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jueves, 19 de enero de 2023

70. Florence Nightingale, la dama de la lámpara


 Me declaro culpable. Florence Nightingale debería haber sido la número 1 de este blog (y no la número 70) porque fue, cronológicamente, la primera de las extraordinarias "mujeres por descubrir" que yo descubrí. Recuerdo perfectamente cuándo y como ocurrió, hace más de 50 años. Yo estaba todavía en el colegio de las Esclavas, haciendo el bachillerato. Desde que mi abuela me enseñó a leer, con 4 años, yo era una voraz lectora. Como leía tanto siempre fui adelantada en lecturas con respecto a mi edad. Mientras otras personas de mi edad leían cosas como "la fiesta de cumpleaños de la gallina Catalina" (título imaginario), yo disfrutaba de un precioso libro de tapa dura con una versión adaptada de la Ilíada. Y en el colegio me informaron de que la directora, la madre Luisa Merello, quería verme en su despacho. No niego que me asusté un poco. Aquello olía a regañina, pero yo estaba segura de que no había hecho nada para que me regañaran o castigaran. Y cuando supe que mi compañera y amiga Concha Fajardo había recibido la misma "invitación" me tranquilicé del todo. Así que en un recreo, por no faltar a ninguna clase, allá fuimos las dos con más curiosidad que otra cosa. La directora nos dijo que sabía que leíamos mucho y, puesto que al parecer no afectaba negativamente a nuestras notas (podía haber pasado porque, puestos a confesar, confieso  que parte del tiempo que se suponía que yo estaba estudiando estaba leyendo un libro estratégicamente situado entre las páginas del libro de texto), nos ofrecía la posibilidad de compartir algo. Toda una larga pared de su despacho estaba cubierta por unos armarios de puertas correderas y, descorriendo algunas, vimos que esas puertas ocultaban estanterías y estanterías llenas de libros hasta el techo.  Podíamos llevarnos a casa los que quisiéramos y devolverlos una vez leídos para llevarnos más. Aquello era como poner un tesoro ante los ojos de Tío Gilito o invitar a un goloso a servirse a su gusto de una pastelería. Uno de los primeros libros que me llevé en préstamo era un tomo que contenía cuatro obras independientes, una de las cuales resultó ser una biografía de  Florence Nightingale. La devoré, asombrada por el personaje que iba descubriendo. Posteriormente he ido sabiendo más detalles sobre ella. Así nos encontramos Florence y yo cuando todavía no había cumplido los 16. 

Monumento dedicado en honor a los héroes de la Guerra de Crimea. Waterloo Place, Londres. Florence Nightingale es la figura de la izquierda. Wikipedia

Detalle de la foto anterior.
Wikipedia
A los 19 años me reencontré con ella, en mi primer viaje a Londres. Desde entonces he estado 6 veces en esa ciudad, que me encanta. Cada vez que he ido sigo el mismo ritual. Me hospedo siempre en el mismo hotel, en Oxford Street, delante de Marble Arch y Hyde Park. En cuanto estoy en mi habitación me adecento un poco y hago, paseando, el mismo recorrido: bajo por Oxford Street hasta la confluencia con Regent Street, sigo por esta última, atravieso Picadilly Circus y Trafalgar Square, bajo por White Hall, donde me paro un momento en dicho monumento, luego sigo bajando  en la misma dirección hasta pararme ante el río, las Casas del Parlamento y el Big Ben. Ahí termina mi paseo por ese día, regreso al hotel. A la mañana siguiente  comienzo mi visita, que SIEMPRE incluye la pequeña iglesia de St. Martin  in the Fields (donde si tengo suerte asisto a un ensayo de su orquesta barroca), el Rincón de los Poetas de la abadía de Westminster y el Museo Británico. Y cada vez añado cosas nuevas, como  un museo que no conozca, alguna excursión corta, paseos por barrios no visitados antes, etc.

Y después de este largo prólogo, ahora por fin vamos a hablar de Florence Nightingale y por qué está en un monumento dedicado a la guerra de Crimea.

Florence  Nightingale nació en Villa Colombaia, en la ciudad italiana de Florencia el 12 de mayo de 1820. Sus padres, William Edward Nightingale y Frances Smith, pertenecientes a la clase alta inglesa, pasaron los primeros años de su matrimonio viajando por Europa. Establecidos temporalmente en Italia, pusieron a su segunda hija el nombre de su ciudad natal. Así habían hecho también con su hermana mayor, Parthenope, a quien le pusieron el nombre griego de la ciudad de Nápoles, Parthenopolis (1).

Su destino, como mujer de su clase en época victoriana, debía ser prepararse para ser  una dama al uso y llevar una vida cómoda y confortable después de un matrimonio concertado con alguien de su misma clase social. Pero Florence no siguió ese camino. En primer lugar, se obstinó en estudiar matemáticas, interés que compartía con su padre. Su segunda petición resultó ser aún más escandalosa a ojos de madre: quiso prepararse como enfermera. En aquel momento, las enfermeras estaban en el escalón más bajo del mundo laboral femenino, por debajo de las sirvientas. Casi todas eran analfabetas, sin ninguna preparación. Con jornadas de trabajo extenuantes y salarios de miseria, entre ellas abundaban las alcohólicas y se daba por hecho su inmoralidad. Su labor en los hospitales se limitaba a limpiar, vaciar los orinales, cambiar las sábanas y realizar las tareas que nadie más quería. Florence viajó por varios países aprendiendo lo que pudo por sí misma colaborando en distintas instituciones  para aprender metodología y procedimientos, pero lo que más le sirvió fue la aguda observación y la aplicación del sentido común, además  de aprender de los errores de los médicos, ignorantes y mal preparados, aunque soberbios y prepotentes. Así, poco a poco, iba formándose en su mente una visión global de lo que debe ser una enfermera. Con su experiencia en instituciones civiles y religiosas en varios países, en 1.853, asumió el cargo de superintendente en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas (que eran casi todas personas marginadas que vivían en la calle).

En marzo de 1.854 comenzó la guerra de Crimea, entre el imperio zarista y la alianza formada por Francia, Gran Bretaña y Turquía. Las condiciones sanitarias eran tan deplorables en el frente que el entonces Secretario de Guerra británico, Sidney Herbert (es la figura que aparece junto a Florence en la foto del monumento más arriba), a quien Florence había conocido en Roma unos años antes, le pidió que supervisara el papel de las enfermeras en los hospitales de la zona. Florence no se lo pensó dos veces. Con el cargo de Superintendente del Sistema de Enfermeras de los Hospitales Generales Ingleses en Turquía llegó a Constantinopla junto con 38 enfermeras (preparadas por ella misma) el 21 de octubre de 1854.

Litografía sobre la situación de los heridos en Balaclava



Florence comprendió el problema instantáneamente: la falta de higiene era letal. Morían muchos más soldados de infecciones, tifus, cólera y disentería que por las heridas de guerra. Los residuos lo contaminaban todo, las ratas subían por las paredes, las salas no se ventilaban porque los médicos, que apenas hacían otra cosa que amputar miembros, pensaban que el aire y la ventilación eran peligrosos.

Florence ordenó la limpieza de los vertederos contaminantes, la ventilación de las salas y extremar la limpieza en la preparación de las comidas. Y en poco tiempo la mortandad bajó del 42% al 2%. Cuando Florence comprendió que sus medidas funcionaban y que a su vuelta de Crimea tendría que convencer a mucha gente hostil, comenzó a llevar un riguroso registro de cifras y todas las observaciones que pudo.

Además de las cifras, se volcaba en el cuidado de los heridos. Cuando ya no quedaban médicos en el hospital, en plena noche, pasaba horas yendo de cama en cama, charlando con los pacientes, escribiendo las cartas que ellos le dictaban para sus familias. Entonces comenzaron a llamarla "la dama de la lámpara". Este nombre se popularizó a partir del poema Santa Filomena de Henry Wadsworth Longfellow, publicado en 1857.

A su regreso a Londres, su afición por las matemáticas demostró su utilidad. En la actualidad, aceptamos la presentación de los datos en gráficos con naturalidad, pero entonces no era lo habitual.  Para convencer a los políticos y a cualquier persona que no entendiera los resultados de sus reformas creó un gráfico que llamaron "La rosa de Nightingale". Por eso se la considera también una pionera de la estadística. Y por eso esta entrada figura tanto bajo la etiqueta "Enfermeras" como "Matemáticas". Con esos gráficos y las cifras en la mano se presentó una y otra vez ante al Parlamento, hasta que sus reformas fueron aceptadas.

La "Rosa de Nightingale"

La realidad se impuso. Los médicos que habían trabajado con ella y el testimonio de los pacientes salvados (se cree que sus medidas salvaron millones de vidas) fueron convenciendo  a los más renuentes. La estancia de Florence en Crimea no sólo le reportó fama personal. Consiguió un reconocimiento público de la profesión y ayudas económicas para crear una escuela de enfermeras. En 1860 se inauguraba la Nightingale Training School en el Hospital Saint Thomas de Londres. Se creaba la primera escuela de enfermería laica del mundo.

El 29 de noviembre de 1855, mientras aún permanecía en Crimea, se celebró una asamblea pública con el propósito de reunir fondos para homenajearla, haciéndole entrega de un objeto de arte en reconocimiento por su labor durante la guerra. Fue tal el éxito de la convocatoria que se decidió crear el Fondo Nightingale para el entrenamiento de enfermeras, con Sidney Herbert como secretario honorario de la fundación y el duque de Cambridge como presidente. En 1859 Nightingale disponía gracias a este fondo de 45 000 libras, monto con el que inauguró el 9 de julio de 1860 la Escuela de Entrenamiento Nightingale (Nightingale Training School) en el hospital Saint Thomas. Actualmente se llama Escuela Florence Nightingale de Enfermería y Partería (Florence Nightingale School of Nursing and Midwifery) y forma parte del King's College de Londres. Las primeras enfermeras entrenadas en esta escuela comenzaron a trabajar el 16 de mayo de 1865 en la Enfermería Liverpool Workhouse (2)

Recogió todo lo que había aprendido y experimentado en un sencillo manual de enfermería que aún hoy se considera un manual de introducción, el primero de su tipo en ser escrito. 

Y también escribió un libro sobre el cuidado de enfermos en domicilio. uno de los mayores logros de Nightingale fue la introducción de enfermeras entrenadas para el cuidado de enfermos a domicilio en Inglaterra y en Irlanda a partir de 1860. Esto significó que los enfermos pobres podrían acceder a ser cuidados por personal capacitado, en lugar de ser cuidados por otras personas de buena salud, pero también de escasos o nulos recursos como para acceder a una formación adecuada en la materia. Esta innovación es vista como el antecedente del Servicio Nacional de Salud británico, establecido cuarenta años después de su muerte.

A pesar de sus dolencias, permaneció fenomenalmente productiva en el área de la reforma social. Durante sus años de postración en la cama, también realizó trabajos pioneros en el campo de la planificación hospitalaria, y su trabajo se propagó rápidamente a través de Gran Bretaña y del resto del mundo.

Nightingale dedicó el resto de su vida a promover el establecimiento y el desarrollo de la enfermería como profesión y a organizarla en su forma moderna.


Tumba de F. N.
El 13 de agosto de 1910, a los 90 años, falleció mientras dormía en su habitación del 10 de South Street,34​ Park Lane.​ La oferta de sepultura en la Abadía de Westminster fue rechazada por sus familiares, y fue sepultada en el cementerio de la Iglesia de St. Margaret en East Wellow, Hampshire.











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(2) Fuente: Wikipedia

 

  

miércoles, 22 de junio de 2022

68. Mary Wortley Montagu, la pionera olvidada de la inoculación de la viruela

 

Mary Wortley Montagu con su hijo Edward

Aunque todos atribuimos a Edward Jenner el descubrimiento de la vacuna contra la viruela, lo cierto es que, muchos años antes, cuando Jenner ni siquiera había nacido, hubo una mujer que extendió por Europa la práctica de inocular a niños y jóvenes con pus de enfermos para inmunizarles frente a esta enfermedad. 

Mary, nacida en 1.689,  fue la hija mayor de Evelyn Pierrepont, primer Duque de Kingston-upon-Hull, que había sucedido a su hermano como quinto Conde de Kingston-upon-Hull cuando Mary tenía un año de edad. Más tarde, su padre recibió los títulos de Marqués de Dorchester y elevó a Ducado su título original, siendo bautizado en Covent Garden. Su madre, que murió siendo ella aún niña, era hija de William Fielding, tercer conde de Denbigh. El padre de Mary no prestó mucha atención a su educación, pero Lady Mary fue animada a emprender estudios autodidactas por Gilbert Burnet, obispo de Salisbury.

Mantuvo una estrecha amistad con Mary Astell, luchadora por los derechos de la mujer, y con Anne Wortley Montagu, nieta de Edward Montagu, primer conde de Sandwich. Mantuvo con Anne una animada correspondencia. No obstante, las cartas de Anne solían ser copias de escritos de su hermano, Edward Wortley Montagu; y tras la muerte de Anne en 1709 la correspondencia entre Edward y  Mary continuó sin intermediarios. El padre de Lady Mary, ahora Marqués de Dorchester, se negó a consentir un matrimonio entre ellos, al negarse a vincular sus bienes a un posible heredero. Cuando Lord Dorchester insistió en otro matrimonio para su hija, Edward y Mary se fugaron en 1712. Los primeros años de matrimonio de Lady Mary Wortley Montagu pasaron en la vida retirada en el campo. Su marido era miembro del Parlamento inglés por Westminster desde 1715, y poco después fue nombrado Lord Commissioner del Tesoro. Cuando Lady Mary se reunió con él en Londres, pronto su ingenio y belleza la convirtieron en una destacada figura de la corte. En 1716 Wortley Montagu fue nombrado embajador ante el Imperio Turco. Lady Mary le acompañó en su viaje, en el que tuvieron oportunidad de pasar por Viena y Adrianópolis antes de llegar a la propia Constantinopla. La embajada fue breve, y fue llamado de vuelta en 1717, pero el matrimonio permaneció en aquella ciudad hasta 1718. La historia de este viaje y sus observaciones de la vida en Oriente se cuentan en las Cartas de la Embajada Turca, Turkish Embassy Letters, una serie de cartas vivaces y llenas de descripciones gráficas; se suelen considerar como inspiración de las siguientes viajeras/escritoras y también de buena parte de la producción artística que se engloba en el concepto de orientalismo.

Lady Mary, en la época en la que 
su marido fue nombra-
do embajador en Turquía
Durante su estancia en Turquía, Lady Mary (que en su propia piel mostraba las cicatrices de la viruela, y había visto morir a su hermano por ella) se fijó en la costumbre de las mujeres turcas y trajo a su vuelta a Inglaterra la práctica de la variolización como profilaxis contra la enfermedad. Hizo inocular a sus propios hijos, y se enfrentó a los poderosos prejuicios que había contra tal práctica; de modo que fue precursora de la vacunación, que de modo científico pondría en marcha en 1796 Edward Jenner.

Existe un grupo de mujeres ancianas especializadas en esta operación. Cada otoño, en el mes de septiembre, que es cuando el calor se apacigua, las personas se consultan unas a otras para saber quién de entre ellos está dispuesto a tener la viruela...Soy lo bastante patriota para tomarme la molestia de llevar esta útil invención a Inglaterra y tratar de imponerla.”

La técnica descrita consistía, básicamente, en inocular a los voluntarios con pus de enfermos en cuatro o cinco venas abiertas. Lady Montagu había observado la eficacia del método y llegó a probarlo en su propio hijo Edward. A su regreso a Inglaterra, usó sus influencias y sus dotes de persuasión y llegó a convencer a la esposa del futuro rey Jorge II para inocular a su hijo. No fueron estos los únicos monarcas seducidos por el exótico método importado de Oriente: la influencia de Mary Montagu llegó a la corte francesa gracias a la aprobación del rey Luis XV y en Italia toda la familia real de Nápoles fue vacunada en 1777. Mary Montagu no fue una científica en el término más estricto, pero estudió los efectos de la inoculación a través de dos ensayos clínicos: uno con seis condenados a muerte en la prisión de Newgate y otro con varios niños de un orfanato de Westminster. Gracias a esta suerte de experimentos fue como su método se empezó a difundir –y a salvar vidas– por toda Europa.

Lady Montagu fue una mujer excepcional que vivió como quiso sin temer juicios, represalias ni escándalos. Desheredada de la fortuna familiar debido a su apasionado matrimonio, años más tarde se separó y se fue a vivir a Venecia con su nuevo amante, una relación que tampoco prosperó. Fue independiente, se rodeó de intelectuales, escribió, viajó y defendió los derechos de las mujeres. Se dice que, antes de morir en 1.762, a los 73 años, a consecuencia de un cáncer de mama, sus últimas palabras fueron: “ha sido todo muy interesante”.

No se publicaron ediciones académicas de sus obras hasta la segunda mitad del siglo XX:

- The complete letters of Lady Mary Wortley Montagu, 3 vol.s, editado por Robert Halsband, Oxford: Clarendon Press, 1965-67.

- Romance Writings, editado por Isobel Grundy, Oxford: Clarendon Press, 1996.

- Essays and Poems and Simplicity, a Comedy, edited by Isobel Grundy, Oxford: Clarendon Press, 1977, revised 2nd 1993.

Yen España las Cartas desde Estambul no aparecieron hasta 2.017





 


sábado, 5 de junio de 2021

43, Ada Augusta Lovelace, no olvidada pero sí mal recordada

 


Cuando empecé este blog, lo hice para reparar el olvido de muchas mujeres que fueron pioneras en su tiempo, y no diré que desconocidas, pero sí casi borradas de la historia, ausentes de los libros de texto, etc. Por eso no están aquí personajes tan obvios como  Marie Curie y otros, afortunadamente. Con Ada Lovelace hago una excepción. No está olvidada, pero sí mal recordada, pues la recordamos mutilando algo tan íntimo y personal  como su nombre  (igual que ocurre con Marie Curie).

Lord Byron,
vestido con traje de albanés
Ada Augusta Byron nació el 15 de diciembre de 1.815, hija de la aristócrata Ana Isabella Noel Byron,  baronesa de Wentworth y baronesa de Byron, conocida como Lady Byron. Su padre, el famoso poeta George Gordon Byron, lord Byron, decepcionado porque quería un hijo varón, se separó de su esposa un mes después del nacimiento de Ada y dejó Inglaterra para siempre cuatro meses después. ​ Murió en la Guerra de independencia de Grecia cuando Ada tenía ocho años.

Su madre consiguió la custodia de la niña, algo poco usual en la época, pero comprensible dada la escandalosa vida de Byron según la moral de la época. El 16 de enero de 1816, por orden de lord Byron, lady Byron se fue a la casa de sus padres en Kirkby Mallory (Leicestershire) llevando a su hija de cinco semanas con ella. Aunque la ley inglesa en ese momento otorgaba la custodia total de los hijos al padre en casos de separación, lord Byron no intentó reclamar sus derechos parentales, porque sabía que sus continuos escándalos serían un impedimento, pero solicitó a su hermanastra que lo mantuviera informado sobre el bienestar de Ada. En abril de 1816 Lord Byron abandonó Inglaterra huyendo de sus acreedores y del escándalo que se cernía sobre él por los rumores de incesto. Meses más tarde, Annabella presentó una demanda de separación.  Durante los ocho años que lord Byron estuvo fuera de su país hasta su muerte escribía con frecuencia a su hermanastra Augusta y preguntaba por la niña. Desde niña Ada despertó el interés de una sociedad en la que se vivían continuos escándalos. Su madre puso mucho empeño en protegerla, pero solo lo consiguió hasta cierto punto.

Lady Byron quería darle una educación esmerada a su hija, muy parecida a la que ella misma había recibido, pero más exigente.​ Ada no se podía relacionar con otros niños sin la previa aprobación de su madre, por lo que la mayor parte de su infancia la pasó sola o con adultos. Su educación empezó cuando era muy pequeña; a los cuatro años ya tenía preceptores e institutrices. A los ocho años (en 1824) la jornada normal de Ada comenzaba con clase de música a las 10:00 de la mañana, a las 11:15 tocaba lectura de francés, a las 11:30 clase de aritmética, a las 13:30 hacía deberes, a las 15:15 música otra vez y a las 16:30 finalizaba con ejercicios de francés. Lady Byron le impuso una disciplina estricta basada en un sistema de recompensas y castigos, y también buscando el estímulo intelectual con lecturas y relaciones con intelectuales. Puso mucho empeño en que su hija aprendiera matemáticas, disciplina que ella misma practicaba. En este contexto, Ada conoce a la matemática y científica escocesa Mary Somerville, que durante un tiempo fue su tutora. Somerville, en tanto que mujer científica, se convierte en un importante estímulo y gran influencia en su vida.

A medida que Ada se iba haciendo mayor, su madre pasaba temporadas fuera de casa, en balnearios o en el campo.

Ada tuvo mala salud, sufrió muchas de las infecciones infantiles y le dolía la cabeza frecuentemente. A los siete años contrajo una enfermedad grave, que la mantuvo postrada durante meses. A los catorce mantuvo reposo durante más de un año debido a un sarampión, lo cual hizo que dedicara largas horas al estudio y a la lectura.

Cuando Ada tenía 8 años se conoció la muerte de su padre en Grecia, en abril de 1824. Lady Byron se interesó por estrechar lazos con su familia política. El nuevo y sexto lord Byron mantuvo una buena relación con Annabella; este tenía un hijo pequeño un año menor que Ada. Annabella indujo a Ada a escribir una carta a su primo con la esperanza de unir de nuevo a la familia.

En junio de 1826, Ada, que entonces tenía diez años, viajó por primera vez fuera de Inglaterra. Partió con todo un grupo (en el que se incluía su madre) y el viaje duró 15 meses, durante los cuales Ada disfrutó de todo lo nuevo que veían sus ojos, de todo lo que escuchaba, descubría, etc. En el otoño de 1827 acabó su viaje y se instalaron directamente en Bifrons, una mansión de campo muy alejada de la ciudad. En ese palacio no ocurría nada del interés de Ada; además su madre estaba frecuentemente fuera de casa, así que la niña se dedicaba a estudiar y a dejar volar su imaginación. Ese mismo año Ada empezó su formación en matemáticas. A los once años estaba obsesionada con la idea de volar; estaba decidida a inventar una máquina que le permitiera moverse por el aire. Su primer paso, en febrero de 1828, fue construir alas. Investigó diferentes materiales y tamaños. Consideró varios materiales para las alas: papel, seda de aceite, alambres y plumas. Pasó años estudiando la anatomía de las aves para determinar la proporción correcta entre las alas y el cuerpo, y creando bocetos de su soñado proyecto. Decidió escribir un libro, Flyology, ilustrando, con placas, algunos de sus hallazgos. Decidió qué equipo necesitaría; por ejemplo, una brújula, para "atravesar el país por el camino más directo", para que pueda superar montañas, ríos y valles.

A principios de 1829 contrajo una enfermedad grave, posiblemente sarampión, que le causó parálisis en las piernas y la obligó a guardar cama hasta mediados de 1832. Ese periodo la marcó profundamente, pero siguió estudiando. El año de su recuperación se mudó con su madre a Fordhook Manor, una mansión situada en Ealing, una aldea a 12 km del centro de Londres, muy popular entre la aristocracia londinense. Durante este tiempo Ada vivió su primer romance; se enamoró de un joven, hijo de John Hamble, que la ayudaba con los estudios dos horas al día. Vivieron su historia de amor en secreto durante algún tiempo, pero cuando lady Byron se enteró prohibió al joven entrar en su casa y relacionarse con su hija.

El año que cumplía dieciocho años, Ada empezó a asistir a las fiestas de la alta sociedad londinense. En uno de sus primeros eventos conoció a Charles Babbage, la única persona que compartiría su fascinación por las cuestiones de mecánica. Babbage tenía cuarenta y cuatro años en ese momento y era conocido, entre otras cosas, por el proyecto que tenía entre manos: una calculadora mecánica que funcionaba sin la ayuda de un humano, llamada la máquina diferencial.

En esos tiempos en Inglaterra se hizo famoso un avanzado artilugio, el telar de seda de Joseph Marie Jacquard, con el que ella estaba totalmente fascinada. Le maravillaba la posibilidad de idear y construir máquinas, como la de Jacquard, que permitieran al ser humano controlar procesos que anteriormente eran incontrolables o lo eran de una forma errática.

Ada y Babbage se hicieron amigos. Su relación la estimuló intelectualmente; le ayudó a avanzar en sus especulaciones sobre el cálculo hasta concebir una brillante idea: construir un telar de Jacquard aplicado a los números, o en otras palabras: una computadora.

En 1834 Ada se relacionaba mucho con William King, al que lady Byron había encargado guiar a su hija moralmente; también se encargó de enseñarle matemáticas. Fue durante esas clases cuando Ada se dio cuenta de que su pasión eran las matemáticas. Ya había encontrado la disciplina a la que aplicar su extraordinaria inteligencia. El verano de ese año Ada y su madre recorrieron el norte de Inglaterra, la zona industrial más importante, visitando muchas fábricas, donde pudieron ver el telar de Jacquard en funcionamiento. Durante esa época, madre e hija se relacionaban mucho con Mary Somerville, la matemática más famosa de su país. Otros conocidos incluyeron a los científicos Andrew Crosse, Sir David Brewster , Charles Wheatstone, Michael Faraday y el autor Charles Dickens.

Ada ya era una habitual de la Corte victoriana y empezaba a asistir a diversos eventos en los que con frecuencia participaba en los bailes y encandilaba a muchos de sus asistentes, los cuales la describían como un ser encantador. Sin embargo, John Hobhouse, que había sido amigo de su padre, fue una excepción y la describió como «una joven estirada y demacrada pero con algún rasgo de su amigo, especialmente su boca». La descripción fue hecha después de su encuentro el 24 de febrero de 1834, en el que Ada dejó claro a Hobhouse que él no le gustaba, pero esta primera impresión no duró mucho tiempo y posteriormente se hicieron amigos.

En la primavera de 1835 Ada conoció a William, lord King. El aristócrata era de una familia muy influyente desde el punto de vista político, social, intelectual y religioso. Poseía varias propiedades importantes y el título de lord tenía más de un siglo de antigüedad, así que lady Byron aprobó su relación. El 8 de julio de 1835 se casaron, convirtiéndose ella en lady King. Su residencia pasó a ser una gran propiedad en Ockham Park (Ockham, Surrey), junto con otra en el Fiordo de Torridon y una más en Londres. Pasó su luna de miel en la Mansión Worthy, situada en Asley Combe (Somerset), la cual había sido construida en 1799 como un refugio de caza y que el propio King amplió con motivo de su luna de miel. Posteriormente la casa se convertiría en su retiro de verano tras volver a ser ampliada.

El matrimonio tuvo tres hijos: Byron, el heredero, nacido el 12 de mayo de 1836; Anne Isabella (llamada Annabella, posteriormente lady Anne Blunt), nacida el 22 de septiembre de 1837; y Ralph Gordon, nacido el 2 de julio de 1839.

Inmediatamente después del nacimiento de Annabella, lady King experimentó «una dolorosa y prolongada enfermedad que tardó meses en curarse». Entre 1843 y 1844 su madre le encargó a William Benjamin Carpenter la tarea de educar a los hijos de Ada y de actuar como un «instructor moral»" para su propia hija.

En 1837, William King pasó de barón a vizconde de Ockham y tomó otro título, el de conde de Lovelace. A partir de ese momento, Ada siempre firmaría como Ada Lovelace. En aquella época, las instituciones científicas no permitían que las mujeres firmaran los artículos que les publicaban, de forma que una de las más importantes de Ada está firmada sólo con sus iniciales A. A. L.

En sus primeros años de matrimonio Ada fue muy feliz, pero la falta de ambición de su marido acabó cansándola, por lo que se refugió de nuevo en las matemáticas. Decidió que necesitaba buscar un buen mentor que la guiara en su trabajo intelectual y en el verano de 1840 su madre le encontró uno: el famoso matemático y lógico Augustus de Morgan. Con su ayuda, Ada progresó rápidamente, pero De Morgan tuvo un problema como profesor. Informó a lady Byron de que su hija no se contentaba con aprender las lecciones como cualquier dama; sus preguntas iban mucho más allá de lo que trataban en las clases y él no quería fomentar esa actitud. De Morgan creía (como casi toda la sociedad en esos tiempos) que las mujeres no estaban hechas para estudiar los fundamentos de las matemáticas ni de otras ciencias. Las preguntas de Ada, según él, eran impropias de una mujer. En definitiva, le inquietaba que su alumna pensase como un hombre. Pero lady Byron y lord Lovelace hicieron caso omiso de la advertencia del profesor y ella continuó con sus estudios. Durante este tiempo en el que se vio obligada a compaginar su faceta de esposa y madre, el intercambio epistolar con su antigua tutora y amiga, Mary Somerville, representan un gran desahogo para Ada. En esta correspondencia Lovelace hace partícipe a su amiga de su frustración después de la maternidad y de las dificultades para continuar con sus estudios.

A pesar de lo que cambió su vida después de casarse, Ada y Babbage mantuvieron su amistad; él los visitaba a ella y a su marido con frecuencia. En el otoño de 1840, Babbage volvió de su estancia en Italia preocupado por su proyecto; cada vez le parecía más difícil llegar a construir el prototipo totalmente operativo de la máquina analítica (o diferencial). No tenía suficientes recursos para financiarla, pero era optimista porque un reconocido científico italiano iba a escribir un artículo sobre su proyecto. En 1841, Ada escribe a Babbage una carta dejando claro que está interesada en colaborar con él. A Babbage le pareció bien la idea, así ella empezó traduciendo el artículo del científico italiano, Luigi Federico Menabrea. Con la traducción del texto ella tenía dos objetivos: dar a conocer el valioso trabajo de su amigo y cumplir su sueño de alcanzar una vida intelectual que la elevase por encima de las exigencias de la maternidad y el matrimonio. Finalmente llamó a su trabajo Notas, que consistía en su propio estudio sobre la máquina analítica, y como anexo, la traducción del artículo del italiano. Babbage la asesoró, pero Ada fue enteramente la autora de ese trabajo.

Ada dedica gran parte de su estudio a describir con un lenguaje muy técnico cómo funcionaría la máquina analítica, pero también ofrece una serie de observaciones que dejan clara su aportación teórica. Ella distinguía con claridad entre datos y procesamiento; este pensamiento era revolucionario en su tiempo. Ada aspiraba a crear la informática, que ella llamaba la ciencia de las operaciones. Se dio cuenta de las aplicaciones prácticas de la máquina analítica y llegó incluso a vislumbrar la posibilidad de digitalizar la música. Escribió en las Notas:

"Supongamos, por ejemplo, que las relaciones fundamentales entre los sonidos, en el arte de la armonía, fueran susceptibles de tales expresiones y adaptaciones: la máquina podría componer piezas musicales todo lo largas y complejas que se quisiera"

Ada tenía una idea clara: la máquina analítica y el telar de Jacquard vienen a hacer lo mismo. Una frase clave donde se expresa esto es:

"Puede decirse que la primera teje dibujos algebraicos, del mismo modo que el telar de Jacquard teje dibujos de flores y hojas".

Ada expresa con claridad las tres funciones que podía cumplir el invento de Babbage: procesar fórmulas matemáticas expresadas con símbolos, hacer cálculos numéricos (su objetivo primordial) y dar resultados algebraicos en notación literal.

Babbage y Ada concebían la máquina analítica de manera muy distinta. Al primero no le interesaban demasiado sus consecuencias prácticas. A Ada, por el contrario, le obsesionaban las aplicaciones del invento. Ella fue la primera en intuir lo que el invento de Babbage significaba para el progreso tecnológico. Entendió que la tecnología utilizada en el telar de Jacquard y en la máquina analítica podía aplicarse a todo proceso que implicara tratar datos: de este modo abría camino a una nueva ciencia, la de la computación de la información.

Sugirió el uso de tarjetas perforadas como método de entrada de información e instrucciones a la máquina analítica. Además introdujo una notación para escribir programas, principalmente basada en el dominio que Ada tenía sobre el texto de Luigi Menabrea de 1842 (que comentó personalmente completándolo con anotaciones que son más extensas que el texto mismo) sobre el funcionamiento del telar de Jacquard así como de la máquina analítica de Babbage. Es reseñable además su mención sobre la existencia de ceros o estado neutro en las tarjetas perforadas siendo que las tarjetas representaban para la máquina de Babbage números decimales y no binarios (8 perforaciones equivaldrían entonces a 8 unidades).

También introdujo la posibilidad de que la máquina analítica no fuera solo capaz de realizar cálculos matemáticos, sino también de, entre muchas otras cosas, "producir arte" y componer música, literatura... de hecho, afirmaba que el invento sería capaz de realizar cualquier cosa que se le pidiera, siempre y cuando supiéramos cómo ordenárselo.

En el verano de 1852, la salud de Ada empeoró mucho, llevaba años padeciendo agotamiento nervioso y debilidad general, pero no fue hasta ese año que aparecieron los primeros síntomas del cáncer de útero. La enfermedad duró varios meses, durante los cuales su madre tomó el control respecto a sus citas médicas y personales. Por influencia de su madre, decidió dejar de ser materialista y adoptó ideas religiosas que la llevaron a arrepentirse de su vida anterior.

Finalmente, falleció a los treinta y seis (la misma edad a la que murió el padre que nunca conoció) años el 27 de noviembre de 1852, acompañada de su madre y de su marido.

Su nombre da nombre también a un lenguaje de programación diseñado por y para el Departamento de Defensa de los EE. UU. Hoy en día se considera a esta científica como la primera persona programadora en la historia de la informática, una auténtica pionera del concepto de inteligencia artificial.


jueves, 15 de abril de 2021

35. Margaret Lindsay Huggins, la astrónoma que fotografió las estrellas

 


Margaret Lindsay Murray (su nombre de soltera) nació en Dublín en 1848. Su padre, abogado, enviudó cuando ella era pequeña y se volvió a casar. Según la necrológica que le dedicó la revista de la Real Sociedad Astronómica Canadiense, Margaret fue educada en casa y desde pequeña sintió interés por las áreas científicas, especialmente por la astronomía, aunque otras fuentes indican que debía ese interés a la influencia de su abuelo materno, un banquero de buena situación económica. Solía basarse en viejos atlas del cielo para estudiar las constelaciones desde su jardín. A los 10 años y armada con un pequeño telescopio se dedicó a estudiar las manchas de la superficie solar. Además le gustaba experimentar con juegos de química y logró dominar las incipientes técnicas fotográficas de la época.

En 1875 Margaret se casó con William Huggins (ella tenía 27 años y él 51), que ya era un conocido astrónomo, y ambos se beneficiaron de esa alianza, también científicamente: él compartió con ella sus conocimientos, que ella deseaba ampliar, y ella colaboró en sus investigaciones justo cuando él había empezado a encargarse del observatorio de Tulse Hill de la Real Sociedad Astronómica británica y empezaban a surgir algunas críticas porque se le hubiese encomendado esa tarea a un investigador solo.

Es habitual leer que ella fue una asistente entregada y servicial, pero en realidad fue mucho más que eso a raíz de los cuadernos de investigación que llevaban y la correspondencia entre ambos. Tras su matrimonio, ella se involucró enseguida en el trabajo del observatorio y eso cambió totalmente el tipo de trabajo que se hacía como su organización. Las escuetas notas de él se convirtieron en detalladas descripciones, pero además, las fotografías se convirtieron en una forma habitual de registrar lo que hasta ese momento había sido pura observación descrita. Las habilidades previas y el interés de ella fueron gran parte del impulso que puso en marcha el programa de investigación fotográfica de Huggins.

La primera publicación dedicada a la fotografía espectral publicada en base al trabajo del observatorio de Tulse Hill apareció en la revista Proceedings of the Royal Society a finales de 1876 y William Huggins aparecía como su único autor. Ambos llevaban casi 15 años casados cuando por primera vez aparecieron ambos como coautores de una publicación, pero aunque todas las anteriores sobre sus logros fotográficos no la mencionaban, sí queda claro en los cuadernos que ambos mantenían que las habilidades fotográficas de ella estaban detrás de estos avances y de esta nueva vía de investigación y observación astronómica.

En sus anotaciones las referencias a la fotografía y sus técnicas son constantes y detalladas, diferenciando a menudo sus trabajos y resultados de los obtenidos por su marido. En muchas de ellas hace referencia al diseño de experimentos, a qué mediciones registrar para comprobar uno u otro parámetro, a cómo adaptar los instrumentos para aprovechar su potencial según lo que quisiera comprobar. En concreto, el verano de 1876 pareció pasarlo experimentando con distintos tipos de placas sensibles para captar imágenes. Tenía un agudo sentido de la innovación e hizo importantes mejoras en el equipamiento del observatorio que pronto pusieron a los Huggins a la vanguardia de la astrofotografía espectroscópica.

Ambos trabajaron juntos durante más de 30 años como colegas de investigación, aunque la imagen histórica de ambos es la del científico y su asistente. Sin embargo, en una carta que ella escribió a un conocido tras la muerte de su marido en 1910 se aprecia su deseo de reconocimiento por un trabajo que fue mucho más compartido de lo que siempre se pensó: “Pienso en esta pensión como un honor hacia él, aunque también es honorable hacia mí y, humildemente espero, habérmela ganado en estos 35 años de trabajo muy duro. Ninguno de vosotros sabe cómo de duro trabajamos aquí nosotros dos solos, sin ayuda”.

Junto con su amiga y también astrónoma Agnes Clerke, fue elegida en 1903 miembro honorario de la Real Sociedad Astronómica, una distinción que solo otras dos mujeres previamente habían obtenido. Falleció en Londres en  1915.


sábado, 9 de enero de 2021

25. Rosalind Franklin. la científica a la que le birlaron un premio Nobel


Muchas mujeres cambiaron la ciencia, aunque sus nombres probablemente ni nos suenan. La británica Rosalind Franklin (1.920-1.958) es una de ellas. Sus descubrimientos en el campo del ADN dieron lugar a uno de los avances científicos más importantes del siglo XX: la Fotografía 51, una muestra nítida de la estructura de doble hélice del ADN. Sin embargo,  durante muchos años fueron los científicos James Watson y Francis Crick los que se adjudicaron tal descubrimiento como propio, llevándose todo el mérito e incluso el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1962. El descubrimiento pasó a la historia como "la hélice de Watson" y Rosalind Franklin murió (a los 37 años) a causa de un cáncer provocado por sus largas exposiciones a la radiación sin recibir el reconocimiento que merecía. Años después del fallecimiento de la biofísica, James Watson confesó que ganó el Nobel gracias a los hallazgos de Franklin, la verdadera descubridora de la Fotografía 51.