laura Louise (Howard) Ball. Su familia era de clase media acomodada. Su padre fue editor de periódico, fotógrafo y abogado.​ Su abuelo, James Ball  fue un famoso fotógrafo y uno de los primeros afroamericanos en Estados Unidos en aprender la técnica del daguerrotipo. James Ball  Se mudó a Hawai con su familia en 1903, pero falleció al año siguiente. Esto llevó a su familia a tomar la decisión de regresar a Seattle en 1905.

Después de regresar a Seattle, Ball estudió en la escuela secundaria, donde se graduó con distinciones en ciencias en 1910. Posteriormente ingresó en la Universidad de Washington para estudiar Química.


Al cabo de cuatro años de estudio obtuvo un título en Química farmacéutica y Farmacia. ​ Tras graduarse, Ball recibió becas para estudiar en la Universidad de California Berkeley y en la Universidad de Hawái.​ Decidió mudarse a Hawái para estudiar un máster en química. En 1915 fue la primera mujer y la primera afroamericana de Estados Unidos en obtener un título de máster de la Universidad de Hawái. 


Mientras trabajaba en su tesis, el Dr. Harry T. Hollmann, un médico asistente en el Hospital de Kalihi en Hawái, le pidió que le ayudase a desarrollar un método para aislar los compuestos químicos activos en el aceite de chaulmoogra. El aceite de chaulmoogra ya había sido utilizado para el tratamiento de la lepra con buenos resultados. El problema era que la mayoría de los leprosos dejaban al poco tiempo el tratamiento porque  era muy  amargo y revolvía el estómago.​ Ball desarrolló un proceso para aislar los ésteres de etilo de los ácidos grasos en el aceite de chaulmoogra para que pudieran ser inyectados, pero falleció antes de poder publicar sus resultados.​ Arthur L. Dean, que era un químico en la Universidad de Hawái, continuó su trabajo y comenzó a producir grandes cantidades de extracto inyectable de chaulmoogra.


​Hasta ese momento, a los enfermos de lepra se les aislaba en una isla. En 1918, un médico de Hawái informó en el Journal of the American Medical Association que un total de 78 pacientes habían sido dados de alta en el Kalihi Hospital gracias a las inyecciones obtenidas con el procedimiento descubierto por Ball, y pudieron hacer una vida prácticamente normal, regresando a sus casas, viviendo con sus familias y trabajando.​ El éster de etilo aislado fue el tratamiento recomendado contra la lepra hasta que se descubrieron los antibióticos en la década de 1940.


Alice Augusta Ball murió el 31 de diciembre de 1916 a la edad de 24 años. Cayó enferma durante sus investigaciones y volvió a Seattle para recibir tratamiento pocos meses antes de su muerte. En 1917 un artículo del periódico Pacific Commercial Advertiser sugirió que la causa de su muerte podría haber sido envenenamiento por cloro mientras impartía clases. Sin embargo la causa real de su muerte se mantiene como desconocida, ya que su certificado de defunción original fue modificado para indicar que la tuberculosis fue la causa de su muerte.


A pesar de que su carrera como investigadora fue corta, Ball introdujo un nuevo tratamiento para la enfermedad de Hansen (o lepra) que continuó utilizándose hasta la década de 1940. La Universidad de Hawái no reconoció su trabajo durante casi 90 años. Finalmente, en el año 2000, la universidad le rindió homenaje dedicándole una placa con su nombre, situada sobre el único árbol de chaulmoogra del campus. El mismo día, la vicegobernadora declaró el 29 de febrero como «el día de Alice Ball», que se celebra cada 4 años. En ​2007 la Universidad de Hawái la galardonó de nuevo con la Medalla a la Distinción.



miércoles, 30 de septiembre de 2020

19. El calvario de las primeras universitarias españolas

 


 

María Isidra de Guzmán
En España, el acceso de la mujer a la universidad no se produce hasta finales del siglo XIX, a cuentagotas y con más obstáculos y dificultades que los que se imponían a sus compañeros. Si bien habían existido excepciones como la de María Isidra de Guzmán, la primera mujer española en alcanzar el grado de doctora ya durante el siglo XVIII, la llegada de la contemporaneidad será la que acerque a las mujeres de forma masiva a las aulas universitarias. No obstante, hay que destacar que durante gran parte del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la presencia de la mujer en la universidad española es minoritaria y se localiza en determinados estudios considerados por la sociedad como más adecuados para el papel que desarrolla en el núcleo familiar.



A día de hoy las universitarias son mayoría entre los estudiantes, llegando a representar el 58% de los alumnos matriculados en España. Igualmente, todos sabemos que, aun actualmente en las universidades hay carreras altamente feminizadas, con una presencia masiva de mujeres cursando aquellos grados. Medicina, Farmacia y Veterinaria han superado, desde hace tiempo, el 70% de alumnado femenino. En base a estos datos debemos plantearnos una serie de preguntas. ¿Cuándo empieza el proceso de feminización de algunas carreras universitarias? Las mujeres pioneras que entraron la universidad, ¿qué obstáculos legales padecieron para poder acceder? ¿Solo fueron obstáculos jurídicos, o también de naturaleza social y cultural? ¿Porqué, a lo largo del siglo XX, se ha considerado que unas determinadas carreras son supuestamente más aptas para las mujeres?


La universidad que organiza el Estado liberal de mediados del siglo XIX, después de las revoluciones liberales, tiene poco a ver con la universidad actual. En esos momentos, existían diez universidades repartidas por todo el país (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Oviedo, Santiago de Compostela, Sevilla, Granada, etc.), enfocadas a la élite y con el monopolio de la Universidad Central de Madrid sobre los cursos de doctorado. En estas universidades se podían cursar cinco carreras que daban lugar a un título y a una profesión titulada: Derecho, Medicina, Farmacia, Letras y Ciencias.

Para acceder a la universidad era condición sine qua non el título de Bachillerato y pagar las matrículas y los títulos. Eran carreras largas y caras a las que se les debía sumar los costes de desplazamiento y alojamiento si no se residía en la ciudad donde se encontraba el centro. Por lo tanto, era una universidad enfocada a las clases medias y a las clases altas. Una universidad reservada al género masculino, aunque no existía ningún obstáculo legal, en teoría, que imposibilitara la entrada de la mujer en la universidad. No obstante, si no existía tal prohibición es porque ni siquiera se consideraba la posibilidad de que la mujer se formara en estudios superiores.


A finales del siglo XIX, las mujeres de clase media y alta recibían educación y formación en sus casas mientras esperaban un matrimonio adecuado.


Era, eso sí, un tipo de educación muy concreto. Aprendían a leer, escribir, costura y bordado. Si se buscaba una educación más esmerada, un poco de geografía, historia, música y, en algunos casos, dibujo y francés. Esta educación se ha denominado “de adorno”. Trataba de dotar de un barniz cultural a las mujeres y  que dominasen algunas habilidades con la única finalidad de alternar en los salones.


Por lo tanto, esta formación no tenía como fin el mundo profesional. Tampoco cultivar la intelectualidad, sino el disponer de una cierta cultura general de la que poder presumir en los acontecimientos sociales. En ningún caso esta educación podía rebasar los límites que la sociedad decimonónica había impuesto a las mujeres.


Las mujeres finalizaban su educación aproximadamente a los quince años de edad, momento en el cual eran presentadas en sociedad y empezaban a acudir a tertulias, paseos y teatros, entre otros esparcimientos. Era el momento de conseguir un marido, casarse y formar una familia. En el caso de no conseguir matrimonio eran tildadas de “solteronas”. Pero si lograban casarse, todos los conocimientos adquiridos hasta entonces eran plasmados en los salones, por lo que la educación recibida les proporcionará los instrumentos necesarios para el mantenimiento de las relaciones sociales.


Las mujeres de clase media, en cierto modo, eran las que salían peor paradas. Se diferenciaban del conjunto de la sociedad por disponer de un nivel de vida superior al resto, lo que les permitía no tener que trabajar ni dentro ni fuera del hogar. La gran mayoría, además, disponía de servicio propio. Este hecho las desplazaba automáticamente al interior del hogar. Incluso si la familia se encontraba en un apuro económico y la mujer deseaba trabajar, el padre o el esposo se negaban rotundamente, ya que eso significaba pasar de ser señoritas a ser pueblerinas. A diferencia de las chicas de clase alta, que disponían de colegios de élite e institutrices, las chicas de clase media se las apañaban con asistir a los colegios de religiosas.


Si las familias de clase media podían permitirse enviar a sus hijas a la universidad, ¿por qué no lo hacían? Los manuales burgueses de la época hablaban del arquetipo de mujer como “ángel del hogar”. Este arquetipo evocaba a una mujer predestinada por naturaleza y por religión a la maternidad y a la exclusiva dedicación a la familia, confinada en el interior del hogar bajo la tutela masculina.


El hombre, en cambio, se encontraba abierto al mundo público y al conjunto de la sociedad. Si que es cierto, no obstante, que es a lo largo del siglo XIX que se empieza a considerar las ventajas que supondría instruir y formar a las mujeres, pero no como medio para su propia realización personal, sino con el propósito de que puedan aplicar esos conocimientos en el ámbito familiar, proporcionando una mejor atención al marido y una mejor educación a los hijos.


María Helena Maseras Ribera, Medicina


Como ya se ha dicho anteriormente, prohibición explicita del acceso de la mujer a la universidad no había. La ley no decía nada sobre la posibilidad de que las mujeres estudiasen carreras universitarias. Pero, aun así, cuando María Helena Maseras Ribera decide acceder a la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, necesita un permiso real de don Amadeo I para que le permitiera estudiar la carrera de Medicina. Ni siquiera disponer de dicho permiso, este no la habilitaba para acceder a clase. Durante tres años tuvo que recibir clases en privado hasta que los profesores Joan Giné y Partagàs y Narcís Carbó y Aloy, viendo sus buenas calificaciones, le permitieron asistir a las clases. En el número 1.165, del 23 de abril de 1876 de la revista El Siglo Médico se hicieron eco de la noticia:


“Al abrirse la matrícula del presente curso académico, se inscribió en la asignatura de Terapéutica una señorita que tenía ya aprobada la de Anatomía. Hará próximamente un mes y medio, pasando lista el Sr. Carbó, catedrático de la primera de las expresadas asignaturas, nombró a la discípula en cuestión. Esto produjo una gran sorpresa entre todos los alumnos, y entonces dijo el profesor que la señorita de que se trata se halla inscrita como alumna y que tenía por lo mismo la obligación de asistir a clase si quería optar a los exámenes ordinarios.

Sabedora, sin duda, dicha señorita de la indicación hecha por el Sr. Carbó, decidióse a asistir a la cátedra y el día 14 al entrar el profesor de Terapéutica en el local designado para las explicaciones de dicha asignatura, llevaba a su lado a la bella matriculada. La sorpresa que se apoderó de los escolares allí reunidos al ver a su condiscípula, a la que saludaron con una salva de aplausos, ya pueden figurarse nuestros lectores. Desde dicho día 14 la indicada señorita, a la que acompaña su hermano, también alumno de medicina, continúa concurriendo a la cátedra, tomando asiento al lado del Sr. Carbó. Excusamos manifestar que este incidente ha aumentado la asistencia a la cátedra indicada”.


 Por lo tanto, dentro del aula, María Helena tenía un asiento reservado en la tarima, al lado del profesor. No tenía permitido sentarse con sus compañeros. Maseras se convierte así en la primera mujer que se matricula oficialmente en una universidad de España. Otras lo habían hecho anteriormente, pero vestidas de hombre, como Concepción Arenal cuando decidió estudiar la carrera de Derecho en 1841. Además, se acordó que no podía rondar los pasillos ni las zonas comunes. Debía entrar en la antesala de los profesores y esperar allí al catedrático para ir al aula. Debía haber lo mismo para volver al terminar la clase. No obstante, en estos momentos se creía que la mujer podía alterar el orden de las clases.


María Helena finalizaría sus estudios en 1878. Cuando solicitó hacer el examen de licenciatura, no se le dio permiso para realizarlo hasta 1882. Obtuvo la calificación de sobresaliente, aunque nunca pudo ejercer la medicina al no querer realizar el doctorado vistas las trabas burocráticas que le ponían por el camino.


María Dolors Aleu Riera, Medicina (1874)


María Dolors Aleu se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona dos años después que su antecesora, en 1874. Nada más entrar fue recibida a pedradas, motivo por el cual su padre decidió ponerle dos escoltas que la acompañarían durante toda la carrera. Con una calificación de sobresaliente, terminó sus estudios en 1879, pero no se le otorgó el permiso de licenciatura hasta 1882. Una vez licenciada decidió hacer el doctorado en Medicina en la Universidad Central de Madrid. Su tesis no podrá ser leída hasta el 6 de octubre de 1882, una vez superada la oposición del rector. Esta tesis se tituló Necesidad de encaminar por una nueva senda la educación higiénico-moral de la mujer y fue publicada en La Independencia Médica en el año 1883. Se especializó en Ginecología y Medicina Infantil.


Después de doctorarse dispondría de su propia consulta en el número 31 de la Rambla de Cataluña de Barcelona, donde ejerció con éxito la profesión durante veinticinco años. Paralelamente, ocupó el cargo de maestra de Higiene Doméstica en la Academia de Bellas Artes y Oficios para la Mujer, institución fundada en 1885 por Clotilde Cerdà Bosch y ella misma.

Dentro de su consulta atendía y curaba a mujeres burguesas que llevaban años con dolencias ginecológicas sin atender “por no acudir al médico a causa de la vergüenza”, así como también se dedicó a asistir a las prostitutas, madres solteras, mujeres pobres del barrio chino y niños huérfanos de la Casa de la Caridad, estos de forma altruista. Ejerció consulta hasta 1911, año en que su hijo de veintiún años muere de tuberculosis.


Martina Castells Ballespí, Medicina

Martina Castells se matriculó, igual que sus dos antecesoras, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona en el año 1877. Terminó la carrera en cuatro cursos, en 1881. Si embargo, hasta 1882 no se le permitirá realizar el examen de licenciatura. Lo realizaría, además, junto con María Dolors Aleu. Con la calificación de aprobada presentó su tesis el 9 de octubre de 1882. La tesis tuvo como título: Educación física, intelectual y moral que debe darse a la mujer para que contribuya en grado máximo a la perfección y la dicha de la Humanidad. Según los diarios de la época, la tesis reivindicaba la educación de la mujer, la evolución de la representación de la mujer para la historia y tanto su felicidad como la colectiva de la humanidad.


Decidió dedicarse a la pediatría, pero moriría en 1884 debido a unas complicaciones ocurridas durante su primer embarazo, sin haber llegado a tener tiempo suficiente a ejercer como profesional.


El motivo por el cual se tardó tanto tiempo en permitir el examen de licenciatura a estas tres pioneras universitarias fue el debate que se originó en el Consejo de Instrucción Pública respecto a la posibilidad de conceder el doctorado a las mujeres. Finalmente, se llegó a determinar la concesión. Pero se precisó que solo podrían solicitarlo las estudiantes que ya habían finalizado sus estudios y aquellas que se encontraran en proceso. De esta forma se prohibía de facto, según la Real Orden del 16 de marzo de 1882, que otras mujeres pudieran iniciar los estudios universitarios. Al menos hasta que se adoptara una medida definitiva sobre el asunto en cuestión.


Para entonces eran nueve las universitarias matriculadas en España. Las últimas fueron María Luisa Domingo García en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid (1880), Dolores Lleonart Casanovas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona (1881) y Teresa de Andrés Hernández en la Facultad Filosofía y Letras de la misma universidad (1881). Cabe decir que ni la Universidad de Barcelona, ni la Universidad de Valencia ni la Universidad de Valladolid encontraron ningún inconveniente, al menos de forma tan aparente, en dejar matricular a mujeres en sus respectivos centros. Estos casos tan solo se daban en la Universidad Central de Madrid.


Concepción Alexandre
De las universitarias del periodo que abarca desde 1882 hasta 1888 destaca Concepción Alexandre Ballester, que pudo acceder a la carrera de Medicina al no haberle sido aplicada la normativa. Esto le permitió terminar los estudios de Bachillerato y poder acceder a la universidad.



Ya en el curso 1884-1885 no se matriculó ninguna nueva alumna en estudios superiores debido a que la normativa citada anteriormente impedía que aquellas que finalizaban la Segunda Enseñanza pudieran acceder a la universidad.


El caso de Dolores Closas Morera es digno de remarcar. En 1886 decidió matricularse en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona. Pagó por las asignaturas de Química General, Mineralogía y Botánica, Geometría General y Análisis Matemático, asignaturas que estuvo cursando hasta el momento de realizar los exámenes finales. Fue entonces cuando se le comunicó que no los podía continuar porque su matrícula había sido declarada nula de acuerdo con la normativa vigente, a pesar de que ella había iniciado la segunda enseñanza en 1881 y, por lo tanto, no le era aplicable.


El Consejo de Instrucción Pública de 1882 no consideraba que las mujeres estuvieran capacitadas para los estudios de Filosofía y Letras, a diferencia de los de Medicina. Es en estos momentos cuando este pensamiento se invierte. Se trató de alejar a las mujeres de la Medicina para acercarlas a Filosofía y Letras. Se trataba de estudios que apenas tenían salida profesional para ellas. Además, pensaban que podían responder a lo que ellos suponían que era el deseo de “adorno” que con los estudios buscaban.


La prohibición de que las mujeres pudieran acceder a estudios superiores se mantuvo vigente hasta el año 1888, momento en el cual un Real Decreto permitía que pudieran licenciarse en tanto que la enseñanza fuera privada. Por lo tanto, tenían el derecho a ser examinadas, pero no a asistir a clase. Aun así, si se pedía asistir a clase, el rector y el profesor de la asignatura en cuestión debían autorizarlo.


Matilde Padrós y Ángela Carraffa
En el curso 1887-1888 fueron admitidas en la carrera de Filosofía y Letras las universitarias Matilde Padrós y Rubio, por la Universidad Central de Madrid, y Ángela Carraffa de Nava, por la Universidad de Salamanca. A Matilde la avalaron tres catedráticos a los que ella había sido alumna asidua en sus respectivas clases, los cuales tacharon de inmejorable el comportamiento y el rendimiento de la alumna.

En 1890, una vez finalizadas las licenciaturas, las dos universitarias solicitaron el acceso al Doctorado en la Universidad Central, donde coincidirían en la misma clase con el famoso historiador Ramon Menéndez Pidal. En 1892, Ángela Carraffa presentó su tesis titulada Fernando Núñez de Guzmán. Su vida y sus obras, convirtiéndose así en la primera mujer en obtener el título de Doctora en Filosofía y Letras.

Un año más tarde, en 1893, Matilde Padrós obtuvo su doctorado con la tesis titulada El testamento de Jacob (Flecha, 1994: 87). De ella, José Ortega y Gasset diría: “Es la mujer más inteligente que he conocido, pero lo más interesante de esta mujer es que ella no sabe que es inteligente. Difícilmente se encontrará a un ser más inteligente y más inocente”.

La normativa aprobada en el año 1888 estuvo vigente hasta el 8 de marzo de 1910. Hasta entonces, las aspirantes a ser futuras universitarias debían contar con el permiso de la Dirección General de Instrucción Pública. La institución estudiaba cada caso particular, trámite que podía llevar meses e incluso años. Este fue uno de los factores que explican que, a lo largo del siglo XIX, tan solo hubiera 107 estudiantes matriculadas en universidades españolas.


Además, si asistían al aula debían ir acompañadas del padre, de un hermano o bien del profesor. En 1910 se eliminan las trabas y se garantiza que la mujer pudiera acceder a la universidad en igualdad de condiciones respecto a los hombres. Luisa Cruces Matesanz es uno de los casos de mujeres que tuvo que ir acompañada de un hombre a clase. Fue la primera licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona en 1910.


En el transcurso de esos casi cuarenta años de prohibiciones, burocracias, papeleos y decisiones administrativas arbitrarias, un total de setenta y siete mujeres consiguieron acceder a la universidad en España. De ellas, cincuenta y tres terminaron sus estudios y lograron el título de licenciadas o doctoras.


Matilde Ucelay
De 1910 a 1936 hubo un aumento del 7.842% en el número de universitarias matriculadas, pasando de las 33 a las 2.588 en 26 años. Durante este periodo cabe remarcar algunas mujeres importantes, como María Sordé Xipell, primera licenciada en Ciencias Naturales; Catalina de Sena Vives Pieras, primera Doctora en Ciencias; Zoé Rosinach Pedrol, primera Doctora en Farmacia; María Ascensión Chirivella Marín, primera licenciada en Derecho; Carmen Cuesta Muro, primera Doctora en Derecho; Pilar Careaga Basabe, primera licenciada en Ingeniería Industrial; o Matilde Ucelay Maórtua, primera licenciada en Arquitectura.



Emilia Pardo Bazán

Se iban realizando avances de cara a la normalización de la figura femenina dentro de las aulas universitarias. Sin embargo, aún se se mantenían en pie ciertos sectores que eran un tanto reacios a lo que ellos consideraban del todo inapropiado. Incluso grandes figuras de las letras sufrieron esta discriminación. En 1916, Emilia Pardo Bazán fue nombrada catedrática de la Universidad Central de Madrid. Su nombramiento era deseo expreso del rey Alfonso XIII debido a sus méritos literarios. Sin embargo, los catedráticos expresaron unánimemente su desacuerdo. Los alumnos, todos ellos varones, le hicieron el vacío en sus clases, no acudiendo nunca.



FUENTES:


- Daniel Pedrero Rosón: Las primeras universitarias españolas. 

- Wikipedia:











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