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miércoles, 22 de septiembre de 2021

62. Francesca Caccini, la primera mujer en componer una ópera

 


El 18 de septiembre de 1.587 nació en Florencia una niña que asombró al gran mundo en su época por su voz, por su talento como tañedora de laúd y por sus dotes como compositora.

Francesca Caccini pertenecía a una familia de músicos. Su padre, Giulio Caccini, era un compositor famoso y popular. Desde muy joven, su padre le enseñó música y composición. Su madre, Lucia Gagnolanti, también era cantante. Su hermana menor, Settimia, también se convirtió en compositora y tenía un hermano mayor, Pompeo, que era cantante y pintor.

Giulio estaba empleado por la familia Médici. Giulio formó con su familia un grupo, llamado Il Concerto Caccini. Tanto Francesca como Settimia eran sopranos.

Existen dos versiones acerca de la primera actuación pública de Francesca como cantante. Por una parte, se suele considerar que su debut se produjo en 1.600. Giulio Caccini fue contratado  para cantar en los festejos con ocasión de la boda de Enrique IV de Francia y María de Medici, celebrada en  1600. Allí cantaron las dos hermanas  en la ópera de su padre Il rapimento di Cefalo, compuesta para la ocasión  probablemente, también lo hicieron en la ópera Eurídice, compuesta por Jacopo Peri. Francesca, que tenía 13 años, cautivó al rey con su voz. El rey le pidió que permaneciera en Francia, pero los Medicis se opusieron y la obligaron a volver a Florencia, junto con el resto de la familia.

Por otra parte, según Liliana Panella, el primer testimonio fundado de la actividad como cantante de Francesca, junto con su hermana Settimia, ocurrió en la corte de los Médici, es 1602: en su diario Cesare Tinghi señaló que el 3 de abril de 1602 en la iglesia de San Nicolás en Pisa, donde la corte se movía todos los años durante la Cuaresma, la música fue dirigida por «Giulio Romano (Giulio Caccini), con la esposa (su segunda esposa, Margherita) y las dos hijas cantando bien».

En cualquier caso, Francesca Caccini, después de su debut en Francia continuó cantando con sus padres, su hermanastro Pompeo, su hermana Settimia y posiblemente otros alumnos de Giulio sin identificar en un conjunto de sus contemporáneos conocido como Le donne di Giulio Romano. Más adelante, formó grupo con su hermana Settimia y el ejecutante romano Vittoria Archilei. En esta época recibió en ocasiones el apodo  La Cecchina (pájaro cantor). Después de que la corte la contratara, continuó actuando con el conjunto familiar hasta que el matrimonio de Settimia y el traslado resultante a Mantua causaron su ruptura. Francesca sirvió en la corte de los Médici como profesora, cantante de cámara, instructora de ensayos y compositora de música de cámara y de teatro hasta principios de 1627. En 1614 era la música mejor pagada de la corte (por encima de su padre), en gran parte porque su virtuosismo musical ejemplificaba muy bien una idea de excelencia femenina proyectada por la regente de facto de la Toscana, la gran duquesa Cristina de Lorena.

Francesca atrajo la atención de Claudio Monteverdi (1), impresionado por su canto, así como Pietro Della Valle, que alabó su habilidad vocal y su poesía.​ En 1607 contrajo matrimonio con un miembro del Camerata florentina, Giovanni Battista Signorini, con quien tuvo una hija, Margherita. 

Adquirió  una  enorme fama en todas las ciudades-estado de la actual Italia y junto al libretista Michelangelo Buonaroti (sobrino nieto del artista) escribió música para la Corte de los Médicis, así como el ya citado nuevo género, la ópera, inaugurado por Monteverdi. Se cree que Caccini fue una compositora rápida y prolífica, igual en productividad a sus colegas de la corte Jacopo Peri y Marco da Gagliano. Muy poca de su música sobrevive. Compuso la mayor parte de su música escénica para su interpretación en la corte de los Médici basada en comedias del poeta Miguel Ángel Buonarroti el Joven.  En 1618 publicó una colección de treinta y seis canciones solistas y dúos de soprano/bajo (Il primo libro delle musiche) que es un compendio de estilos contemporáneos. Para la mayoría de estas canciones, Caccini usó su propia poesía.  En 1625, obtuvo uno de sus mayores éxitos con su ópera La liberazione di Ruggiero dall’isola d’Alcina  (la única conservada de sus cinco óperas), compuesta para la visita del príncipe Ladislaus Sigismondo, ópera que fue interpretada asimismo en Varsovia en 1628, siendo esta la primera ópera italiana representada fuera de sus fronteras.

Francesca Caccini escribió parte o toda la música de al menos dieciséis obras puestas en escena. Se cree que se han perdido todas menos  La liberazione di Ruggiero y algunos extractos de La Tancia e Il passatempo publicados en la colección de 1618, Il primo libro delle musiche.

Después de que el primer marido de Caccini falleciera en diciembre de 1626, rápidamente se casó nuevamente en octubre de 1627 con un noble melómano originario de Luca, Tommaso Raffaelli y tuvio un hijo. llamado también Tommaso, en 1628). Su segundo marido murió en 1630,dejando a la joven viuda en una situación bastante acomodada.

 Aunque como esposa de un noble había rechazado al menos una solicitud para actuar (en Parma, en 1628), una vez enviuda por segunda vez, Caccini volvió al servicio de los Médici. Su regreso se retrasó por las plagas de 1630-1633, pero en 1634 Caccini estaba de regreso en Florencia con sus dos hijos y sirvió en la corte como maestra de música de su hija Margherita y de las princesas Médici. Además, componía e interpretaba música de cámara y espectáculos menores para la corte. Caccini dejó el servicio de los Médici el 8 de mayo de 1641. A partir de ese momento, la pista de Francesca desaparece para siempre.


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(1) Claudio Monteverdi, cuyo nombre completo era Claudio Giovanni Antonio Monteverdi (Cremona, bautizado el 15 de mayo de 1567 - Venecia, 29 de noviembre de 1643), fue un compositor, violagambista, cantante, director de coro y sacerdote italiano. Compuso tanto música secular como sacra y marcó la transición entre la tradición polifónica y madrigalista del siglo XVI y el nacimiento del drama lírico y de la ópera en el siglo XVII. Es una figura crucial en la transición entre la música del Renacimiento y del Barroco. Nacido en Cremona, donde realizó sus primeros estudios musicales y composiciones, inició sus estudios de música con Marco Antonio Ingegnieri, maestro de capilla de la Catedral de Cremona, y a los 16 años publicó sus primeras obras. Desarrolló su carrera primero en la corte de Mantua (c. 1590-1613) y luego, hasta su muerte, en la República de Venecia. Sus cartas sobrevivientes dan una idea de la vida de un músico profesional en la Italia de la época, incluidos los problemas de ingresos, patrocinio y políticos. Gran parte de la producción musical, incluidas muchas obras escénicas, se ha perdido. Su música sobreviviente incluye nueve colecciones de madrigales, en los que muestra su dominio de la técnica madrigalista; obras religiosas a gran escala, como su Vísperas de la beata Virgen de 1610, y tres óperas completas. En 1599, se casó con Claudia de Cataneis, que murió en 1607, y en ese mismo año se estrenó La fábula de Orfeo, su primer drama musical, considerado la primera ópera de la historia, tal y como se entiende hoy día.

Nota: No existe ningún retrato seguro de Francesca Caccini. Usualmente se la identifica en las dos pinturas que ilustran este post. La superior es un detalle del cuadro conservado en el Museo Thyssen de Madrid, obra de Jacopo Negretti (Palma el Viejo), donde figura como Retrato de una mujer joven llamada "la bella".  El segundo es una obra de Orazio Gentileschi titulado "Tañedora de laud", de la Galería Nacional de Washington. Se cree un más que probable retrato de Francesca Caccini, famosa por su maestría con este instrumento.






sábado, 20 de febrero de 2021

30. Isabel Barreto, la primera almirante en la historia de la navegación

 



Con cada nueva historia que descubro para ir incorporando a este blog, me sorprendo más y más. Y la de Isabel Barreto no se queda atrás.

Solo hubo una mujer al frente de una expedición naval durante aquellos viajes de descubrimiento y conquista que tuvieron lugar en el siglo XVI.

Esa mujer se llamaba Isabel Barreto, fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

Protagonizó una hazaña enorme: la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI.

Atravesó por entero el Océano Pacífico y fue la primera en cruzar ese océano por el hemisferio sur. Y descubrió las islas Marquesas, un archipiélago de la Polinesia.

Isabel Barreto nació en Pontevedra en 1.567, siendo bautizada en Santa María la Mayor con el esplendor acorde a la posición de su abuelo Francisco Barreto. Francisco Barreto fue un militar y explorador, natural de Faro (Portugal), que llegó a ser gobernador de la India portuguesa, obsesionado con encontrar las minas del rey Salomón que falleció en Asia en 1573. Hija de Nuño Rodríguez Barreto, natural de islas de la Madera (Madeira), y Mariana de Castro, tuvo seis hermanos (Gerónimo, Diego, Luís, Gregorio, Antonio y Lorenzo) y dos hermanas (Mariana y Leonor).

Los Barreto fueron una familia de prósperos comerciantes de esclavos y productos acostumbrados a viajar por todo el mundo. Sea como fuere, en 1585, la familia se trasladó de España a Perú de la mano del IV Marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza, que llegó a ser virrey de ese país. Allí, la joven Isabel se casó a los 19 años con el Adelantado Álvaro de Mendaña y Neira, un gallego-berciano nacido en Congosto en 1542, que llegó al país con unos veinte años. Mendaña, en 1567 inició su primer viaje por el Océano Pacífico con el pontevedrés Pedro Sarmiento de Gamboa en busca de la Terra Australis y un gran tesoro, pero lo que descubrieron fueron unas islas a las que llamaría Salomón. En 1574 Álvaro de Mendaña obtuvo los permisos de navíos y comercio así como la licencia de pesquería de perlas en los Mares del Sur, océano conocido como "el lago español". La pareja tenía la ilusión de encontrar las islas que los harían inmensamente ricos. Álvaro ostentaba el título de Adelantado y buscaba el dinero que le hacía falta para volver a las islas Salomón y tomar posesión efectiva del territorio; conocer a Isabel le facilitó a Mendaña poner en marcha su segundo viaje, ya que la dote de Isabel, 40.000 ducados, sirvió para financiar dicha expedición.

La expedición partió del puerto de Paita rumbo a las islas Salomón cinco años más tarde, el 16 de junio de 1595, con cuatro naves: el galeón San Gerónimo, nave capitana en la que viajaba Isabel; la nao Santa Isabel; la galeota San Felipe y la fragata Santa Catalina. Embarcaron "378 marineros españoles y portugueses", y para colonizar los nuevos territorios "unas 90 personas más entre mujeres y niños". Acompañaban a Isabel en la travesía varios de sus hermanos: Diego y Luis Barreto como alférez, como capitán Lorenzo Barreto y también Mariana Barreto, casada con otro expedicionario.

Camino de llegar a las islas Salomón descubren el archipiélago de las Marquesas, deteniéndose en cuatro de las islas. Las Marquesas son un archipiélago en la Polinesia Francesa. Recibieron su nombre del español Álvaro de Mendaña que las descubrió en 1595, llamándolas «Islas Marquesas de Mendoza» en honor al virrey de Perú, García Hurtado de Mendoza y Manríquez, marqués de Cañete. .

La expedición no se presentaba fácil: A la habitual escasez de víveres y agua limpia, así como a la inherente presencia de las enfermedades habituales en estos viajes se unía que los marineros que fueron escogidos de entre lo peor de la sociedad, ya que Felipe II vio en estos viajes una oportunidad de deshacerse de toda clase de vagos y maleantes. Entre ellos abundaban desertores y delincuentes huidos de diversas colonias españolas en América. Isabel comprendió pronto que solo imponiendo una estricta disciplina evitaría un desastre.

Mendaña enfermó de malaria e hizo testamento, dejando a Isabel como heredera universal de todos los cargos que el rey le había concedido, pues tenía la facultad, en caso necesario de nombrar sucesor a quien quisiese,  así como del marquesado que ostentaba  (1) Mendaña murió en Santa Cruz (islas Salomón) al día siguiente de dictar testamento, el 18 de octubre de 1595. Se hizo cargo entonces de la expedición Lorenzo Barreto, pero también murió a los dos días de su cuñado. Entonces Isabel se quedó con el mando efectivo de la expedición, justo en un momento delicado, con escasez de agua y provisiones y rodeada de hombres descontentos que estaban al borde del motín por no haber hallado todavía las riquezas que esperaban.

La estricta disciplina que impuso Isabel en esos momentos fue la munición que su peor enemigo usó contra ella. Se podia decir que tenía al enemigo en casa. Pedro Fernandez de Quirós, piloto  portugués al servicio de España, la odiaba y pretendía las posibles riquezas de las islas Salomón. posiblemente también se sumara el hecho de no soportar estar bajo el mando de una mujer. El caso es que alentaba a los marineros a la desobediencia y al motín y escribió contra  ella. «Quirós la describía en su diario como una mujer «de carácter varonil, autoritaria, indómita y que impondrá su voluntad despótica». La llegó a acusar, durante la travesía, de «robar la escasa agua de que disponían para gastarla en lavar con ella su ropa», y de pasearse por cubierta «con sus perlas y sus encajes». Ante la actitud de los hombres, Isabel  tuvo que emplear mano dura, castigando con la horca a quien contraviniera las órdenes. La situación se volvió insostenible cuando algunos marineros asesinaron  al cacique local, llamado Malope. Isabel ordenó ahorcar por este asesinato a dos hombres. Al producirse una insurrección de los indígenas por el asesinato de su jefe, y ante la falta de comida y agua,  el precario estado de salud   de los expedicionarios y agotada por las constantes disputas con Quirós, Isabel decidió poner rumbo a Filipinas, llegando a Manila el 11 de febrero de 1.596, donde fue recibida como una heroina, con honores y salvas de artillería a su entrada en la bahía. Allí dio la orden de no desembarcar hasta el día siguiente, que un marinero desobedeció, desembarcando para ir a por unos cocos, por lo cual fue ahorcado.

En Filipinas Isabel se casó con el general Fernando de Castro. Con su segundo marido participó en otra expedición que la llevó a Acapulco y a Guanaco. (Capitanía General de Chile, hoy Argentina) donde Isabel poseía una encomienda. Tras su regreso a Lima, tenemos dos versiones del final de su historia. Una es que murió allí en Lima. Otra es que la pareja regresó a España para reclamar sus derechos sobre las islas Salomón,  porque Quirós había logrado del rey Felipe III una real cédula que le otorgaba el derecho a regresar y cristianizar las islas Salomón, anulando el título que Isabel había heredado de su primer marido y, finalmente, habría muerto en su Galicia natal.

Ruta de la expedición de Isabel y Mendaña, su primer marido

Paita (Perú), 9 de abril de 1595.

El Callao, 16 de junio.

Las Marquesas de Mendoza (islas Marquesas), 21 de julio - 5 de agosto.

Magdalena (Islas Marquesas, Fatu Hiva)

Dominica (Islas Marquesas, Hiva Oa)

Santa Cristina (Islas Marquesas, Tahuata)

San Pedro (Islas Marquesas, Moho Tani)

San Bernardo (Pukapuka, islas Cook), 20 de agosto.

La Solitaria (Niulakita, Tuvalu), 29 de agosto.

Islas Salomón:

Tinakula, 7 de septiembre.

La Huerta (Tomotu Noi), Recifes (islas Swallow), 8 de septiembre.

Santa Cruz (Nendö, islas Santa Cruz), 8 de septiembre - 18 de noviembre. Allí muere Mendaña el 18 de octubre de 1.595

Guam, 1 de enero de 1596.

Manila, 11 de febrero.

No quisiera terminar sin comentar dos cosas: 

La primera es el papel decisivo de los tres hombres importantes en la vida de Isabel. La escritora Alexandra Lapierre hace la siguiente reflexión: Los hombres de su vida “hicieron posible su aventura”, . “Primero su padre, quien la escogió entre sus hijos para llevar su apellido y continuar su obra (por no hablar de que la generosidad de la dote hizo posible la expedición), después su marido –Álvaro de Mendaña-, quien osó lo que ningún navegante, llevarla con él”, el mismo que a su muerte "intentó protegerla de sus propios hombres confiriéndole todos los poderes”. Fue su segundo marido quien la “emancipó legalmente de su tutela, dándole la gestión de su propia fortuna”.



La segunda es que existen dos libros sobre Isabel Barreto. No los he leído,  así que no puedo garantizar que no estén algo novelados. El primero es de la mencionada Alexandra Lapierre, publicado en España por Planeta en 2.013. Creo que se publicó antes en francés. El segundo, de Mario Escobar, es más reciente y me temo que muy novelado. El título es disparatado y no viene a cuento.  La sinopsis comienza "Isabel es una joven que se traslada al Nuevo Mundo huyendo de la pobreza" y ya sabemos que eso no es así, lo que me hace temer que carece de investigación y documentación. La ilustración de la portada también me da mala espina. Me recuerda al personaje de Penélope Cruz en "Piratas del Caribe".

Por cierto, el hecho de que sea un personaje sobre el que ha habido un velo de desconocimiento quizás la ha librado de convertirse en un ridículo personaje de mamarrachada holliwoodiense.

Actualización de l día 14 de agosto de 2.023:

Acabo de saber de la reciente publicación de otro libro sobre Isabel Barreto. Se titula "La Adelantada de los mares del Sur". Lo escribe  Mariana Guarinoni y en España lo ha publicado Ediciones B. Aún no la he leído, de forma que no puedo precisar si se trata de una biografía fiel o está novelada.






FUENTES:

-Wikipedia  

- Irene Hernández Velasco: "La fascinante vida de Isabel Barreto, la almirante que fue reina de los Mares del Sur en el siglo XVI" BBC News Mundo.

- Milagros Bará: "La familia de Isabel Barreto" Diario de Pontevedra.

- Isabel Barreto, la primera mujer almirante de la armada española El Imparcial.

- Francisco Gilet: Isabel Barreto, almirante de la Mar del Sur España en la historia.org

- Manuel P. Villatoro: Española y olvidada: la epopeya oculta por la Leyenda Negra de la primera almirante de la historia ABC

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(1) Según la historiadora Hilda Elías: "La autorización para la colonización, el título de Adelantado de las Islas y el de Almirante, transmisible a su hijo o heredero se lo concedió el rey Felipe II en 1573.


domingo, 24 de enero de 2021

26. Sophia Brahe, la primera mujer que conoció la posición exacta de las planetas en el siglo XVI

 


La historia siguiente es de superación, tristeza y ambición. Es la historia de Sophia Brahe, la famosa asistente de astrónomo, pero también la de una mujer que siempre miró hacia delante.

Sophia Brahe nació en 1.556 el seno de una familia noble de Knudstrup (Escania, entonces Dinamarca), siendo la hija menor de la familia. Desde temprana edad, demostró gran pasión por las estrellas. En 1566, a la edad de 10 años ya auxiliaba a Tycho en sus observaciones astronómicas.  Su hermano Tycho, tuteló sus enseñanzas, y pronto mostró su inclinación por la química, la horticultura y, sobre todo, la astronomía. Aunque la familia mostró rechazo hacia los estudios de su hija pequeña, Tycho Brahe la tomó como asistente en 1573. Sophia no pudo ir a la universidad, que entonces solo aceptaba varones, por lo que se formó de manera autodidacta (acudiendo a bibliotecas) y consiguió que sus padres le pagaran clases particulares de matemáticas, química, medicina, horticultura y genealogía. Probablemente estudiaría también latín y griego, pues el latín era la lengua en que se escribían las obras científicas. Su hermano, al ver como adquiría conocimientos, la tomó como asistente siendo aún una adolescente, casi niña.  Hasta su matrimonio, Sophia trabaja con su hermano en el observatorio del Castillo de Urania (Uraniborg) en la isla de Hven y colaboró en la redacción del catálogo donde se detallaba la posición de los planetas y el fondo estelar, y que sirvió a Johannes Kepler para anunciar sus leyes astronómicas.

Sophia Brahe contrajo matrimonio en 1577 con Otto Thott, pero enviudó pronto (1588) dejándola con un hijo. Heredó de su marido una vasta superficie de fincas en Escania (Suecia) que convirtió en foco de sus ingresos al dedicarse de lleno a la horticultura. También comenzó a trabajar en química (entonces llamada alquimia) creando medicamentos espagíricos que comercializaba entre la clase alta escandinava.

En 1590, volvió a comprometerse con un amigo de su hermano, Erik Lange. Sin embargo, antes de casarse cayó en la ruina, rompió el compromiso y desapareció hasta que en 1602 se reencontraron y se casaron. Nuevamente, Sophia enviudó en 1613. En los últimos años de su vida abrazó una nueva disciplina: la genealogía. Murió en Elsinor (Dinamarca) en 1.643.

Sofía y Tycho fueron los primeros en conocer la posición exacta de los planetas en el siglo XVI. Compilaron un catálogo de las posiciones planetarias durante varias décadas. Este catálogo constituyó el conjunto más correcto de datos uniformes de la situación de los planetas con referencia al fondo estelar de su tiempo.

Sofía Brahe llegó a ser una leyenda no solo de su tiempo, sino también de las actuales universidades danesas y europeas las cuales utilizan sus crónicas como un arquetipo de su metodología ejemplar en el área de técnicas de investigación. Sin embargo, muchos de los descubrimientos realizados por Sofía, le fueron atribuidos a Tycho.





martes, 14 de julio de 2020

10. Lavinia Fontana y Sofonisba Anguissola, dos mujeres para un bicentenario


Con motivo del bicentenario del Museo del Prado, dicha institución ha organizado un buen número de actos, entre los que se encuentra un merecido homenaje a estas pintoras renacentistas italianas, que incluye una exposición conjunta bajo el título: Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana,  la edición del catálogo correspondiente, media docena de conferencias, un curso.....

Lo que El Prado ha unido, que no lo separe el hombre. Por eso y porque tienen muchas cosas en común, las agrupo en una misma entrada: nacidas ambas en el siglo XVI, famosas y reconocidas en vida, agraciadas con padres que las apoyaron y las animaron a cultivar su talento. Pero, puesto que forzosamente por alguna hay que empezar, comienzo por Sofonisba Anguissola, aunque sea solo por su vinculación con España, donde residió en la corte de Felipe II, a quien pintó en su retrato más conocido y reproducido, también a su tercera esposa, Isabel de Valois, a las infantas y a otros importantes personajes.

Autorretrato de Sofonisba pintando. 1,556. Museo Lancut, Polonia
  

Lucía, Minerva y Europa Anguissola jugando al ajedrez.
Pintura de Sofonisba Anguissola, de 1.555

 M, Nacional de Poznan
   Sofonisba Anguissola nació en Cremona, hacia 1.535. Fue la mayor de siete hermanos, pero no la única pintora de la familia. Su padre, Amilcare Anguissola animó a sus hijas Sofonisba, Elena, Lucia, Europa, Minerva y Ana María a perfeccionar sus talentos. Como resultado de ello, nada menos que cuatro de sus hermanas cultivaron la pintura, aunque la mayor fue la más famosa y la mejor dotada. Elena, la segunda hermana y de la que Sofonisba hizo un retrato, dejo la pintura al ingresar a un convento; Ana María y Europa dejaron la pintura al casarse, y Lucía, la mejor pintora de las hermanas de Sofonisba, murió joven. Asdrubale, el único hijo varón, estudió música y latín, pero no pintaba.

Autorretrato
con su maestro
B. Campi
   A la edad de 14 años su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti.



En 1554, Sofonisba viaja a Roma, donde conoce a Miguel Ángel por mediación de otros pintores que conocían bien su obra. Este encuentro con el artista fue un gran honor para la pintora y se benefició de ser "informalmente" instruida por el gran maestro. Cuando él le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó un Niño mordido por un cangrejo (en el niño retrató a su hermano pequeño), y cuando Miguel Ángel lo vio, reconoció de inmediato el talento de ella. A partir de ese momento, el genio le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo personal y le ofreció consejo sobre los resultados. Durante al menos dos años, Sofonisba continuó este estudio "informal", recibiendo una sólida orientación del mismo Miguel Ángel, aunque fuera de manra informal.

Vasari escribió sobre ella: «Anguissola ha mostrado su mayor aplicación y mejor gracia que cualquier otra mujer de nuestro tiempo en sus empeños por dibujar; por eso ha triunfado no sólo dibujando, coloreando y pintando de la naturaleza, y copiando excelentemente de otros, sino por ella misma que ha creado excelentes y muy bellas pinturas».

Hacia 1.558 tuvo un encuentro que iba a marcar el futuro rumbo de su vida. En Milán pintó al duque de Alba, Cuando éste llevó a cabo las negociaciones para la boda de Felipe II con su tercera esposa, Isabel de Valois, Alba pensó en ella para ser una de las damas en la corte, porque la futura reina era aficionada al dibujo. Sofonisba pasó 13 años en España, primero como dama de lareina,

   A los 25 años llegó Sofonisba a España. Permaneció 13 años, primero como dama de la reina. A la muerte de ésta, como tutora de las infantas, especialmente Isabel Clara Eugenia. En este periodo trabajó tan estrechamente con Sánchez Coello, pintor de cámara de Felipe II, que el famosoretrato del rey, por el que todos lo conocemos, atribuido desde casi siempre a Sanchez Coello, hoy se sabe que es obra de Sofonisba. En los años siguientes retrató a casi todos los personajes de la corte, como la hermana y el hijo del rey, y su tercera y cuarta esposas.

En 1,570 continuaba soltera. Como se solía hacer con las damas de la reina, se habla de buscarle un marido. Ella pidió que fuera italiano. Y se concierta la boda con   Fabrizio Moncada, hijo del príncipe de Paterno, virrey de Sicilia, noble siciliano de ascendencia aragonesa. La boda se celebra con gran boato. Recibió una dote del rey. En 1,573 se marcha a Sicilia hasta 1,579, ya para entonces viuda.

Viajando hacia Cremona, Sofonisba conoció al noble genovés Orazio Lomellino, considerablemente más joven que ella, el capitán del barco en el que viajaba. Se casaron en 1579 en Pisa. Se establecieron en Génova, en una gran casa en donde pudo tener su propio estudio y tiempo para pintar y dibujar. La generosa pensión que le otorgó Felipe II, además de la fortuna personal de Orazio permitió a Sofonisba pintar y vivir libre y cómodamente. Bastante famosa entonces, recibió la visita de muchos de sus colegas. Varios de éstos eran más jóvenes que ella y aprendían e imitaban el estilo distintivo de Anguissola. Desde 1581 hasta 1615 reside en Génova, donde mantiene una posición de prestigio tanto por su cultura y su talento artístico como por sus privilegiados contactos con la corte española. Sus últimos diez años los pasa en Palermo, en sus posesiones sicilianas. En 1623, la visitó el pintor flamenco Anton van Dyck, quien hizo alusiones a sus visitas a Sofonisba en su hoy famoso cuaderno de bocetos del Museo Británico de Londres. Van Dyck dijo: «Aunque su vista está debilitada, se mantiene aún muy alerta mentalmente». En contra de lo que algunos biógrafos reclaman, ella nunca se llegó a quedar ciega; quizá tuvo cataratas. Murió en Palermo en 1625. Fue internacionalmente aclamada y respetada a lo largo de su vida.

Siete años después, en lo que sería la celebración del centenario de su nacimiento, su viudo colocó una inscripción en su tumba en la que se leía, en parte: «A Sofonisba, mi mujer [...] quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre [...] Orazio Lomellino, apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran mujer».




Lavinia Fontana, nació en 1552 en Bolonia (Italia). Fue hija del pintor Prospero Fontana, pintor de la escuela de Bolonia, que le enseñó el oficio. El estilo de Fontana fue, efectivamente, muy cercano al manierismo tardío que practicaba su padre. Ya desde muy joven se hizo un nombre como pintora de pequeñas obras de gabinete, principalmente retratos.

La mayoría de las mujeres que en esta época se dedicaron a la pintura, aprendieron con sus padres. Y muchas se casaron con otro pintor del mismo taller, lo que facilitaba que pudieran seguir dedicadas a ese trabajo.​ También es el caso de Fontana que se casó en 1577, con 25 años, con Gian Paolo Zappi.También era pintor del taller de Prospero Fontana y miembro de una familia noble. Tuvo once hijos con él. Siguió pintando durante su matrimonio para ayudar a la familia mientras su esposo se encargaba de la casa y asistía a su mujer como ayudante. Zappi, también ayudaba a su esposa en las labores artísticas, se dice que le ayudaba a realizar el fondo de sus obras. En 1603, tras la muerte de su padre, se muda permanentemente a Roma. Aquí fue elegida pintora oficial de la corte del papa Clemente VIII. También obtuvo el mecenazgo de los Boncompagni. Fue elegida como miembro de la Academia di San Luca. Con la muerte del papa Clemente VIII en 1605 fue designada retratista de la corte del papa Paulo V.

Lavinia Fontana consiguió una fortuna que utilizó en obtener una gran colección de antigüedades. Hasta su muerte en Roma en 1614, Fontana recibió varios reconocimientos, en 1611 se acuñó una medalla en su honor realizada por el escultor Felipe Antonio Casoni, en la que se le representa de perfil por el anverso, y de frente a su caballete en el reverso.

Lavinia Fontana, fue una de las artistas femeninas más reconocidas en el Renacimiento junto a Sofonisba Anguissola. Se puede apreciar la influencia de la pintora de Cremona, en su gusto por los detalles y su excelente técnica a la hora de recrear joyas y tejidos. Trabajaron en el mismo contexto, como cualquier pintor masculino, aceptando encargos de particulares y viviendo de sus ingresos como artistas. Su producción es la mayor de una mujer antes del siglo XVIII. Se conservan, firmadas y fechadas, 32 pinturas, pero documentadas hay más de 135.


Los retratos fueron la principal ocupación de Lavinia Fontana en Bolonia y más tarde en Roma, género en el que destacó por la variedad de tipologías utilizadas.Fue sin duda la pintora preferida de las damas, cuyas pretensiones de mundanidad y sofisticado lujo quedaron bien reflejadas en sus retratos.

Lavinia desplegó todas sus habilidades para visualizar la opulencia de la indumentaria, los variados textiles, las numerosas joyas o la fina elaboración de los encajes, además de los inevitables perritos falderos. También representó a los niños de las familias más notables de la ciudad en composiciones religiosas destinadas a capillas privadas, retratados junto al padre o la madre o formando parte del grupo familiar.

Fue admitida en la Academia de Roma, ciudad en la que murió  en 1.614.

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Fuentes consultadas: la web del Museo del Prado y Wikipedia

sábado, 27 de junio de 2020

1. Feliciana Enríquez de Guzmán, la sevillana que se codeaba con Lope de Vega


El siglo XVII es conocido como el Siglo de Oro debido al avance en positivo que se produce en todas las vertientes de la literatura española. Géneros y costumbres cambian y modelan un nuevo ámbito. En lo relativo al teatro, la aparición de la mujer como dramaturga supone un giro de 180º, ya que su papel se había limitado hasta el momento a la actuación, no a la escritura. A partir de ese momento se revela como una figura con nombre propio y reconocimiento.

Ese cambio revolucionario se produjo, aún con dificultad, en dos grandes vertientes. La primera, y más conocida, fue por medio de los conventos, puesto que la mayoría de las niñas eran instruidas en colegios de monjas, por lo que estas debían tener algunos conocimientos para después enseñarlos. Así, muchas mujeres decidían hacerse monjas para huir de la presión social, que les negaba su espacio tanto personal como literario. La otra vertiente era la de aquellas que, fuera del convento, luchaban por hacerse un sitio en la escena literaria (1).


Feliciana Enríquez de Guzmán, como María de Zayas, Ana Caro, Leonor de la Cueva o Ángela Azevedo, eligió el camino difícil (desarrollando su vocación fuera de los muros protectores de un convento), a diferencia de sus hermanas Carlota y Magdalena, monjas en el convento de Santa Inés de Sevilla. Nació en Sevilla, en el último tercio del siglo XVI, y se casó con Cristóbal Ponce de Solís, enviudando pronto. Contrajo un segundo matrimonio con Francisco de León Garavito, y en 1630 enviudó de nuevo.

No sabemos en qué momento de su vida, en un alarde de valentía, se atrevió a asistir, disfrazada de hombre, a la Universidad de Salamanca. Su plan se vino abajo porque allí se enamoró de otro estudiante y tras tres años de engaño renunció a su disfraz. He leído que ese estudiante que conoció en Salamanca fue su segundo marido, pero no hay nada seguro. Lo que se sabe es que Francisco de León había estudiado en Salamanca, siendo licenciado en Cánones, luego cabe la posiblidad que enamorado de Salamanca y segundo marido fueran la misma persona.

Feliciana Enríquez, a la que se considera la primera dramaturga española, que abrió camino a otras, desafió convencionalismos y buenas costumbres y escribió, desde fuera de un convento, en prosa y en verso, teatro y poesía lírica.  Fue autodidacta y dominaba materias como la mitología, el lenguaje jurídico, los poetas cómicos y otras dentro de la literatura profana. Conocida sobre todo por su “Tragicomedia de los Jardines y Campos Sabeos”, tuvo el atrevimiento de añadir posteriormente a esta obra unos entreactos en prosa (muy poco corrientes en el teatro barroco) llamados “Las gracias mohosas” y que en sí mismos constituyen una comedia del absurdo donde, no sólo critica la forma de escribir teatro de sus contemporáneos masculinos, sino que presenta a unos personajes femeninos totalmente contrarios a los arquetipos del momento.

Alcanzó el reconocimiento en vida, vio sus obras publicadas y algunos autores famosos escribieron sobre ella y sus andanzas. Lopc de Vega, en la silva 3ª de su Laurel de Apolo, escribe acerca de su aventura universitaria salmantina (2). Tirso de Molina se refirió a ella en su obra “El amor médico” (3). Curiosamente, esta obra de Tirso trata sobre una mujer que, vestida de hombre, estudia en la Universidad de Coimbra, y además se representó en Sevilla cuando aún vivía Feliciana, por lo que todo el que acudiera a la representación sabría en quién se inspiraba Tirso.

Una precursora.

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(1) Henar Pérez Martín en “Red teatral”

(2) “Mintiendo su nombre,/ Y transformada en hombre,/ Oyó Filosofía,/ Y por curiosidad Astrología. (…) Y de aquella científica Academia/ Mereció los laureles con que premia;/ No de otra suerte que a Platón divino/ Aquella celebrada Mantinea,/ Que en forma de varón a Grecia vino”.

(3) “¿Siempre han de estar las mujeres/ Sin pasar la raya estrecha/ De la aguja y la almohadilla?/ celebre alguna Sevilla/que en las ciencias  aprovecha