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sábado, 21 de agosto de 2021

56. Mercedes Formica, la abogada que convenció a Franco para que cambiara 66 artículos del Código Civil

 


En mi búsqueda incesante de personajes para este blog, traigo hoy a alguien a la que creo "haber tardado demasiado en traer". Quizás porque para mí nuestra protagonista era alguien de la que siempre oí hablar durante mi infancia y a la que conocí personalmente en los años ´80. Esa "proximidad" me despistó un poco e hizo que pensara en ella como "alguien que siempre había estado ahí" en lugar de como una de esas mujeres que yo consideraba personas sepultadas por siglos de olvido.


Es una mujer de la que toda mujer que se considere feminista debería besar sus huellas en el polvo de las calles, pero, ¡ojo! la han hecho desaparecer de la historia porque el fanatismo y la intolerancia impone que solo se  admita a la que milita "en el mismo partido que yo", ya que fuera de mi partido no puede existir nada bueno. Necesito ahora mismo inventarme una palabra para definirlo "talibanismo ideológico", podría ser. Mercedes Formica está oculta por un burka de hormigón y de silencio que se ha acentuado en los últimos años.


Mercedes Formica-Corsi Hezode nació el 9 de agosto de 1913 en Cádiz. Hija de José Formica-Corsi y de Amalia Hezode y Vidiella; era la segunda de seis hermanos; María Luisa, Elena, Margarita, José y Marita. De familia acomodada, vivió en su ciudad natal hasta los once años, cuando se estableció con su familia en Sevilla, debido a un traslado profesional de su padre, ingeniero industrial, que pasó a dirigir la Compañía de Gas y Electricidad en la capital andaluza; de eso trata el primer volumen de sus memorias,  "La infancia".


Al empeño de su madre, que sufría graves problemas en su matrimonio se debió que quisiera que sus hijas estudiasen y pudieran mantenerse. Mercedes estudió el bachillerato, primero en el colegio de Santa Victoria de Córdoba y más tarde en el Valle de Sevilla. En 1931 preparó en una academia el acceso a la universidad, y al año siguiente se matriculó en Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Sevilla, donde era una de las pocas alumnas existentes.

Sus padres se divorciaron. Su madre, "chapada a la antigua" no consintió el divorcio «amistoso», y quedó a merced de una ley que oprimía  a los débiles, lo que suponía, en esa época perder todo: casa, bienes, custodia de los hijos...

Así, su padre  que vivía con su amante en Madrid, decidió unilateralmente que su único hijo varón, de 6 años, fuera enviado a un internado en Gibraltar y exigió la residencia obligada  de la madre  en Madrid con sus cuatro hijas, donde pasaron apuros económicos. (La liquidación de la sociedad de gananciales no se realizó debidamente y los bienes fueron vendidos o disimulados)  En teoría el niño debía pasar las vacaciones alternativamente con sus padres, pero esa cláusula no se cumplió con la madre. 

La Guerra Civil y la situación familiar la obligó a hacer una pausa en sus estudios universitarios.

Durante la Guerra Civil se casó con Eduardo Llosent y Marañón, intelectual del círculo sevillano, editor de la revista de Mediodía, órgano de la Generación del 27 en la capital hispalense.​ La pareja residió en Sevilla hasta el final de la guerra, cuando Eugenio d'Ors, director general de Bellas Artes, nombró a Llosent director del Museo de Arte Moderno de Madrid.

Terminó la carrera de Derecho en Madrid en 1948. Cuando terminó la carrera decide opositar al cuerpo de diplomáticos y descubre que, entre los requisitos, figuraba el "Ser varón",   así que, no le quedó otra que  empezar a ejercer como abogada. Un desgraciado hecho marcó la vida de Mercedes Formica: Una mujer llamada Antonia Pernía, víctima habitual de malos tratos. fue asesinada por su marido de 12 puñaladas. Había intentado separarse varias veces, pero el abogado le había informado de que en ese caso perdería todo lo que tuviese, incluidos los hijos. Y además tendría que vivir con el estigma de "mujer separada", algo así como "la letra escarlata". Por eso Antonia decidió aguantar, hasta aquel verano de 1.953, en el que esa decisión le costó la vida. Aquella noticia, que hoy apenas ocuparía un par de minutos en los informativos de la televisión, causó un gran impacto emocional en Mercedes, sabiendo como sabía lo que había que tenido que pasar su madre.

La "reformica"

Por entonces, Mercedes llevaba ya varios años de práctica de la abogacía, habiendo instalado en su propia casa un bufete que defendía a mujeres maltratadas, el asesinato de Antonia Pernía fue como una ola que se forma mar adentro y va cogiendo fuerza y tamaño hasta romper en la orilla. Y ¡vaya si rompió! Mercedes envió a ABC un artículo titulado "El domicilio conyugal", en el que denunciaba el doble rasero con el que la ley medía a hombre y mujeres. Aunque la censura lo retuvo tres meses, finalmente el director dio el visto bueno a la publicación.

Mercedes Fórmica estaba acostumbrada a recibir gestos de escepticismo de los jueces cuando en los procesos de separación reclamaba que fuese el hombre y no la mujer el que hiciese las maletas. «Está usted loca. ¿Cómo podemos tolerar que un hombre salga de «su» casa?», solían decirle.

Como la legislación consideraba que la residencia familiar era «del marido», la mujer que fuera maltratada por él y que quisiera separarse, perdía el derecho a la casa. Frente a ello Formica defendió que la vivienda era propiedad de la familia, y que quien debía abandonarla era el cónyuge culpable de la ruptura, fuera quien fuera, no el que la padeciera.

Mercedes Formica en la famosa foto
de Inge Morath
Durante semanas el periódico recibió más de 100 cartas diarias. Y no sólo eso, sino que la prensa británica y norteamericana también se hizo eco. La agencia Magnum Photos dirigida por Robert Cappa envió a España a Inge Morath. La primera fotógrafa incorporada a la prestigiosa agencia, la inmortalizó en el reportaje World of women junto a otras contemporáneas destacadas en sus países como Federica de Grecia, la doctora Han Suyin de Singapur y la científica norteamericana Eugenie Clark. Mercedes Formica, austera a punto de la madurez, entre la diagonal torera y el medio perfil, en pie de mantilla negra con sereno atractivo en un balcón de Madrid en blanco y negro. La campaña recibió un gran número de cartas alentadoras de todo el mundo y el apoyo de periódicos de Estados Unidos, Cuba, Argentina, México, Brasil, Inglaterra, Italia, Dinamarca, Suiza…  En ese debate legal se empeñó durante cinco años sin desmayo la abogada Formica hasta que, en 1958, el mismísimo Francisco Franco la llamó a capítulo en su residencia de El Pardo. Había rumores malintencionados de que ella quería implantar el divorcio, lo que era falso. Acudió a la entrevista para desmentirlo, para explicar su punto de vista y para que sus reclamaciones no cayeran en saco roto. Cuando, al regresar a casa, su marido le preguntó por el resultado del encuentro, sólo comentó: «Creo que me ha comprendido». Por supuesto que la comprendió. No en vano Franco sabía por propia experiencia lo que era tener un padre violento y ser hijo de padres separados.

Su auténtica primera victoria fue cuando en julio de 1956 el juzgado de primera instancia 3 de Madrid emitió una sentencia en la que el magistrado resolvió que la esposa siguiese ocupando el domicilio conyugal, debiendo abandonarlo el marido. Franco no tuvo más remedio que acceder a sus peticiones y a regañadientes puso en marcha lo que se llamó popularmente "la re-formica" del Código Civil, reformándose 66 artículos del Código Civil (eliminó el "depósito de la mujer", la "casa del marido" pasó a denominarse "domicilio conyugal", y, a nivel civil, el artículo 105 del Código Civil consideró causa de separación "el adulterio de cualquiera de los cónyuges". ) En los cinco años transcurridos entre la aparición del artículo y la reforma del Código Civil Mercedes Formica no dejó de calentar el ambiente publicando varios artículos, pronunciando conferencias. También escribió una novela titulada "A instancia de parte", bajo el seudónimo de Demetrio Ron, donde se destapaba el espinoso tema del tratamiento del adulterio en la ley. El escándalo de la forma en que muchos hombres se libraban de una esposa no deseada apoyados en la forma en la que una acusación de adulterio, incluso no probada, bastaba para ello.

El cambio se produjo el 24 de abril de 1958, tras una ardua campaña en solitario a favor de la mujer y después de obtener el beneplácito del propio Franco, las Cortes Españolas aprobaron la reforma de sesenta y seis artículos del Código Civil. Se trató de la mayor reforma sufrida por este cuerpo legal desde su promulgación en 1888. Fue conocida en honor de su impulsora como la 'Reformica'.

En 1960 su matrimonio fue declarado nulo. Dos años después se casó con José María González de Careaga y Urquijo, fue un político e ingeniero industrial vasco, alcalde de Bilbao. Mercedes Formica murió en Málaga el 22 de abril de 2.002.

Mercedes Formica y Falange 

En una gran parte, la culpa de esa damnatio memoriae a la que se ha sometido a nuestra protagonista fue por habérsele colgado la etiqueta de falangista.

Cuando tenía 20 años, oyó por la radio en casa de unas amigas un discurso de José Antonio Primo de Rivera, de quien no había oído hablar a ese momento. Un día decidió rellenar la ficha para afiliarse al Sindicato Español Universitario (SEU). Poco después fue nombrada delegada del SEU de la Facultad de Derecho.​ Su vida se orientó desde entonces a compaginar sus estudios universitarios con la participación en actividades de Falange Española.

Pero no se puede pasar por alto su evolución ideológica. Tras el fusilamiento del fundador de la Falange, Formica apostó por la disolución del movimiento. Cuando Franco decretó la unión de falangistas y tradicionalistas durante la Guerra Civil, Formica llegó a llamar a la Falange “amalgama monstruosa” y “albondigón”. La abogada gaditana, joseantoniana convencida, se fue apartando del movimiento durante la dictadura.

Las ideas de Formica chocaban frontalmente con los dogmas de la Sección Femenina de la Falange Española, que consideraba a la mujer un ser nacido para servir al varón. La abogada mantuvo discusiones constantes con Pilar Primo de Rivera, líder de esta organización.

En 1951, se celebró en España el primer Congreso Femenino Hispano-Americano y Pilar Primo de Rivera encargó a Formica una ponencia sobre el trabajo y la mujer. Cuando la Falange recibió el texto, lo censuró inmediatamente “porque reivindicaba la plena capacitación de la mujer. Era feminista”. La cúpula de la Sección Femenina dijo a la abogada que el texto se había perdido. Pero diez años más tarde, Pilar Primo de Rivera incluyó algunos párrafos literales del texto "perdido"  en la Ley de derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer.

Las personas cercanas a ella saben que se llevaba a matar con Pilar Primo de Rivera. “La Sección Femenina la apartó, porque consideraba que no era ‘trigo limpio’.

La polémica del busto


En 2.003 se cumplieron 100 años del nacimiento De Mercedes Formica. Se programaron diversos actos, que terminaron con la colocación de un busto en una plaza de casco antiguo de Cádiz, delante de un edificio municipal en el que se encuentra la Fundación Municipal de la Mujer.

Menos de un año después, El 6 de octubre de 2015 el Ayuntamiento de Cádiz, gobernado por Podemos retiró el busto y lo "escondió" en el interior de la Biblioteca del edificio delante del cual estuvo colocado. Ante el aluvión de protestas, desde el Ayuntamiento se anunció que no se había retirado por motivos políticos, sino para protegerlo. Lo que fue inmediatamente desmentido por la concejala delegada de la Mujer, Ana Camelo que manifestó que se había retirado precisamente por ser una mujer representativa del franquismo, mujer de su casa, abnegada y esposa perfecta.

Solo un poco después,  en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica el Ayuntamiento de Madrid, presidido por la alcaldesa del mismo partido que el que retiró el busto de Cádiz,  aprobó en 2.017 una edición especial del callejero oficial cambiando el nombre de 52 calles, momento en que se asignó una calle a Mercedes Formica.

El último acto de este sainete lo protagoniza un grupo de intelectuales de Málaga que ha solicitado al Ayuntamiento de Cádiz el busto ya que si ellos no lo quieren, en Málaga, ellos están dispuestos a colocarlo en un lugar de honor.

Solo puedo atribuir la desorientación de Podemos al hecho de que, ciertamente, no hay nada más alejado al arquetipo de la actual ministra de Igualdad y su guardia pretoriana, que la gaditana Mercedes Formica. 

Voy a terminar dejando que, entre tantos dimes y diretes, Francisco Umbral, nada sospechoso de plegarse a lo políticamente correcto ponga el punto final refiriéndose a ella como “reina del feminismo nacional sin gritos”

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FUENTES: Los artículos de El País que no están enlazados son de lectura bajo suscripción y por eso no he podido obtener su url.

- ANA RAMIREZ: "De falangista a feminista: Mercedes Formica, la mujer que desafió a Pilar Primo de Rivera". El Confidencial, 17/6/2019

- MIGUEL SOLER GALLO: "Mercedes Formica o el vaivén de las circunstancias". Diario de Cádiz, 30/4/2017.

- ROSARIO RUIZ FRANCO: "Mercedes Formica Corsi-Hezode". Real Academia de la Historia.

- VIDAL ARRANZ: "Mercedes Formica, la falangista feminista que convenció a Franco". El Norte de Castilla, 19/5/2019.

- MIGUEL ROVIRA: "Pioneras olvidadas por el feminismo y la historia".: Mercedes Formica. El Liberal, 13 /3/2021.

- JOSÉ ANDRÉS ROJO: "El coraje de dinamitar las propias ideas". El País, 7/8/2016.

- GUILLERMO BUSUTIL: "Mercedes Formica: Código de mujer". El País, 3/8/2016.

- "JESÚS. A. CAÑAS: Mercedes Formica, reconocida en Madrid y escondida en Cádiz". El País, 23/7/2016

- ISAÍAS LAFUENTE: "La «reformica» de Mercedes". ABC, 7/11/2003.

- WIKIPEDIA: Mercedes Formica.













miércoles, 31 de marzo de 2021

33. Victoria Martín del Campo, una gaditana que merece una calle en su ciudad natal

Autorretrato de Victoria Martín del Campo
Museo  de Cádiz

 Victoria Martín de Campo (Cádiz, 1794-1869) fue una pintora neoclásica española, también conocida como «Barhie». Académica de mérito de la Nacional de Santa Cristina, supernumeraria de la provincial de Bellas Artes. Discípula del pintor Manuel Montano, sus obras se caracterizan por un sentido especial del dibujo, correcto pero no sometido, un modelado exquisito y un sentido justo del color. El Museo de Cádiz conserva tres obras suyas: La adoración de los pastores, Autorretrato y Psiquis y Cupido.

Victoria Martín de Campo, también conocía como Victoria Martín Barhié, nació en 1794, fue la tercera de los cuatro hermanos de una familia burguesa de Cádiz. Su padre, Sebastián Martín, era cónsul de Cerdeña y  comerciante. Su madre, Claudia Barhié, de origen francés, falleció al poco de su nacimiento y quedó al cuidado de la nueva esposa de su padre, que fue la encargada de su tutela y de la de sus hermanos.

No se sabe con exactitud cuál fuese su formación, se cree que nunca viajó a París o Roma, que fueron los núcleos fundamentales del Neoclasicismo imperante en la época, pero se sabe que tuvo por maestro a Manuel Montano, del que recibió una educación basada en la literatura y el arte, principalmente. Si bien, muy poco se sabe sobre el proceso de formación de esta pintora que, a juicio de Gaya Nuño, es uno de los mejores valores de la pintura neoclásica española.

Participó en diversos certámenes, siendo premiada en varios de ellos. El mayor éxito profesional fue ser la primera mujer Académica de mérito de la Nacional de Santa Cristina y supernumeraria de la provincial de Bellas Artes de Cádiz. También consiguió ser socia de mérito del Liceo de Málaga. Contrajo un primer matrimonio con Álvaro Jiménez Basurto, un comerciante acomodado en Cádiz, titular de varios cargos en la administración gaditana. Él se encargó de administrar los bienes de su esposa y de sus hermanos, pero a su muerte no dejó bienes significativos ni hijos. Tras enviudar contrajo nuevo matrimonio en 1835 con Antonio María de Campo, oficial de la contaduría de aduanas, que a su muerte tampoco dejará nada de valor. El heredero de Victoria, será su sobrino Francisco Berriozabal Martín.

Adoración de los pastores
Museo de Cádiz

Cultivó la temática religiosa (En la catedral de Cádiz 
Ecce Homo, alguna vez atribuido a Ribera, la Dolorosa y San Lorenzo Mártir; en el Museo de Cádiz, Adoración de los pastores) y mitológica (En el Museo de Cádiz, Psiquis y Cupido), además del retrato. Por último, hay obras en paradero desconocido o mal atribuidas como son: La Casta Susana, David tocando el arpa ante Saúl, Niño en una floresta, y un retrato de niño que fue muy popular entre los intelectuales del momento, pero del que no se poseen registros. Tampoco existen registros sobre su colección de dibujos.

Tras enviudar por segunda vez, volvió a la casa familiar en la calle de la Soledad, en el barrio de San Antonio, donde vivió hasta su muerte en 1.869. 


Psiquis y Cupido
Museo de Cádiz


martes, 4 de agosto de 2020

13. Rosario Cepeda, algo más que una niña prodigio

Empiezo por reconocer que con Rosario Cepeda no soy imparcial. Escribí este texto hace ya años, cuando todavía no podía imaginar que alguna vez existiría este blog. Desde entonces, he repetido este texto en todos los blogs que he tenido y pienso que sería injusto permitir que volviera a sumirse en el olvido. Porque incluso para muchos gaditanos es una gran desconocida (1) y su nombre sólo les suena por una calle del casco antiguo. Opino que su cuidad natal no se ha portado bien con ella: No existe ningún colegio con su nombre, a pesar de lo mucho que hizo por las maestras y la educación de las niñas, como veremos. En internet tampoco se prodiga la información sobre ella. Hay poco escrito sobre ella. Y mal, con errores y grandes omisiones. Para conocer bien al personaje recomiendo el libro de Isabel Azcárate.

Por ello, algunas personas que lean esto reconocerán estas palabras por segunda o tercera vez. A riesgo de resultar pesada y repetitiva, regreso a ella porque se lo merece de sobra, y que me perdonen los que hayan leído ya el texto.

Rosario Cepeda nació en 1756. Era hija de Francisco Cepeda, caballero de la Orden de Calatrava, Regidor Perpetuo de la ciudad, alguacil mayor de la Inquisición y de su segunda esposa, Isabel Mayo.

Rosario era, por tanto, una privilegiada pues aunque su padre no tenía título de nobleza era de posición más que acomodada y pertenecía a esa casta que por herencia ostentaba el poder en una ciudad que por entonces era culta, cosmopolita y el centro del comercio con América. Lo natural en una mujer nacida en una familia como la suya era que se hubiera casado con algún miembro de otra de las familias principales de la ciudad y hubiera llevado una vida tranquila y confortable, auxiliada por un buen número de criados, poseyendo esclavos, carruajes, varias casas, alguna finca en el campo y toda clase de comodidades.

Pero sus padres debieron ver algo diferente en ella. En lugar de limitar su educación al baile, la música, algunas labores y a saber manejar una tropa de servidores, le pusieron un preceptor, Juan Antonio González de Cañaveras. En poco más de un año los avances de la niña fueron tan extraordinarios que se quiso dejar constancia pública de su excelencia haciendo que un equipo de expertos en diferentes materias la examinara públicamente para mayor honra de Mª del Rosario y ejemplo para la juventud … para que inflamados los espíritus de nuestras jóvenes se estimulen a su imitación, huyendo de la ociosidad, amando la instrucción y el estudio, para esplendor de la patria y digno esmalte de la sociedad (2).

Folleto sobre el examen realizado por
Rosario Cepeda, inserto en las Actas Capitulares,
Archivo Municipal de Cádiz
   
En septiembre de 1768, todavía con 12 años de edad, Rosario fue sometida a un examen público de nueve horas de duración, repartidas en tres días, ante un auditorio de más de trescientas personas. Conocemos con detalle el desarrollo de la prueba porque el Ayuntamiento, temeroso de que con el tiempo se olvidara esta hazaña, decidió publicar un folleto de veinte páginas donde se relató todo al detalle. Un ejemplar de dicho folleto se insertó en las Actas Capitulares, donde yo lo vi por primera vez.

Intervino la niña en primer lugar, exaltando la misión de la madre y su necesidad de estar instruida para poder cumplir con su misión de educadora, atreviéndose a denunciar el hecho de verse reducidas frecuentemente las mujeres a sólo las tareas domésticas, y a otras tareas y ocupaciones “impropias de un alma racional”. Cuando terminó su discurso comenzó propiamente el examen, que constó de las siguientes pruebas:

– Fray Tomás de Aquino, carmelita descalzo, la interrogó sobre Historia Sagrada, respondiendo a todas las preguntas sin ningún error. Juan de Tamariz, alcalde mayor de la ciudad, la examinó de Gramática. A continuación, fray Pedro Rodríguez de Mohedano, autor de la Historia Literaria de España la examinó sobre los puntos más difíciles de la ortografía de la lengua castellana. El famoso cartógrafo Vicente Tofiño (3) la examinó de Geometría. Para terminar la primera sesión de tres horas, Juan Lombardón, Ayudante General Mayor de la Armada y profesor de la Escuela de Guardias Marinas de Cádiz, la interrogó sobre la esfera terrestre y el atlas le hizo señalar los accidentes de la tierra y sus divisiones en imperios, monarquías, etc. Sus respuestas fueron tan exactas que el público interrumpió numerosas veces con aplausos.

– El segundo día comenzó Rosario dirigiendo a los asistentes un discurso en francés. Después la interrogó en esta lengua José Carbonell, Bibliotecario y profesor Idiomas en la Real Academia de Caballeros Guardias Marinas (4), quien le hizo traducir unos textos de las obras de Bossuet y Fenelón. También hizo un dictado en esta lengua que ejecutó con toda perfección. Vicente Tofiño le preguntó sobre las causas de los eclipses, sobre las medidas que usaban los antiguos y las que se usaban en ese momento, sobre los movimientos de los astros y diferencias entre los sistemas de Ptolomeo, Ticho Brahe y Copérnico. Para terminar la segunda sesión, Juan Lombardón le preguntó sobre temas de cronología.

– La tercera sesión empezó con un discurso de Rosario en latín, exaltando el beneficio de una buena educación, ponderando su deseo de conseguirla y su gran amor al estudio. A continuación fue examinada de Gramática Latina por Fray José de San Andrés, Definidor General de los Mercedarios Descalzos. Se le hizo escribir en este idioma por el mismo método que en el examen de francés y traducir al castellano cinco fábulas de Esopo. Se examinó a continuación de Heráldica y Geografía Humana, y para terminar recitó en griego una oda de Anacreonte. Agotadas las tres horas de la tercera sesión, no dio tiempo a ser examinada de italiano y aritmética, lo que también estaba previsto.

El entusiasmo que levantó la demostración de la niña fue tal que unos días después el Ayuntamiento reunió a los Capitulares y acordaron premiar a Rosario ya que, según el procurador mayor, era sentir de todos los concurrentes al acto que no se había dado ejemplo similar en toda Europa. Decidieron por unanimidad que dos regidores pasaran a cumplimentarla en nombre del Ayuntamiento y notificarle que, en premio a sus reconocidos méritos, la ciudad la elevaba a la alta dignidad cívica de Regidora Honoraria de la ciudad de Cádiz con sueldo igual al que obtenían los caballeros capitulares, y de forma vitalicia. Seis meses después, un Despacho Real sancionaba el acuerdo tomado por el cabildo de Cádiz, honrando a Rosario Cepeda Mayo con la dignidad de “Regidora Honoraria de la ciudad de Cádiz” y con una pensión vitalicia de 550 reales de vellón.

Continuó Rosario su vida familiar y no tenemos noticias de ella hasta que en 1774, a los 18 años, se casa con el teniente coronel Pedro Fernández de Gorostiza, viudo de 41 años. Después del nacimiento de su primogénito en 1777 se traslada a Madrid, donde en seguida cobra fama de ser una de las mujeres más cultas de España. Su prestigio hizo que fuera seleccionada por Carlos III para dar inicio a la Junta de Damas, la cual, anexa a la Sociedad Económica Matritense, prestó importantes servicios en el campo de la beneficencia, la educación y la industria. Hubo sus más y sus menos sobre la admisión de mujeres en la Sociedad Económica Matritense, representando Cabarrús y Jovellanos las posturas en contra y a favor sobre dicha admisión. Finalmente, como se ha dicho, Rosario y otras trece señoras más, de probado prestigio y cultura, fueron admitidas en 1787, formando la Junta de Damas de la Sociedad Económica Matritense. En un primer momento Rosario se ocupó de asuntos relacionados con la educación, sobre todo en el campo de la formación profesional de las mujeres de clases humildes. La Junta de Damas se hizo cargo de cuatro escuelas y fijó las normas. Abrió la profesión de maestras a todas las mujeres, independientemente de su estado civil, pues hasta entonces debían ser viudas; fijó para ellas una asignación económica digna y estableció que para obtener el puesto de maestras debían pasar por un examen-oposición, convocado públicamente, exámenes de los que fue hecha responsable Rosario Cepeda.

Al poco tiempo tuvo Rosario que marchar a México, al ser nombrado su marido gobernador de Veracruz en 1789. Partieron del puerto de Cádiz e iba Rosario embarazada de su tercer hijo, que nació a los dos meses de llegar la familia a América. Permanecieron allí cinco años, hasta el fallecimiento del marido en 1794. Rosario volvió a España con sus tres hijos y se estableció de nuevo en Madrid, regresando a su participación en la Junta de Damas. Es entonces cuando desarrolla más actividad, pues además de ostentar varios cargos directivos, al tema de la educación suma su trabajo en pro de las mujeres que sufrían los duros efectos de la marginación social. A su actividad en las escuelas une el trabajo en las cárceles de mujeres y la casa de niños expósitos.

Mujeres en la cárcel. Obra de Eugenio Lucas en el
Museo del Prado

Ya podemos imaginar cómo eran las cárceles de mujeres, de las que había en Madrid tres. Entre la suciedad se hacinaban, mezcladas, culpables de crímenes, prostitutas (muchas de ellas con enfermedades venéreas) y mujeres que simplemente se habían visto en el trance de mendigar. Las condiciones miserables en que se debatían las reclusas en aquella prisión hacía que muchas de ellas envejecieran y murieran antes incluso de que se celebrara el juicio. Con diferencia era el sector más abandonado de la beneficencia y el mayor foco de marginación, quitando algo de brillo a esa imagen de la España Ilustrada que nos presentan para esa época. En aquellas cárceles malolientes Rosario y la condesa de Montijo se emplearon a fondo, enseñando a los hombres el camino a seguir en ayuda de los presos. Por ello han sido calificadas como las precursoras de Concepción Arenal. . La condesa de Montijo creó una asociación que se ocupara de enseñar a aquellas presas oficios que les permitieran conseguir pequeños ingresos y prepararlas para afrontar el momento de volver a pisar la calle, buscar trabajo y poder vivir dignamente. De este modo nació la Asociación de Presas de La Galera y constituyó una novedad sin precedentes en toda España.

La condesa de Montijo. Obra de
autor desconocido en colección particular

Las casas de niños expósitos presentaban una situación aún más terrible. La tasa de mortalidad era del 80-90% debido al hambre, las enfermedades y la suciedad. Hasta que la condesa de Montijo propuso que la Junta de Damas se hiciera cargo de la Casa de Expósitos de Madrid, lo que consiguieron después de dos años de lucha. Rosario Cepeda, por entonces vicepresidenta de la Junta de Damas, tuvo un papel fundamental en la reforma de la institución, logrando en poco tiempo reducir la mortalidad del 96 al 4%, cosa que admiró a todo el mundo. El Manual de Organización que redactó Rosario fue el modelo a seguir por estas instituciones durante mucho tiempo.

Continuó también ocupándose de las escuelas, haciendo hincapié en que a las mujeres humildes, además de un oficio, se les diera enseñanza de tipo intelectual, justificándolo con el aumento de la autoestima de las interesadas, la disminución del peligro de que se lanzaran a matrimonios no deseados por la simple necesidad de sobrevivir, y el hecho de que estarían en mejores condiciones para educar a sus hijos. Todo esto dejó por escrito multitud de veces con ocasión de presentar peticiones, informes o memorias. Consta. No es fantasía ni exageración. Hace más de 200 años había en España mujeres con esa forma de pensar, dispuestas a renunciar a su vida cómoda y ociosa sin ninguna remuneración ni compensación por ello.

En 1805 la condesa de Montijo, de la que Jovellanos dijo que era la mejor mujer que había conocido en España, es desterrada de la corte por Godoy (5), por cuestiones políticas. Y en esos momentos tan difíciles Rosario tiene que hacerse cargo de la secretaría de la Junta de Damas. Tres años después, en 1808, con la invasión napoleónica, Rosario Cepeda renuncia a su cargo y desaparece de la vida pública. Desde su casa pudo presenciar todos los sucesos de aquellos días. Además, sufría porque sus tres hijos estaban divididos por sus ideas políticas. Finalmente, el despreciable Fernando VII trató por igual a los que lo apoyaban y a los que lo combatían, y los tres hijos de Rosario terminaron exiliados en Francia. Cuando ella murió, en 1815, ninguno de ellos pudo estar a su lado.

La honradez de Rosario y su marido, que no se aprovecharon de sus cargos para enriquecerse, y la dedicación desinteresada de ella durante tantos años a la defensa de los derechos de los marginados sociales tuvo como resultado que la familia viviera siempre de forma modesta y sin excesos. Su marido no dejó al morir herencia alguna (y había sido gobernador de Veracruz durante cinco años, igualito que los políticos actuales) y ella no pudo dejar a sus hijos ninguna fortuna.

Por supuesto, Rosario Cepeda no aparece en ningún santoral feminista, ni falta que le hace. Sólo desearía, por un elemental sentido de la justicia,  que en su ciudad natal algún centro educativo llevara su nombre. Fue una mujer excepcionalmente culta para la época en la que vivió y desinteresadamente  entregada a los más desfavorecidos, adelantada a su tiempo en muchas cosas.

Escribió el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, Memoria sobre las casas de Expósitos, y el Elogio de la Reyna. Destaca su obra Las mujeres vindicadas de las calumnias de los hombres, que escribió junto con Juan Bautista Cubié, ensayista, bibliotecario, escritor y periodista de la segunda mitad del siglo XVIII.

Que Cádiz da mujeres de bandera. Y punto.

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(1) Solamente existe, que yo conozca, una publicación sobre ella. Es una pequeña biografía escrita por Isabel Azcárate, titulada “Una niña regidora honoraria de la ciudad de Cádiz”. Fue publicada por Quorum Editores en Cádiz en el año 2000. De este libro he tomado algunos datos datos, aunque los he redactado a mi modo. La mayor parte de lo que sé sobre Rosario Cepeda procede directamente de la documentación, cuando investigaba para una tesis doctoral sobre los regidores perpetuos de Cádiz, frustrada por una grave enfermedad.


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(2) Los textos en cursiva están tomados de las Actas Capitulares.

(3) Gaditano, director de la Real Academia de Caballeros Guardias Marinas, cuyo Atlas Marítimo de España es la obra cumbre de la cartografía de su época.

(4) Dominaba francés, inglés, italiano, árabe, latín, griego y hebreo. Buen matemático y humanista.

(5) Godoy la odiaba de tal forma que consiguió que fuera juzgada por la inquisición. A causa del destierro la condesa de Montijo murió en 1808 en Logroño. Sus hijos también fueron desterrados.

domingo, 5 de julio de 2020

8. Y, por fin, una gaditana: Alejandrina Gessler de Lacroix

Retrato de Madame Anselma. Museo de Cádiz.


Pues sí, Cádiz también vio nacer a mujeres con merecimientos suficientes para ser conocidas y honradas. Alejandrina Gessler nació en Cádiz el 22 de abril de 1.831. Era hija de  Alejandro Gessler, cónsul general de Rusia en España, y Aurora Shaw, dama malagueña  descendiente comerciantes irlandeses y escoceses de una distinguida familia andaluza. Recibió en Cádiz las primeras lecciones de Dibujo y Pintura. En el domicilio familiar se encontraba una importante colección de cuadros que irían acrecentando su vocación artística que, lejos de ser ignorada, fue alentada por sus progenitores. Con ese motivo emprendieron con ella en 1852 un viaje artístico por Europa para visitar los principales museos de Madrid, París, Londres, Berlín y San Petersburgo.

Un año después, con 22 años,, contrajo matrimonio con el diplomático francés Carlos Lacroix, a quien había conocido de vicecónsul de Francia en Cádiz, fijando su residencia en París, donde asistió a las clases que Chaplin, Gérome, Baunat y Lefevre impartían en la Academia Libre y a la que acudieron también algunas de las llamadas Grandes damas del impresionismo. A partir de este momento su evolución estilística, partiendo de un clasicismo en la composición y en las figuras, evoluciona hacia una soltura técnica y un perfecto dominio del oficio logrado mediante la copia de cuadros importantes de los grandes pintores.

En 1863 expuso por primera vez en el Salón de París, lo que haría desde entonces con regularidad, principalmente con cuadros de escenas religiosas, retratos y composiciones alegóricas. Un crítico dijo de ella, con el habitual paternalismo con que se hablaba de las mujeres pintoras: No pinta como una mujer, pinta como dos hombres.

En 1871 volvió a Cádiz, interesándose por los Carnavales y la Semana Santa, motivos que incorporó a sus pinturas.

Los baños árabes. Fiesta de natalicio en Tánger.
Museo de la Real Academia de Bellas Artes. Madrid.
   Al año siguiente emprendió un viaje a Tánger que le sirvió de inspiración para pintar temas marroquíes, como Natalicio en Tánger o Niño árabe. En el camino de regreso a París pasó por Madrid, donde realizó dos excelentes copias de los cuadros de Velázquez Las Hilanderas y Las Lanzas, que se encuentran en el Museo de la Academia de la capital de España.








Adoración de la Cruz, Jueves Santo. 
Museo de Cádiz
   En 1871 fue nombrada académica supernumeraria en la Academia de Bellas Artes de Cádiz, institución a la que donó su obra La Adoración de la Cruz, tras ser premiada con una Medalla de Oro en la Exposición de Bellas Artes organizada por la Academia gaditana en 1883.









   Para completar sus conocimientos artísticos, Alejandrina Gessler emprendió en 1881 un viaje por las principales ciudades de Italia, producto del cual pintaría un año más tarde una representación de la diosa Juno, cuadro por el que recibió una mención honorífica en la Exposición Universal de París de 1889.

Juno


   La artista gaditana cultivó también la pintura decorativa, destacando dos trabajos. El primero fue un techo dividido en tres paños representando La Tierra y Las cuatro estaciones que decoraba el salón principal de su palacio en París y que posteriormente donó al Museo de Bellas Artes de Cádiz. (1).

Techo del Salón del Ateneo de Madrid,
obra de Madame Anselma
   El segundo, realizado en 1891 por encargo del Ateneo de Madrid para decorar el techo de la gran sala central, lo constituyen tres grandes paneles que representan respectivamente a La Elocuencia, La poesía y la Ciencia y La Verdad y la Ignorancia. Como muestra de agradecimiento, la Junta de Gobierno del Ateneo la nombró en mayo de ese mismo año miembro de honor y un mes más tarde la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le otorgó los honores de académico correspondiente en París. En ambos casos, las distinciones eran la primera vez que se le concedían a una mujer.

Desde 1895, fecha en que su marido enfermó, prácticamente dejó de pintar hasta su muerte. Agradecida como estaba por el reconocimiento que su obra tenía en Cádiz, dispuso en su testamento que varias de sus obras, así como algunas pinturas de la colección familiar, fueran destinadas al Museo de Bellas Artes de su ciudad natal.

Fue una mujer de gran cultura y gran aficionada a la literatura. Escribió diversos trabajos entre los que destaca el libro Recuerdos de Cádiz y Puerto Real. 1841- 1850, fechado en París en 1898. Para escribir usó el seudónimo Fulana de Tal, mientras que para pintar firmaba como Madame Anselma.

   Se ignora el paradero de otras obras. En el Museo de la Real Academia de Bellas Artes en Madrid se conservan dos buenas copias de Velázquez: Las hilanderas y La rendición de Breda. Recientemente fue identificada como de su autoría  una copia de Van Dick  Retrato de Algernon Percy, Décimo Conde de Northumberland, con su esposa y su hija, de1873, Obra encargada por Ministère de l’Instruction Publique, des Cultes et des Beaux Arts para el Musée des Copies de Paris y que ahora se conserva en el  Musée de Gap (Hautes-Alpes).

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(El salón de actos de la Academia de Bellas Artes de Cádiz se llama Madame Aselma y está decorado con las telas que decoraba su salón parisino, gracias all legado que la pintora dejó en su testamento.)

domingo, 28 de junio de 2020

2, María Gertrudis Hore Ley "La hija del sol"

Es una lástima que la vida de esta poetisa gaditana sea escasamente conocida. Por más que haya sido investigada por estidiosos como Frederique Morand,  doctora en Letras y Civilización Hispánicas por la Universidad de París, cuyos años de investigación se plasmaron finalmente en la obra Una poetisa en busca de libertad. María Gertrudis Hore y Ley 1742-1801, publicada finalmente por la Diputación de Cádiz en 2.008, pesó finalmente más el cuento que sobre ella escribió Fernán Caballero, titulado "La hija del sol" seudónimo con el que firmaba sus poesías.

Nació María  Gertrudis en Cádiz  el 5 de diciembre de 1.742, en una familia de irlandeses dedicados al comercio. Recibió una educación acorde a la época y al estatus social de sus padres. Pronto destaca por su belleza y cultura: traducía latín e italiano; tenía conocimientos de francés, matemáticas, historia, geografía y astronomía; tenía gran afición por la lectura y gran facilidad para versificar y muy aficionada a la música, Conocida en las tertulias literarias e ilustradas de Cádiz y Madrid y en la tertulia del científico Jorge Juan  Antes de cumplir los veinte años, el 15 de agosto de 1762 se casa con Esteban Fleming, comerciante radicado en El Puerto de Santa María que viaja con frecuencia a América en un matrimonio secreto con dispensa de amonestaciones, costumbre frecuente entre los comerciantes de la ciudad . Sus poemas aparecen publicados en el Correo de Madrid, a partir de 1787, y en el Diario de Madrid desde 1795. También en Semanario erudito y curioso de Salamanca, y Diario de Barcelona, entre otros. Su producción literaria fue abundante, aunque sólo se conservan un par de manuscritos en la Biblioteca Nacional, Poesías varias y Poesías, aunque también se sabe que ella misma destruyó muchas de sus obras en un afán expurgatorio, En su investigación F, Morand también descubrió algunos poemas olvidados en Santander.

  A los 35 años profesa, con autorización de su marido, como religiosa en el convento de clausura de las religiosas concepcionistas de Santa María adoptando el nombre de Sor María de la Cruz, sin abandonar la producción literaria. Llegó a ser secretaria del convento, donde permaneció hasta su muerte, el 9 de agosto de 1.801.

Cuando Cecilia Bhol de Faber escribió el relato La hija del sol, introduce un episodio que no se sabe si es realidad o ficción. María Gertrudis marcha a pasar una temporada a una casa que el matrimonio tenía en la Isla de León mientra su marido viaja a La Habana, y allí se enamora de un brigadier de guardiamarinas que la visitaba con la complicidad de una criada negra. Una noche su amante es apuñalado ante la casa y ama y criada retiran el cadaver y limpian la sangre. Pero al día siguiente lo ve desfillar ante sus marinos y cree que se está volviendo loca. Otra versión es que tiene un sueño premonitorio de lo que ocurrirá si consuma el adulterio. Sea como fuere, Gertrudis escribe a su marido, le confiesa todo y le pide autorización para irse a un convento.

Qudan algunas incógnitas en su historia ¿Ocurrió el incidente del brigadier o fue fruto de la imaginación popular o de Fernán Caballero para explicar la decisión de  irse al convento? ¿Tuvo un hijo? Porque escribió un poema "a un hijo muerto de viruela", pero no se sabe si era una experiencia propia o se ponía en el lugar de una madre a la que le hubiera sucedido. Demasiadas lagunas, a pesar de la abundante bibliografía sobre el personaje:

Bibl.: N. M. de Cambiaso, Memorias para la biografía y para la bibliografía de la Isla de Cádiz, vol. II, Madrid, Imprenta de León Amarita, 1830, págs. 72-80; M. Serrano y Sanz, Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833, vol. I-2, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1903-1905, págs. 523-532; A. Aguilar Piñal, Índice de las poesías publicadas en los periódicos españoles del siglo xviii, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1981; R. P. Sebold, “La pena de la Hija del Sol. Realidad, leyenda y Romanticismo”, en L. T. del Valle y D. Villanueva (eds.), Estudios en honor a Ricardo Gullón, Lincoln, Nebraska, Soc. of Spanish-American Studies, 1984, págs. 295-308; C. Sullivan, “Dinos, dinos quién eres: The Poetic Identity of María Gertrudis de Hore (1742-1801)”, en M. Z. Hafter (ed.), Pen and Peruke: Spanish Writters of the Eighteenth Century, Michigan Romance Studies, XII (1992), págs. 153-183; E. Lewis, “Mythical Mystic o Monja romántica?: The poetry of María Gertrudis Hore”, en Dieciocho, 16, 1-2 (1993), págs. 95-109; C. A. Sullivan, “Las escritoras del siglo xviii”, en I. M. Zavala (ed.), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana) IV. La literatura escrita por mujer (de la Edad Media al siglo xviii), Barcelona, Editorial Anthropos, 1997, págs. 305-330; M. Bolufer Peruga, Mujeres e Ilustración: la construcción de la feminidad en la Ilustración española, Valencia, Editorial Alfonso el Magnánimo, 1998; C. Martínez, R. Pastor, M. J. de la Pascua y S. Tavera (dirs.), Mujeres en la historia de España. Enciclopedia biográfica, Barcelona, Planeta, 2000; M. Nang, “La verticalidad espiritual de la poesía de doña Gertrudis de Hore”, en Cuadernos de Investigación de la Literatura Hispánica, 25 (2000), págs. 63-90; F. Morand, “María Gertrudis Hore, una poetisa olvidada en la segunda mitad del siglo xviii”, en M.ª J. Porro Herrera (ed.), Romper el espejo. La mujer y la trasgresión de códigos en la literatura española: escritura, lectura, textos (1001-2000), Córdoba, Universidad, 2001; Doña María Gertrudis Hore (1742-1801): una poetesse gaditane entre le siècle et la clôture, tesis doctoral, Lille, Université de Lille III, 2001; E. Palacios Fernández, La mujer y las letras en la España del siglo xviii, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2002; “El Parnaso poético femenino en el siglo xviii: escritoras neoclásicas”, en L. Montejo Gurruchaga y N. Baranda Leturio (coords.), Las mujeres escritoras en la historia de la literatura española, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2002, págs. 85-121; F. Morand, “Primer acercamiento a la poetisa y religiosa doña María Gertrudis Hore (1742-1801), alias la Hija del Sol”, en Cuadernos de la Ilustración al Romanticismo, 10 (2002), págs. 171-184; Doña María Gertrudis Hore (1742- 1801), vivencia de una poetisa gaditana entre el siglo y la clausura, Madrid, Ayuntamiento de Alcalá de Henares,