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jueves, 26 de agosto de 2021

57. Sophie Germain, la Hipatia del siglo XIX

 


Marie-Sophie Germain nació en París el 1 de abril de 1.776, en el seno de una distinguida familia de la burguesía. Su padre, Ambroise-François Germain, maestro orfebre, fue miembro del Tercer Estado en la Asamblea Constituyente de 1789.


Comenzó a estudiar física a los 13 años, atraída por las obras que había sobre el tema en la biblioteca de su casa. Como las obras científicas se escribían en latín, tivo que aprender esta lengua por sus propios medios, sin ayuda. Así tuvo acceso a las obras de Newton y Euler.


La Escuela politécnica de París se fundó cuando ella tenía 18 años, pero solo para hombres, de forma que adquirió su educación utilizando el seudónimo de Antoine Auguste LeBlanc, para hacerse pasar por un hombre. Germain tuvo un interés especial en las enseñanzas de Joseph-Louis Lagrange y, bajo el pseudónimo de «Sr. Le Blanc», uno de los antiguos estudiantes de Lagrange, le envió varios artículos. Lagrange se impresionó tanto por estos artículos que le pidió a Le Blanc una entrevista y Germain se vio forzada a revelarle su identidad. Aparentemente Lagrange reconoció el talento por encima de los prejuicios y decidió convertirse en su mentor. Mantuvo una asidua correspondencia con Gauss, que tampoco conoció su identidad durante un tiempo.


Durante la invasión napoleónica de Prusia, Sophie se inquietó por la seguridad de Gauss.  Sophie temía que Gauss pudiera correr un destino similar al de Arquímedes y  entonces se puso en contacto con   uno de los generales de Napoleón Bonaparte (Pernety), a quien Germain conocía personalmente, para que le resguardara de cualquier daño ante la ocupación de la ciudad natal de Gauss en Brunswick (Braunschweig).le confió a Pernety sus temores; este localizó al matemático alemán y le dijo quien era su protectora (lo que confundió a Gauss ya que nunca había oído hablar de ella, ya que Gauss se carteaba con el supuesto «Sr. Le Blanc» ).  Entonces Germain le escribió a Gauss una carta en la que admitía su condición femenina; a lo que Gauss contestó lo siguiente:


"Pero cómo describirte mi admiración y asombro al ver que mi estimado corresponsal, el Sr. Le Blanc, se metamorfosea en este personaje ilustre que me ofrece un ejemplo tan brillante que sería difícil de creer. La afinidad por las ciencias abstractas en general y sobre todo por los misterios de los números es demasiado rara: lo que no me asombra ya que los encantos de esta ciencia sublime solo se revelan a aquellos que tienen el valor de profundizar en ella. Pero cuando una persona del sexo que, según nuestras costumbres y prejuicios, debe encontrar muchísimas más dificultades que los hombres para familiarizarse con estos espinosos estudios, y sin embargo tiene éxito al sortear los obstáculos y penetrar en las zonas más oscuras de ellos, entonces sin duda esa persona debe tener el valor más noble, el talento más extraordinario y un genio superior. De verdad que nada podría probarme de forma tan meridiana y tan poco equívoca que los atractivos de esta ciencia que ha enriquecido mi vida con tantas alegrías no son quimeras, dada la predilección con la que tú has hecho honor a ella."



En 1808, cuando Gauss fue nombrado profesor de astronomía en la Universidad de Gotinga, el interés del matemático se derivó hacia las matemáticas aplicadas y ambos dejaron de cartearse.


En 1811 Germain participó en un concurso de la Academia Francesa de las Ciencias para explicar los fundamentos matemáticos desarrollados por un matemático alemán, Ernst Chladni, aplicados al estudio sobre las vibraciones de las superficies elásticas.14​ Después de ser rechazada por dos veces, en 1816 ganó el concurso, con el trabajo que tenía por título “Mémoire sur les Vibrations des Surfaces Élastiques”. Esto le permitió convertirse en la primera mujer que asistió a las sesiones de la Academia Francesa de las Ciencias (aparte de las esposas de los miembros) y la colocó junto a los grandes matemáticos de la historia.


Sophie Germain hizo descubrimientos importantes en teoría de números, en física matemática, acústica y elasticidad.





Una de las mayores contribuciones de Germain a la teoría de números fue la demostración matemática de la siguiente proposición: si x, y, z son enteros y x5 + y5 = z5, entonces al menos uno de ellos (x, y, o z) es divisible entre cinco. Esta demostración, que fue descrita por primera vez en una carta a Gauss, tenía una importancia significativa ya que restringía de forma considerable las soluciones del último teorema de Fermat, el famoso enunciado que no pudo ser demostrado por completo hasta 1995.


no de sus trabajos más importantes fue el estudio de los que posteriormente fueron conocidos como números primos de Sophie Germain (números primos cuyo doble incrementado en una unidad es también un número primo).


Así mismo, uno de sus resultados más conocidos es el conocido como Teorema de Sophie Germain, recuperado gracias a un pie de página en una obra de Adrien-Marie Legendre en 1823. specíficamente, Sophie Germain probó que al menos uno de los números x, y, z tiene que ser divisible por p2 si puede encontrarse un primo auxiliar θ tal que se satisfacen las dos condiciones:


No existen dos potencias p distintas de cero que difieran uno en modulo θ; y

No existe ningún número tal que p sea potencia de orden p módulo θ de él.

En cambio, el primer caso del Último Teorema de Fermat (el caso en que p no divide xyz) tiene que cumplirse para cada primo p para el que pueda encontrarse un primo auxiliar.


Marie-Sophie Germain nunca se casó, y dependió económicamente durante toda su vida del soporte económico que le brindó su familia.​ Por ser mujer, no pudo vivir de una carrera profesional como matemática, pero trabajó de manera independiente durante toda su vida.


Por todas estas contribuciones, El matemático Gaspard de Prony la llamó «la Hipatia del siglo XIX». 


Falleció a los 55 años, debido a un cáncer de mama, en 1831. Pese a que la enfermedad se le había manifestado dos años antes, continuó hasta el final volcada en su trabajo.


En 1830 Gauss la propuso para el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Gotinga, de la que era profesor y en la que tenía gran influencia. Aunque por aquel entonces su propuesta fue rechazada, sin embargo, unos meses después de la muerte de Sophie, recibió el citado reconocimiento honorífico.


J.J. Biot escribió, en el Journal de Savants, que probablemente había penetrado en la ciencia de las matemáticas más profundamente que cualquier otra persona de su sexo".26​ Definitivamente, Gauss tuvo muy buena opinión de ella y reconoció que la cultura europea presentaba dificultades especiales para una mujer en matemáticas.


Actualmente, el Instituto de Francia, a propuesta de la Academia de Ciencias, concede anualmente Premio Sophie Germain al investigador que haya realizado el trabajo más importante en Matemáticas.

Así mismo, con ocasión del centenario de su muerte, una calle de París y un Liceo llevan su nombre, y una placa, en la casa donde murió (el número 13 de la rue de Savoie) la recuerda como matemática y filósofa.






viernes, 13 de agosto de 2021

54. Marie Gabrielle Capet. la pintora a la que un robo sacó de la sombra

 

Autorretrato de Marie-Gabrielle Capet

Retrato del escultor Houdon
trabajando en el busto de Voltaire
Un domingo  de diciembre de 1925, una pequeña pintura desapareció del Museo de Bellas Artes de Caen, en el noroeste de Francia. La pintura no se recuperó y, con el paso del tiempo, estuvo casi en el olvido…. pero no del todo. casi noventa años más tarde, en enero de 2012, un retrato en miniatura, de autor desconocido, y sin precio de reserva, llegó a subasta en París. Un amante del arte de ojos agudos reconoció que se parecía mucho a la pintura de Caen, desaparecida durante mucho tiempo. El trabajo fue retirado rápidamente de la venta, y el examen posterior confirmó que se trataba efectivamente de la pintura perdida:  una obra de la artista francesa del siglo XVIII Marie-Gabrielle Capet, el retrato del escultor Jean-Antoine Houdon trabajando en el busto de Voltaire. El retrato ya se vuelve a ver en su lugar en Caen, totalmente restaurado.

Este redescubrimiento fortuito, y la posterior gran exposición de las obras supervivientes de Capet, han actuado como catalizadores para la rehabilitación de su reputación que, como la miniatura, había sido en gran parte olvidada después de su muerte.

Nacida en Lyon el 6 de septiembre de 1.761. Poco se sabe de su infancia y de su primera formación, solamente que fue hija de humildes sirvientes, pero parece claro que demostró una considerable habilidad artística desde una edad muy temprana. Marie-Gabrielle,  ya a los 19 años cuando llegó a París para estudiar pintura,  era ya una consumada pintora al pastel. Evidentemente, Marie-Gabrielle había atraído la atención de una de las grandes damas de la pintura francesa, Adélaïde Labille-Guiard, quien la aceptó como estudiante en su estudio. Marie-Gabrielle pronto tomó precedencia sobre las numerosas otras protegidas femeninas de Adélaïde. Había nueve de ellos en total, colectivamente conocidos como “Les Demoiselles”.

Dos años más tarde, gracias a su dominio en la pintura al óleo se le permitió presentar sus primeros autorretratos. Expuso desde 1781, un gran número de retratos, de los cuales los más conocidos son los de Madame Adelaida y Madame Victoria (tías de Luis XVI) y el de Madame Labille-Guiard con sus alumnas. Sus principales obras se exhiben en el Salon de la Jeunesse (Salón de la Juventud) y más tarde en el Salón de la Correspondence. Con el apoyo de Adélaïde, comenzó a obtener encargos de la clase media, alta y de la nobleza, llegando incluso a la realeza. Las miniaturas formaron una parte importante de su producción.

 

Autorretrato con 22 años 
Marie-Gabrielle había recorrido un largo camino artístico, cuando a los 22 años realizó su famoso autorretrato. Se trata de una obra alegre en la que se muestra con la actitud de una mujer joven y en la que también pudo hacer alarde de su habilidad técnica. Esta pintura provocó que el Journal de Paris la describiera como una artista «que, entre las virtuosas femeninas, tiene el toque y el dibujo más seguro».


También aparece en el monumental autorretrato que la representa con su maestra y una compañera de estudios.  Marie-Gabrielle es la figura se inclina hacia adelante con entusiasmo, admirando el trabajo en progreso de su maestra vestida de manera elaborada. Su compañera de estudios, Marie-Marguerite Carreaux de Rosemond, está detrás, rodeando afectuosamente a Marie-Gabrielle con el brazo, en ese momento, una representación significativa del afecto externo de una persona nacida noble a otra de origen humilde.

Autorretrato con Madame Labille-Guiard
y Margarite Carreaux de Rosemond

Durante este período, el papel de las mujeres artistas fue muy polémico. De hecho, muchos comentaristas masculinos fueron extremadamente críticos con la idea de que las mujeres pintaran. Sus objeciones se centraban típicamente en los méritos relativos de las obras de mujeres, disputando su autoría real (“ninguna mujer podría haber hecho esto sin ayuda”) o denigrando los géneros, como las miniaturas o las escenas domésticas, a los que las mujeres a menudo estaban confinadas involuntariamente. Algunas de estas críticas también llegaron a impugnar la moral o la propiedad de las mujeres que habían optado por salirse de las normas sociales al intentar establecer carreras independientes como artistas .
Marie-Gabrielle tuvo la suerte de que su maestra, Adelaida Labille-Guiard, fuera una de las pocas mujeres a las que generalmente se reconocía como una eminencia particular. En 1783, Adélaïde recibió el inusual honor de ser admitida en la Academia, más formalmente conocida como Académie Royale de Peinture et de Sculpture, lo que le otorgó el derecho a exhibir su trabajo en el Salón. Su admisión, junto con la de la celebrada Elisabeth Vigée-Lebrun, por encima de cuotas autoimpuestas de la Academia de no admitir más de cuatro “realmente excepcionales” miembros femeninos. En opinión de la Academia, este límite numérico de las mujeres era “suficiente para honrar su talento: las mujeres no pueden ser útiles para el progreso de las artes porque la modestia de su sexo les prohíbe poder estudiar después de la naturaleza [es decir, desnudos masculinos] y en la [Academia]" . Estos inconvenientes, dijeron, significaban que las mujeres no eran capaces de crear lo que entonces se consideraba la forma más elevada de pintura, las llamadas pinturas de “historia”. Se trataba de grandes obras al óleo o al fresco, que capturaban un momento de una historia, con múltiples personajes que interactuaban, aunque no necesariamente históricos. Por lo general, se los consideraba superiores a los retratos o paisajes, ya que requerían toda la gama de habilidades pictóricas.

A pesar de (o tal vez debido a) estas restricciones institucionales y culturales, Adélaïde, con su taller de estudiantes mujeres, fue particularmente activa en la promoción del papel de las mujeres pintoras. Su Autorretrato con dos estudiantes fue presentado al Salón en 1785 como parte de su campaña para establecer el papel legítimo de las mujeres como participantes plenas en el arte, y para sellar sus propias credenciales en particular. También presionó activamente, aunque inicialmente sin éxito, para que se eliminara, o al menos aumentara, el límite de "cuatro mujeres". En un momento, incluso logró obtener una orden judicial para destruir panfletos difamatorios distribuidos por un crítico anónimo que contenían chismes lascivos sobre su ética sexual y profesional.
Con los años, Marie-Gabrielle llegó a formar una relación cercana y, en muchos sentidos, mutuamente beneficiosa con Adélaïde. Ella era su alumna, su modelo ocasional, su asistente y, en última instancia, de hecho, su hija sustituta . Marie-Gabrielle nunca se casó y se convirtió en una parte permanente de la casa de Adélaïde, viviendo con ella durante toda la vida de esa artista (incluso en su taller en el Louvre) y continuó viviendo allí incluso después del matrimonio de Adélaïde con el pintor François Vincent. Marie-Gabrielle también llegó a formar una cálida relación hija-padre con François, llamándolo “père” (padre) y continuando trabajando en su taller después de la muerte de Adélaïde.
El taller de Madame Vincent

La propia Marie-Gabrielle capturaría más tarde esta relación duradera en El taller de Madame Vincent. Esta pintura representa a Adélaïde (Madame Vincent) dedicada a pintar al artista / senador Joseph-Marie Vien, el maestro del esposo de Adélaïde, François, en compañía de varios amigos, alumnos y miembros de la familia Vien. Marie-Gabrielle se ha retratado a la izquierda del lienzo, mirando directamente al espectador y sosteniendo en la mano la paleta de Adélaïde, sobre la que acaba de preparar los colores. La escena es como una genealogía de la familia artística de Marie-Gabrielle, con Vien como su “abuelo” artístico, ya que fue maestro de François , quien a su vez enseñó a Adélaïde, quien a su vez enseñó a Marie-Gabrielle.

La Revolución Francesa planteó problemas a artistas como Adélaïde y Marie-Gabrielle, que anteriormente habían gozado de un importante patrocinio real. Sin embargo, a diferencia de Élisabeth Vigée-Le Brun, que huyó de Francia, ambos se quedaron, pero se reajustaron un poco como pintores de figuras revolucionarias. También se beneficiaron del aumento del número de salones de arte durante la década de 1790 y de la decisión posrevolucionaria del Salón Carré del Louvre de dar la bienvenida a todos los artistas en 1791, ya fueran miembros de la Academia o no. Marie-Gabrielle estaba entre las 21 mujeres representadas allí ese año (había 236 hombres), y continuó presentando obras en los años siguientes.
Marie. Gabrielle Pintó su última composición al óleo en 1815 y luego abandonó la pintura. Murió en 1818 en París.













domingo, 25 de julio de 2021

52. Jeanne Baret, la primera mujer en dar la vuelta al mundo

 


Verdaderamente, cada historia que voy conociendo  para incluir en este blog va resultando más y más sorprendente que las anteriores. Si pienso ahora en la primera que escribí, la de la gaditana Rosario Cepeda, siendo extraordinaria ahora a veces pienso si no palidece al lado de algunas otras. (La entrada sobre Rosario Cepeda la escribí hace años para otro blog que ya no existe, aunque ahora está en este blog, ya que aquí es donde encaja).

La entrada de hoy es sobre una persona que vivió una aventura sorprendente. Poco se sabe de la infancia o la juventud de Baret. Nació un 27 de julio de 1.740 en La Comelle (Francia).  Su partida de bautismo sobrevive y la identifica legalmente como hija de Jean Baret y Jeanne Pochard. Su madre murió 15 meses después del nacimiento de Jeanne y su padre cuando ella tenía 15 años. Borgoña era en este momento una de las provincias más atrasadas de Francia en términos de la condición de las clases campesinas, y es probable que la familia de Baret estuviera bastante empobrecida. Uno de los misterios de la vida de Baret es cómo obtuvo educación, ya que su firma en documentos legales posteriores proporciona evidencia de que no era analfabeta.  Por otra parte, parece que su padre sí lo era, pues no firma en la partida de bautismo. Una de sus biógrafas, Glynis Ridley, sugiere que su madre podría haber sido de origen hugonote, un grupo que tenía una tradición de alfabetización más alta que la típica de las clases campesinas de la época. Otro biógrafo, John Dunmore, sugiere que le enseñó el párroco o que un miembro de la nobleza local la tomó como un caso de caridad. Danielle Clode, sin embargo, señala que Jeanne no firmó el registro parroquial por la muerte de su padre (o el nacimiento de su ahijado en 1756). Su primera firma conocida es en 1764, por lo que es más probable que Philibert  Commerson le enseñara a escribir, tal vez para ayudarlo con su trabajo.

En algún momento entre 1760 y 1764, Baret fue empleada como ama de llaves del botánico Philibert Commerson, que se había establecido en Toulon-sur-Arroux, a unos 20 kilómetros (12 millas) al sur de La Comelle, tras su matrimonio en 1760. La esposa de Commerson, quien era hermana del párroco, murió poco después de dar a luz a un hijo en abril de 1762, y parece muy probable que Baret se hiciera cargo de la administración de la casa de Commerson en ese momento, si no antes.

También es evidente que Baret y Commerson compartían una relación más personal, ya que Baret quedó embarazada en 1764. La ley francesa en ese momento requería que las mujeres que quedaban embarazadas fuera del matrimonio obtuvieran un "certificado de embarazo" en el que pudieran nombrar al padre de su hijo por nacer. Sobrevive el certificado de Baret, de agosto de 1764; fue archivado en un pueblo a 30 kilómetros de distancia y en él figuran dos testigos que también habían viajado una distancia considerable desde sus hogares. Ella se negó a nombrar al padre de su hijo, pero los historiadores no dudan que fue Commerson y que fue él quien también hizo los arreglos con el abogado y los testigos en su nombre.

Baret vestida de marinero durante la expedición,
Ilustración del siglo XIX.
Poco después, Baret y Commerson se mudaron juntos a París, donde ella continuó en el papel de su ama de llaves. Baret aparentemente cambió su nombre a "Jeanne de Bonnefoy" durante este período. Su hijo, nacido en diciembre de 1764, recibió el nombre de Jean-Pierre Baret. Baret entregó al niño al hospital de expósitos de París. Rápidamente fue colocado con una madre adoptiva, pero murió en el verano de 1765. (Commerson había dejado a su hijo legítimo de su matrimonio al cuidado de su cuñado en Toulon-sur-Arroux y nunca lo volvió a ver en su vida). En 1765, Commerson fue invitado a unirse a la expedición de Bougainville, la primera circunnavegación francesa del mundo, concebida para catalogar especies botánicas de todo el planeta. Commerson dudó en aceptar porque a menudo se encontraba mal de salud; necesitaba la ayuda de Baret como enfermero, así como para llevar su casa y administrar sus colecciones y papeles. Su nombramiento le permitió un sirviente, pagado como un gasto real, pero las mujeres estaban completamente prohibidas en los barcos de la marina francesa en ese momento. En algún momento, se concibió la idea de que Baret se disfrazase de hombre para acompañar a Commerson. Para evitar el escrutinio, debía unirse a la expedición inmediatamente antes de que zarpara el barco, fingiendo ser una extraña para Commerson. El 1 de febrero de 1767, un tal 'Jean Barré', un mozalbete sube a bordo del buque L'Etoile con 120 hombres. Si Jean Barré es Jean Barré y no la bonita campesina Jeanne Barret es porque, desde 1689, una ordenanza real castiga con severas penas que pueden llegar a la muerte a toda mujer que se enrole a bordo de un buque bajo pabellón real. La expedición duró tres años y el itinerario incluyó Brasil, Uruguay, Argentina, Madagascar, Tahití y otras localidades del Pacífico y el Océano Índico. Debido a la gran cantidad de equipo que Commerson traía en el viaje, el capitán del barco, François Chenard de la Giraudais, cedió su propia cabina grande en el barco a Commerson y su "asistente". Esto le dio a Baret significativamente más privacidad de la que hubiera tenido de otra manera a bordo del barco abarrotado. En particular, la cabina del capitán le dio a Baret acceso a baños privados para que no tuviera que usar la ducha compartida con otros miembros de la tripulación. Bougainville, escribió en su diario en 1768: "durante algún tiempo ha venido circulando un rumor de que el ayudante de Commerson es una mujer. Su estructura, el sonido de su voz, su quijada lampiña y el hecho de que nunca se cambia de ropa o hace sus necesidades frente a otros, es lo que ha levantado sospechas". Pero no fue hasta que llegaron a Thaití cuando Commerson y Baret confesaron. Tan pronto como ella y Commerson pisaron tierra, Baret fue inmediatamente rodeada por tahitianos que señalaron que ella era mujer. Era necesario devolverla al barco para protegerla de los emocionados tahitianos. Bougainville registró este incidente en su diario unas semanas después de que sucediera, cuando tuvo la oportunidad de visitar el Étoile para entrevistar personalmente a Baret.

La expedición empleó dos barcos de guerra franceses, al mando de Louis Antoine de Bougainville, en los que no estaba permitida la presencia de mujeres, por lo que Baret tenía  que disfrazarse de hombre durante los tres años de travesía (1766-1769). Aunque embarcada de incógnito, finalmente fue descubierta su condición de mujer en 1768 y fue obligada a desembarcar en la Isla Mauricio junto a Commerson.  En Mauricio, Baret continuó en su papel de asistente y ama de llaves de Commerson. Es probable que ella lo acompañara en la recolección de plantas en Madagascar y la isla de Borbón en 1770-1772. Commerson seguía teniendo serios problemas de salud y murió en Mauricio en febrero de 1773. Antes de salir de París, Commerson había redactado un testamento en el que dejaba a "Jeanne Baret, conocida como de Bonnefoi, mi ama de llaves", una suma global de 600 libras junto con los salarios adeudados y el mobiliario de su apartamento en París. Por lo tanto, si bien la historia que Baret inventó para beneficio de Bougainville para explicar su presencia a bordo del barco fue cuidadosamente diseñada para proteger a Commerson de la participación, existe una clara evidencia documental de su relación anterior, y es muy improbable que Commerson no fuera cómplice del plan. El biólogo oficial que supuestamente estaba acompañado por su 'asistente' estuvo muy enfermo, a causa del mareo y una úlcera en una pierna, durante todo el viaje, así que en realidad fue Jeanne la que bajaba a tierra,  detectaba, recogía y organizaba las plantas para presentárselas a Commerson, que permanecía encamado. Este estuvo a punto de agradecérselo. Según figura en sus notas personales, iba a bautizar Baretia (de 'Barret') a todo un género de plantas tropicales, hoy conocido como Turraea, de la familia de las Meliaceae. Pero tras la deshonra del desembarco de ambos al ser descubiertos, falleció en Isla Mauricio, antes de poder oficializar la denominación.

Tras la muerte de Commerson, sola y sin recursos, trabajó en una taberna en Port Louis. Conoció a un oficial naval francés, natural de Perigord, Jean Dubernat, fue multada con 50 libras por servir alcohol los domingos en 1773. Luego, el 17 de mayo de 1774, se casó con Jean Dubernat, un suboficial del ejército francés que probablemente se encontraba en la isla de camino a su casa en Francia. Jeanne aportó una pequeña fortuna a su matrimonio, presumiblemente de la taberna y quizás de otras empresas comerciales que dirigía en la isla.

No hay constancia de cuándo exactamente Baret y su esposo llegaron a Francia, completando así la vuelta al mundo. Lo más probable es que fuera en algún momento de 1775. En abril de 1776, recibió el dinero que se le debía según el testamento de Commerson después de solicitarlo directamente al Fiscal General. Con este dinero, se instaló con Dubernat en su pueblo natal de Saint-Aulaye, donde compraron propiedades con la riqueza de Jeanne y vivieron tanto con Dubernat como con las sobrinas y sobrinos de Jeanne.


En 1785, el Ministerio de Marina concedió a Baret una pensión de 200 libras al año. El documento que le otorga esta pensión deja en claro la alta consideración con la que se la tenía en este punto:

"Jeanne Barré, mediante un disfraz, dio la vuelta al globo terráqueo en uno de los barcos comandados por el señor de Bougainville. Se dedicó en particular a ayudar al Sr. de Commerson, médico y botánico, y compartió con gran valentía las labores y peligros de este sabio. Su comportamiento fue ejemplar y el señor de Bougainville se refiere a él con todo el mérito. Su Señoría ha tenido la gentileza de conceder a esta extraordinaria mujer una pensión de doscientas libras al año que se sacarán del fondo para militares inválidos, la pensión se pagará a partir del 1 de enero de 1785".


Murió en Saint-Aulaye el 5 de agosto de 1807, a la edad de 67 años.

La primera mujer en cruzar todos los meridianos terrestres. Le  tocó vivir en la cara oscura del Siglo de las Luces y se arriesgó por amor y amor a la libertad y a la ciencia.




domingo, 13 de junio de 2021

45. Irène Joliot-Curie, la difícil tarea de ser hija de la número 1


Hace sólo 8 días, al escribir sobre Ada Byron, dije que el objetivo de este blog era dar a conocer mujeres poco conocidas y que por eso no estaban personajes tan obvios como  Marie Curie y comentaba que Ada no era desconocida pero sí mal recordada, puesto que la conocemos habitualmente como Ada Lovelace o Ada King Lovelace. Y King es el  apellido de su marido y (conde de)Lovelace es el título del mismo. Pero otra forma de injusticia es cuando tu madre es tan famosa que su sombra causa que tu luz apenas destaque. Tan famosa que, cuando su hija se casa, es el marido de ésta quien une los apellidos y une su nombre al de su mujer. Por eso hoy escribo sobre Irene Juliot-Curie.

Nació en París, EL 12 de septiembre de 1.897.  Hija mayor de Marie Curie (Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911) y Pierre Curie (Nobel de Física en 1903).Tuvo una hermana menor, Eva, nacida en París en 1.904.

Las tres Curie.
A la derecha, Eva. Como ella misma decía "la única de la familia que no había ganado un Nobel", aunque fue una conocida periodista y escritora.

Marie no estaba satisfecha con el nivel de calidad de las escuelas parisienses de la época. Por eso, las niñas fueron educadas principalmente en el hogar. De hecho, Marie unió fuerzas con un grupo de distinguidos académicos que se turnaron para darles clases en sus áreas de especialización". Curie, por su puesto, se encargó de enseñarles física y, en ese proceso, logró que Irene se enamorara de la ciencia. La niña también destacaba en matemáticas. A los once años ya estudiaba matemáticas avanzadas. Sobresalía de tal manera en sus estudios en el instituto que a los catorce años aprobó la primera etapa del bachillerato con un año y medio de adelanto y matrícula de honor.  Tres años más tarde, en el inicio de la Primera Guerra Mundial, ingresó en la Sorbona para estudiar matemáticas y física, al tiempo que se matriculaba a un curso de enfermería.

En 1.916  dejó la Sorbona, a petición de su madre,  para trabajar como enfermera radiológica ayudándola a salvar la vida de los numerosos heridos de guerra. Marie Curie equipó docenas de vehículos con básicos equipos de rayos X. Así localizaban los restos de metralla que podía haber en el interior del cuerpo de los heridos y así guiar a los cirujanos en sus intervenciones. Esta idea salvó muchas vidas. En primer lugar, Marie enseñó a Irene a manejar el equipo. Luego Irene formó, a su vez, a muchas enfermeras y éstas a otras, llegando con sus furgonetas hasta donde hubiera carreteras practicables. Durante esta época Irène se gano el sobrenombre de la Petit Curie. Empezó con su madre en una instalación de campaña, pero a los pocos meses, la dejó sola a cargo de instalación radiológica en Hoogstade. Ahí, sola y sin ayuda, radiografiaba a los heridos y llevaba a cabo un cálculo geométrico para indicar al cirujano la localización de las balas y la metralla. También aprendió por su cuenta a reparar los aparatos de rayos X a su regresó a París en 1916 impartió un curso de rayos X.  Y volvió a matricularse en la Sorbona licenciándose con matrícula de honor en matemáticas y física. Cuando finalizó sus estudios en la Universidad de París fue asistente del departamento de radiografía de diversos hospitales. En 1920 entró a trabajar como ayudante en el laboratorio Curie del Instituto del Radio de la Universidad de París, dedicado a las investigaciones y enseñanza de la radiactividad. Centró sus  primeras investigaciones en fenómenos atómicos y basó su tesis doctoral en el estudio de las partículas alfa (núcleos de helio-4) emitidas por una fuente de polonio. La presentó en 1925 bajo el título: “Recherches sur les rayons alfa du polonium, oscillation de parcours, vitesse d’émission, pouvoir ionisant.” Ese mismo año, un joven e inquieto Frédéric Joliot, que todavía no había acabado el servicio militar, se presentó ante la que había sido la heroína de su infancia para pedirle un empleo en el laboratorio Curie. Venía muy recomendado por Paul Langevin y Marie le propuso empezar al día siguiente. Para ello consiguió que el coronel le dejase concluir antes las milicias. Frédéric, tras la muerte de su padre, se había matriculado en la École de physique et de chimie industrielles de París, donde Pierre Curie había enseñado antes de traspasar su puesto a Paul Langevin. Extrovertido y apuesto, Frédéric estaba acostumbrado a hacer amistades con facilidad. Sin embargo, le costó adaptarse al ambiente serio y silencioso del laboratorio Curie. Se sentía solo y evitaba a Irène, la ayudante preferida de la jefa que ni siquiera le daba los buenos días. Sin embargo, con el paso del tiempo empezó a sentirse más y más atraído por su inteligencia. Ambos disfrutaban conversando y dando largos paseos. Se enamoraron y decidieron comprometerse. Irène lidió con la oposición de su madre a su matrimonio causada por la desconfianza que le generaba su futura pareja. Marie Curie trató de disuadir a su hija e insistió para que llegaran a un acuerdo que anulase la ley francesa en virtud de la cual los maridos controlaban las propiedades de sus esposas. Quería  asegurarse que Irène sería la única que heredaría las substancias radiactivas del Instituto Curie. Al igual que otras personas, Marie no podía imaginar a la taciturna y austera Irène con el alegre y elegante Frédéric. Su hija era tres años mayor que él, había declarado que nunca se casaría y no le daba importancia ninguna a la apariencia. Cuando no llevaba la bata de laboratorio con sus zapatos de enfermera, vestía sencillos vestidos de colores oscuros. Frédéric, en cambio, era todo un donjuán y un fumador empedernido.

 Pero Irène, hizo caso omiso de los consejos maternos y se casó con Frédéric el 26 de octubre de 1926. Lo cual no impidió que Marie, durante años, siguiese presentándolo como “el hombre que se casó con Irène”. Frédéric, sin embargo, sentía una gran admiración por su suegra y no dudó en aceptar su petición cuando le insistió para que siguiese adelante con sus estudios. Mientras continuaba sus tareas en el Instituto, se licenció en la Sorbona doctorándose en 1930 con una tesis sobre la electroquímica de radioelementos: “Électrochimique des radioeléments. Applications diverses”. Langevin había acertado de lleno, vio en él al gran científico en el que se iba a convertir.

Los Joliot- Curie,
con sus hijos
En 1927, tres años antes de que Frédéric leyese su tesis, tuvieron a Hélène y poco después Irène contrajo tuberculosis. El médico le advirtió de que no tuviese otro hijo y disminuyese su ritmo de trabajo. Pero aquello era superior a ella. La tuberculosis no la llevaría a renunciar a aquello que le hacía sentir completa, a ser investigadora y madre.  A la semana siguiente, combatiendo contra una enfermedad que volvería a padecer a lo largo de su vida, ya estaba de vuelta al laboratorio y cinco años más tarde su otro deseo se hizo realidad, dio a luz a Pierre.

La colaboración científica entre ambos se centró en el estudio de las emisiones radiactivas. Les atraían las investigaciones que el grupo de Rutherford estaba desarrollando en el laboratorio Cavendish y disponían de 200 milicurios de Polonio, la fuente más poderosa de rayos alfa, para llevarlas a cabo. El primer paso era analizar la radiación neutra y muy penetrante que habían detectado Walther Bothe y Herbert Becker al bombardear berilio con partículas alfa provenientes de una muestra de polonio. Los Joliot-Curie repitieron los experimentos y publicaron sus hallazgos el 18 de enero de 1932. Habían observado que la potente radiación de Bothe era capaz de provocar la emisión de protones de una capa de parafina. Postularon que se trataba de una radiación electromagnética de alta frecuencia pero no supieron interpretar los resultados.

Los Joliot-Curie habían tenido “en sus manos” el neutrón y no supieron reconocerlo. Y, por desgracia, no fue el único premio Nobel que vieron pasar delante de sus narices. En sus trabajos con una cámara de niebla que, mediante un campo magnético creado por un electroimán, curva la trayectoria de las partículas cargadas, observaron que algunos de los supuestos electrones producidos en el experimento se desviaban en sentido contrario. No se dieron cuenta de que se trataba de un nuevo tipo de partícula como el electrón pero con carga positiva que ya había sido propuesto en 1931, el positrón y que fue descubierto ese mismo año por Carl David Anderson.

Por fortuna, en su caso la expresión “a la tercera va la vencida” no pudo ser más cierta. Corría el año 1933 y el éxito estaba a punto de llamar a su puerta. Por aquel entonces, el matrimonio estaba centrado en el estudio de las desintegraciones del polonio. Sabían que era un emisor de partículas alfa y se preguntaban si, al igual que otros átomos radiactivos, también emitía radiación beta (electrones). Para comprobarlo, colocaron una lámina de aluminio que detuviese las partículas alfa antes de llegar al detector. Este último consistía en una cámara de niebla que, mediante un campo magnético creado por un electroimán, curvaría la trayectoria de las partículas beta, posibilitando su identificación. La primera experiencia dio resultados sorprendentes: no sólo detectaron electrones, sino que también aparecieron  protones y positrones. La presencia de protones podía explicarse sin dificultad a través de una reacción conocida, la transmutación del aluminio en silicio. La partícula alfa absorbida por el aluminio-27 produce silicio-30 más un protón. Lo que no sabían era qué hacían allí los positrones y para averiguarlo empezaron sustituyendo el material empleado como absorbente de partículas alfa. Observaron que al interponer una lámina de parafina, plata o litio, no detectaban positrones, mientras que en el caso del boro sí lo hacían. Por tanto, el origen de los positrones no se encontraba en el polonio, se hallaban ante un fenómeno que sólo en ciertos absorbentes.  La primera hipótesis fue pensar que la transmutación de aluminio en silicio, aparte del citado positrón, también podía dar como resultado la emisión de un neutrón y un positrón. En ambos casos se conservaba la carga eléctrica. Para verificar la segunda posibilidad, modificaron el dispositivo de manera que permitiese la detección simultánea del neutrón y el positrón.

La primera prueba pareció confirmar su planteamiento pero la segunda aportó nueva información. Se percataron que al disminuir la energía de las partículas alfa dejaban de detectarse neutrones, quedando únicamente los positrones. Estaban equivocados y, tras reflexionar plantearon la nueva hipótesis: quizás el absorbente se volvía radiactivo al interaccionar con las partículas alfa emitidas por la fuente. Para comprobar si estaban en lo cierto situaron un contador Geiger junto al material absorbente, tras retirar la fuente de polonio. El Geiger “cantaba”, el material se había vuelto radiactivo y la emisión de radiación decaía exponencialmente como en el caso de la radiactividad ordinaria. Anunciaron su hallazgo en dos artículos, uno escrito en francés, con Irène como primer firmante y presentado el 15 de enero de 1933, y otro en inglés, con Frédéric encabezando la lista de autores.

La radiactividad “artificial” había nacido y el matrimonio Joliot-Curie fue galardonado en 1935 con el premio Nobel de Química. La dotación económica del premio les permitió instalarse en Sceaux, donde recibían a sus amigos los domingos por la tarde. Irène, a diferencia de Marie, siempre antepuso sus obligaciones como madre a todo lo demás, creía que la maternidad era la experiencia más increíble que había vivido. En 1936, como consecuencia del premio, Irène fue nombrada subsecretaria de Estado para la Investigación Científica y, al año siguiente, accedió a una cátedra en la Sorbona. Frédéric, por su parte, fue elegido como catedrático en el Collège de France en 1937 y abandonó el laboratorio del Instituto del Radio para formar su propio laboratorio, en donde construyó el primer ciclotrón de Europa occidental.

Descubrir que la radiactividad artificial podía ser producida por el hombre supuso un avance fundamental en las aplicaciones médicas de las radiaciones ionizantes. Los Joliot-Curie, tal y como se desprende de su discurso de recepción del premio Nobel, ya aventuraron las posibilidades de su descubrimiento en el campo de la Medicina.

En 1935 fue nombrada directora de investigación de la Fundación Nacional de Ciencias tras postularse en vano en tres ocasiones por sus principios feministas (al contrario que su madre, que tras el primer rechazo en la membresía por ser mujer y polaca, desestimó la opción). Al año siguiente obtuvo el puesto de subsecretaria de Estado en investigación científica, siendo apartada de la Comisión Francesa de Energía Atómica en 1951 por sus simpatías con el Partido Comunista Francés.

Irène Joliot-Curie murió el 17 de marzo de 1956 en su residencia de París a consecuencia de una leucemia, resultante de una sobreexposición a la radiación en el curso de su trabajo (lo mismo que le ocurrió a su madre).​ Su marido, enfermo hepático, murió en agosto de 1958. 





viernes, 11 de septiembre de 2020

17. Anne MarieGrosholtz,, la precursora de los museos de cera

Anne Marie a los 24 años.
Obra de Curtius
   Anne Marie Grosholtz, nacida en Estrasburgo el 1 ó el 7 de diciembre de 1.761. En sus memorias afirmó ser hija de un soldado, Joseph Grosholtz, un soldado alemán muerto durante la guerra de los Siete Años, dos meses antes del nacimiento de su hija aunque otras fuentes aseguran que descendía de una larga línea de verdugos públicos de la ciudad . Su madre, se trasladó a Berna, donde trabajó como ama de llaves de un médico, Philippe Curtius (1741-1794) un médico experto en realizar modelos anatómicos de cera para el estudio. Con el tiempo, decidió emplear la misma técnica para realizar retratos de personajes famosos y en 1765, tras abandonar la medicina para dedicarse a la escultura en cera, se trasladó a París, adonde dos años más tarde llegaron Marie y su madre. Ante la ausencia del padre, Marie creció bajo la tutela del médico, a quien llamaba "tío"  y con quien aprendería las técnicas escultóricas. 

En 1765, Curtius se trasladó a París, donde hizo una escultura de cera de Marie-Jeanne du Barry, la futura amante del rey Luis XV. En París, Curtius siguió realizando bustos de los personajes más populares del momento, que fueron despertando un creciente interés entre el público. Su primera exposición, en 1770, fue un éxito tal que en 1776 tuvo que trasladar la colección al palacio Real. En 1782, Curtius inauguró una segunda exposición de bustos de celebridades en el Boulevard du Temple. Marie, ya experta en retratos de cera, comenzó a ser conocida y para ella posaron Voltaire, Benjamín Franklin, el ministro de finanzas Jacques Necker y el duque de Orleans.  En 1780 fue llamada  a Versalles como profesora de arte de la hermana del rey Luis XVI, Madame Isabel. Cuando Curtius murió, en 1794, dejó a Marie como única heredera de su casa en Versalles y del salón de exposiciones del Boulevard du Temple. En 1795 se casó con el ingeniero François Tussaud. Desde entonces fue conocida como Madame Tassaud.

Durante la Revolución Francesa, Debido a sus vínculos con la aristocracia, Tussaud fue arrestada durante el Reinado del Terror,  donde estuvo a punto de ser guillotinada. Le afeitaron la cabeza para su ejecución inminente. Pero, a través de un amigo de Curtius,  el actor y dramaturgo Collot d’Herbois –que llegaría a presidir la Asamblea Nacional– se consiguió un perdón de última hora a cambio de que Marie se comprometiera a realizar las esculturas en cera de los personajes guillotinados. De la guillotina las cabezas iban directas a su taller, por el que pasaron las cabezas de María Antonieta, Luis XVI, y Robespierre.

Recreación del trabajo de Marie durante la Revolución
(Museo Tassaud en Londres)


Dos días antes del 14 de julio de 1.789 varias cabezas robadas del gabinete de Curtius
fueron paseadas por las calles como protesta del pueblo


En 1.802, Marie, su marido y sus dos hijos se instalaron en Londres. Allí sufrió una estafa y, al no poder volver a Francia debido a las guerras napoleónicas, con su hijo mayor se dedicó a viajar por Inglaterra e Irlanda con una exhibición itinerante de sus máscaras  y retratos por Inglaterra e Irlanda. Su marido volvió a Paris y no volvieron a verse. En cada ciudad, Madame Tussaud exponía sus piezas en salones lujosos que alquilaba y a los que atraía a la clase media adinerada, rompiendo con la imagen que asociaba las figuras de cera y anatómicas al entretenimiento popular. Las giras resultaban rentables y Marie enviaba dinero a su esposo, pensando que se ocuparía de la educación de su hijo pequeño. Pero Monsieur Tussaud se gastó todo el dinero, hasta el punto de que en 1812 su hijo François se vio obligado a vender la colección del Boulevard du Temple. En 1817, tras la separación de sus padres, François viajó a Londres para encontrarse con su madre y su hermano, uniéndose al negocio familiar François, que era carpintero, comenzó a tallar cuerpos, brazos y piernas y las cabezas exhibidas se conviertieron en figuras de cuerpo entero. En ese momento la exhibición pasó a llamarse "Madame Tussaud e hijos".

En 1835, Marie y sus hijos instalaron su colección en Baker Street. En una época en que las ejecuciones ya no eran públicas, la llamada "cámara de los horrores" (una sala separada donde se recreaban crímenes famosos y ejecuciones de criminales célebres),  atraía a multitudes curiosas. Pero la popularidad del museo se disparó en 1837, cuando la joven reina Victoria permitió que modelasen su figura y que la vistieran con la réplica exacta de su atuendo de coronación.

Los visitantes contemplan la colección de Tassaud en Baker Street
Grabado del siglo XIX


Marie Tussaud murió mientras dormía, el 16 de abril de 1850, a los 88 años, y fue enterrada en la iglesia católica de Cadogan Street. En 1884, su nieto Joseph trasladó la exposición a un edificio mayor en la calle Marylebone, donde continúa. Durante algún tiempo llegó a ofrecerse una recompensa a quien fuera capaz de pasar una noche en la "Cámara de los Horrores" (no he podido averiguar si alguien lo hizo). Un incendio (en 1925) y los bombardeos durante la segunda guerra mundial afectaron al museo, pero aún se conservan algunas de sus figuras originales. Actualmente es uno de los lugares más visitados de Londres y el museo de cera más importante del mundo, con 24 sedes en Asia, Europa, América y Oceanía.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

15. Anne Vallayer-Coster, la naturaleza hecha arte



Anne Vallayer, de casada Coster, fue una pintora francesa, nacida en París el 21 de diciembre de 1.744 y muerta en la misma ciudad el 18 de febrero de 1.818. Está considerada una de las mejores pintoras de naturalezas muertas de Francia. Su padre era orfebre de la Real Fábrica de tapices de Gobelinos que se trasladó a París para abrir su propia tienda.

   Pintaba naturalezas muertas, retratos y miniaturas, hasta que debutaron en el Salón  las grandes pintoras retratistas, Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun y Adélaïde Labille-Guiard, en 1783. Desde que en 1785, se le criticaran mucho unos retratos sólo se dedicó casi exclusivamente a bodegones y flores, especialmente a las flores. Se conservan de ella unas 400 obras.

Retrato de María Antonieta, por Anne Vallayer
   En 1780 fue nombrada pintora de la reina María Antonieta. En ese mismo año se casó con con Jean-Pierre-Sylvestre Coster, abogado del Parlamento. Continuó su carrera con éxito hasta su muerte. Su talento la llevó a ser elegida por unanimidad miembro de la Real Academia de Arte de París. Protegida de la reina María Antonieta, durante la Revolución Francesa no dejó de pintar; sus temáticas poco comprometidas políticamente le permitieron seguir con su arte después de la Revolución.










Bodegón con instrumentos


Busto de Minerva con armas


Cesta de ciruelas

martes, 1 de septiembre de 2020

14. Olympe de Gouges y los derechos de la mujer


Olympe de Gouges, seudónimo usado por Marie Greuze, era la hija de una familia burguesa de  Montauban, donde nació el 7 de mayo de 1.748. Su padre era carnicero y su madre hija de un comerciante de telas. Se casó en 1765 con un hombre mayor, quedando al cabo de un tiempo viuda y con un hijo, Pierre Aubry. Muy decepcionada por el matrimonio en general, que calificó de "tumba de la confianza y del amor", se negó a volver a casarse. A principios de 1770, se trasladó a París donde se preocupó de que su hijo recibiera una muy buena educación. Llevaba una existencia burguesa, y frecuentaba los salones literarios parisinos donde conoció a la élite intelectual del siglo de oro francés. En 1774, su nombre figuraba en el Almanaque de París, el "Quién es quién" de la época. Emprendió entonces una carrera literaria. Escribió varias obras de teatro y montó una compañía teatral itinerante que recorría la región de París, sin que sus ingresos le permitieran mantenerse. Pero rápidamente sus obras empezaron a ser representadas en teatros de toda Francia. Su obra más conocida, La esclavitud de los negros (L’esclavage des noirs), fue publicada en 1792, pero fue inscrita en el repertorio de la Comédie-Française en 1785 bajo el título de Zamore y Mirza, o el feliz naufragio. Esta obra atrevida pretendía llamar la atención sobre la condición de los esclavos negros, pero Olympe tuvo que enfrentarse con la desaprobación de los actores de la Comédie Française. Esta dependía económicamente de la Corte de Versalles donde muchas familias nobles se habían enriquecido con la trata de esclavos. Por otro lado, el comercio con las colonias de ultramar representaba entonces el 50% del comercio exterior del país. Olympe fue encarcelada en la Bastilla por medio de una lettre de cachet, pero fue liberada al poco tiempo gracias a la intervención de sus amigos. Con la Revolución, su obra pudo por fin ser representada en la Comédie Française. A pesar de las presiones y amenazas del lobby colonial, todavía muy influyente, Olympe de Gouges mantuvo una intensa actividad a favor de la abolición de la esclavitud. En 1788 publicó el ensayo Réflexions sur les hommes nègres (Reflexiones sobre los hombres negros) que le abrió las puertas del "Club des amis des noirs" (Club de los amigos de los negros) del que fue miembro. En 1790 escribió otra obra sobre el mismo tema, Le marché des Noirs (El mercado de los negros). Los principales dirigentes del movimiento abolicionista, el abate Grégoire y el diputado girondino Brissot, dejaron constancia en sus escritos de la admiración que sentían por Olympe de Gouges. , el Periódico general de Francia (Journal général de France) publicó dos de sus folletos políticos, tratando uno de ellos de su proyecto de impuesto patriótico que desarrollará más tarde en su famosa Carta al pueblo (Lettre au Peuple). El segundo dibujaba un amplio programa de reformas sociales. Estos escritos fueron seguidos de folletos que dirigía periódicamente a los representantes de las tres primeras legislaturas de la Revolución, a los Clubes patrióticos y a diversas personalidades como Mirabeau, La Fayette y Necker a los que admiraba. Se calcula que fueron cerca de 30 panfletos. Fundó varias Sociedades Fraternas para ambos sexos.

   En 1791 escribió su famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana que comenzaba con las siguientes palabras: "Hombre, ¿Eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta."

En la línea de Montesquieu, defendió la separación de poderes. Apoyó en un principio la monarquía constitucional, pero se adhirió rápidamente a la causa republicana y se opuso a la condena a muerte de Luis XVI en 1793. Tomó partido por los Girondinos y advirtió sobre los riesgos de dictadura criticando duramente la política de Robespierre y Marat. Denunció también la creación del Comité de Salvación Pública. Su defensa de los Girondinos, después de que estos fueran eliminados de la escena política en junio de 1793, le valió ser detenida en agosto de 1793 bajo la acusación de ser la autora de un panfleto a favor de estos. Enferma por culpa de una herida que se había infectado, fue transferida a una enfermería carcelaria. Para que su detención le fuera más soportable, empeñó sus joyas en el Monte de Piedad consiguiendo así que se la trasladara a una pensión burguesa donde se recluía a los detenidos enfermos de la alta sociedad. Olympe de Gouges reclamó sin descanso que se la juzgara para poder defenderse de las acusaciones que pesaban sobre ella, y evitar así el expeditivo tribunal revolucionario. Con este fin, compuso dos panfletos que logró sacar de su lugar de reclusión y que tuvieron una amplia difusión, "Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario" y "Una patriota perseguida". Fueron sus últimos textos.

El 2 de noviembre de 1793, 48 horas después de que fueran ejecutados sus amigos girondinos, Olympe fue llevada ante el tribunal revolucionario sin poder disponer de abogado. Se defendió con valor e inteligencia en un juicio sumario que la condenó a muerte por haber defendido un estado federado, de acuerdo con los principios girondinos. Fue guillotinada al día siguiente, el 3 de noviembre de 1793.

Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Olympe de Gouges escribió: "Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna."

Se dirigió a la reina María Antonieta para que protegiera "su sexo", que decía desgraciado, y redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, calcada sobre la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos.

Asimismo realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre concubinos y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio.

Fue también una precursora de la protección de la infancia y a los desfavorecidos, al concebir en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de maternidades) y recomendar la creación de talleres nacionales para los parados y de hogares para mendigos.

Artículos de la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana

I - La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales solo pueden estar fundadas en la utilidad común.

II - El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III - El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

IV - La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer solo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

V - Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

VI - La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

VII - Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

VIII - La Ley solo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

IX - Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X - Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI - La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

XII - La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

XIII - Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

XIV - Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no solo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

XV - La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI - Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII - Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

En vida, Olympe de Gouges tuvo que enfrentarse con la misoginia habitual de la época, y fue desacreditada por la incomprensión de sus ideas por parte de muchos de sus contemporáneos. Su obra cayó en el olvido, mientras el desconocimiento y mala interpretación de sus escritos contribuyó a convertirla en objeto de desprecio y burla a lo largo del siglo XIX, donde gran parte de la intelectualidad francesa rechazaba frontalmente la idea de que una mujer hubiera sido ideóloga revolucionaria. Se dijo de Olympe de Gouges que apenas sabía leer y escribir, se sospechó de la autoría de sus obras y se dudó de su capacidad intelectual hasta llegar a cuestionar sus facultades mentales.

   Hubo que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, para que Olympe de Gouges saliera del terreno de la caricatura y la anécdota pseudo histórica, y se convirtiera en una de las grandes figuras humanistas de Francia al final del siglo XVIII. Fue objeto de estudio en Estados Unidos, Alemania y Japón. En Francia, después de la publicación en 1981 de su biografía por Olivier Blanc, que investigó su vida a partir de documentos originales de la época, los actos del bicentenario de la Revolución francesa en 1989 rindieron homenaje a la obra de Olympe de Gouges. Desde entonces, se han representado varias de sus obras de teatro y sus escritos fueron reeditados.