Si Google le le dedica hoy su Doodle a Luisa de Medrano por el aniversario de su nacimiento este blog no pude por menos que recordarla con algunos datos. Es difícil encontrar datos sobre ella, ya que toda su obra y toda mención de su existencia parece haber sido ordenada eliminar por Carlos I (¿una especie de damnatio memoriae por ser de la misma familia que uno de los líderes de los Comuneros, Juan Bravo? ). Hay escrita sobre ella una novela de ficción histórica, pero ignoro cuánto hay de ficción, cuanto de historia y cuanto de novela hay en ella Por eso no tengo más que el texto de la Wikipedia, que curiosamente recoge la anécdota de que cuando se inauguró en Salamanca un instituto con su nombre, ninguna de las autoridades presentes supo explicar quién era ella.
Luisa de Medrano Bravo de Lagunas Cienfuegos, llamada a veces erróneamente Lucía de Medrano (Atienza, Guadalajara, 9 de agosto de 1484-¿1527?), fue una poetisa, pensadora española y profesora de la Universidad de Salamanca, que pudo desarrollar una actividad cultural de la que las mujeres estaban excluidas en aquellos tiempos en Europa, debido a que estaba amparada por la reina Isabel I de Castilla. Su obra y toda mención de su existencia parece haber sido mandada eliminar por el rey Carlos I, y solo han subsistido tres fuentes primarias que hacen mención a ella.
Luisa de Medrano nació en Atienza (Guadalajara), localidad soriana hasta la división provincial realizada en 1833. Fue hija de Diego López de Medrano, señor de San Gregorio, y de Magdalena Bravo de Lagunas, del linaje de los Salvadores de Berlanga de Duero. Su abuelo apoyó a la reina Isabel contra Enrique IV, conquistando a traición el inexpugnable castillo de Atienza donde se estableció como alcaide.
Sus padres tuvieron nueve hijos, uno de los cuales, Luis, fue también catedrático y rector de la Universidad de Salamanca.
Padre y abuelo murieron luchando en Granada. Agradecida, la reina se hizo cargo de su viuda y de la educación de sus hijos. Los primogénitos —conocidos como Bravo de Laguna— fueron heredando el cargo de alcaides de Atienza, mientras que su hija Catalina, tras servir en la corte, se convirtió en una importante mecenas en Atienza; por ejemplo, financió la capilla del convento de San Francisco como panteón familiar. Otra rama de la familia tiene su capilla funeraria en la Colegiata de Berlanga. El comunero Juan Bravo también era de la misma familia, siendo posterior el escudo nobiliario de los Bravo de Laguna en Atienza.
Luisa de Medrano fue contemporánea de otras mujeres cultas como Beatriz Galindo "la Latina" y Beatriz de Bobadilla.
Solo se han encontrado tres fuentes primarias referidas a Luisa de Medrano:
1. La primera es un apunte en el Cronicón de Pedro de Torres, canónigo de Sigüenza que fue después rector de la Universidad de Salamanca, quien la menciona en 1508 impartiendo la cátedra de Cánones en los siguientes términos:
A.D. 1508 die 16 Novembris hora 3 legit filia Medrano in Catedra Canonum.
En el Año del Señor de 1508, día 16 de noviembre, a las 9 horas, leía la hija de Medrano en la Cátedra de Cánones.
Se cree que en 1508 llegó a impartir clases en la Universidad en sustitución de Antonio de Nebrija.
2. La segunda fuente es una larga y elogiosa carta publicada Opus Epistolarum por el erudito italiano Lucio Marineo Sículo (profesor en Salamanca durante doce años), que la conoció en la universidad y dejó escrita en 1514 una muestra de su admiración por la sabiduría de esta mujer, a quien consciente o inconscientemente le cambió el nombre por Lucía.
La fama de tu elocuencia me hizo conocer tu gran saber de estudios antes de haberte visto nunca. Ahora, después de verte, me resulta aún más sabia y más bella de lo que pude imaginar, joven cultísima. Y después de oírte me ha causado gran admiración tu saber y tu ornada oratoria, sobre todo tratándose de una mujer llena de gracia y belleza, y en plena juventud. He aquí a una jovencita de bellísimo rostro que aventaja a todos los españoles en el dominio de la lengua romana. ¡Oh felices padres que engendraron tal hija! Debes mucho, clarísima niña, a Dios omnipotente y bondadoso por tu inteligencia. Mucho debes agradecer a tus padres que no te dedicaron a los oficios comunes entre las mujeres, ni a los trabajos corporales, en sí tan ingratos por su caducidad, sino que a los estudios liberales te consagraron, que son elevados y de eterna duración. Y te deben ellos a ti no poco, que su esperanza y ambición con tu constancia y gran estudio superaste. Te debe España entera mucho, pues con las glorias de tu nombre y de tu erudición la ilustras. Yo también, niña dignísima, te soy deudor de algo que nunca te sabré pagar. Puesto que a las Musas, ni a las Sibilas, no envidio; ni a los Vates, ni a las Pitonisas. Ahora ya me es fácil creer lo que antes dudaba, que fueron muy elocuentes las hijas de Lelio y Hortensio, en Roma; las de Stesícoro, en Sicilia, y otras mujeres más. Ahora es cuando me he convencido de que a las mujeres, Natura no negó ingenio, pues en nuestro tiempo, a través de ti, puede ser comprobado, que en las letras y elocuencia has levantado bien alta la cabeza por encima de los hombres, que eres en España la única niña y tierna joven que trabajas con diligencia y aplicación no la lana sino el libro, no el huso sino la pluma, ni la aguja sino el estilo. Adiós, y si en algo quieres utilizar mis servicios, estoy plenamente a tu disposición. Otra vez adiós, con el ruego de que a través de alguna carta de tu salud y de tu vida me hagas saber.
3. El tercer documento original que menciona a Luisa de Medrano es del mismo Lucio Marineo Sículo. Se titula De Rebus Hispaniae Memorabilibus, también publicado en castellano como De las cosas memorables de España. La mención se encuentra en la parte final de la edición de 1530, de la que se conservan escasísimos ejemplares:
En Salamanca conocimos a Lucía Medrana, doncella eloquentíssima. A la cual oymos no solamente hablando como orador, mas también leyendo y declarando en el estudio de Salamanca libros latinos públicamente.
Este libro se reeditó sin el último capítulo en 1533 y en 1539, tras la muerte de su autor y de la propia Luisa de Medrano, a quien se supone difunta, pues ya no se menciona en el testamento de su madre, dado en Atienza a finales de 1527.
El propio Sículo informaba en la edición de 1533 que se retiró del volumen, por prohibición del rey Carlos I, «la mención de ilustres varones y no pocas mujeres dignas de ser recordadas»:
Subduximus itaque de volumine viros illustres et nonullas etiam mulieres memoratu dignas.5
Este dato indica que la referencia a Luisa de Medrano se borró por orden del emperador Carlos V.
Luisa como la Sibila Samia
Según Jacinto Chicharro, Luisa de Medrano estaría retratada como Sibila Samia en una de las cuatro tablas de profetas y sibilas de la iglesia de la Trinidad de Atienza atribuidas a Juan Soreda, conservadas en el museo de San Gil de la misma localidad.6
Luisa de Medrano es mencionada en diversas obras a lo largo de los siglos: Gil González Dávila (1650),7 Nicolás Antonio (París, 1672 - Madrid, 1778), Bernardo Dorado (1776),8 Diego Clemencín (1821), Manuel Hermenegildo Dávila (1849), Marcelino Menéndez Pelayo (1896),9 etc.
Dorado, en la obra antes citada, exalta la excelencia de Luisa de Medrano del siguiente modo:
Doña Luisa de Medrano, si no igualó, excedió a la primera, pues no sólo supo con perfección la lengua latina, sino que oró públicamente en esta Universidad en Divinas Letras y Humanas. Así lo afirma Marineo Siculo, quien la oyó, y lo trae entre las cosas memorables que vio en España.8
Su obra poética y filosófica se ha perdido, siendo en la actualidad conocida por los salmantinos por dar nombre al Instituto Lucía de Medrano.1 El olvido en que ha caído esta mujer llega incluso a que, durante la inauguración del actual edificio del Instituto, ninguna de las autoridades presentes supiera explicar quién fue Lucía de Medrano.
En 1935 la alemana Thérèse Oettel publicó Una catedrática en el siglo de Isabel la Católica: Lucía de Medrano, obra que aún sigue siendo de referencia. En la introducción afirma que recorrió los principales archivos de la Península para recopilar indicios que demostrasen la veracidad de lo que había leído: «que ya en el siglo xvi algunas damas aristocráticas habían tenido cátedras en España; por ejemplo, Lucía (sic) de Medrano, en Salamanca.»
Otros artículos, como el realizado por Carabias Torres a solicitud de Adolfo Domínguez Perrino, defienden que, aunque destacó en el dominio de la lengua latina y conocimientos de la cultura clásica, Luisa de Medrano nunca fue, stricto sensu, catedrática de la Universidad de Salamanca.
En 2015 se creó el Premio Internacional de Castilla-La Mancha a la Igualdad de Género «Luisa de Medrano», otorgado a Soledad Cazorla, Marcela Lagarde, Miguel Lorente, Amelia Valcárcel y Bernaldo de Quirós y, en 2020, a Carlota Bustelo García del Real.
En 2018 la editorial Espasa publicó la novela de ficción histórica La catedrática, de la autora María López Villarquide (A Coruña, 1982), que recrea su biografía a través de los puntos de vista de diferentes personajes contemporáneos a Luisa de Medrano. La novela ha sido traducida por Bao Weixin y publicada en chino en 2022
Sofía Casanova, en la sala de heridos del hospital de la estación de Varsovia
Comienzo por reconocer que yo no conocía a Sofía Casanova. Estaba eligiendo un libro para leer y me di de bruces con uno titulado "Azules son las horas". (Era la biografía novelada de una mujer llamada Sofía Guadalupe Pérez Casanova). La sinopsis me convenció de que merecía la pena buscar todos los datos posibles sobre esta mujer de vida apasionante a la que le tocó vivir sobre el terreno las dos guerras mundiales, la revolución rusa y la guerra civil española, como si la destrucción la persiguiera por Europa, de frente en frente. Al final de este texto pondré los enlaces correspondientes por si despierta la curiosidad de alguien.
Sofía Guadalupe Pérez Casanova nació en (Almeiras, La Coruña, el 30 de septiembre de 1861. Era hija natural de Rosa Casanova Estomper y de Vicente Pérez Eguía, que se casaron dos años después de su nacimiento. Tras el nacimiento del tercer hijo, el padre abandonó a la familia, siendo Sofía todavía muy pequeña, y dejándoles sin recursos. Para sobrevivir vivieron con los abuelos, gracias al apoyo económico del abuelo materno Juan Bautista Casanova Pla, de Ferrol. Pasó su niñez en Almeiras, y después se trasladó junto con su madre y hermanos a Madrid, con los abuelos paternos. Allí estudió poesía y declamación en el Conservatorio. Sus primeros poemas se publicaron cuando ella tenía quince años en el Faro de Vigo. No fue ella sino su madre quien los remitió al periódico al encontrarlos guardados en su habitación. El talento por la poesía de Sofía se reconoció en los círculos literarios más selectos que frecuentaba con asiduidad. A principios del 1880 ya se había ganado un nombre como joven promesa de la poesía.
Con motivo del 75 aniversario de la aparición de la revista Blanco y Negro, se publicó un suplemento especial dedicado a las letrasdonde figuraron 33 escritores, periodistas y poetas seleccionados, entre ellos, Rafael Alberti, Antonio Machado, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala o Juan Ramón Jiménez, un elenco importante de la cultura española. De las 33 figuras incluidas en el cuadro de honor del suplemento, solo se reseñan estas tres mujeres: Emilia Pardo Bazán, Concha Espina y Sofía Casanova.
Fue protegida por el poeta Ramón de Campoamor, quien la introdujo en las tertulias literarias del conde de Andino, tutor del rey Alfonso XII, y del marqués de Valmar, que se convirtió en un buen amigo y mentor. A través del marqués fue presentada en la corte de Alfonso XII, que organizaba veladas poéticas. A los veinte años era ya una poetisa consagrada. En 1885 el propio monarca costeó la edición de su primera obra, Poesías. Según los biógrafos de Alfonso XII la debilidad que sentía por Sofía se debía en parte al gran parecido físico que esta tenía con la infanta Eulalia de Borbón, hija pequeña de Isabel II.
En las tertulias que frecuentaba, mantuvo trato con intelectuales de la época, entre ellos Emilio Ferrari o Bernard Shaw. Entre las mujeres escritoras que conoció estaban Concepción Jimeno Gil, su amiga de juventud Blanca de los Ríos, Sofía Tartilán, Filomena Dato y Emilia Pardo Bazán.
Sofía y su marido
En estos círculos, Campoamor le presentó al excéntrico profesor, filósofo y diplomático polaco Wincenty Lutosławski, un políglota experto en Platón que llegó a Madrid procedente de Francia y estaba estudiando el pesimismo en la literatura española, sobre lo que luego publicó un libro. Se casaron en la iglesia de San Marcos el 19 de marzo de 1887. Tras la boda se instalaron en Drozdowo, un pueblo en el norte de Polonia del que era originaria la familia de Wincenty Lutosławski y que por aquel entonces era una provincia de Rusia. Tuvieron cuatro hijas, María, Izabela, Yadwiga, (muerta en la infancia, lo que supuso una fuerte depresión a Sofía) y Halina, que nació en Galicia, donde volvían todos los años cada verano para pasar las vacaciones. Durante aquella época, Sofía publicó la novela "El doctor Wolski" y cuentos. La carrera diplomática de su marido la llevó a aprender seis idiomas: inglés, ruso, francés, italiano. El matrimonio se distanció. El hecho de no haber tenido hijos varones, apuntan algunas biografías, parece que influyó en la separación de la pareja, pues Wincenty comenzó a tener relaciones con otras mujeres en busca del heredero de su apellido.
En 1905 decidió instalarse definitivamente en España, cuando tenía cuarenta y tres años de edad. Realizó colaboraciones literarias con ABC, El Debate, Blanco y Negro, El Mundo y Galicia, y su hogar madrileño se convirtió en un espacio de encuentro por el que pasaron Basilio Álvarez, Alfredo Vicenti, Ramón y Cajal, Alberto Insúa, Victoriano García Martí y Castelao, que ilustró su libro Princesa del amor hermoso (1909). Mantuvo una intensa actividad social, pronunciando conferencias y participando en las llamadas "obras sociales".
Aunque afincada en España, Viajaba frecuentemente a Polonia, donde vivían sus hijas. Durante uno de estos viajes, en julio de 1914, estalló la Primera Guerra Mundial., que sorprendió a Sofía cerca de la frontera con Alemania Después de un mes de resistencia abandonaron Drozdowo en dirección a Varsovia, donde se hizo enfermera de la Cruz Roja en una sala de moribundos. Ese viaje al horror, cuentan sus biografías, la hirió profundamente y cambió su vida. Miles de amputados, envenenados con gas (a punto está de perecer así durante un bombardeo). Incluso acude al frente en una misión para llenar un tren de despojos humanos asidos a un hilo de vida y dar sepultura a cientos de cuerpos en la tierra que les ordenaron defender. Ese viaje al horror la escandaliza, la hiere profundamente, le cambiará la vida.
Allí escribe una de las mejores crónicas de su vida: un informe al Gran Duque Nicolás contraviniendo la orden, recibida en el hospital, de asistir solo a los heridos rusos y dejar a los alemanes a su suerte.
Todo esto lo narró en una carta al diario ABC, intentado convencer a sus compatriotas de que no estaba justificada la creciente admiración por los alemanes. Torcuato Luca de Tena, propietario y director del diario ABC le escribió con la propuesta de que se convirtiera en la corresponsal de ABC en la Europa oriental, propuesta que aceptó.
En 1915 el avance alemán obligó a evacuar Varsovia. Siguió trabajando en el hospital hasta que los alemanes entraron en la ciudad y huye con sus hijas en el último tren a Minsk, Moscú y, finalmente, a San Petersburgo, donde la escritora será testigo de la debacle de la Rusia zarista, de la caída de la Corte Imperial de los Romanov y de la Revolución de Octubre. Durante su estancia también fue testigo de la muerte de Rasputín, del Golpe de Estado de Lenin y llegó incluso a entrevistarse con Trotski. Durante las revueltas en Rusia, Sofía recibió de forma accidental un golpe que le produjo problemas de visión de los cuales nunca llegó a recuperarse del todo. La dinastía Romanov estaba a punto de caer y la escritora y periodista fue testigo del momento e informó de ello no sin dificultades, ya que fue perseguida y censurada por sus crónicas desde San Petersburgo, desde donde narró la muerte de Rasputín y entrevistó a Trotski.8 Tras estas crónicas, la censura rusa le prohibió la comunicación con España y su silencio provocó que incluso se la llegara a dar por muerta.
En 1917 fue testigo de la Revolución rusa de 1917, que compartió de nuevo en sus escritos.Durante la insurrección popular del 3 de julio, reprimida con dureza por parte de las tropas gubernamentales, Sofía recibió un golpe accidental en los ojos de parte de uno de los que huían del tiroteo callejero. Las consecuencias de este accidente fueron nefastas para la escritora, ya que a pesar de los cuidados a los que tuvo que someterse no logró volver a ver bien nunca más. A pesar de ello, no dejó de escribir.
En 1918 Polonia logró la independencia y Sofía pudo regresar. En 1919 regresó a España y fue recibida como una heroína con multitud de homenajes. A su regreso a España, en 1919, Sofía publicó dos obras: De la Revolución Rusa,en 1917, publicada en cuatro partes en el diario ABC,y La Revolución Bolchevista: diario de un testigo, en 1920.
Sofía Casanova, con sus hijas y sus yernos, hacia 1.920
Entre 1920 y 1930 escribió más de cuatrocientos artículos y cuatro libros. En 1925 su nombre se barajaba entre los candidatos españoles al Premio Nobel de Literatura. Ese mismo año recibió la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia de Alfonso XIII por su colaboración con la Cruz Roja durante la 1ª Guerra Mundial.
En 1906 fue elegida miembro de la Real Academia Gallega. Tras la publicación de su novela La mujer española en el extranjero en 1910, su nombre empezó a figurar en las secciones literarias de los periódicos españoles y a ella se la consideraba una «mujer ilustre» en el mundo literario. Sofía Casanova es una de las pocas mujeres a las que Benito Pérez Galdos elogió. Después de Gertrudis Gómez de Avellaneda, solo Rosario de Acuña había representado sus dramas en el Teatro Español antes que Sofía Casanova. Pérez Galdós estrenó así la primera pieza dramática de Sofía, La madeja, el 12 de marzo de 1913. Aprovechando esta fama, intentó ampliar sus horizontes más allá del mundo de las letras y dedicó parte de su tiempo a la caridad y la educación, presidiendo así el Comité Femenino de Higiene Popular en Madrid. En 1911 entró a formar parte de la Academia Española de la Poesía Española.
En 1931 fue testigo de la proclamación de la Segunda República Española, con la convicción de que iba a ocurrir en su país lo que le tocó vivir en Rusia en 1917. Con el cierre del periódico ABC, perdió el trabajo durante unos meses. Este hecho le hizo aborrecer a los republicanos, sentimiento que fue en aumento hasta que en 1936 escribió uno de sus últimos artículos de su colaboración con el diario: Mirando a Rusia.
Vivió la Guerra civil española desde Varsovia, y desde allí, con el ABC incautado, movió cartas y crónicas en defensa del bando nacional. Rosario Martínez, principal biógrafa de Sofía Casanova, señala que su posición fue utilizada por el franquismo:
Sofía Casanova estaba pasando por unos años horribles de penuria extrema, y pretendía incluso mantener a la familia, una familia que había tenido mucho dinero pero que vivió una larga serie de guerras: la primera guerra mundial, la revolución bolchevique, las guerras de fronteras de Polonia, vivió persecuciones políticas y las pasó canutas. Y Sofía, en un momento determinado, se dejó llevar, quizá con buena voluntad, por los consejos de algunos amigos, y fue muy utilizada. No hay que olvidar que en 1938 la trajeron expresamente a Burgos para un acto de propaganda política. Pero tampoco hay que olvidar que Sofía era una persona de ideas conservadoras y que había vivido la revolución bolchevique y que de buena fe confió en el fascismo. Dentro de su mentalidad fue coherente pero en España se la utilizó mucho más allá de lo que pueda ser ético.
Regresó a Polonia para pasar la Navidad con su familia y le sorprendió el inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 cuando se produjo la ocupación nazi del territorio polaco, después de la firma entre Hitler y Stalin del pacto de no agresión germano-soviético y cuya consecuencia fue la terminación de la independencia de Polonia, y se vio obligada a huir a una aldea con una de sus hijas y sus nietos.
La intercesión del embajador de España en Berlín le permitió vivir con cierta seguridad mientras contemplaba la barbarie de los campos de concentración.
En 1952 la Real Academia Gallega la nombraba académica de honor.
Sofía murió el 16 de enero de 1958. Aunque había cumplido 97 años y estaba casi ciega, seguía escribiendo, dictándole sus últimas vivencias a sus nietos. No vio cumplido su deseo de acabar sus días en España. Murió 30 de septiembre de 1861-Poznan, Polonia, 16 de enero de 1958. Está enterrada en Poznan, en el cementerio Jean-Marie Vianney en Poznan.
Además de cientos de artículos periodísticos cuentos, novelas, obras teatrales y poesías, vivió y contó cuatro guerras, convirtiéndose en la primera corresponsal de guerra española.
La combinación de los conceptos mujer, Galicia y mar despierta connotaciones poéticas. Por eso no es de extrañar que la ferrolana María de los Ángeles Alvariño González se definiera a sí misma de esta manera, como sacada de un poema del Romanticismo más exaltado:
“He nacido en una noche de huracán. Volaban tejas, caían arboles y murallas. Así me embelesa el viento, el mar furioso y las olas bravas y arrogantes batiendo las costas graníticas. Y así es también mi carácter”. Porque Ángeles Alvariño (como es normalmente conocida) nació un 3 de octubre (1) de 1.916 en Serantes, Ferrol.
Que María de los Ángeles Alvariño González es una mujer por descubrir lo prueba lo siguiente:
Recientemente, el nombre de Ángeles Alvariño González ha estado en todos los informativos de España y en muchos de otros países, con motivo de una tragedia.
Ángeles Alvariño se llama el buque oceanográfico de alta tecnología que el pasado mayo encontró el cuerpo de una de las dos hermanas secuestradas y asesinadas por su padre en Tenerife. Pero, a pesar de escuchar el nombre del barco mencionado tantas veces, ¿cuántas personas se preguntaron por la persona que estaba tras el nombre y que podía haber hecho para que un barco tan especializado recibiera su nombre? Pocas, supongo. Por eso, hoy voy a intentar rellenar ese hueco.
Ángeles Alvariño era hija del médico Antonio Alvariño Grimaldos y de la pianista María del Carmen González Díaz-Saavedra. Desde pequeña se caracterizó por tener una gran inquietud intelectual y una habilidad especial y gusto por la lectura. Aprendió a leer con tres años y también solfeo y piano.
Realizó sus primeros estudios en Ferrol y el bachillerato en el instituto Concepción Arenal en Ferrol. Con solo 13 años cursó el Bachillerato Universitario en Ciencias y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela que finalizó en 1933 con los trabajos finales: "Insectos Sociales" y "Las mujeres en el Quijote". En 1934 se trasladó a Madrid para estudiar la carrera de Ciencias Naturales en la Universidad Central. Se alojó en la Residencia de Señoritas dirigida por María de Maeztu. En 1936, al estallar la Guerra Civil interrumpió sus estudios y regresó a Ferrol y se dedicó a estudiar idiomas (francés, alemán e inglés).
Tras finalizar la guerra y reabrirse las universidades volvió a Madrid donde concluyó sus estudios de Ciencias Naturales en la Universidad Complutense de Madrid.
En 1940 se casa con Eugenio Leira Manso, capitán de la Marina de Guerra Española y Caballero de la Militar Orden de San Hermenegildo. En los años siguientes impartió clases como profesora de biología, zoología, botánica y geología en varios colegios de Ferrol.
En 1948, por razones familiares, se trasladó a Madrid y aprovechó la oportunidad y puso todos los medios por su parte para trabajar en el Instituto Español de Oceanografía (IEO), donde se incorporó como becaria ese mismo año.
Así pues, su carrera científica comenzó en el IEO, primero en Madrid (1948 – 1952) y posteriormente en Vigo (1952 – 1957). Durante su estancia en Vigo consiguió una beca de diez meses para trabajar en el Laboratorio de la Marine Biological Association, conocido en aquella época de manera informal como el Plymouth Laboratory.
En Plymouth fue donde se especializó realmente en zooplancton, dedicándose al estudio de quetognatos, sifonóforos, medusas, eufasiáceos y huevos y larvas de peces. Para obtener las muestras realizaba salidas a la mar. Algunas de corta duración, unas horas, en el pequeño Sula, pero también participó en una campaña de investigación, de varios días, a bordo del buque oceanográfico Sarsia, de 39 m de eslora. La participación activa de Ángeles Alvariño a bordo de estos buques oceanográficos fue un destacado acontecimiento en el mundo de la investigación marina del Reino Unido ya que constituyeron los primeros embarques de una mujer en barcos de investigación de ese país. Se debe notar que aunque en el Instituto Español de Oceanografía habían embarcado investigadoras desde 1921, año en el que Jimena Quirós participó en la campaña organizada por el IEO a bordo del buque Giralda, en el Reino Unido las investigadoras no lo hicieron hasta la incorporación de Ángeles Alvariño. De todas formas, no debemos olvidar que, desafortunadamente, después de 1939, con la dictadura franquista, las investigadoras marinas no pudieron embarcar en buques oceanográficos españoles hasta los años 70.
Vuelta al IEO, solicitó una beca del International Education Exchange Program (Smith/Munt Act), conocida actualmente como Beca Fulbright. El Departamento de Estado de los Estados Unidos se la concedió en 1956, para trabajar durante nueve meses en la Woods Hole Oceanographic Institution de Massachusetts. En la “Woods Hole” trabajó nuevamente sobre zooplancton, bajo la tutela de la prestigiosísima investigadora Mary Sears.
Le gustó tanto la investigación marina que se llevaba a cabo en los Estados Unidos que quiso permanecer en este país, pero como las condiciones de su beca exigían su regreso a España, tuvo que hacerlo. Inmediatamente buscó la manera de regresar y aceptó la oferta del gran investigador marino Roger Revelle para trabajar con él en la Scripps Institution of Oceanography de La Jolla, California, donde se incorporó a mediados de 1958. Allí la siguió su marido, afincándose en este país al conseguir ella la nacionalidad norteamericana.
En la Scripps es donde el genio de Ángeles Alvariño pudo desarrollarse en toda su plenitud gracias a los grandes medios, tanto de materiales de laboratorio, barcos, muestras y de personal científico y de apoyo, que esa institución disponía.
Aquí se centra aún más en el zooplancton, especialmente en quetognatos, sifonóforos y medusas, estudiando muestras tanto del Pacífico como del Atlántico y del Índico. Describe nuevas especies y revisa concienzudamente las ya conocidas. Pero también analiza su distribución geográfica y ecología y relaciona la presencia de ciertas especies de zooplancton con las características de las aguas donde se encuentran, identificando especies “indicadoras” de condiciones oceanográficas determinadas. Fue, por tanto, una pionera en el análisis de indicadores biológicos de los ecosistemas marinos. A una de las especies indicadoras, un quetognato que describió como nueva especie, la bautizó como Sagitta scrippsae, en honor a la institución que la había acogido en esta segunda etapa estadounidense de su vida.
Ángeles Alvariño trabajó en la Scripps Institution of Oceanography hasta finales de 1969. En 1966 había conseguido la ciudadanía de Estados Unidos, sin perder la nacionalidad española. Y en 1967 se había doctorado en la Universidad de Madrid con la tesis Los quetognatos del Atlántico, distribución y notas esenciales de sistemática, publicada por el IEO dos años más tarde. Leyó su tesis doctoral cuando tenía ya 50 años. Nunca es tarde.
Allí continuó con sus investigaciones sobre zooplancton, aunque también hizo estudios sobre poblaciones de peces, como por ejemplo el atún blanco del Pacífico. Cuando le llegó la edad de la jubilación, en 1987, el SWFC le hizo un gran homenaje y le mantuvo su despacho y laboratorio para que pudiese seguir trabajando como científica emérita. Así permaneció activa hasta casi su fallecimiento, el 29 de mayo de 2005, en La Jolla.
Ángeles Alvariño fue una trabajadora incansable. Llegó a publicar más de 100 artículos científicos. Muchos de sus trabajos fueron presentados previamente en importantes congresos o reuniones internacionales. A lo largo de sus investigaciones descubrió y describió 22 nuevas especies planctónicas marinas (12 quetognatos, 9 sifonóforos y 1 medusa) y revisó la taxonomía de otras varias procedentes del Atlántico, del Pacífico, Índico, Ártico y Antártico.
Además de su labor como investigadora, llevó a cabo una importante labor formativa. Fue profesora asociada de la Universidad Autónoma de México (1976-1986), profesora tanto de la Universidad de California San Diego como de la Universidad Católica de San Diego (1979-1984); profesora visitante de la Universidad de Paraná, Brasil; profesora asociada del Instituto Politécnico Nacional de México (1982-1986). E impartió cursos de dos a tres meses de duración en diversos lugares del mundo, por ejemplo, en Caracas, Venezuela, y en Ensenada y La Paz, en México. Dirigió tesis doctorales en la India, Venezuela, Brasil, México, Hawái, Puerto Rico…
Por otro lado, también dedicó un gran esfuerzo a la divulgación científica publicando varios libros de divulgación. Quizá el más conocido sea España y la primera expedición científica oceánica, 1789-1794, dedicado a la expedición de Malaspina y Bustamante con las corbetas Descubierta y Atrevida. Fue su manera de combatir la propaganda dada a Cook como la primera expedición científica.
Además de su labor como investigadora, llevó a cabo una importante labor formativa. Fue profesora asociada de la Universidad Autónoma de México (1976-1986), profesora tanto de la Universidad de California San Diego como de la Universidad Católica de San Diego (1979-1984); profesora visitante de la Universidad de Paraná, Brasil; profesora asociada del Instituto Politécnico Nacional de México (1982-1986). E impartió cursos de dos a tres meses de duración en diversos lugares del mundo, por ejemplo, en Caracas, Venezuela, y en Ensenada y La Paz, en México. Dirigió tesis doctorales en la India, Venezuela, Brasil, México, Hawái, Puerto Rico…
Por otro lado, también dedicó un gran esfuerzo a la divulgación científica publicando varios libros de divulgación. Quizá el más conocido sea España y la primera expedición científica oceánica, 1789-1794, dedicado a la expedición de Malaspina y Bustamante con las corbetas Descubierta y Atrevida. Fue su manera de combatir la propaganda dada a Cook como a primera expedición científica.
Con toda esa ingente labor consiguió el reconocimiento y el respeto de la comunidad científica internacional, que aún se mantiene actualmente. Sus estudios y publicaciones siguen citándose con fuerte impacto en la bibliografía mundial, con una media de 8,8 citas anuales para el período 1968-2008.
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(1) El 3 de octubre es la festividad de San Francisco de Borja, el 4 de octubre, San Francisco de Asís . Por eso, a las tormentas que suelen darse en esas fechas se las llama "el cordonazo de San Francisco"
En mi propósito de divulgar las historias de mujeres que merecen ser descubiertas, no me duelen prendas en compartir textos escritos por otras personas, con tal de ofrecer personajes interesantes. Asi se ha dado el caso cuando he conocido la historia y el personaje de María Luisa de Borbón, hija del rey Carlos IV. Como el texto está publicado un sitio web que permite la republicación, eso hago, ciñéndome a sus condiciones, por otra parte muy sensatas y comprensibles. En un primer momento pensé en enlazarlo y ya está (menos trabajo y menos problemas), pero entonces sólo mis contactos de Facebook se enterarían y en la espesa selva de artículos interesantes que existen en internet quedaría como perdido. Por el contrario, si lo republico, quedará ahi, a disposición de lectores que lleguen a mi blog, aunque sea por azar. Algún día, tarde o temprano, no estaré en condiciones de seguir con este blog, pero este blog quedará ahí, flotando virtualmente en busca de lectores interesados, al menos mientras Blogger siga existiendo, puesto que no lo eliminaré el blog aunque deje de escribir en él. Me doy por satisfecha si contribuyo a que otras personas tengan oportunidad de disfrutar de los mismos conocimientos que yo he ido acumulando.
El texto que sigue fue escrito por Ana Lombardía, Profesora Ayudante Doctora del Área de Música, Universidad de Salamanca, y publicado con fecha 19 de julio de 2021 en The conversation.
Hace exactamente doscientos años, en 1821, se copiaban sobre papel italiano las sinfonías más antiguas conocidas de una compositora española. Su nombre aparece en los libros de historia política, y su rostro lo habrán visto en La familia de Carlos IV de Goya.
Se trata de María Luisa de Borbón (San Ildefonso, Segovia, 1782 – Roma, 1824), Infanta de España, Reina de Etruria y Duquesa de Lucca.
Gobernó en Florencia, se enfrentó a Napoleón, quien la encerró en un monasterio durante casi dos años, y reivindicó sus derechos dinásticos en unas memorias publicadas en cinco idiomas.
Pero también merece ser recordada en la historia del arte, la de la música e incluso la del feminismo. De hecho, su figura revela el activo papel de las mujeres en la vida cultural de principios del siglo XIX. Durante los 20 años que residió en Italia, fundó dos centros de enseñanza femenina y patrocinó a numerosos artistas, incluidas mujeres que, como ella, se adentraron en terrenos dominados por figuras masculinas.
La familia de Carlos IV (Francisco de Goya, ca. 1800). A la derecha, la infanta doña María Luisa, con su hijo Carlos Luis en brazos, y su esposo, el príncipe Luis de Parma. (Foto Wikipedia)
Música en familia
María Luisa de Borbón se formó en una corte marcadamente melómana, la de sus padres Carlos IV y María Luisa de Parma, aficionados respectivamente al violín y al canto.
La infanta estudió canto y piano con los mejores maestros, como Francesco Federici, y participaba activamente en las frecuentes veladas de música de cámara, junto a familiares y amigos. Entre ellos estaba su primo Luis de Parma, llegado a la corte española con la misión de elegir esposa. Pronto se decantó por María Luisa, con quien compartía una intensa pasión por la música. Juntos cantaban, tocaban el teclado a cuatro manos y coleccionaban partituras del repertorio más moderno, internacional y variado del momento.
María Luisa de Borbón, Reina de Etruria (Vincenzo Camuccini, 1817). La protagonista sostiene una partitura instrumental. Galleria d'arte moderna di Firenze. (Foto Wikipedia)
Reina en Florencia
En 1801, Luis fue coronado Rey de Etruria, estado satélite de la Francia napoleónica establecido sobre Toscana. Se trasladaron con todas sus partituras al Palacio Pitti de Florencia. Encargaron nuevas decoraciones a artistas de renombre, como el escultor Antonio Canòva, y adquirieron los últimos modelos de fortepianos (antecesores del piano actual). Pero Luis, que padecía de epilepsia, falleció sólo dos años después, dejando a María Luisa viuda a los 20 años, con dos hijos pequeños y la responsabilidad de gobernar como Regente.
Mecenazgo feminista
Durante sus etapas como Reina de Etruria y Duquesa de Lucca, María Luisa ejerció un intenso mecenazgo de las artes, patrocinando a arquitectos, escultores, pintores y compositores cuyos nombres han pasado a la historia.
Destacan el mencionado Canòva o el propio Gioachino Rossini, a quien encargó una ópera que nunca llegó a completar.
Pero esta infanta también apoyó la carrera de artistas cuyos nombres han permanecido en la sombra por el hecho de ser mujeres, como la pintora Matilde Malenchini, la poetisa y bailarina Teresa Bandettini o la compositora Anna Marchi (hasta ahora desconocida).
Partituras que pertenecieron a la Reina de Etruria y su hija Luisa Carlota de Borbón. Estas partituras están decoradas con cintas de raso y motivos que imitan bordados, una estética típicamente femenina. Biblioteca Palatina de Parma, Fondo Borbone. (Foto de la autora)
Melómana y compositora
María Luisa de Borbón prestó especial atención a la música, ejerciendo no sólo de mecenas y coleccionista, sino también de intérprete y compositora. Reunió una colección de más de 2 000 partituras, tocaba el teclado prácticamente a diario y organizaba reuniones musicales con otras damas aficionadas, entre ellas su hija Luisa Carlota.
Significativamente, al ser nombrada Duquesa de Lucca en 1817, María Luisa se hizo retratar por el pintor de moda, Vincenzo Camuccini, con una partitura de música instrumental. Esta era considerada mucho más intelectual y compleja que la música para canto y piano, propia de la educación femenina de la época. Y es que ella misma compuso nada menos que cuatro “sinfonías” u oberturas para orquesta completa, con una plantilla de hasta veinte instrumentos.
Estas obras (las únicas conocidas de la infanta) son de las más tempranas entre los compositores españoles en imitar el estilo de Rossini, aunque sin renunciar a sonoridades típicamente españolas, como el esquema musical del fandango.
Portada de la Sinfonía a piena orchestra (María Luisa de Borbón – Reina de Etruria) Biblioteca Palatina de Parma, Fondo Borbone. (Foto de la autora)
Veladas musicales
La colección musical de la infanta, conservada en la Biblioteca Palatina de Parma, brinda una oportunidad única para reconstruir las veladas de música de cámara que compartían las mujeres de la época. Su mentalidad e intereses, reflejados por los textos líricos, podrían sorprender al oyente actual. Por ejemplo, la letra anónima de “Aquel que gime y suspira”, con música de Andrés Rosquellas, gira en torno a la libertad femenina en materia amorosa, repitiendo irónicamente los versos “entre amar y aborrecer/ prefiero mi libertad”.
Esta fue una de las canciones seleccionadas para el concierto-conferencia “Son regina e sono amante”, creado para la Real Academia de España en Roma en 2017. Toma su título de un aria dedicada a la infanta sobre el tema de Dido de Cartago, heroína femenina que, como ella, gobernó en solitario y defendió su autonomía. El espectáculo atrajo la atención de patrocinadores internacionales, generando una serie de siete conciertos en escenarios privilegiados, como Villa Adriana en Tivoli o el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso.
Página de la Sinfonía a piena orchestra (María Luisa de Borbón – Reina de Etruria) Biblioteca Palatina de Parma, Fondo Borbone. (Foto de la autora)
Sinfonías en femenino
Por supuesto, la recuperación práctica de esta colección musical también ha incluido las sinfonías de la propia infanta. Ha sido necesario realizar su edición crítica, es decir, una especie de restauración de las partituras a partir de manuscritos plagados de errores y omisiones.
Esta edición (que publicará próximamente el Instituto Complutense de Ciencias Musicales) permite a los músicos actuales interpretar esta música olvidada por primera vez en tiempos modernos. Por ejemplo, la Sinfonía 1 fue estrenada en el bicentenario del Museo Nacional del Prado por la orquesta historicista La Tempestad, dirigida por una mujer (Silvia Márquez).
El pasado 24 de julio, los mismos intérpretes tenían previsto estrenar la Sinfonía 2 y la Sinfonía 3 de la Reina de Etruria, celebrando los 200 años de su composición. Será en el concierto “Sinfonía en femenino”, patrocinado por Patrimonio Nacional, en un lugar muy simbólico en relación con la familia real: el Monasterio de El Escorial, precisamente el lugar donde María Luisa de Borbón descansa para siempre.
Un matrimonio no deseado por su padre, nobles viviendo por encima de sus posibilidades que menospreciaban a los artistas hasta no pagarles los encargos, un carácter fuerte que le llevó hasta declararse ella misma oficialmente pobre y un talento descomunal para trabajar todo tipo de materiales al hacer esculturas, son algunos de los ingredientes que nos encontramos al repasar la vida de una sevillana que se ganó un puesto entre los hombres de aquella época. Y eso era muy difícil. Sobre todo en unos años sumidos en una crisis hasta el punto que en la misma corte pasaba grandes estrecheces. En pleno auge del Barroco, se convirtió en la primera escultora de la corte de España en el reinado de Carlos II de Carlos II y repitió en el cargo con Felipe V, gracias a su trabajo y talento, y se ganó la vida con una profesión con la que pocas mujeres lo habían hecho antes.
Luisa Ignacia Roldán nació en Sevilla en 1652, hija del mejor escultor de la segunda mitad del siglo XVII, Pedro Roldán.
Como es natural, Luisa y sus siete hermanos se puede decir que "echaron los dientes" en el ajetreadísimo taller de su padre. Gubias, buriles, formones, limas, tornos, sierras y demás herramientas de escultura debieron ser sus juguetes, imitar a los maestros y aprendices, sus juegos. Su padre, profesor de dibujo además de famosísimo escultor (1), seguramente dibujaría a veces para entretener a su numerosa prole, con lo que esas inapreciables enseñanzas serían adquiridas por ella casi sin darse cuenta. Su hermana Francisca se decantó por la policromía, mientras que Luisa y María se encaminaron a la escultura. Pero Luisa destacó rápidamente sobre sus hermanas. Es más que posible que Luisa colaborara en las esculturas de su padre, de forma anónima, claro está. De hecho, parece al menos una vez incluso mejoró una: un San Fernando de Pedro Roldán fue rechazado por los comitentes, que lo consideraron mal proporcionado. Luisa reformó las piernas y la cabeza y la obra fue inmediatamente aceptada.
El caso es que Luisa se enamoró de un aprendiz, Luis Antonio de los Arcos. Se dieron mutuamente palabra de matrimonio. Pero Pedro Roldán se opuso totalmente a la boda, aunque varias de sus hijas (concretamente tres) se casaron con escultores sin que el padre pusiera la menor resistencia. Pensando bien diremos que temía que con un matrimonio se malograra la carrera artística de Luisa, o que deseaba un marido de más altura que un aprendiz para su hija; pensando mal digamos que no quería dejar escapar el chollo: una hija que era tan artista como él, o mejor, y cuyas obras, que se hacían pasar por obras del padre, aumentaban la fama de éste.
Cuando un padre se mostraba contumaz en prohibir a su hija casarse con alguien sin que aparentemente hubiera motivos justificados para ello, se podía acudir a la justicia, lo que hizo el pretendiente, declararon testigos de que ambos se habían dado palabra de matrimonio libremente, probablemente se investigó discretamente si el chico llevaba una mala vida, tenía cuentas pendientes con la justicia o tenía vicios o malas costumbres. Se comprobó que no había impedimentos por parte de Luisa que hicieran un matrimonio nulo. Llegados a este punto, se sacaba a la chica de su casa y se la "depositaba" en casa de una familia conocida por sus buenas costumbres o en un convento hasta el momento de la boda, para que el padre no pudiera presionarla. Se llevó a la joven a casa del dorador Lorenzo de Ávila, para «tenerla en su poder con la guarda y custodia necesaria y que no la entregara a persona alguna sin licencia y mandamiento judicial» (el auto se encuentra firmado en Sevilla el 17 de diciembre de 1671). El matrimonio, por fin, se celebró ocho días después en la Iglesia de San Marcos, con numerosos testigos, pero sin la presencia del padre de la novia.También se cree que las relaciones con su padre mejoraron después de la boda, ya que constan algunas colaboraciones entre ellos, actuando ella ya como artista independiente. La pareja tuvo siete hijos, de los cuales cuatro murieron de niños. Luisa continuó con su oficio de escultora, ya como artista independiente de su padre. Esta reconciliación parece confirmada, porque Pedro Roldán la incluyó en su testamento, en las mismas condiciones que al resto de sus hijos.
Es posible que la reconciliación entre Luisa y su padre se sellara con
“La Exaltación”, en la que participaron juntos. Pedro
talló el Cristo y Luisa los ángeles pasionarios y los ladrones.
A este período sevillano corresponden el encargo de Dolorosas para procesionar en Semana Santa y, aunque no haya ninguna documentada, se cree que son suyas la Virgen de la Regla, que pertenece a la Hermandad del Prendimiento, la Virgen de la Sede que se puede ver en el Hospital de los Venerables o la Virgen del Carmen en el convento carmelita de Santa Ana.
A continuación La pareja vino a Cádiz, de donde le habían llegado varios encargos. Estuvieron dos años, y Luisa dejó también varias obras en distintos pueblos de la provincia. Al restaurar el "Ecce Homo" que se encuentra en la catedral, apareció en su interor un papel, escrito por la escultora, donde ella se presenta como "insigne artista" y señala que su marido realizó policromía y dorados.
"Ecce homo" de la catedral de Cádiz obra de Luisa Roldán
Documento hallado en el interior del "Ecce Homo", firmado por la escultora
Lo mismo ocurrió en la restauración de las esculturas de los patronos de Cádiz San Servando y San Germán, igualmente en la catedral.
Los patronos de Cádiz, en la catedral
A continuación marcharon a Madrid. Allí tuvieron una vida difícil, con muchas privaciones. Aunque Luisa fue nombrada escultora de cámara del rey Carlos II. Este nombramiento llegó con fecha 15 de octubre de 1692. la corte pasaba auténticas estrecheces. Los trabajos que efectuaba estaban mal pagados e incluso tenía dificultades para cobrar, pues en aquella época, la situación general del reino era mala por la deficiente administración y la corrupción. Se tienen noticias de que la propia esposa del embajador francés se quejaba de que ni siquiera en Palacio había ni pan ni carne para comer y se pasaba hambre.Luisa a menudo no recibía el salario de 100 ducados anuales que se le había asignado. Hay documentos de las peticiones que la escultora dirigió al rey y la reina. En diversas peticiones Luisa declara que no tiene medios para alimentar a sus hijos, pide ayuda para alimentación y vestuario pide que se le concedan habitaciones en la casa del Tesoro, donde vivían los criados de la corte, pide el cargo de «ayuda de furriel» (criado) para su marido. La respuesta a esta petición fue "no hay plazas disponibles". La carrera como escultor de Luis Antonio no arrancaba (nunca arrancó), de forma que él sólo colaboraba realizando la policromía de las obras de su mujer. Luisa hacía también pequeños grupos escultóricos de terracota, cuya técnica dominaba desde su juventud para ricos burgueses y nobles, y belenes de estilo italiano, pero no era suficiente para mantener la familia.
Este tipo de imágenes se puso de moda entre nobles y burgueses acomodados, pero a pesar de realizar muchas a menudo no recibía el pago comprometido
San Miguel venciendo al diablo. Basílica del Escorial
A la muerte de Carlos II Luisa Roldán presentó al nuevo rey dos obras, un Entierro de Cristo y un Nacimiento.
"Entierro de Cristo", una de las obras que presentó a Felipe V para que le renovara el nombramiento de Escultora de Cámara. Nueva York, Metropolitan Museum of Art.
Con fecha de octubre de 1701 Felipe V le concedió otra vez el nombramiento de escultora de CámaraSin embargo no tuvo posibilidad de disfrutar de lo que podría haber sido una nueva etapa económica para ella, porque falleció en 1706, habiéndose presentado pocos días antes para ser declarada oficialmente pobre Luisa murió en Madrid, a los 53 años, sumida en la pobreza. En la iglesia parroquial de San Andrés (Madrid) se encontró la partida de defunción con fecha 10 de enero de 1706.
María de la O Lejágarra es autora, entre otras muchas cosas, del libreto y argumento de "El amor brujo". aunque en su momento apareciera como autor su marido. Gregorio Martínez Sierra.
Escribió en silencio, en soledad entre cuatro paredes, lejos de los aplausos por las obras de teatro que salían de su pluma. Su nombre es una ausencia, una sombra, un vacío y una historia dolorosa. María de la O Lejárraga atravesó todo un siglo y fue una de esas mujeres brillantes y pioneras de la Edad de Plata de la literatura española, que abarcó desde 1900 hasta la Guerra Civil. Novelista, dramaturga, ensayista, traductora, feminista y, sin embargo, ausente de las portadas de sus libros. El nombre que leemos es el de su marido: Gregorio Martínez Sierra, quien recibía elogios en los estrenos de Canción de Cuna o El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, mientras la autora y libretista esperaba en casa.
María de la O Lejárraga García nació en el seno de una familia acomodada de San Millán de la Cogolla, el 28 de diciembre de 1,874 (La Rioja). A los cuatro años se trasladó con su familia a Madrid ya que su padre, Leandro Lejárraga Estecha, natural de Tormantos, era cirujano y ejerció la medicina en Madrid. Su madre, Natividad García Garay, natural de Madrid, se ocupó personalmente de la educación de sus hijos, siguiendo los programas educativos franceses. Estudió en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer donde tomó el primer contacto con las ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza. Terminó sus estudios de Comercio en 1891, convirtiéndose en profesora de Inglés para la Escuela de Institutrices y Comercio. Finalizó sus estudios de magisterio en la Escuela Normal de Madrid. Ejerció como maestra entre 1897 y 1907.
En 1899 publicó su primera obra: Cuentos breves, que fue acogida por su familia con frialdad. Por la reacción familiar y el hecho de ser maestra le impulsaron a ocultar su nombre bajo el nombre de su marido, con el que se casó en 1900. En 1901 publicaron Vida Moderna, en la que publicaron tanto escritores modernistas como realistas.
Con Juan Ramón Jiménez fundó la revista del modernismo poético Helios (1903-1904), de la que solo se publicaron once números, donde publicaron, entre otros, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Jacinto Benavente, los hermanos Quintero... Y en 1907 la revista Renacimiento, también de corta duración pero gran calidad. Estas colaboraciones cimentaron una profunda amistad entre Lejárraga y Juan Ramón Jiménez. Ambas publicaciones estaban al corriente de las tendencias literarias europeas. Lejárraga era políglota y fue quien realizó la mayoría de las traducciones inglesas y alguna francesa aparecidas en Renacimiento.
María de la O dejó su labor docente y pidió la excedencia en 1908 para dedicarse de lleno a la literatura. Su obra Canción de cuna, estrenada en 1911, recibió el premio de la Real Academia Española como la mejor obra de la temporada teatral 1910-1911. De las obras escenificadas en Madrid entre 1929 a 1931, al menos veinte eran suyas. Esto muestra el éxito de público y el interés de la crítica. Además, la "Compañía cómico-dramática Martínez Sierra", dirigida por su esposo, no solo representó en España sino que hizo varias giras por Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Latinoamérica. En los programas de las funciones aparecían los nombres de ambos. Cuando su esposo estaba fuera, era ella quien se encargaba de los negocios relacionados con su teatro, el Teatro Lara.
También colaboró con literatos consagrados como Eduardo Marquina, en su obra El pavo real o con Carlos Arniches, en La chica del gato, que posteriormente fue llevada al cine. En 1914 María de la O realizó el libreto de Margot, con música de Joaquín Turina, un drama lírico en tres actos.
El matrimonio entró en contacto con Manuel de Falla en París en 1913 a instancias de Joaquín Turina. Tras volver este a Madrid comenzaron a colaborar en varios proyectos. En 1915 se estrenó El amor brujo, que combinaba música y danza con música de Manuel de Falla y libreto de Lejárraga en el Teatro Lara de Madrid. Con esta obra querían expresar el alma de la raza gitana. Para crearlo Falla tocaba fragmentos de la partitura y Lejárraga describía el tono emotivo del pasaje. Viajaron juntos a Granada, ciudad que conocía Lejárraga en profundidad, donde dieron los toques finales. La protagonista fue Pastora Imperio.
La vinculación de Lejárraga con Granada fue siempre estrecha, especialmente desde que escribiera, en los primeros años del siglo, su libro "Granada, guía emocional".
A veces, los ensayos se paraban porque María estaba reescribiendo el último acto de la obra firmada por Gregorio Martínez Sierra. Todo el mundo sabía que Lejárraga era la "negra" de su exitoso marido. Pese a esta ocultación, ya había sospechas sobre la verdadera autoría de las obras.
En 1930 Gregorio firmó finalmente un escrito en el que reconocía la coautoría de su mujer, pero él reclamaba estos derechos para sí. Sin embargo, este reconocimiento fue tardío y engañoso pues está redactado de forma que no dice la verdad al completo: "todas mis obras están escritas en colaboración con mi mujer", en lugar de "todas las obras a mí atribuidas son de la autoría de mi mujer".
Documento firmado por Martínez Sierra reconociendo que las obras firmadas por él estaban escritas "en colaboración con su mujer"
Todavía a día de hoy, junio de 2.021, en la web Filmaffinity, en la ficha de la película de Garci "Canción de cuna", se lee que el guión está basado en una obra teatral de Greforio Martínez Sierra. Pues no, señores, no.
Incluso se ha reconoce que obras de otros autores, como fue el caso de El pavo real de Eduardo Marquina, fueron también escritas por María Lejárraga y que Marquina contribuyó exclusiva o primordialmente a su versificación.
Participó en la fundación de varias asociaciones feministas. En 1917 participó en la creación de la UME o Unión de Mujeres de España, que duró dos años junto a la marquesa del Ter; en 1920 viajó a Ginebra como delegada de España al VIII Congreso de la International Woman Suffrage Alliance donde colaboró en la redacción de una carta de derechos femeninos: reconocimiento de la igualdad política, administrativa y civil de los dos sexos a nivel nacional e internacional. Fue un miembro activo de la Sociedad Española de Abolicionismo participando en múltiples mítines. Esta sociedad estaba en contra de la reglamentación de los prostíbulos.
En 1926 participó en la fundación del Lyceum Club que presidió María de Maeztu, junto a Victoria Kent y Zenobia Camprubí, entre otras. Se inauguró con 150 socias de todas las tendencias y en él participó también Elena Fortún, a la que Lejárraga animó en su vocación literaria.
Feminista convencida, se afilió en 1931 al Partido Socialista. Fue elegida miembro del Congreso de Diputados por Granada. En noviembre de 1936 ocupó el puesto de Agregada Comercial de la Legación de España en Berna. En mayo de 1937 fue nombrada secretaria de la delegación gubernamental española en la XXIII conferencia de la Oficina Internacional de Trabajo. Sin embargo, con el cambio de la jefatura del gobierno en 1937 con la sustitución de Largo Caballero por Juan Negrín, fue cesada en su cargo y se trasladó a su casa cerca de Niza.
Volvió a escribir en 1948. Cuando Katia Martínez Sierra, hija extramatrimonial de Gregorio Martínez Sierra y la actriz Catalina Bárcena, reclama derechos de autor tras la muerte de su padre en Buenos Aires, en 1947, María de la O empieza a firmar sus obras con el nombre de María Martínez Sierra y pleitea por los derechos de autor de sus anteriores obras. Así lo hará en Una mujer por los caminos de España (1949) y Gregorio y yo, un libro de memorias (1953). En este último opúsculo, María de la O aporta de un documento firmado en 1930 por Gregorio Martínez Sierra, en presencia de testigos, en el que declara que las obras son compartidas, a los efectos legales. Además, en su legado, centenares de cartas y telegramas confirman que las novelas las escribía Lejárraga. También se supo que su separación había sido una realidad desde 1922, lo que en su época ya era un hecho conocido.
Tras la Guerra Civil inició un largo exilio, por Francia, México y Argentina, donde finalmente falleció en 1974. En 1950 viajó a Nueva York y más tarde a California, para entrevistarse con productores de Hollywood. Allí escribió una comedia para niños, que le fue rechazada. Sin embargo, ella vio su similitud con la película La dama y el vagabundo. Desencantada, viajó a México donde tradujo para las editoriales Aguilar y Grijalbo. Colaboró en la prensa y habló en el Ateneo Español. Por problemas de salud se trasladó a Buenos Aires, donde seguiría escribiendo hasta su muerte, el 28 de junio de 1,974.