Hemos visto ya la historia de muchas mujeres que consiguieron ir a la universidad con muchos esfuerzos y luchando con la oposición de padres, gobernantes y el mismo mundo académico. El caso de Hisako Koyama es todavía más meritorio: sin pasar de la escuela secundaria, a la que asistir ya era todo un logro, en el país y la época que le tocó vivir, logró pasar a la historia de la astronomía.
Nació en Tokyo en 1.916. En el Japón anterior a la Segunda Guerra Mundial, las mujeres tenían un papel muy secundario en la sociedad. No tenían derecho al voto y sólo se las animaba a tener hijos. Gracias al empeño de sus padres se graduó en la escuela secundaria para chicas pero no pudo ir más allá.
Se apasionó por la astronomía,se dedicó a leer y estudiar por su cuenta todo tipo de libros, e incluso fabricó un pequeño telescopio para poder desarrollar su pasión. Aquella pasión se vio aumentada en el año 1944, cuando Hisako pudo comenzar a realizar observaciones más “profesionales” gracias a un telescopio que le regaló su padre. Aquel telescopio tenía que haber sido para estudiar la Luna, pero debido a su baja potencia, acabó siendo el instrumento con en cual Hisako Koyama comenzó a estudiar el Sol. Un mes más tarde ya tenía una pequeña pero exhaustiva descripción en forma de dibujo de lo que ella creía eran manchas solares. Las manchas solares son unas manchas oscuras que aparecen en la superficie del sol de forma temporal, donde la temperatura es menor que en la superficie de alrededor y la actividad magnética muy intensa. Hisako envió aquel boceto al presidente de la Sección Solar de la Oriental Astronomical Association (OAA), el profesor Issei Yamamoto, que quedó gratamente sorprendido. De hecho, no sólo confirmó que sí eran manchas solares, sino que animó a Hisako a continuar con su trabajo e incluso se convirtió en algo parecido a su supervisor.Contra todo pronóstico, recibió una respuesta de Yamamoto: «Gracias por su informe de observación. Sí, son manchas solares», escribió el profesor. Esa pequeña respuesta positiva fue todo lo que Koyama necesitó para zambullirse de cabeza en una vida de astronomía.
Tuvo cierto reconocimiento en su país, o al menos, en el ámbito científico de su país, ya que recibió el premio OOA Prize of Encouragement of Academic Research. Además, el asteroide 1951AB fue renombrado 3383 Koyama en su honor.





