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lunes, 10 de enero de 2022

64. Mujeres en la Medicina, 1.885

Esta foto,  tomada el 10 de octubre de 1.885, de tres mujeres  en el Woman's Medical College de Filadelfia nos recuerda que con determinación y fuerza de voluntad se pueden alcanzar grandes cotas, por encima de prejuicios, tradiciones, prohibiciones e incluso leyes.  

Otro aspecto de esta foto es la diversidad que representa. Estas mujeres pertenecen a tres países diferentes: Anandabai Joshee, Saranysore,  (India); Kei Okami, Tokio,  (Japón) y  Tabat M. Islambooli, Damasco  (Siria), y están vestidas con sus trajes tradicionales.

Todas ellas fueron a estudiar medicina a EE.UU. y a convertirse en doctoras a pesar de los límites que se les impusieron. No era fácil entonces para las mujeres salir de las cuatro paredes de su casa, pero ellas rompieron los estereotipos y aterrizaron en un nuevo país para adquirir conocimientos y ganarse nuestro respeto y el de sus contemporáneos.

sábado, 24 de abril de 2021

37. Patricia Bath, ". . . y los ciegos ven"

 


Fue una niña afroamericana nacida en Harlem; su padre era un inmigrante de Trinidad, el primer hombre negro autorizado a manipular maquinarias pesadas en la construcción del metro de la ciudad, su madre, descendiente de esclavos negros, fue ama de casa mientras sus hijos fueron pequeños, después trabajó en el servicio doméstico para ahorrar y conseguir que sus hijos tuvieran estudios; según las estadísticas, Patricia era una persona con muy pocas posibilidades de triunfar en la vida. Sus padres le regalaron, cuando era pequeña, un juego de química y un microscopio y eso despertó su curiosidad y sus ganas de aprender. Y lo consiguieron, pues pronto comenzó a sentirse realmente interesada por todas las ramas de la ciencia. Era también una buena estudiante, por lo que pudo obtener durante su época de adolescente una beca de la National Science Foundation que le permitió continuar sus estudios y realizar un exitoso trabajo de investigación que más tarde le valdría el Premio al Mérito de la Revista Mademoiselle.

Gracias a sus recién estrenados éxitos, además del esfuerzo de sus progenitores, pudo obtener primero el Bachiller Universitario en química y más tarde la carrera de medicina, en la Universidad de Howard. Después de licenciarse se mudó a California, donde se convertiría en la primera mujer afroamericana en ejercer como cirujana en su hospital universitario. Además, pasó a ser la primera oftalmóloga del Instituto de los Ojos Jules Stein, de UCLA.

Bath recibió el Bachelor of Arts en química del Hunter College de Manhattan en 1964. Se trasladó a Washington D. C. para asistir la Universidad de Medicina Howard College para recibir su doctorado en 1968. Durante su tiempo en Howard, fue presidenta de la Asociación Médica Nacional Estudiantil y colaboradora de los Institutos Nacionales de Salud y el Instituto Nacional de Salud Mental.

Fue interna en el Hospital Central de Harlem, posteriormente sirviendo como especialista en la  Universidad de Columbia.​ Viajó a Yugoslavia en 1967 para estudiar la salud infantil, observando que la práctica de cuidado de ojo era desigual entre minorías raciales y la población pobre; posteriormente percibió la mayor incidencia ceguera entre sus pacientes negros y pobres.​ Decidió que abordaría este asunto, y persuadió a sus profesores de Columbia para operar a pacientes ciegos, gratuitamente, en el Hospital Central de Harlem, el cual no había ofrecido hasta entonces cirugía ocular.

Bath fue pionera en todo el mundo en la disciplina de "oftalmología comunitaria", desarrollada por voluntarios, que facilita los cuidados oculares necesarios a las poblaciones desfavorecidas. Fue residente en oftalmología en la Universidad de Nueva York entre 1970 y 1973, siendo la primera afroamericana en este rol.

Uno de los grandes trabajos que debemos agradecer a Patricia Bath es su preocupación por la salud de los ojos de las personas con menos recursos. Observó que en las comunidades más desfavorecidas de Estados Unidos se producían problemas de visión derivados de causas que podían prevenirse a través de la educación, la divulgación y la implicación de los servicios públicos sanitarios. Fue así como cofundó en 1970 el Instituto Americano para la Prevención de la Ceguera, una organización sin ánimo de lucro que defendía la visión como un derecho básico del ser humano.

El año 1981 marcaría un antes y un después en la vida de Bath. En ese momento comenzó a trabajar en su invento más reconocido: el ultrasonido Laserphaco (Laser PHotoAblative Cataract surgery). A lo largo de más de un lustro se enfrascó en la construcción de una herramienta que permitiera debilitar, de forma menos dolorosa, la capa rugosa y externa de las cataratas. Esto permitió que el procedimiento fuese mucho más preciso y acelerado. Patricia recibió la patente de su invención en 1988. Con ella, se convirtió en la primera mujer afroamericana y médica en obtener esta clase de registro para una aplicación en materia de salud. A lo largo de su carrera, conseguiría otras cuatro patentes de inventos.

Además, se convirtió en pionera en una nueva disciplina, llamada oftalmología comunitaria, que la llevó incluso a atravesar las fronteras de su país natal y viajar varias veces a países como Pakistán,  Nigeria o Tanzania, donde ayudó a tratar la visión de sus habitantes. También publicó 100 artículos de investigación y dedicó parte de sus años de trabajo a la divulgación de la oftalmología, así como a dar charlas a jóvenes interesados en la medicina, la ciencia y la tecnología. Incluso después de retirarse de la medicina siguió dando charlas y conferencias.

A principios de 1993, la doctora Bath decidió retirarse. Pasó entonces a formar parte del equipo honorario de Centro “Jules Stein” y la UCLA. Ese mismo año fue reconocida como Pionera de la Academia de Medicina de su alma máter en Washington D.C. Con el tiempo y el deterioro de su salud, decidió mudarse a San Francisco para estar más cerca de su hija y nieta. Allí murió el 30 de mayo de 2.019, a los 76 años, a causa de un cáncer de pulmón que padecía, aunque todavía decía tener muchos proyectos pendientes.

Yo, particularmente, le estoy agradecida por la sonda Laserphaco, que inventó y perfeccionó. Tanto mi padre como mi madre fueron operados de cataratas por este método sin dolor, casi sin molestias ni postoperatorios complicados y eso les evitó la ceguera en su vejez.

 FUENTES:

- Patricia Bath,  Wikipedia   

- Claudia Alemany: Patricia Bath, de Harlem a la Academia. Mujeres con Ciencia.

- Azucena Martín: La vista como derecho fundamental: el legado que nos deja tras su muerte Patricia Bath. Hipertextual.

- Patricia Bath, inventora de un laser para las cataratas. Huellas de mujeres geniales.


miércoles, 21 de abril de 2021

36. Vera Gedroits, la princesa que revolucionó la medicina de guerra

 


La princesa Vera Ignatievna Gedroitz, su verdadero nombre, como debe ser llamada, pues pertenecía a la realeza de Lituania nació el 19 de abril de 1870, en Slobodishe (actualmente Ucrania, entonces imperio ruso). Fue la tercera de cinco hermanos en una familia en la que madre procedía de Alemania y su padre pertenecía a la realeza lituana.

La infancia suele servir para acumular experiencias y recuerdos selectivos, pero en muchas ocasiones también es una fuente de traumas que después nos acompañan toda la vida. A Vera Gedroitz, la muerte de uno de sus hermanos, al que se encontraba muy unida, la llevó desde niña a querer estudiar Medicina para salvar vidas y paliar el sufrimiento. Tal era el amor por su hermano Sergei, que también inspiró el seudónimo literario (Sergei Gedroitz) con el que firmó sus obras, de poesía y científicas, a lo largo de su vida.  Asistió a la escuela secundaria de mujeres de Bryansk, pero fue expulsada por las continuas travesuras contra sus maestros. Su padre quiso entonces que se iniciara en la medicina como asistente en una fábrica, pero finalmente fue readmitida en la escuela y se graduó con muy buenas notas. Continuó su educación en San Petersburgo, aunque la joven volvió a poner en riesgo su futuro al unirse al movimiento juvenil revolucionario, ya que fue detenida por participar en una manifestación, expulsada de los estudios y devuelta junto a sus padres. Ansiosa por concluir sus estudios, y ante la imposibilidad de hacerlo ya en Rusia, Vera organizó un matrimonio de conveniencia con su amigo Nikolai Belozerov en San Petersburgo. Vera utilizó su nombre de casada para obtener un pasaporte y viajó a Suiza para estudiar en la Universidad de Lausana (ya que en Suiza admitían a mujeres en la Facultad de Medicina sin problemas), donde se formó para ser cirujana y se graduó en 1898, de nuevo con calificaciones brillantes que le valieron su título de Doctora en Medicina y Cirugía. En Suiza profundizó en sus investigaciones sobre la cirugía, pero en 1900 se vio obligada a regresar a Rusia cuando recibió una carta de su padre en la que le informaba de que su hermana Alexandra había muerto de tuberculosis y que su madre sufría de agotamiento nervioso.  Le pidió a Vera que regresara y a cambio le prometió ayudarla a conseguir un trabajo en un nuevo hospital de una fábrica que se estaba construyendo.

A su llegada a Rusia, Gedroitz fue contratada inmediatamente en la Fábrica de Cemento Maltsov y allí empezó a ejercer de cirujana. Dado el tipo de trabajo que se desarrollaba en la fábrica, los trabajadores sufrían frecuentes lesiones por levantar grandes pesos, hernias, lesiones de espalda, Cuando solo llevaba un año en el puesto había realizado  ya 248 intervenciones quirúrgicas, incluidas amputaciones, hernias y fracturas, con una incidencia de muertes y fracasos inferior al de cualquier otro hospital de la época. Preocupada por la salud general de los trabajadores, Vera elaboró una lista de recomendaciones para los administradores de la fábrica y también comenzó a publicar artículos científicos en revistas médicas rusas, que rápidamente fueron traducidos y tenidos en cuenta a nivel internacional.

El 21 de febrero de 1903 Vera recibió la convalidación de su título de Medicina en Rusia, lo que le permitió ejercer como cirujana en todo el país. Un año después, con el estallido de la guerra entre Rusia y Japón, Gedroitz se ofreció como voluntaria para ir al frente con Cruz Roja. En el primer mes de la guerra la primera cirujana en una contienda atendió a 1.255 pacientes, incluidos más de 100 pacientes con heridas en la cabeza y 61 pacientes con heridas abdominales. En principio trabajó en unas condiciones penosas. Los enfermos y heridos estaban alojados en cabañas cuyas paredes revistieron de arcilla y luego fueron cubiertas con sábanas. Posteriormente la situación mejoró con un tren hospital

Su pericia y profesionalidad le valieron ser nombrada cirujana en jefe del tren hospital, que constaba de un vagón operativo y cinco vagones para pacientes. El vagón de operaciones era una unidad quirúrgica especialmente equipada, suministrada por la nobleza rusa para permitir que la atención a los heridos se realizara en las líneas del frente.

Aunque muchos cirujanos militares rusos, así como franceses y británicos habían descartado la idea de tratar las heridas abdominales, Gedroits reconoció que la intervención temprana era clave. El tratamiento estándar en ese momento requería que se colocara al paciente en una posición semi-reclinada para que la herida pudiera drenar. En épocas anteriores, sin anestesia, las heridas abdominales penetrantes se consideraban inoperables.  Gedroits fue la primera en realizar laparotomías en pacientes militares, con un método que obligaba a realizar la intervención quirúrgica dentro de las tres horas posteriores a ser herido. Su tasa de éxito fue tan alta que el Ejército ruso y la sociedad rusa de médicos militares adoptaron oficialmente sus procedimientos operativos. Con la inminente derrota rusa, Gedroitz ayudó a organizar la evacuación del tren hospital, que se realizó bajo el  fuego  porque las tropas se negaron a retirarse hasta que los pacientes fueran trasladados. En 1905 Vera regresó al Hospital de la Fábrica Maltsov como cirujana jefa y fue nombrada jefa médica del Hospital Lyudinovskaya.

Además de hernias y lesiones industriales, las publicaciones de Gedroitz también cubrieron cirugías para obstetricia, la glándula tiroides y varios tumores que había visto en sus pacientes. Sus experiencias de intervenciones quirúrgicas incluyeron heridas abdominales y torácicas, amputaciones, embarazos ectópicos, reconstrucciones faciales y de tendones, resecciones intestinales, histerectomías, trepanaciones del cráneo y fragmentación de huesos.

Doodle publicado por Google hace solo unos días,  con motivo del 151 aniversario de Vera Gerdoitz


En 1909 la emperatriz Alexandra Feodorovna convirtió a Gedroitz en la médica residente principal del Hospital de la Corte y primera mujer médica de la casa real, encabezando los departamentos de Cirugía y Ginecología-Obstetricia, además de ser la pediatra de los menores del palacio. Tal era el amor de Vera por la medicina y la cirugía que llegó a involucrar en ellas a la emperatriz Alexandra y a sus hijas Tatiana y Olga enseñándoles lo básico de la cirugía.

Vera Gedroitz opera mientras la zarina Alexandra
 y las grandes duquesas Olga y Tatiana ayudan como enfermeras


Con la llegada de la revolución en 1917 y verse amenazada hasta la propia familia real rusa, Gedroitz volvió a pedir trabajar como cirujana de guerra una vez más. Esta vez se trataba de la Primera Guerra Mundial, aunque en ella no corrió la misma suerte que en su primera experiencia bélica, ya que fue herida y terminó en Kiev.

Allí, una vez recuperada, Vera Gedroitz fue contratada para enseñar cirugía pediátrica y finalmente recibió el título de profesora y desempeñó su cargo en la Universidad de Kiev a partir de 1929. Sin embargo, la medicina no fue su única ocupación. Además de numerosos artículos médicos sobre nutrición y tratamientos quirúrgicos durante su etapa como profesora, su talento como escritora se extendió a la publicación de varias colecciones de poemas y obras basada en hechos reales, entre las que destacan sus memorias, publicadas en 1931 y tituladas simplemente La vida. En ellas cuenta la historia de su viaje personal que la llevó a servir en el frente en 1904.

Gedroitz, conocida por sus excentricidades, su vestimenta masculina y su voz grave, falleció en marzo de 1932, a los 61 años, víctima de un cáncer de útero diagnosticado un año antes. Fue enterrada en Kiev y al parecer su tumba fue atendida durante muchos años por un arzobispo a quien había tratado en su juventud. Cuando murió el prelado eligió ser enterrado junto a ella.

El legado de Vera Gedroitz, a pesar de ser una gran desconocida, continúa vigente con sus procedimientos  y su éxito con el tratamiento de heridas abdominales, que jugaron un papel tan relevante en la medicina militar internacional. Fue pionera en la aplicación de laparotomía para el tratamiento de heridas abdominales en el frente de batalla, una de las primeras mujeres de Rusia en trabajar como cirujana, la primera en convertirse en profesora de cirugía y trabajar como médico militar, y la primera mujer en servir como médico en el Palacio Imperial.

Cuando buscaba información para escribir esta entrada, pude leer un comentario hecho por una periodista, idéntico a otros que se hicieron sobre otras mujeres de este blog: ¿Cómo es posible que nadie haya hecho una película sobre esta mujer?


BIBLIOGRAFÍA: 

- Chris Baraniuk, La princesa olvidada que revolucionó la medicina de guerra (y salvó cientos de vidas), BBC Mundo, 26 mayo 2019

- J. D. C. Bennett, Princess Vera Gedroits: military surgeon, poet, and author, The BMJ 305 (6868) (1992) 1532-1534, PDF

- Wikipedia (castellano e inglés)

- Alberto López: "/Vera-Gedroitz-la-princesa-cirujana-que-revoluciono-la-medicina-de-guerra". El País, 19 de abril de 2.021






martes, 9 de marzo de 2021

31. Susan La Flesche Picotte, la primera doctora amerindia

 


La historia de esta mujer merece una película, o al menos una miniserie de media docena de capítulos. Si algún mandamás de Netflix lee esto, le cedo graciosamente la idea.

Suzanne La Flesche nació el 17 de junio de 1865 en la reserva de los indios omaha de Nebraska. Suzanne era medio indígena medio blanca, como sus padres, Mary Gale y Joseph La Flesche.

Su padre, Joseph La Flesche, también llamado Ojo de Hierro, era indio ponca con  ascendencia franco-canadiense. Fue educado en St. Louis, pero regresó a la reserva como un hombre joven y se identificó como culturalmente Omaha. Fue adoptado por el jefe joven Elk en 1853, quien lo eligió como su sucesor, y La Flesche se convirtió en el principal dirigente de la tribu Omaha alrededor de 1855.

Su madre, Mary Gale, era la hija del Dr. John Gale, un cirujano blanco  del ejército estacionado en Fort Atkinson, y de  Nicomi, una mujer de estirpe omaha-Oto-Iowa.

Sus padres quisieron evitar que Susan sufriera discriminaciones y por ello no le pusieron un nombre omaha ni le hicieron los tatuajes tradicionales en el rostro. Aunque su madre solo hablaba la lengua de los omaha, su padre y sus hermanas la animaron a que usara el inglés para comunicarse. Por ello, Susan hablaba con fluidez las tres lenguas: omaha, francés e inglés.

Foto familiar de Susan
Era la pequeña de la familia, tenía un medio hermano mayor, el antropólogo Francis La Flesche, y tres hermanas también mayores que ella. Su educación se inició en la escuela misional de la reserva. La escuela de la reserva era un internado donde a los niños nativos se les enseñaba las prácticas de los europeos para asimilarlos a la sociedad blanca. Después, Susan dejó la reserva para ir a Elizabeth , Nueva Jersey , donde estudió en el Instituto Elizabeth durante dos años y medio. En aquel tiempo, a las muchachas se les enseñaba los rudimentos del hogar y poco más, esperando que, finalizado el instituto, volvieran a su casa y ejercieran con esmero el papel de esposa y madre. Pero Suzanne decidió que quería seguir estudiando y se preparó para ingresar en una de las pocas instituciones educativas que aceptaban a mujeres en los estudios de medicina, carrera a la que había decidido dedicarse. Suzanne fue aceptada en el Women’s Medical College of Pennsylvania. Susan estudió química, anatomía, fisiología, histología, la ciencia farmacéutica, obstetricia y medicina general, y al igual que sus compañeros, hizo el trabajo clínico en las instalaciones en Filadelfia junto a estudiantes de otras universidades, tanto masculino como femenino. Mientras asistía a la Escuela de Medicina, el aspecto de Suzanne La Flesche cambió; empezó a vestirse como sus compañeras blancas y llevaba el pelo recogido en un moño en la parte superior de la cabeza.  Cuando era niña, Suzanne había visto morir a una mujer india enferma porque el médico blanco local no la cuidaba. Más tarde acreditó que esta tragedia fue su inspiración para ser médico, para poder atender a las personas con las que vivía en la Reserva de Omaha. A los veinticinco años, Suzanne La Flesche era la primera indígena doctorada en medicina en los Estados Unidos. 


En 1889 se graduó con la nota más alta y consiguió un puesto del gobierno con el que volvió a la reserva de Omaha para iniciar su labor como profesora en la escuela que le había sido asignada. Fue la primera mujer nativa americana en ocupar el cargo. Hasta entonces, no había ni un solo médico en la reserva donde malvivían los indios Omaha.

Allí debía enseñar a sus alumnos reglas básicas de higiene y salud. Pero Suzanne dedicó también muchas horas a visitar a enfermos en sus hogares de la reserva. Después de largas jornadas de trabajo extenuante, terminó cayendo ella misma enferma. En 1893 decidió darse un respiro y retirarse un tiempo a la vez que se hacía cargo de su madre que también estaba enferma.

En 1894 se casó con Henry Picotte, un indio de la tribu de los sioux con el que tuvo dos hijos. Después de ser madre, todo el mundo esperaba que Suzanne se retiraría definitivamente de su trabajo como maestra y doctora pero ella decidió de nuevo saltarse las normas sociales y optar por continuar trabajando.

Suzanne fue la primera y la única, la médica de todos, en los días y en las noches, sola en la nieve y en el sol”, escribe Eduardo Galeano. Se hizo tan popular, que los que estaban enfermos pedían su ayuda, en lugar de pedírsela a un doctor blanco. Se convirtió en la única doctora en una reserva de cerca de 3.500 kilómetros cuadrados. A menudo tendría que recorrer muchos kilómetros a pie para llegar a sus pacientes. Por todo ello recibía un sueldo de 500 dólares anuales, la decima parte que un médico del ejército o de la marina.

Además de cuidar de los enfermos, Suzanne dedicó mucho tiempo a la concienciación social de la importancia de la prevención y la higiene, sobre todo en enfermedades como la tuberculosis que acabaría con la vida de muchas personas en la reserva, entre ellas su propio marido, en 1905. Defendió la limpieza, el aire fresco y la erradicación de las moscas domésticas, que se creía que eran los principales portadores de la tuberculosis. Fue también una gran impulsora de la lucha contra el alcoholismo, problema que vivió en su hogar, con un marido alcohólico.



En 1913, recaudó dinero y abrió un hospital moderno en una colina de su ciudad natal de Walthill. Esto le permitió cuidar a las mujeres embarazadas y a los enfermos de todas las razas y credos, de la forma en que ella creía que debía ser. Que una mujer amerindia  sola (ya era viuda) consiguiera todo el dinero necesario para construir el hospital fue una hazaña, teniendo en cuando la época en la que se hizo.

Cuando Suzanne enviudó en 1.905, se tuvo que enfrentar a muchos problemas burocráticos para poder heredar las tierras de su marido. Una situación a la que se enfrentaban muchos indios americanos que veían peligrar, a menudo, sus derechos. Sensibilizada también con este problema, llegó a asesorar a los miembros de la reserva y a viajar a Washington para entrevistarse con los miembros de la "Office of Indian Affairs" para intentar mejorar la situación de los indígenas. Argumentó que el papeleo innecesario y la burocracia no eran más que una carga adicional sobre el pueblo omaha. Una prueba más de que la Oficina de Auditoría los trataba como niños y no como ciudadanos dispuestos a participar en una democracia. Suzanne continuó trabajando en nombre de su comunidad hasta el final de su vida.

Además de cuidar de los enfermos, Suzanne dedicó mucho tiempo a la concienciación social de la importancia de la prevención y la higiene. Fue capaz de combinar la medicina aprendida con la sabiduría heredada, las terapias de la universidad y las recetas de sus abuelos, para que la vida de los omaha doliera menos y durara más.

Luchadora incansable, Suzanne La Flesche dedicó toda su vida a los demás. Hasta que su cuerpo, aquejado de una enfermedad crónica desde pequeña que le hizo sufrir multitud de dolores a lo largo de los años, se apagó. El 18 de septiembre de 1915 fallecía a causa de un cáncer de huesos.

Ella fue mucho más que una doctora de la reserva, fue también una consejera, una confidente, y un símbolo de la esperanza para los Omaha. Fue una feroz defensora de la salud pública y reformadora social. Promovió prácticas de higiene que salvan vidas, como la eliminación de vasos compartidos y la instalación de mosquiteras para evitar insectos portadores de enfermedades.

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FUENTES: 


Mujeres con ciencia, Blog de la Universidad de País Vasco:

Wikipedia

Nos queda la palabra, blog de Agustina Pérez

Ahoramismo.com: Susan La Flesche Picotte: 5 datos curiosos que tienes que saber