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domingo, 25 de julio de 2021

52. Jeanne Baret, la primera mujer en dar la vuelta al mundo

 


Verdaderamente, cada historia que voy conociendo  para incluir en este blog va resultando más y más sorprendente que las anteriores. Si pienso ahora en la primera que escribí, la de la gaditana Rosario Cepeda, siendo extraordinaria ahora a veces pienso si no palidece al lado de algunas otras. (La entrada sobre Rosario Cepeda la escribí hace años para otro blog que ya no existe, aunque ahora está en este blog, ya que aquí es donde encaja).

La entrada de hoy es sobre una persona que vivió una aventura sorprendente. Poco se sabe de la infancia o la juventud de Baret. Nació un 27 de julio de 1.740 en La Comelle (Francia).  Su partida de bautismo sobrevive y la identifica legalmente como hija de Jean Baret y Jeanne Pochard. Su madre murió 15 meses después del nacimiento de Jeanne y su padre cuando ella tenía 15 años. Borgoña era en este momento una de las provincias más atrasadas de Francia en términos de la condición de las clases campesinas, y es probable que la familia de Baret estuviera bastante empobrecida. Uno de los misterios de la vida de Baret es cómo obtuvo educación, ya que su firma en documentos legales posteriores proporciona evidencia de que no era analfabeta.  Por otra parte, parece que su padre sí lo era, pues no firma en la partida de bautismo. Una de sus biógrafas, Glynis Ridley, sugiere que su madre podría haber sido de origen hugonote, un grupo que tenía una tradición de alfabetización más alta que la típica de las clases campesinas de la época. Otro biógrafo, John Dunmore, sugiere que le enseñó el párroco o que un miembro de la nobleza local la tomó como un caso de caridad. Danielle Clode, sin embargo, señala que Jeanne no firmó el registro parroquial por la muerte de su padre (o el nacimiento de su ahijado en 1756). Su primera firma conocida es en 1764, por lo que es más probable que Philibert  Commerson le enseñara a escribir, tal vez para ayudarlo con su trabajo.

En algún momento entre 1760 y 1764, Baret fue empleada como ama de llaves del botánico Philibert Commerson, que se había establecido en Toulon-sur-Arroux, a unos 20 kilómetros (12 millas) al sur de La Comelle, tras su matrimonio en 1760. La esposa de Commerson, quien era hermana del párroco, murió poco después de dar a luz a un hijo en abril de 1762, y parece muy probable que Baret se hiciera cargo de la administración de la casa de Commerson en ese momento, si no antes.

También es evidente que Baret y Commerson compartían una relación más personal, ya que Baret quedó embarazada en 1764. La ley francesa en ese momento requería que las mujeres que quedaban embarazadas fuera del matrimonio obtuvieran un "certificado de embarazo" en el que pudieran nombrar al padre de su hijo por nacer. Sobrevive el certificado de Baret, de agosto de 1764; fue archivado en un pueblo a 30 kilómetros de distancia y en él figuran dos testigos que también habían viajado una distancia considerable desde sus hogares. Ella se negó a nombrar al padre de su hijo, pero los historiadores no dudan que fue Commerson y que fue él quien también hizo los arreglos con el abogado y los testigos en su nombre.

Baret vestida de marinero durante la expedición,
Ilustración del siglo XIX.
Poco después, Baret y Commerson se mudaron juntos a París, donde ella continuó en el papel de su ama de llaves. Baret aparentemente cambió su nombre a "Jeanne de Bonnefoy" durante este período. Su hijo, nacido en diciembre de 1764, recibió el nombre de Jean-Pierre Baret. Baret entregó al niño al hospital de expósitos de París. Rápidamente fue colocado con una madre adoptiva, pero murió en el verano de 1765. (Commerson había dejado a su hijo legítimo de su matrimonio al cuidado de su cuñado en Toulon-sur-Arroux y nunca lo volvió a ver en su vida). En 1765, Commerson fue invitado a unirse a la expedición de Bougainville, la primera circunnavegación francesa del mundo, concebida para catalogar especies botánicas de todo el planeta. Commerson dudó en aceptar porque a menudo se encontraba mal de salud; necesitaba la ayuda de Baret como enfermero, así como para llevar su casa y administrar sus colecciones y papeles. Su nombramiento le permitió un sirviente, pagado como un gasto real, pero las mujeres estaban completamente prohibidas en los barcos de la marina francesa en ese momento. En algún momento, se concibió la idea de que Baret se disfrazase de hombre para acompañar a Commerson. Para evitar el escrutinio, debía unirse a la expedición inmediatamente antes de que zarpara el barco, fingiendo ser una extraña para Commerson. El 1 de febrero de 1767, un tal 'Jean Barré', un mozalbete sube a bordo del buque L'Etoile con 120 hombres. Si Jean Barré es Jean Barré y no la bonita campesina Jeanne Barret es porque, desde 1689, una ordenanza real castiga con severas penas que pueden llegar a la muerte a toda mujer que se enrole a bordo de un buque bajo pabellón real. La expedición duró tres años y el itinerario incluyó Brasil, Uruguay, Argentina, Madagascar, Tahití y otras localidades del Pacífico y el Océano Índico. Debido a la gran cantidad de equipo que Commerson traía en el viaje, el capitán del barco, François Chenard de la Giraudais, cedió su propia cabina grande en el barco a Commerson y su "asistente". Esto le dio a Baret significativamente más privacidad de la que hubiera tenido de otra manera a bordo del barco abarrotado. En particular, la cabina del capitán le dio a Baret acceso a baños privados para que no tuviera que usar la ducha compartida con otros miembros de la tripulación. Bougainville, escribió en su diario en 1768: "durante algún tiempo ha venido circulando un rumor de que el ayudante de Commerson es una mujer. Su estructura, el sonido de su voz, su quijada lampiña y el hecho de que nunca se cambia de ropa o hace sus necesidades frente a otros, es lo que ha levantado sospechas". Pero no fue hasta que llegaron a Thaití cuando Commerson y Baret confesaron. Tan pronto como ella y Commerson pisaron tierra, Baret fue inmediatamente rodeada por tahitianos que señalaron que ella era mujer. Era necesario devolverla al barco para protegerla de los emocionados tahitianos. Bougainville registró este incidente en su diario unas semanas después de que sucediera, cuando tuvo la oportunidad de visitar el Étoile para entrevistar personalmente a Baret.

La expedición empleó dos barcos de guerra franceses, al mando de Louis Antoine de Bougainville, en los que no estaba permitida la presencia de mujeres, por lo que Baret tenía  que disfrazarse de hombre durante los tres años de travesía (1766-1769). Aunque embarcada de incógnito, finalmente fue descubierta su condición de mujer en 1768 y fue obligada a desembarcar en la Isla Mauricio junto a Commerson.  En Mauricio, Baret continuó en su papel de asistente y ama de llaves de Commerson. Es probable que ella lo acompañara en la recolección de plantas en Madagascar y la isla de Borbón en 1770-1772. Commerson seguía teniendo serios problemas de salud y murió en Mauricio en febrero de 1773. Antes de salir de París, Commerson había redactado un testamento en el que dejaba a "Jeanne Baret, conocida como de Bonnefoi, mi ama de llaves", una suma global de 600 libras junto con los salarios adeudados y el mobiliario de su apartamento en París. Por lo tanto, si bien la historia que Baret inventó para beneficio de Bougainville para explicar su presencia a bordo del barco fue cuidadosamente diseñada para proteger a Commerson de la participación, existe una clara evidencia documental de su relación anterior, y es muy improbable que Commerson no fuera cómplice del plan. El biólogo oficial que supuestamente estaba acompañado por su 'asistente' estuvo muy enfermo, a causa del mareo y una úlcera en una pierna, durante todo el viaje, así que en realidad fue Jeanne la que bajaba a tierra,  detectaba, recogía y organizaba las plantas para presentárselas a Commerson, que permanecía encamado. Este estuvo a punto de agradecérselo. Según figura en sus notas personales, iba a bautizar Baretia (de 'Barret') a todo un género de plantas tropicales, hoy conocido como Turraea, de la familia de las Meliaceae. Pero tras la deshonra del desembarco de ambos al ser descubiertos, falleció en Isla Mauricio, antes de poder oficializar la denominación.

Tras la muerte de Commerson, sola y sin recursos, trabajó en una taberna en Port Louis. Conoció a un oficial naval francés, natural de Perigord, Jean Dubernat, fue multada con 50 libras por servir alcohol los domingos en 1773. Luego, el 17 de mayo de 1774, se casó con Jean Dubernat, un suboficial del ejército francés que probablemente se encontraba en la isla de camino a su casa en Francia. Jeanne aportó una pequeña fortuna a su matrimonio, presumiblemente de la taberna y quizás de otras empresas comerciales que dirigía en la isla.

No hay constancia de cuándo exactamente Baret y su esposo llegaron a Francia, completando así la vuelta al mundo. Lo más probable es que fuera en algún momento de 1775. En abril de 1776, recibió el dinero que se le debía según el testamento de Commerson después de solicitarlo directamente al Fiscal General. Con este dinero, se instaló con Dubernat en su pueblo natal de Saint-Aulaye, donde compraron propiedades con la riqueza de Jeanne y vivieron tanto con Dubernat como con las sobrinas y sobrinos de Jeanne.


En 1785, el Ministerio de Marina concedió a Baret una pensión de 200 libras al año. El documento que le otorga esta pensión deja en claro la alta consideración con la que se la tenía en este punto:

"Jeanne Barré, mediante un disfraz, dio la vuelta al globo terráqueo en uno de los barcos comandados por el señor de Bougainville. Se dedicó en particular a ayudar al Sr. de Commerson, médico y botánico, y compartió con gran valentía las labores y peligros de este sabio. Su comportamiento fue ejemplar y el señor de Bougainville se refiere a él con todo el mérito. Su Señoría ha tenido la gentileza de conceder a esta extraordinaria mujer una pensión de doscientas libras al año que se sacarán del fondo para militares inválidos, la pensión se pagará a partir del 1 de enero de 1785".


Murió en Saint-Aulaye el 5 de agosto de 1807, a la edad de 67 años.

La primera mujer en cruzar todos los meridianos terrestres. Le  tocó vivir en la cara oscura del Siglo de las Luces y se arriesgó por amor y amor a la libertad y a la ciencia.




sábado, 20 de febrero de 2021

30. Isabel Barreto, la primera almirante en la historia de la navegación

 



Con cada nueva historia que descubro para ir incorporando a este blog, me sorprendo más y más. Y la de Isabel Barreto no se queda atrás.

Solo hubo una mujer al frente de una expedición naval durante aquellos viajes de descubrimiento y conquista que tuvieron lugar en el siglo XVI.

Esa mujer se llamaba Isabel Barreto, fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

Protagonizó una hazaña enorme: la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI.

Atravesó por entero el Océano Pacífico y fue la primera en cruzar ese océano por el hemisferio sur. Y descubrió las islas Marquesas, un archipiélago de la Polinesia.

Isabel Barreto nació en Pontevedra en 1.567, siendo bautizada en Santa María la Mayor con el esplendor acorde a la posición de su abuelo Francisco Barreto. Francisco Barreto fue un militar y explorador, natural de Faro (Portugal), que llegó a ser gobernador de la India portuguesa, obsesionado con encontrar las minas del rey Salomón que falleció en Asia en 1573. Hija de Nuño Rodríguez Barreto, natural de islas de la Madera (Madeira), y Mariana de Castro, tuvo seis hermanos (Gerónimo, Diego, Luís, Gregorio, Antonio y Lorenzo) y dos hermanas (Mariana y Leonor).

Los Barreto fueron una familia de prósperos comerciantes de esclavos y productos acostumbrados a viajar por todo el mundo. Sea como fuere, en 1585, la familia se trasladó de España a Perú de la mano del IV Marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza, que llegó a ser virrey de ese país. Allí, la joven Isabel se casó a los 19 años con el Adelantado Álvaro de Mendaña y Neira, un gallego-berciano nacido en Congosto en 1542, que llegó al país con unos veinte años. Mendaña, en 1567 inició su primer viaje por el Océano Pacífico con el pontevedrés Pedro Sarmiento de Gamboa en busca de la Terra Australis y un gran tesoro, pero lo que descubrieron fueron unas islas a las que llamaría Salomón. En 1574 Álvaro de Mendaña obtuvo los permisos de navíos y comercio así como la licencia de pesquería de perlas en los Mares del Sur, océano conocido como "el lago español". La pareja tenía la ilusión de encontrar las islas que los harían inmensamente ricos. Álvaro ostentaba el título de Adelantado y buscaba el dinero que le hacía falta para volver a las islas Salomón y tomar posesión efectiva del territorio; conocer a Isabel le facilitó a Mendaña poner en marcha su segundo viaje, ya que la dote de Isabel, 40.000 ducados, sirvió para financiar dicha expedición.

La expedición partió del puerto de Paita rumbo a las islas Salomón cinco años más tarde, el 16 de junio de 1595, con cuatro naves: el galeón San Gerónimo, nave capitana en la que viajaba Isabel; la nao Santa Isabel; la galeota San Felipe y la fragata Santa Catalina. Embarcaron "378 marineros españoles y portugueses", y para colonizar los nuevos territorios "unas 90 personas más entre mujeres y niños". Acompañaban a Isabel en la travesía varios de sus hermanos: Diego y Luis Barreto como alférez, como capitán Lorenzo Barreto y también Mariana Barreto, casada con otro expedicionario.

Camino de llegar a las islas Salomón descubren el archipiélago de las Marquesas, deteniéndose en cuatro de las islas. Las Marquesas son un archipiélago en la Polinesia Francesa. Recibieron su nombre del español Álvaro de Mendaña que las descubrió en 1595, llamándolas «Islas Marquesas de Mendoza» en honor al virrey de Perú, García Hurtado de Mendoza y Manríquez, marqués de Cañete. .

La expedición no se presentaba fácil: A la habitual escasez de víveres y agua limpia, así como a la inherente presencia de las enfermedades habituales en estos viajes se unía que los marineros que fueron escogidos de entre lo peor de la sociedad, ya que Felipe II vio en estos viajes una oportunidad de deshacerse de toda clase de vagos y maleantes. Entre ellos abundaban desertores y delincuentes huidos de diversas colonias españolas en América. Isabel comprendió pronto que solo imponiendo una estricta disciplina evitaría un desastre.

Mendaña enfermó de malaria e hizo testamento, dejando a Isabel como heredera universal de todos los cargos que el rey le había concedido, pues tenía la facultad, en caso necesario de nombrar sucesor a quien quisiese,  así como del marquesado que ostentaba  (1) Mendaña murió en Santa Cruz (islas Salomón) al día siguiente de dictar testamento, el 18 de octubre de 1595. Se hizo cargo entonces de la expedición Lorenzo Barreto, pero también murió a los dos días de su cuñado. Entonces Isabel se quedó con el mando efectivo de la expedición, justo en un momento delicado, con escasez de agua y provisiones y rodeada de hombres descontentos que estaban al borde del motín por no haber hallado todavía las riquezas que esperaban.

La estricta disciplina que impuso Isabel en esos momentos fue la munición que su peor enemigo usó contra ella. Se podia decir que tenía al enemigo en casa. Pedro Fernandez de Quirós, piloto  portugués al servicio de España, la odiaba y pretendía las posibles riquezas de las islas Salomón. posiblemente también se sumara el hecho de no soportar estar bajo el mando de una mujer. El caso es que alentaba a los marineros a la desobediencia y al motín y escribió contra  ella. «Quirós la describía en su diario como una mujer «de carácter varonil, autoritaria, indómita y que impondrá su voluntad despótica». La llegó a acusar, durante la travesía, de «robar la escasa agua de que disponían para gastarla en lavar con ella su ropa», y de pasearse por cubierta «con sus perlas y sus encajes». Ante la actitud de los hombres, Isabel  tuvo que emplear mano dura, castigando con la horca a quien contraviniera las órdenes. La situación se volvió insostenible cuando algunos marineros asesinaron  al cacique local, llamado Malope. Isabel ordenó ahorcar por este asesinato a dos hombres. Al producirse una insurrección de los indígenas por el asesinato de su jefe, y ante la falta de comida y agua,  el precario estado de salud   de los expedicionarios y agotada por las constantes disputas con Quirós, Isabel decidió poner rumbo a Filipinas, llegando a Manila el 11 de febrero de 1.596, donde fue recibida como una heroina, con honores y salvas de artillería a su entrada en la bahía. Allí dio la orden de no desembarcar hasta el día siguiente, que un marinero desobedeció, desembarcando para ir a por unos cocos, por lo cual fue ahorcado.

En Filipinas Isabel se casó con el general Fernando de Castro. Con su segundo marido participó en otra expedición que la llevó a Acapulco y a Guanaco. (Capitanía General de Chile, hoy Argentina) donde Isabel poseía una encomienda. Tras su regreso a Lima, tenemos dos versiones del final de su historia. Una es que murió allí en Lima. Otra es que la pareja regresó a España para reclamar sus derechos sobre las islas Salomón,  porque Quirós había logrado del rey Felipe III una real cédula que le otorgaba el derecho a regresar y cristianizar las islas Salomón, anulando el título que Isabel había heredado de su primer marido y, finalmente, habría muerto en su Galicia natal.

Ruta de la expedición de Isabel y Mendaña, su primer marido

Paita (Perú), 9 de abril de 1595.

El Callao, 16 de junio.

Las Marquesas de Mendoza (islas Marquesas), 21 de julio - 5 de agosto.

Magdalena (Islas Marquesas, Fatu Hiva)

Dominica (Islas Marquesas, Hiva Oa)

Santa Cristina (Islas Marquesas, Tahuata)

San Pedro (Islas Marquesas, Moho Tani)

San Bernardo (Pukapuka, islas Cook), 20 de agosto.

La Solitaria (Niulakita, Tuvalu), 29 de agosto.

Islas Salomón:

Tinakula, 7 de septiembre.

La Huerta (Tomotu Noi), Recifes (islas Swallow), 8 de septiembre.

Santa Cruz (Nendö, islas Santa Cruz), 8 de septiembre - 18 de noviembre. Allí muere Mendaña el 18 de octubre de 1.595

Guam, 1 de enero de 1596.

Manila, 11 de febrero.

No quisiera terminar sin comentar dos cosas: 

La primera es el papel decisivo de los tres hombres importantes en la vida de Isabel. La escritora Alexandra Lapierre hace la siguiente reflexión: Los hombres de su vida “hicieron posible su aventura”, . “Primero su padre, quien la escogió entre sus hijos para llevar su apellido y continuar su obra (por no hablar de que la generosidad de la dote hizo posible la expedición), después su marido –Álvaro de Mendaña-, quien osó lo que ningún navegante, llevarla con él”, el mismo que a su muerte "intentó protegerla de sus propios hombres confiriéndole todos los poderes”. Fue su segundo marido quien la “emancipó legalmente de su tutela, dándole la gestión de su propia fortuna”.



La segunda es que existen dos libros sobre Isabel Barreto. No los he leído,  así que no puedo garantizar que no estén algo novelados. El primero es de la mencionada Alexandra Lapierre, publicado en España por Planeta en 2.013. Creo que se publicó antes en francés. El segundo, de Mario Escobar, es más reciente y me temo que muy novelado. El título es disparatado y no viene a cuento.  La sinopsis comienza "Isabel es una joven que se traslada al Nuevo Mundo huyendo de la pobreza" y ya sabemos que eso no es así, lo que me hace temer que carece de investigación y documentación. La ilustración de la portada también me da mala espina. Me recuerda al personaje de Penélope Cruz en "Piratas del Caribe".

Por cierto, el hecho de que sea un personaje sobre el que ha habido un velo de desconocimiento quizás la ha librado de convertirse en un ridículo personaje de mamarrachada holliwoodiense.

Actualización de l día 14 de agosto de 2.023:

Acabo de saber de la reciente publicación de otro libro sobre Isabel Barreto. Se titula "La Adelantada de los mares del Sur". Lo escribe  Mariana Guarinoni y en España lo ha publicado Ediciones B. Aún no la he leído, de forma que no puedo precisar si se trata de una biografía fiel o está novelada.






FUENTES:

-Wikipedia  

- Irene Hernández Velasco: "La fascinante vida de Isabel Barreto, la almirante que fue reina de los Mares del Sur en el siglo XVI" BBC News Mundo.

- Milagros Bará: "La familia de Isabel Barreto" Diario de Pontevedra.

Isabel Barreto, la primera mujer almirante de la armada española El Imparcial.

- Francisco Gilet: Isabel Barreto, almirante de la Mar del Sur España en la historia.org

- Manuel P. Villatoro: Española y olvidada: la epopeya oculta por la Leyenda Negra de la primera almirante de la historia ABC

__________________________

(1) Según la historiadora Hilda Elías: "La autorización para la colonización, el título de Adelantado de las Islas y el de Almirante, transmisible a su hijo o heredero se lo concedió el rey Felipe II en 1573.


jueves, 30 de julio de 2020

12. Alexandra David-Néel, la gran viajera

Alexandra David -Neel, con su hijo adoptivo

Existen mujeres viajeras, grandes viajeras. Pero nuestra protagonista va un paso más allá. Por eso me refiero a ella como LA gran viajera, porque dejó atrás a todas. Fue la primera occidental que entró en Llhasa, la cuidad de Tibet prohibida a los extranjeros, y no sólo antes que cualquier otra mujer, sino antes que cualquier otra persona occidental. Y no solo entró, sino que permaneció en la ciudad varios meses, disfrazada de mendiga, viviendo como tal.

Pero además de LA gran viajera fue muchas cosas mas: cantante de ópera,  políglota, exploradora, orientalista y experta en la cultura del Tíbet, además de la gran difusora del budismo en Francia,  periodista, conferenciante y escritora.

Alexandra adolescente
Louise Eugénie Alexandrine Marie David, más conocida como Alexandra David-Neel, nació en Francia en 1,868, hija única de un profesor y editor de una revista, que se autoexilió en Bélgica por sus ideas políticas y una mujer católica de ascendencia escandinava,  muy devota. Desde su infancia ya dio muestras de una personalidad muy especial. 

Alexandra con 3 años
  A los dos años se perdió. mientras su familia estaba al borde de un ataque de nervios, Alexandra estaba tan tranquila. Cuando la encontraron ni lloraba ni estaba asustada, Con su lengua de trapo solo pedía que la dejaran seguir paseando. Con 15 años intentó embarcarse sola para Gran Bretaña, sin tener ni siquiera pasaje, lo que su familia impidió porque en aquella época ninguna mujer decente viajaba sola.

Hija de padres tan diferentes, recibió una educación muy particular. Siendo todavía una niña, su padre la llevó a presenciar la ejecución de varios revolucionarios de la Comuna. A instancias de su padre, recibió clases de canto (circunstancia que finalmente la pondria en el camino a Asia, junto con su interés por el budismo, descubierto al ver un estatua de Buda en el Museo Nacional de Arte asiático Guimet, en París).

Su frustrado intento de viaje a Gran Bretaña no hizo más que encender sus ansias viajeras. Antes de cumplir 25 años, ya había ido por su cuenta a India, Túnez y España, que visitó en bicicleta.

Alexandra frecuentó durante toda su infancia y su adolescencia al geógrafo anarquista Élisée Reclus. Éste la lleva a interesarse por las ideas anarquistas de la época (Max Stirner, Mijaíl Bakunin...) y por las ideas feministas que le inspiraron la publicación de Pour la vie. Por otra parte, se convirtió en colaboradora libre de La fronde, periódico feminista administrado cooperativamente por mujeres, creado por Marguerite Durand, y participó en varias reuniones del «consejo nacional de mujeres francesas», aunque rechazó algunas posiciones adoptadas en estas reuniones (por ejemplo, el derecho al voto). Para ella era mucho más importante la enmancipación económica de las mujeres que el derecho al voto,  ya que , según ella, la falta de independencia económica es la causa esencial de la desgracia de las mujeres, que no pueden disfrutar de independencia financiera. Por otra parte, Alexandra se alejó de estas «amables aves, de precioso plumaje», refiriéndose a las feministas procedentes de la alta sociedad, que ignoraban la lucha económica a la que debían enfrentarse la mayoría de las mujeres.

 En 1.904 se casó en en Túnez con Philippe Néel, ingeniero en jefe de los ferrocarriles tunecinos, a quien había conocido en el casino de Túnez, y de quien era amante desde el 15 de septiembre de 1900. Aunque su vida en común fue a veces tempestuosa, estuvo siempre impregnada de respeto mutuo. Se conservan las cartas que escribió a su marido hasta la muerte de éste, todas en un tono muy cariñoso. Las escritas por él se perdieron en China a causa de la guerra. Se querían mucho, pero no eran capaces de convivir. Ella le comunicaba a su marido que estaría ausente unos meses a causa de un viaje.....y tardaron 14 años en volverse a encontrar.

Gracias a sus estudios de canto en el conservatorio de París fue contratada por el Teatro de la Ópera de Hanoi (entonces en la Indochina francesa). Allí se convirtió en la primera soprano, cantando los papeles protagonistas de la Traviatta o Carmen, por ejemplo. A los 36 años dejó la ópera, aunque su voz prodigiosa estaba en su mejor momento, porque heredó de su abuelo materno una considerable cantidad de dinero y eso le permitía  planear los viajes que ambicionaba desde su adolescencia.

 Planificó un viaje a India que se materializó en 1911. A los 43 años, conocía en profundidad las doctrinas orientales. Su ambición era entrar en contacto con los maestros. Desembarcó en Ceilán, actual Sri Lanka, y se dirigió a Sikkim , en el Himalaya, donde logró la decisiva audiencia con el Dalai Lama en el exilio. Su estrecha relación con el heredero de este pequeño reino, situado entre Nepal, Bután y Bengala, le dio una gran libertad de movimiento.



En sus monasterios se inició en la práctica del ascetismo tibetano. Tras un retiro en una ermita situada a 4.000 metros de altitud, el lama de Lachen le otorgó la categoría de lama (maestra) con el título de 'Lámpara de la Sabiduría'.

Lama Yogden, hijo adoptivo de
Alexandra David Neel
Fue entonces cuando conoció al joven Yongden, que le acompañó en sus viajes y a quien, finalmente, adoptó. Desde Sikkim, atravesó Nepal y se estableció durante un año en Benarés, donde profundizó en sus conocimientos del hinduismo con diversos gurús. Tras su estancia en India realizó su primera incursión en Tíbet. El acceso a su territorio, bajo soberanía china, había sido prohibido por las autoridades británicas.

Alexandra atravesó la frontera y llegó hasta el monasterio de Tashilumpo, sede del Pachen Lama, segunda autoridad religiosa del país, que la reconoció como lama (maestra). A su retorno, el gobernador inglés la expulsó de la India, por la desobediencia de haber entrado en Tibet. Inició entonces un itinerario de estudio que la llevaría a recorrer centros budistas en Birmania, Corea, Japón, China y Mongolia.

Había pasado la Primera Guerra Mundial cuando, con 53 años, decidió redimir su intento frustrado y alcanzar Lhasa, la capital de Tibet. Viajó junto a Yongden, quien ya también había alcanzado la dignidad de lama.



El viaje duró ocho meses. Sobrevivieron a base de limosnas de té con mantequilla de yak y tsampa, las gachas tibetanas, que les ofrecían las familias que les acogían.

La ciudad de Lhlasa,. En la cima, el palacio de Potala
residencia oficial del Dalai Lama


Durante el trayecto, se enfrentaron a tormentas de nieve, largas travesías a pie, pasos de montaña y un puente colgante cuyo soporte cedió mientras cruzaban un río helado. Cualquier otro hubiera explotado hasta la saciedad esa hazaña. Ella no sólo no lo hizo, sino que le quitó hierro. Tuvo que pagar un alto peaje para llegar hasta allí (“los campamentos en la nieve, el hambre, el frío, el viento que me cortaba la cara y me dejaba los labios tumefactos y ensangrentados”). Pero, de hecho, la misteriosa Lhasa le decepcionó, sobre todo cuando vio en los comercios “montones de cacerolas de aluminio expuestas como si fuesen objetos exóticos”. Un poco decepcionada por la ciudad, quedo fascinada por el camino, cuando vivió inmersa “en un silencio donde sólo cantaba el viento, en soledades casi desprovistas incluso de vida vegetal, entre caos de rocas fantásticas, picos vertiginosos y los horizontes de luz cegadora del Himalaya”, a pesar de que había tenido que superar pruebas que hubieran sido consideradas muy audaces incluso  “para hombres jóvenes y robustos”.

Alexandra, en el centro, en Lhlasa, en 1.924 



Llegó a Lhasa, convertida en un “esqueleto andante”, con 56 años. Se vistió de andrajos y se tiznó la cara con hollín para pasar desapercibida. Allí dedicó su tiempo a aprender de los maestros que encontró a su paso. Alexandra se mostró muy interesada por una práctica budista denominada creación de un tulpa. Los lamas budistas le advirtieron que era una enseñanza nada recomendable, pues consiste en la creación de un fantasma generado a través de nuestra mente. Alexandra fue advertida de que estas creaciones podían volverse peligrosas o incontrolables. Demasiado tarde, Alexandra estaba fascinada con la idea e ignoró la advertencia de sus educadores.

Bajo la concepción del mundo según los lamas, el universo en el que vivimos es una proyección creada por nosotros mismos, no hay fenómeno que exista si no es concebido por el espíritu humano. Los tulpas son entidades creadas por la mente de los lamas y son generalmente utilizados como esclavos. Son figuras visibles, tangibles, creadas por la imaginación de los iniciados.

Alexandra se alejó del resto de sus compañeros y, una vez aislada de todo, comenzó a concentrarse en dicha práctica. Ella visualizó en su interior lo que quería crear, imaginando un monje de baja estatura y gordo. Quería que fuese alegre y de inocente actitud. Tras una dura sesión, aquella entidad apareció frente a ella.

Aquella entidad era algo así como un robot, sólo realizaba y respondía a los mandatos de su creadora. Con una sonrisa fija en su rostro, el monje accedía sin rechistar a lo que ella le ordenaba. Lamentablemente, no siempre fue así y aquel tulpa comenzó a realizar actividades que no les había sido encomendadas. Tal era la independencia de aquel fantasma de apariencia corpórea que los demás monjes lo confundían con uno más. Aquella entidad comenzaba a ser un ser con voluntad propia. A medida que iba siendo más independiente, los rasgos físicos que aquel bonachón monje fantasma fueron cambiando. Su afable sonrisa fue cambiada por otra más pícara, su mirada pasó a ser malévola y nada afable para todos los que convivían con aquel extraño ser. La propia Alexandra comenzó a sentir miedo. En su libro publicado, Magic and Mystery in Tibet, Alexandra David-Néel narra los seis duros meses que duró el invertir aquel proceso, conseguir que su creación se desvaneciera. Aquel monje se había hecho insoportable y Alexandra tardó antes de conseguir invertir aquel proceso.

Alexandra era una mujer de retos, como cuando se propuso pasar dos largos años en una cueva y dedicar todo el tiempo a la meditación. Acompañada únicamente por su maestro, Alexandra aprendió tibetano y el tantrismo budista en una cueva a 4.000 metros de altitud y estuvo a punto de morir congelada ya que solamente llevaba una fina túnica de algodón. Pero para ella, todo aquello era excitante. “Será duro, pero increíblemente interesante”- comentó la exploradora a sus amigos antes de meterse en la cueva. Caminaba a diario 40 kms, para que la falta de resistencia física no pudiera truncar sus ansias de descubrimiento,

Alexandra volvió a Francia en 1946, tras el fallecimiento de su marido. Se instaló en Digne, al pie de los Alpes, escribió libros y pronunció conferencias, dando a conocer el budismo y el hinduismo en Francia. Se le galardonó con una medalla de oro por la Sociedad de Geografía de París y nombrada Caballero de la Legión de Honor.

En 1937, las ganas de echarse de nuevo al camino la vencieron. Ella y Aphur Yongden pusieron rumbo a China, donde les aguardaban los horrores de la guerra y de la invasión japonesa. Tenía 69 años. ¿Qué hizo? ¿Plegar velas? La retirada no formaba parte de su diccionario. Continuó viajando por Asia hasta 1945, cuando regresó por fin.

El 7 de octubre de 1955, una fulminante enfermedad causó la muerte de su hijo. Su madre siguió dedicándose al estudio y realizó pequeños viajes por Europa, pero la tristeza y la artritis lograron lo que nunca antes nadie logró. Renunció a las aventuras. ¿Renunció? No del todo.  Así reemprendieron juntos el viaje.

A punto de cumplir 101 años, se acercó a la comisaría del pueblo para solicitar la renovación de su  pasaporte "por si acaso". Murió el 8 de septiembre de 1.869, con 100 años. Había dejado dispuesto que sus cenizas y las de su hijo fueran arrojadas al Ganges, para emprender juntos, una vez más, un último viaje, lo que no pudo llevarse a cabo hasta 1.973.

La vida y figura de Alexandra David Neel ha inspirado estudios académicos, biografías, películas  y hasta un comic. Da nombre a calles, a una línea de tranvía en París y a un Liceo.