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viernes, 11 de febrero de 2022

67. Sofía Casanova, trotamundos, poetisa, corresponsal de guerra y una vida apasionante

 

Sofía Casanova, en la sala de heridos del hospital de la estación de Varsovia 

Comienzo por reconocer que yo no conocía a Sofía Casanova. Estaba eligiendo un libro para leer y me di de bruces con uno titulado "Azules son las horas". (Era la biografía novelada de una mujer  llamada Sofía Guadalupe Pérez Casanova). La sinopsis me convenció de que merecía la pena buscar todos los datos posibles sobre esta mujer de vida apasionante a la que le tocó vivir sobre el terreno las  dos guerras mundiales, la revolución rusa y la guerra civil española, como si la destrucción la persiguiera por Europa, de frente en frente. Al final de este texto pondré los enlaces correspondientes por si despierta la curiosidad de alguien.

Sofía Guadalupe Pérez Casanova nació en (Almeiras,  La Coruña, el 30 de septiembre de 1861. Era hija natural de Rosa Casanova Estomper y de Vicente Pérez Eguía, que se casaron dos años después de su nacimiento.  Tras el nacimiento del tercer hijo, el padre abandonó a la familia, siendo Sofía todavía muy pequeña, y dejándoles sin recursos. Para sobrevivir vivieron con los abuelos, gracias al apoyo económico del abuelo materno Juan Bautista Casanova Pla, de Ferrol. Pasó su niñez en Almeiras, y después se trasladó junto con su madre y hermanos a Madrid, con los abuelos paternos. Allí estudió poesía y declamación en el Conservatorio. Sus primeros poemas se publicaron cuando ella tenía quince años en el Faro de Vigo. No fue ella sino su madre quien los remitió al periódico al encontrarlos guardados en su habitación. El talento por la poesía de Sofía se reconoció en los círculos literarios más selectos que frecuentaba con asiduidad. A principios del 1880 ya se había ganado un nombre como joven promesa de la poesía.

Con motivo del 75 aniversario de la aparición de la revista Blanco y Negro, se publicó un suplemento especial dedicado a las letrasdonde figuraron 33 escritores, periodistas y poetas seleccionados,   entre ellos, Rafael Alberti, Antonio Machado, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala o Juan Ramón Jiménez, un elenco importante de la cultura española. De las 33 figuras incluidas en el cuadro de honor del suplemento, solo se reseñan estas tres mujeres: Emilia Pardo Bazán, Concha Espina y Sofía Casanova.

 Fue protegida por el poeta Ramón de Campoamor, quien la introdujo en las tertulias literarias del conde de Andino, tutor del rey Alfonso XII, y del marqués de Valmar,​ que se convirtió en un buen amigo y mentor. A través del marqués fue presentada en la corte de Alfonso XII, que organizaba veladas poéticas. A los veinte años era ya una poetisa consagrada. En 1885 el propio monarca costeó la edición de su primera obra, Poesías. Según los biógrafos de Alfonso XII la debilidad que sentía por Sofía se debía en parte al gran parecido físico que esta tenía con la infanta Eulalia de Borbón, hija pequeña de Isabel II.

En las tertulias que frecuentaba, mantuvo trato con intelectuales de la época, entre ellos Emilio Ferrari o Bernard Shaw. Entre las mujeres escritoras que conoció estaban Concepción Jimeno Gil, su amiga de juventud Blanca de los Ríos,​ Sofía Tartilán, Filomena Dato y Emilia Pardo Bazán.

Sofía y su marido
 En estos círculos, Campoamor le presentó al excéntrico profesor, filósofo y diplomático polaco Wincenty Lutosławski, un políglota experto en Platón que llegó a Madrid procedente de Francia y estaba estudiando el pesimismo en la literatura española, sobre lo que luego publicó un libro. Se casaron en la iglesia de San Marcos el 19 de marzo de 1887. Tras la boda se instalaron en Drozdowo, un pueblo en el norte de Polonia del que era originaria la familia de Wincenty Lutosławski y que por aquel entonces era una provincia de Rusia. Tuvieron cuatro hijas, María, Izabela, Yadwiga, (muerta en la infancia, lo que supuso una fuerte depresión a Sofía) y Halina, que nació en Galicia, donde volvían todos los años  cada verano para pasar las vacaciones. Durante aquella época, Sofía publicó la novela "El doctor Wolski" y cuentos. La carrera diplomática de su marido la llevó a aprender seis idiomas: inglés, ruso, francés, italiano.  El matrimonio se distanció. El hecho de no haber tenido hijos varones, apuntan algunas biografías, parece que influyó en la separación de la pareja, pues Wincenty comenzó a tener relaciones con otras mujeres en busca del heredero de su apellido.

En 1905 decidió instalarse definitivamente en España, cuando tenía cuarenta y tres años de edad. Realizó colaboraciones literarias con ABC, El Debate, Blanco y Negro, El Mundo y Galicia, y su hogar madrileño se convirtió en un espacio de encuentro por el que pasaron Basilio Álvarez, Alfredo Vicenti, Ramón y Cajal, Alberto Insúa, Victoriano García Martí y Castelao, que ilustró su libro Princesa del amor hermoso (1909). Mantuvo una intensa actividad social, pronunciando conferencias y participando en las llamadas "obras sociales".

Aunque afincada en España, Viajaba frecuentemente a Polonia, donde vivían sus hijas. Durante uno de estos viajes, en julio de 1914, estalló la Primera Guerra Mundial., que sorprendió a Sofía cerca de la frontera con Alemania Después de un mes de resistencia abandonaron Drozdowo en dirección a Varsovia, donde se hizo enfermera de la Cruz Roja en una sala de moribundos. Ese viaje al horror, cuentan sus biografías, la hirió profundamente y cambió su vida. Miles de amputados, envenenados con gas (a punto está de perecer así durante un bombardeo). Incluso acude al frente en una misión para llenar un tren de despojos humanos asidos a un hilo de vida y dar sepultura a cientos de cuerpos en la tierra que les ordenaron defender. Ese viaje al horror la escandaliza, la hiere profundamente, le cambiará la vida.

Allí escribe una de las mejores crónicas de su vida: un informe al Gran Duque Nicolás contraviniendo la orden, recibida en el hospital, de asistir solo a los heridos rusos y dejar a los alemanes a su suerte.

Todo esto lo narró en una carta al diario ABC, intentado convencer a sus compatriotas de que no estaba justificada la creciente admiración por los alemanes. Torcuato Luca de Tena, propietario y director del diario ABC le escribió con la propuesta de que se convirtiera en la corresponsal de ABC en la Europa oriental, propuesta que aceptó.

En 1915 el avance alemán obligó a evacuar Varsovia. Siguió trabajando en el hospital hasta que los alemanes entraron en la ciudad  y huye con sus hijas en el último tren a Minsk, Moscú y, finalmente, a San Petersburgo, donde la escritora será testigo de la debacle de la Rusia zarista, de la caída de la Corte Imperial de los Romanov y de la Revolución de Octubre. Durante su estancia también fue testigo de la muerte de Rasputín, del Golpe de Estado de Lenin y llegó incluso a entrevistarse con Trotski. Durante las revueltas en Rusia, Sofía recibió de forma accidental un golpe que le produjo problemas de visión de los cuales nunca llegó a recuperarse del todo.​ La dinastía Romanov estaba a punto de caer y la escritora y periodista fue testigo del momento e informó de ello no sin dificultades, ya que fue perseguida y censurada por sus crónicas desde San Petersburgo, desde donde narró la muerte de Rasputín y entrevistó a Trotski.8 Tras estas crónicas, la censura rusa le prohibió la comunicación con España y su silencio provocó que incluso se la llegara a dar por muerta.

En 1917 fue testigo de la Revolución rusa de 1917, que compartió de nuevo en sus escritos.Durante la insurrección popular del 3 de julio, reprimida con dureza por parte de las tropas gubernamentales, Sofía recibió un golpe accidental en los ojos de parte de uno de los que huían del tiroteo callejero. Las consecuencias de este accidente fueron nefastas para la escritora, ya que a pesar de los cuidados a los que tuvo que someterse no logró volver a ver bien nunca más. A pesar de ello, no dejó de escribir.​

En 1918 Polonia logró la independencia y Sofía pudo regresar. En 1919 regresó a España y fue recibida como una heroína con multitud de homenajes. A su regreso a España, en 1919, Sofía publicó dos obras: De la Revolución Rusa,en 1917, publicada en cuatro partes en el diario ABC,y La Revolución Bolchevista: diario de un testigo, en 1920.

Sofía Casanova, con sus hijas y sus yernos, hacia 1.920



​Entre 1920 y 1930  escribió más de cuatrocientos artículos y cuatro libros. En 1925 su nombre se barajaba entre los candidatos españoles al Premio Nobel de Literatura. Ese mismo año recibió la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia de Alfonso XIII por su colaboración con la Cruz Roja durante la 1ª Guerra Mundial.​

En 1906 fue elegida miembro de la Real Academia Gallega. Tras la publicación de su novela La mujer española en el extranjero en 1910, su nombre empezó a figurar en las secciones literarias de los periódicos españoles y a ella se la consideraba una «mujer ilustre» en el mundo literario. Sofía Casanova es una de las pocas mujeres a las que Benito Pérez Galdos elogió. Después de Gertrudis Gómez de Avellaneda, solo Rosario de Acuña había representado sus dramas en el Teatro Español antes que Sofía Casanova. Pérez Galdós estrenó así la primera pieza dramática de Sofía, La madeja, el 12 de marzo de 1913. Aprovechando esta fama, intentó ampliar sus horizontes más allá del mundo de las letras y dedicó parte de su tiempo a la caridad y la educación, presidiendo así el Comité Femenino de Higiene Popular en Madrid.​ En 1911 entró a formar parte de la Academia Española de la Poesía Española.

En 1931 fue testigo de la proclamación de la Segunda República Española, con la convicción de que iba a ocurrir en su país lo que le tocó vivir en Rusia en 1917. Con el cierre del periódico ABC, perdió el trabajo durante unos meses. Este hecho le hizo aborrecer a los republicanos, sentimiento que fue en aumento hasta que en 1936 escribió uno de sus últimos artículos de su colaboración con el diario: Mirando a Rusia.


Vivió la Guerra civil española desde Varsovia, y desde allí, con el ABC incautado, movió cartas y crónicas en defensa del bando nacional. Rosario Martínez, principal biógrafa de Sofía Casanova, señala que su posición fue utilizada por el franquismo:


Sofía Casanova estaba pasando por unos años horribles de penuria extrema, y pretendía incluso mantener a la familia, una familia que había tenido mucho dinero pero que vivió una larga serie de guerras: la primera guerra mundial, la revolución bolchevique, las guerras de fronteras de Polonia, vivió persecuciones políticas y las pasó canutas. Y Sofía, en un momento determinado, se dejó llevar, quizá con buena voluntad, por los consejos de algunos amigos, y fue muy utilizada. No hay que olvidar que en 1938 la trajeron expresamente a Burgos para un acto de propaganda política. Pero tampoco hay que olvidar que Sofía era una persona de ideas conservadoras y que había vivido la revolución bolchevique y que de buena fe confió en el fascismo. Dentro de su mentalidad fue coherente pero en España se la utilizó mucho más allá de lo que pueda ser ético.

Regresó a Polonia para pasar la Navidad con su familia y le sorprendió el inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 cuando se produjo la ocupación nazi del territorio polaco, después de la firma entre Hitler y Stalin del pacto de no agresión germano-soviético y cuya consecuencia fue la terminación de la independencia de Polonia, y se vio obligada a huir a una aldea con una de sus hijas y sus nietos.

La intercesión del embajador de España en Berlín le permitió vivir con cierta seguridad mientras contemplaba la barbarie de los campos de concentración.

En 1952 la Real Academia Gallega la nombraba académica de honor.

Sofía murió el 16 de enero de 1958. Aunque había cumplido 97 años y  estaba casi ciega, seguía escribiendo, dictándole sus últimas vivencias a sus nietos. No vio cumplido su deseo de acabar sus días en España. Murió​ 30 de septiembre de 1861-Poznan, Polonia, 16 de enero de 1958. Está enterrada  en Poznan, en el cementerio Jean-Marie Vianney  en Poznan.

Además de cientos de artículos periodísticos cuentos, novelas, obras teatrales y poesías,  vivió y contó cuatro guerras, convirtiéndose en la primera corresponsal de guerra española.


FUENTES:

Wikipedia: Sofía Casanova

ABC: Jesús García  Calero. Las cuatro guerras de Sofía Casanova

bLOGS EL PAÍS: María José Turrión. Sofía Casanova, una reportera en la Gran Guerra

LA OPINIÓN: Isabel Bugallal. "Sofía Casanova no interesa a nadie, su figura no da juego"


Para terminar, existe un largometraje documental sobre ella, del que incluyo el trailer











lunes, 10 de enero de 2022

64. Mujeres en la Medicina, 1.885

Esta foto,  tomada el 10 de octubre de 1.885, de tres mujeres  en el Woman's Medical College de Filadelfia nos recuerda que con determinación y fuerza de voluntad se pueden alcanzar grandes cotas, por encima de prejuicios, tradiciones, prohibiciones e incluso leyes.  

Otro aspecto de esta foto es la diversidad que representa. Estas mujeres pertenecen a tres países diferentes: Anandabai Joshee, Saranysore,  (India); Kei Okami, Tokio,  (Japón) y  Tabat M. Islambooli, Damasco  (Siria), y están vestidas con sus trajes tradicionales.

Todas ellas fueron a estudiar medicina a EE.UU. y a convertirse en doctoras a pesar de los límites que se les impusieron. No era fácil entonces para las mujeres salir de las cuatro paredes de su casa, pero ellas rompieron los estereotipos y aterrizaron en un nuevo país para adquirir conocimientos y ganarse nuestro respeto y el de sus contemporáneos.

jueves, 26 de agosto de 2021

57. Sophie Germain, la Hipatia del siglo XIX

 


Marie-Sophie Germain nació en París el 1 de abril de 1.776, en el seno de una distinguida familia de la burguesía. Su padre, Ambroise-François Germain, maestro orfebre, fue miembro del Tercer Estado en la Asamblea Constituyente de 1789.


Comenzó a estudiar física a los 13 años, atraída por las obras que había sobre el tema en la biblioteca de su casa. Como las obras científicas se escribían en latín, tivo que aprender esta lengua por sus propios medios, sin ayuda. Así tuvo acceso a las obras de Newton y Euler.


La Escuela politécnica de París se fundó cuando ella tenía 18 años, pero solo para hombres, de forma que adquirió su educación utilizando el seudónimo de Antoine Auguste LeBlanc, para hacerse pasar por un hombre. Germain tuvo un interés especial en las enseñanzas de Joseph-Louis Lagrange y, bajo el pseudónimo de «Sr. Le Blanc», uno de los antiguos estudiantes de Lagrange, le envió varios artículos. Lagrange se impresionó tanto por estos artículos que le pidió a Le Blanc una entrevista y Germain se vio forzada a revelarle su identidad. Aparentemente Lagrange reconoció el talento por encima de los prejuicios y decidió convertirse en su mentor. Mantuvo una asidua correspondencia con Gauss, que tampoco conoció su identidad durante un tiempo.


Durante la invasión napoleónica de Prusia, Sophie se inquietó por la seguridad de Gauss.  Sophie temía que Gauss pudiera correr un destino similar al de Arquímedes y  entonces se puso en contacto con   uno de los generales de Napoleón Bonaparte (Pernety), a quien Germain conocía personalmente, para que le resguardara de cualquier daño ante la ocupación de la ciudad natal de Gauss en Brunswick (Braunschweig).le confió a Pernety sus temores; este localizó al matemático alemán y le dijo quien era su protectora (lo que confundió a Gauss ya que nunca había oído hablar de ella, ya que Gauss se carteaba con el supuesto «Sr. Le Blanc» ).  Entonces Germain le escribió a Gauss una carta en la que admitía su condición femenina; a lo que Gauss contestó lo siguiente:


"Pero cómo describirte mi admiración y asombro al ver que mi estimado corresponsal, el Sr. Le Blanc, se metamorfosea en este personaje ilustre que me ofrece un ejemplo tan brillante que sería difícil de creer. La afinidad por las ciencias abstractas en general y sobre todo por los misterios de los números es demasiado rara: lo que no me asombra ya que los encantos de esta ciencia sublime solo se revelan a aquellos que tienen el valor de profundizar en ella. Pero cuando una persona del sexo que, según nuestras costumbres y prejuicios, debe encontrar muchísimas más dificultades que los hombres para familiarizarse con estos espinosos estudios, y sin embargo tiene éxito al sortear los obstáculos y penetrar en las zonas más oscuras de ellos, entonces sin duda esa persona debe tener el valor más noble, el talento más extraordinario y un genio superior. De verdad que nada podría probarme de forma tan meridiana y tan poco equívoca que los atractivos de esta ciencia que ha enriquecido mi vida con tantas alegrías no son quimeras, dada la predilección con la que tú has hecho honor a ella."



En 1808, cuando Gauss fue nombrado profesor de astronomía en la Universidad de Gotinga, el interés del matemático se derivó hacia las matemáticas aplicadas y ambos dejaron de cartearse.


En 1811 Germain participó en un concurso de la Academia Francesa de las Ciencias para explicar los fundamentos matemáticos desarrollados por un matemático alemán, Ernst Chladni, aplicados al estudio sobre las vibraciones de las superficies elásticas.14​ Después de ser rechazada por dos veces, en 1816 ganó el concurso, con el trabajo que tenía por título “Mémoire sur les Vibrations des Surfaces Élastiques”. Esto le permitió convertirse en la primera mujer que asistió a las sesiones de la Academia Francesa de las Ciencias (aparte de las esposas de los miembros) y la colocó junto a los grandes matemáticos de la historia.


Sophie Germain hizo descubrimientos importantes en teoría de números, en física matemática, acústica y elasticidad.





Una de las mayores contribuciones de Germain a la teoría de números fue la demostración matemática de la siguiente proposición: si x, y, z son enteros y x5 + y5 = z5, entonces al menos uno de ellos (x, y, o z) es divisible entre cinco. Esta demostración, que fue descrita por primera vez en una carta a Gauss, tenía una importancia significativa ya que restringía de forma considerable las soluciones del último teorema de Fermat, el famoso enunciado que no pudo ser demostrado por completo hasta 1995.


no de sus trabajos más importantes fue el estudio de los que posteriormente fueron conocidos como números primos de Sophie Germain (números primos cuyo doble incrementado en una unidad es también un número primo).


Así mismo, uno de sus resultados más conocidos es el conocido como Teorema de Sophie Germain, recuperado gracias a un pie de página en una obra de Adrien-Marie Legendre en 1823. specíficamente, Sophie Germain probó que al menos uno de los números x, y, z tiene que ser divisible por p2 si puede encontrarse un primo auxiliar θ tal que se satisfacen las dos condiciones:


No existen dos potencias p distintas de cero que difieran uno en modulo θ; y

No existe ningún número tal que p sea potencia de orden p módulo θ de él.

En cambio, el primer caso del Último Teorema de Fermat (el caso en que p no divide xyz) tiene que cumplirse para cada primo p para el que pueda encontrarse un primo auxiliar.


Marie-Sophie Germain nunca se casó, y dependió económicamente durante toda su vida del soporte económico que le brindó su familia.​ Por ser mujer, no pudo vivir de una carrera profesional como matemática, pero trabajó de manera independiente durante toda su vida.


Por todas estas contribuciones, El matemático Gaspard de Prony la llamó «la Hipatia del siglo XIX». 


Falleció a los 55 años, debido a un cáncer de mama, en 1831. Pese a que la enfermedad se le había manifestado dos años antes, continuó hasta el final volcada en su trabajo.


En 1830 Gauss la propuso para el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Gotinga, de la que era profesor y en la que tenía gran influencia. Aunque por aquel entonces su propuesta fue rechazada, sin embargo, unos meses después de la muerte de Sophie, recibió el citado reconocimiento honorífico.


J.J. Biot escribió, en el Journal de Savants, que probablemente había penetrado en la ciencia de las matemáticas más profundamente que cualquier otra persona de su sexo".26​ Definitivamente, Gauss tuvo muy buena opinión de ella y reconoció que la cultura europea presentaba dificultades especiales para una mujer en matemáticas.


Actualmente, el Instituto de Francia, a propuesta de la Academia de Ciencias, concede anualmente Premio Sophie Germain al investigador que haya realizado el trabajo más importante en Matemáticas.

Así mismo, con ocasión del centenario de su muerte, una calle de París y un Liceo llevan su nombre, y una placa, en la casa donde murió (el número 13 de la rue de Savoie) la recuerda como matemática y filósofa.






viernes, 13 de agosto de 2021

54. Marie Gabrielle Capet. la pintora a la que un robo sacó de la sombra

 

Autorretrato de Marie-Gabrielle Capet

Retrato del escultor Houdon
trabajando en el busto de Voltaire
Un domingo  de diciembre de 1925, una pequeña pintura desapareció del Museo de Bellas Artes de Caen, en el noroeste de Francia. La pintura no se recuperó y, con el paso del tiempo, estuvo casi en el olvido…. pero no del todo. casi noventa años más tarde, en enero de 2012, un retrato en miniatura, de autor desconocido, y sin precio de reserva, llegó a subasta en París. Un amante del arte de ojos agudos reconoció que se parecía mucho a la pintura de Caen, desaparecida durante mucho tiempo. El trabajo fue retirado rápidamente de la venta, y el examen posterior confirmó que se trataba efectivamente de la pintura perdida:  una obra de la artista francesa del siglo XVIII Marie-Gabrielle Capet, el retrato del escultor Jean-Antoine Houdon trabajando en el busto de Voltaire. El retrato ya se vuelve a ver en su lugar en Caen, totalmente restaurado.

Este redescubrimiento fortuito, y la posterior gran exposición de las obras supervivientes de Capet, han actuado como catalizadores para la rehabilitación de su reputación que, como la miniatura, había sido en gran parte olvidada después de su muerte.

Nacida en Lyon el 6 de septiembre de 1.761. Poco se sabe de su infancia y de su primera formación, solamente que fue hija de humildes sirvientes, pero parece claro que demostró una considerable habilidad artística desde una edad muy temprana. Marie-Gabrielle,  ya a los 19 años cuando llegó a París para estudiar pintura,  era ya una consumada pintora al pastel. Evidentemente, Marie-Gabrielle había atraído la atención de una de las grandes damas de la pintura francesa, Adélaïde Labille-Guiard, quien la aceptó como estudiante en su estudio. Marie-Gabrielle pronto tomó precedencia sobre las numerosas otras protegidas femeninas de Adélaïde. Había nueve de ellos en total, colectivamente conocidos como “Les Demoiselles”.

Dos años más tarde, gracias a su dominio en la pintura al óleo se le permitió presentar sus primeros autorretratos. Expuso desde 1781, un gran número de retratos, de los cuales los más conocidos son los de Madame Adelaida y Madame Victoria (tías de Luis XVI) y el de Madame Labille-Guiard con sus alumnas. Sus principales obras se exhiben en el Salon de la Jeunesse (Salón de la Juventud) y más tarde en el Salón de la Correspondence. Con el apoyo de Adélaïde, comenzó a obtener encargos de la clase media, alta y de la nobleza, llegando incluso a la realeza. Las miniaturas formaron una parte importante de su producción.

 

Autorretrato con 22 años 
Marie-Gabrielle había recorrido un largo camino artístico, cuando a los 22 años realizó su famoso autorretrato. Se trata de una obra alegre en la que se muestra con la actitud de una mujer joven y en la que también pudo hacer alarde de su habilidad técnica. Esta pintura provocó que el Journal de Paris la describiera como una artista «que, entre las virtuosas femeninas, tiene el toque y el dibujo más seguro».


También aparece en el monumental autorretrato que la representa con su maestra y una compañera de estudios.  Marie-Gabrielle es la figura se inclina hacia adelante con entusiasmo, admirando el trabajo en progreso de su maestra vestida de manera elaborada. Su compañera de estudios, Marie-Marguerite Carreaux de Rosemond, está detrás, rodeando afectuosamente a Marie-Gabrielle con el brazo, en ese momento, una representación significativa del afecto externo de una persona nacida noble a otra de origen humilde.

Autorretrato con Madame Labille-Guiard
y Margarite Carreaux de Rosemond

Durante este período, el papel de las mujeres artistas fue muy polémico. De hecho, muchos comentaristas masculinos fueron extremadamente críticos con la idea de que las mujeres pintaran. Sus objeciones se centraban típicamente en los méritos relativos de las obras de mujeres, disputando su autoría real (“ninguna mujer podría haber hecho esto sin ayuda”) o denigrando los géneros, como las miniaturas o las escenas domésticas, a los que las mujeres a menudo estaban confinadas involuntariamente. Algunas de estas críticas también llegaron a impugnar la moral o la propiedad de las mujeres que habían optado por salirse de las normas sociales al intentar establecer carreras independientes como artistas .
Marie-Gabrielle tuvo la suerte de que su maestra, Adelaida Labille-Guiard, fuera una de las pocas mujeres a las que generalmente se reconocía como una eminencia particular. En 1783, Adélaïde recibió el inusual honor de ser admitida en la Academia, más formalmente conocida como Académie Royale de Peinture et de Sculpture, lo que le otorgó el derecho a exhibir su trabajo en el Salón. Su admisión, junto con la de la celebrada Elisabeth Vigée-Lebrun, por encima de cuotas autoimpuestas de la Academia de no admitir más de cuatro “realmente excepcionales” miembros femeninos. En opinión de la Academia, este límite numérico de las mujeres era “suficiente para honrar su talento: las mujeres no pueden ser útiles para el progreso de las artes porque la modestia de su sexo les prohíbe poder estudiar después de la naturaleza [es decir, desnudos masculinos] y en la [Academia]" . Estos inconvenientes, dijeron, significaban que las mujeres no eran capaces de crear lo que entonces se consideraba la forma más elevada de pintura, las llamadas pinturas de “historia”. Se trataba de grandes obras al óleo o al fresco, que capturaban un momento de una historia, con múltiples personajes que interactuaban, aunque no necesariamente históricos. Por lo general, se los consideraba superiores a los retratos o paisajes, ya que requerían toda la gama de habilidades pictóricas.

A pesar de (o tal vez debido a) estas restricciones institucionales y culturales, Adélaïde, con su taller de estudiantes mujeres, fue particularmente activa en la promoción del papel de las mujeres pintoras. Su Autorretrato con dos estudiantes fue presentado al Salón en 1785 como parte de su campaña para establecer el papel legítimo de las mujeres como participantes plenas en el arte, y para sellar sus propias credenciales en particular. También presionó activamente, aunque inicialmente sin éxito, para que se eliminara, o al menos aumentara, el límite de "cuatro mujeres". En un momento, incluso logró obtener una orden judicial para destruir panfletos difamatorios distribuidos por un crítico anónimo que contenían chismes lascivos sobre su ética sexual y profesional.
Con los años, Marie-Gabrielle llegó a formar una relación cercana y, en muchos sentidos, mutuamente beneficiosa con Adélaïde. Ella era su alumna, su modelo ocasional, su asistente y, en última instancia, de hecho, su hija sustituta . Marie-Gabrielle nunca se casó y se convirtió en una parte permanente de la casa de Adélaïde, viviendo con ella durante toda la vida de esa artista (incluso en su taller en el Louvre) y continuó viviendo allí incluso después del matrimonio de Adélaïde con el pintor François Vincent. Marie-Gabrielle también llegó a formar una cálida relación hija-padre con François, llamándolo “père” (padre) y continuando trabajando en su taller después de la muerte de Adélaïde.
El taller de Madame Vincent

La propia Marie-Gabrielle capturaría más tarde esta relación duradera en El taller de Madame Vincent. Esta pintura representa a Adélaïde (Madame Vincent) dedicada a pintar al artista / senador Joseph-Marie Vien, el maestro del esposo de Adélaïde, François, en compañía de varios amigos, alumnos y miembros de la familia Vien. Marie-Gabrielle se ha retratado a la izquierda del lienzo, mirando directamente al espectador y sosteniendo en la mano la paleta de Adélaïde, sobre la que acaba de preparar los colores. La escena es como una genealogía de la familia artística de Marie-Gabrielle, con Vien como su “abuelo” artístico, ya que fue maestro de François , quien a su vez enseñó a Adélaïde, quien a su vez enseñó a Marie-Gabrielle.

La Revolución Francesa planteó problemas a artistas como Adélaïde y Marie-Gabrielle, que anteriormente habían gozado de un importante patrocinio real. Sin embargo, a diferencia de Élisabeth Vigée-Le Brun, que huyó de Francia, ambos se quedaron, pero se reajustaron un poco como pintores de figuras revolucionarias. También se beneficiaron del aumento del número de salones de arte durante la década de 1790 y de la decisión posrevolucionaria del Salón Carré del Louvre de dar la bienvenida a todos los artistas en 1791, ya fueran miembros de la Academia o no. Marie-Gabrielle estaba entre las 21 mujeres representadas allí ese año (había 236 hombres), y continuó presentando obras en los años siguientes.
Marie. Gabrielle Pintó su última composición al óleo en 1815 y luego abandonó la pintura. Murió en 1818 en París.













domingo, 27 de junio de 2021

49. María de la O Lejárraga. la escritora que perdió el nombre

 

María de la O Lejágarra es autora, entre otras muchas cosas, del libreto y argumento de "El amor brujo". aunque en su momento apareciera como autor su marido. Gregorio Martínez Sierra.

Escribió en silencio, en soledad entre cuatro paredes, lejos de los aplausos por las obras de teatro que salían de su pluma. Su nombre es una ausencia, una sombra, un vacío y una historia dolorosa. María de la O Lejárraga  atravesó todo un siglo y fue una de esas mujeres brillantes y pioneras de la Edad de Plata de la literatura española, que abarcó desde 1900 hasta la Guerra Civil. Novelista, dramaturga, ensayista, traductora, feminista y, sin embargo, ausente de las portadas de sus libros. El nombre que leemos es el de su marido: Gregorio Martínez Sierra, quien recibía elogios en los estrenos de Canción de Cuna o El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, mientras la autora y libretista esperaba en casa.​


María de la O Lejárraga García nació en el seno de una familia acomodada de San Millán de la Cogolla, el 28 de diciembre de 1,874 (La Rioja). A los cuatro años se trasladó con su familia a Madrid ya que su padre, Leandro Lejárraga Estecha, natural de Tormantos, era cirujano y ejerció la medicina en Madrid. Su madre, Natividad García Garay, natural de Madrid, se ocupó personalmente de la educación de sus hijos, siguiendo los programas educativos franceses. Estudió en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer donde tomó el primer contacto con las ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza. Terminó sus estudios de Comercio en 1891, convirtiéndose en profesora de Inglés para la Escuela de Institutrices y Comercio. Finalizó sus estudios de magisterio en la Escuela Normal de Madrid. Ejerció como maestra entre 1897 y 1907.

En 1899 publicó su primera obra: Cuentos breves, que fue acogida por su familia con frialdad. Por la reacción familiar y el hecho de ser maestra le impulsaron a ocultar su nombre bajo el nombre de su marido, con el que se casó en 1900. En 1901 publicaron Vida Moderna, en la que publicaron tanto escritores modernistas como realistas.

Con Juan Ramón Jiménez fundó la revista del modernismo poético Helios (1903-1904), de la que solo se publicaron once números, donde publicaron, entre otros, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Jacinto Benavente, los hermanos Quintero... Y en 1907 la revista Renacimiento, también de corta duración pero gran calidad. Estas colaboraciones cimentaron una profunda amistad entre Lejárraga y Juan Ramón Jiménez. Ambas publicaciones estaban al corriente de las tendencias literarias europeas. Lejárraga era políglota y fue quien realizó la mayoría de las traducciones inglesas y alguna francesa aparecidas en Renacimiento.

María de la O dejó su labor docente y pidió la excedencia en 1908 para dedicarse de lleno a la literatura. Su obra Canción de cuna, estrenada en 1911, recibió el premio de la Real Academia Española como la mejor obra de la temporada teatral 1910-1911. De las obras escenificadas en Madrid entre 1929 a 1931, al menos veinte eran suyas. Esto muestra el éxito de público y el interés de la crítica. Además, la "Compañía cómico-dramática Martínez Sierra", dirigida por su esposo, no solo representó en España sino que hizo varias giras por Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Latinoamérica. En los programas de las funciones aparecían los nombres de ambos. Cuando su esposo estaba fuera, era ella quien se encargaba de los negocios relacionados con su teatro, el Teatro Lara.

También colaboró con literatos consagrados como Eduardo Marquina, en su obra El pavo real o con Carlos Arniches, en La chica del gato, que posteriormente fue llevada al cine. En 1914 María de la O realizó el libreto de Margot, con música de Joaquín Turina, un drama lírico en tres actos.

El matrimonio entró en contacto con Manuel de Falla en París en 1913 a instancias de Joaquín Turina. Tras volver este a Madrid comenzaron a colaborar en varios proyectos. En 1915 se estrenó El amor brujo, que combinaba música y danza con música de Manuel de Falla y libreto de Lejárraga en el Teatro Lara de Madrid. Con esta obra querían expresar el alma de la raza gitana. Para crearlo Falla tocaba fragmentos de la partitura y Lejárraga describía el tono emotivo del pasaje. Viajaron juntos a Granada, ciudad que conocía Lejárraga en profundidad, donde dieron los toques finales. La protagonista fue Pastora Imperio.​

La vinculación de Lejárraga con Granada fue siempre estrecha, especialmente desde que escribiera, en los primeros años del siglo, su libro "Granada, guía emocional".

A veces, los ensayos se paraban porque María estaba reescribiendo el último acto de la obra firmada por Gregorio Martínez Sierra. Todo el mundo sabía que Lejárraga era la "negra" de su exitoso marido. Pese a esta ocultación, ya había sospechas sobre la verdadera autoría de las obras.


En 1930 Gregorio firmó finalmente un escrito en el que reconocía la coautoría de su mujer, pero él reclamaba estos derechos para sí. Sin embargo, este reconocimiento fue tardío y engañoso pues  está redactado de forma que no dice la verdad al completo: "todas mis obras están escritas en colaboración con mi mujer", en lugar de "todas las obras a mí atribuidas son de la autoría de mi mujer". 

Documento firmado por Martínez Sierra reconociendo que las obras firmadas por él estaban escritas
"en colaboración con su mujer"

Todavía a día de hoy, junio de 2.021, en la web Filmaffinity, en la ficha de la película de Garci "Canción de cuna", se lee que el guión está basado en una obra teatral de Greforio Martínez Sierra. Pues no, señores, no. 


Incluso se ha reconoce que obras de otros autores, como fue el caso de El pavo real de Eduardo Marquina, fueron también escritas por María Lejárraga y que Marquina contribuyó exclusiva o primordialmente a su versificación.

Participó en la fundación de varias asociaciones feministas. En 1917 participó en la creación de la UME o Unión de Mujeres de España, que duró dos años junto a la marquesa del Ter; en 1920 viajó a Ginebra como delegada de España al VIII Congreso de la International Woman Suffrage Alliance donde colaboró en la redacción de una carta de derechos femeninos: reconocimiento de la igualdad política, administrativa y civil de los dos sexos a nivel nacional e internacional.​ Fue un miembro activo de la Sociedad Española de Abolicionismo participando en múltiples mítines. Esta sociedad estaba en contra de la reglamentación de los prostíbulos.

En 1926 participó en la fundación del Lyceum Club que presidió María de Maeztu, junto a Victoria Kent y Zenobia Camprubí, entre otras.​ Se inauguró con 150 socias de todas las tendencias y en él participó también Elena Fortún, a la que Lejárraga animó en su vocación literaria.

Feminista convencida, se afilió en 1931 al Partido Socialista. Fue elegida miembro del Congreso de Diputados por Granada. En noviembre de 1936 ocupó el puesto de Agregada Comercial de la Legación de España en Berna. En mayo de 1937 fue nombrada secretaria de la delegación gubernamental española en la XXIII conferencia de la Oficina Internacional de Trabajo. Sin embargo, con el cambio de la jefatura del gobierno en 1937 con la sustitución de Largo Caballero por Juan Negrín, fue cesada en su cargo y se trasladó a su casa cerca de Niza. 

Volvió a escribir en 1948. Cuando Katia Martínez Sierra, hija extramatrimonial de Gregorio Martínez Sierra y la actriz Catalina Bárcena, reclama derechos de autor tras la muerte de su padre en Buenos Aires, en 1947, María de la O empieza a firmar sus obras con el nombre de María Martínez Sierra y pleitea por los derechos de autor de sus anteriores obras. Así lo hará en Una mujer por los caminos de España (1949) y Gregorio y yo, un libro de memorias (1953). En este último opúsculo, María de la O aporta de un documento firmado en 1930 por Gregorio Martínez Sierra, en presencia de testigos, en el que declara que las obras son compartidas, a los efectos legales. Además, en su legado, centenares de cartas y telegramas confirman que las novelas las escribía Lejárraga. También se supo que su separación había sido una realidad desde 1922, lo que en su época ya era un hecho conocido. 


Tras la Guerra Civil inició un largo exilio, por Francia, México y Argentina, donde finalmente falleció en 1974. En 1950 viajó a Nueva York y más tarde a California, para entrevistarse con productores de Hollywood. Allí escribió una comedia para niños,  que le fue rechazada. Sin embargo, ella vio su similitud con la película La dama y el vagabundo. Desencantada, viajó a México donde tradujo para las editoriales Aguilar y Grijalbo. Colaboró en la prensa y habló en el Ateneo Español. Por problemas de salud se trasladó a Buenos Aires, donde seguiría escribiendo hasta su muerte, el 28 de junio de 1,974.



domingo, 13 de junio de 2021

45. Irène Joliot-Curie, la difícil tarea de ser hija de la número 1


Hace sólo 8 días, al escribir sobre Ada Byron, dije que el objetivo de este blog era dar a conocer mujeres poco conocidas y que por eso no estaban personajes tan obvios como  Marie Curie y comentaba que Ada no era desconocida pero sí mal recordada, puesto que la conocemos habitualmente como Ada Lovelace o Ada King Lovelace. Y King es el  apellido de su marido y (conde de)Lovelace es el título del mismo. Pero otra forma de injusticia es cuando tu madre es tan famosa que su sombra causa que tu luz apenas destaque. Tan famosa que, cuando su hija se casa, es el marido de ésta quien une los apellidos y une su nombre al de su mujer. Por eso hoy escribo sobre Irene Juliot-Curie.

Nació en París, EL 12 de septiembre de 1.897.  Hija mayor de Marie Curie (Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911) y Pierre Curie (Nobel de Física en 1903).Tuvo una hermana menor, Eva, nacida en París en 1.904.

Las tres Curie.
A la derecha, Eva. Como ella misma decía "la única de la familia que no había ganado un Nobel", aunque fue una conocida periodista y escritora.

Marie no estaba satisfecha con el nivel de calidad de las escuelas parisienses de la época. Por eso, las niñas fueron educadas principalmente en el hogar. De hecho, Marie unió fuerzas con un grupo de distinguidos académicos que se turnaron para darles clases en sus áreas de especialización". Curie, por su puesto, se encargó de enseñarles física y, en ese proceso, logró que Irene se enamorara de la ciencia. La niña también destacaba en matemáticas. A los once años ya estudiaba matemáticas avanzadas. Sobresalía de tal manera en sus estudios en el instituto que a los catorce años aprobó la primera etapa del bachillerato con un año y medio de adelanto y matrícula de honor.  Tres años más tarde, en el inicio de la Primera Guerra Mundial, ingresó en la Sorbona para estudiar matemáticas y física, al tiempo que se matriculaba a un curso de enfermería.

En 1.916  dejó la Sorbona, a petición de su madre,  para trabajar como enfermera radiológica ayudándola a salvar la vida de los numerosos heridos de guerra. Marie Curie equipó docenas de vehículos con básicos equipos de rayos X. Así localizaban los restos de metralla que podía haber en el interior del cuerpo de los heridos y así guiar a los cirujanos en sus intervenciones. Esta idea salvó muchas vidas. En primer lugar, Marie enseñó a Irene a manejar el equipo. Luego Irene formó, a su vez, a muchas enfermeras y éstas a otras, llegando con sus furgonetas hasta donde hubiera carreteras practicables. Durante esta época Irène se gano el sobrenombre de la Petit Curie. Empezó con su madre en una instalación de campaña, pero a los pocos meses, la dejó sola a cargo de instalación radiológica en Hoogstade. Ahí, sola y sin ayuda, radiografiaba a los heridos y llevaba a cabo un cálculo geométrico para indicar al cirujano la localización de las balas y la metralla. También aprendió por su cuenta a reparar los aparatos de rayos X a su regresó a París en 1916 impartió un curso de rayos X.  Y volvió a matricularse en la Sorbona licenciándose con matrícula de honor en matemáticas y física. Cuando finalizó sus estudios en la Universidad de París fue asistente del departamento de radiografía de diversos hospitales. En 1920 entró a trabajar como ayudante en el laboratorio Curie del Instituto del Radio de la Universidad de París, dedicado a las investigaciones y enseñanza de la radiactividad. Centró sus  primeras investigaciones en fenómenos atómicos y basó su tesis doctoral en el estudio de las partículas alfa (núcleos de helio-4) emitidas por una fuente de polonio. La presentó en 1925 bajo el título: “Recherches sur les rayons alfa du polonium, oscillation de parcours, vitesse d’émission, pouvoir ionisant.” Ese mismo año, un joven e inquieto Frédéric Joliot, que todavía no había acabado el servicio militar, se presentó ante la que había sido la heroína de su infancia para pedirle un empleo en el laboratorio Curie. Venía muy recomendado por Paul Langevin y Marie le propuso empezar al día siguiente. Para ello consiguió que el coronel le dejase concluir antes las milicias. Frédéric, tras la muerte de su padre, se había matriculado en la École de physique et de chimie industrielles de París, donde Pierre Curie había enseñado antes de traspasar su puesto a Paul Langevin. Extrovertido y apuesto, Frédéric estaba acostumbrado a hacer amistades con facilidad. Sin embargo, le costó adaptarse al ambiente serio y silencioso del laboratorio Curie. Se sentía solo y evitaba a Irène, la ayudante preferida de la jefa que ni siquiera le daba los buenos días. Sin embargo, con el paso del tiempo empezó a sentirse más y más atraído por su inteligencia. Ambos disfrutaban conversando y dando largos paseos. Se enamoraron y decidieron comprometerse. Irène lidió con la oposición de su madre a su matrimonio causada por la desconfianza que le generaba su futura pareja. Marie Curie trató de disuadir a su hija e insistió para que llegaran a un acuerdo que anulase la ley francesa en virtud de la cual los maridos controlaban las propiedades de sus esposas. Quería  asegurarse que Irène sería la única que heredaría las substancias radiactivas del Instituto Curie. Al igual que otras personas, Marie no podía imaginar a la taciturna y austera Irène con el alegre y elegante Frédéric. Su hija era tres años mayor que él, había declarado que nunca se casaría y no le daba importancia ninguna a la apariencia. Cuando no llevaba la bata de laboratorio con sus zapatos de enfermera, vestía sencillos vestidos de colores oscuros. Frédéric, en cambio, era todo un donjuán y un fumador empedernido.

 Pero Irène, hizo caso omiso de los consejos maternos y se casó con Frédéric el 26 de octubre de 1926. Lo cual no impidió que Marie, durante años, siguiese presentándolo como “el hombre que se casó con Irène”. Frédéric, sin embargo, sentía una gran admiración por su suegra y no dudó en aceptar su petición cuando le insistió para que siguiese adelante con sus estudios. Mientras continuaba sus tareas en el Instituto, se licenció en la Sorbona doctorándose en 1930 con una tesis sobre la electroquímica de radioelementos: “Électrochimique des radioeléments. Applications diverses”. Langevin había acertado de lleno, vio en él al gran científico en el que se iba a convertir.

Los Joliot- Curie,
con sus hijos
En 1927, tres años antes de que Frédéric leyese su tesis, tuvieron a Hélène y poco después Irène contrajo tuberculosis. El médico le advirtió de que no tuviese otro hijo y disminuyese su ritmo de trabajo. Pero aquello era superior a ella. La tuberculosis no la llevaría a renunciar a aquello que le hacía sentir completa, a ser investigadora y madre.  A la semana siguiente, combatiendo contra una enfermedad que volvería a padecer a lo largo de su vida, ya estaba de vuelta al laboratorio y cinco años más tarde su otro deseo se hizo realidad, dio a luz a Pierre.

La colaboración científica entre ambos se centró en el estudio de las emisiones radiactivas. Les atraían las investigaciones que el grupo de Rutherford estaba desarrollando en el laboratorio Cavendish y disponían de 200 milicurios de Polonio, la fuente más poderosa de rayos alfa, para llevarlas a cabo. El primer paso era analizar la radiación neutra y muy penetrante que habían detectado Walther Bothe y Herbert Becker al bombardear berilio con partículas alfa provenientes de una muestra de polonio. Los Joliot-Curie repitieron los experimentos y publicaron sus hallazgos el 18 de enero de 1932. Habían observado que la potente radiación de Bothe era capaz de provocar la emisión de protones de una capa de parafina. Postularon que se trataba de una radiación electromagnética de alta frecuencia pero no supieron interpretar los resultados.

Los Joliot-Curie habían tenido “en sus manos” el neutrón y no supieron reconocerlo. Y, por desgracia, no fue el único premio Nobel que vieron pasar delante de sus narices. En sus trabajos con una cámara de niebla que, mediante un campo magnético creado por un electroimán, curva la trayectoria de las partículas cargadas, observaron que algunos de los supuestos electrones producidos en el experimento se desviaban en sentido contrario. No se dieron cuenta de que se trataba de un nuevo tipo de partícula como el electrón pero con carga positiva que ya había sido propuesto en 1931, el positrón y que fue descubierto ese mismo año por Carl David Anderson.

Por fortuna, en su caso la expresión “a la tercera va la vencida” no pudo ser más cierta. Corría el año 1933 y el éxito estaba a punto de llamar a su puerta. Por aquel entonces, el matrimonio estaba centrado en el estudio de las desintegraciones del polonio. Sabían que era un emisor de partículas alfa y se preguntaban si, al igual que otros átomos radiactivos, también emitía radiación beta (electrones). Para comprobarlo, colocaron una lámina de aluminio que detuviese las partículas alfa antes de llegar al detector. Este último consistía en una cámara de niebla que, mediante un campo magnético creado por un electroimán, curvaría la trayectoria de las partículas beta, posibilitando su identificación. La primera experiencia dio resultados sorprendentes: no sólo detectaron electrones, sino que también aparecieron  protones y positrones. La presencia de protones podía explicarse sin dificultad a través de una reacción conocida, la transmutación del aluminio en silicio. La partícula alfa absorbida por el aluminio-27 produce silicio-30 más un protón. Lo que no sabían era qué hacían allí los positrones y para averiguarlo empezaron sustituyendo el material empleado como absorbente de partículas alfa. Observaron que al interponer una lámina de parafina, plata o litio, no detectaban positrones, mientras que en el caso del boro sí lo hacían. Por tanto, el origen de los positrones no se encontraba en el polonio, se hallaban ante un fenómeno que sólo en ciertos absorbentes.  La primera hipótesis fue pensar que la transmutación de aluminio en silicio, aparte del citado positrón, también podía dar como resultado la emisión de un neutrón y un positrón. En ambos casos se conservaba la carga eléctrica. Para verificar la segunda posibilidad, modificaron el dispositivo de manera que permitiese la detección simultánea del neutrón y el positrón.

La primera prueba pareció confirmar su planteamiento pero la segunda aportó nueva información. Se percataron que al disminuir la energía de las partículas alfa dejaban de detectarse neutrones, quedando únicamente los positrones. Estaban equivocados y, tras reflexionar plantearon la nueva hipótesis: quizás el absorbente se volvía radiactivo al interaccionar con las partículas alfa emitidas por la fuente. Para comprobar si estaban en lo cierto situaron un contador Geiger junto al material absorbente, tras retirar la fuente de polonio. El Geiger “cantaba”, el material se había vuelto radiactivo y la emisión de radiación decaía exponencialmente como en el caso de la radiactividad ordinaria. Anunciaron su hallazgo en dos artículos, uno escrito en francés, con Irène como primer firmante y presentado el 15 de enero de 1933, y otro en inglés, con Frédéric encabezando la lista de autores.

La radiactividad “artificial” había nacido y el matrimonio Joliot-Curie fue galardonado en 1935 con el premio Nobel de Química. La dotación económica del premio les permitió instalarse en Sceaux, donde recibían a sus amigos los domingos por la tarde. Irène, a diferencia de Marie, siempre antepuso sus obligaciones como madre a todo lo demás, creía que la maternidad era la experiencia más increíble que había vivido. En 1936, como consecuencia del premio, Irène fue nombrada subsecretaria de Estado para la Investigación Científica y, al año siguiente, accedió a una cátedra en la Sorbona. Frédéric, por su parte, fue elegido como catedrático en el Collège de France en 1937 y abandonó el laboratorio del Instituto del Radio para formar su propio laboratorio, en donde construyó el primer ciclotrón de Europa occidental.

Descubrir que la radiactividad artificial podía ser producida por el hombre supuso un avance fundamental en las aplicaciones médicas de las radiaciones ionizantes. Los Joliot-Curie, tal y como se desprende de su discurso de recepción del premio Nobel, ya aventuraron las posibilidades de su descubrimiento en el campo de la Medicina.

En 1935 fue nombrada directora de investigación de la Fundación Nacional de Ciencias tras postularse en vano en tres ocasiones por sus principios feministas (al contrario que su madre, que tras el primer rechazo en la membresía por ser mujer y polaca, desestimó la opción). Al año siguiente obtuvo el puesto de subsecretaria de Estado en investigación científica, siendo apartada de la Comisión Francesa de Energía Atómica en 1951 por sus simpatías con el Partido Comunista Francés.

Irène Joliot-Curie murió el 17 de marzo de 1956 en su residencia de París a consecuencia de una leucemia, resultante de una sobreexposición a la radiación en el curso de su trabajo (lo mismo que le ocurrió a su madre).​ Su marido, enfermo hepático, murió en agosto de 1958. 





sábado, 5 de junio de 2021

43, Ada Augusta Lovelace, no olvidada pero sí mal recordada

 


Cuando empecé este blog, lo hice para reparar el olvido de muchas mujeres que fueron pioneras en su tiempo, y no diré que desconocidas, pero sí casi borradas de la historia, ausentes de los libros de texto, etc. Por eso no están aquí personajes tan obvios como  Marie Curie y otros, afortunadamente. Con Ada Lovelace hago una excepción. No está olvidada, pero sí mal recordada, pues la recordamos mutilando algo tan íntimo y personal  como su nombre  (igual que ocurre con Marie Curie).

Lord Byron,
vestido con traje de albanés
Ada Augusta Byron nació el 15 de diciembre de 1.815, hija de la aristócrata Ana Isabella Noel Byron,  baronesa de Wentworth y baronesa de Byron, conocida como Lady Byron. Su padre, el famoso poeta George Gordon Byron, lord Byron, decepcionado porque quería un hijo varón, se separó de su esposa un mes después del nacimiento de Ada y dejó Inglaterra para siempre cuatro meses después. ​ Murió en la Guerra de independencia de Grecia cuando Ada tenía ocho años.

Su madre consiguió la custodia de la niña, algo poco usual en la época, pero comprensible dada la escandalosa vida de Byron según la moral de la época. El 16 de enero de 1816, por orden de lord Byron, lady Byron se fue a la casa de sus padres en Kirkby Mallory (Leicestershire) llevando a su hija de cinco semanas con ella. Aunque la ley inglesa en ese momento otorgaba la custodia total de los hijos al padre en casos de separación, lord Byron no intentó reclamar sus derechos parentales, porque sabía que sus continuos escándalos serían un impedimento, pero solicitó a su hermanastra que lo mantuviera informado sobre el bienestar de Ada. En abril de 1816 Lord Byron abandonó Inglaterra huyendo de sus acreedores y del escándalo que se cernía sobre él por los rumores de incesto. Meses más tarde, Annabella presentó una demanda de separación.  Durante los ocho años que lord Byron estuvo fuera de su país hasta su muerte escribía con frecuencia a su hermanastra Augusta y preguntaba por la niña. Desde niña Ada despertó el interés de una sociedad en la que se vivían continuos escándalos. Su madre puso mucho empeño en protegerla, pero solo lo consiguió hasta cierto punto.

Lady Byron quería darle una educación esmerada a su hija, muy parecida a la que ella misma había recibido, pero más exigente.​ Ada no se podía relacionar con otros niños sin la previa aprobación de su madre, por lo que la mayor parte de su infancia la pasó sola o con adultos. Su educación empezó cuando era muy pequeña; a los cuatro años ya tenía preceptores e institutrices. A los ocho años (en 1824) la jornada normal de Ada comenzaba con clase de música a las 10:00 de la mañana, a las 11:15 tocaba lectura de francés, a las 11:30 clase de aritmética, a las 13:30 hacía deberes, a las 15:15 música otra vez y a las 16:30 finalizaba con ejercicios de francés. Lady Byron le impuso una disciplina estricta basada en un sistema de recompensas y castigos, y también buscando el estímulo intelectual con lecturas y relaciones con intelectuales. Puso mucho empeño en que su hija aprendiera matemáticas, disciplina que ella misma practicaba. En este contexto, Ada conoce a la matemática y científica escocesa Mary Somerville, que durante un tiempo fue su tutora. Somerville, en tanto que mujer científica, se convierte en un importante estímulo y gran influencia en su vida.

A medida que Ada se iba haciendo mayor, su madre pasaba temporadas fuera de casa, en balnearios o en el campo.

Ada tuvo mala salud, sufrió muchas de las infecciones infantiles y le dolía la cabeza frecuentemente. A los siete años contrajo una enfermedad grave, que la mantuvo postrada durante meses. A los catorce mantuvo reposo durante más de un año debido a un sarampión, lo cual hizo que dedicara largas horas al estudio y a la lectura.

Cuando Ada tenía 8 años se conoció la muerte de su padre en Grecia, en abril de 1824. Lady Byron se interesó por estrechar lazos con su familia política. El nuevo y sexto lord Byron mantuvo una buena relación con Annabella; este tenía un hijo pequeño un año menor que Ada. Annabella indujo a Ada a escribir una carta a su primo con la esperanza de unir de nuevo a la familia.

En junio de 1826, Ada, que entonces tenía diez años, viajó por primera vez fuera de Inglaterra. Partió con todo un grupo (en el que se incluía su madre) y el viaje duró 15 meses, durante los cuales Ada disfrutó de todo lo nuevo que veían sus ojos, de todo lo que escuchaba, descubría, etc. En el otoño de 1827 acabó su viaje y se instalaron directamente en Bifrons, una mansión de campo muy alejada de la ciudad. En ese palacio no ocurría nada del interés de Ada; además su madre estaba frecuentemente fuera de casa, así que la niña se dedicaba a estudiar y a dejar volar su imaginación. Ese mismo año Ada empezó su formación en matemáticas. A los once años estaba obsesionada con la idea de volar; estaba decidida a inventar una máquina que le permitiera moverse por el aire. Su primer paso, en febrero de 1828, fue construir alas. Investigó diferentes materiales y tamaños. Consideró varios materiales para las alas: papel, seda de aceite, alambres y plumas. Pasó años estudiando la anatomía de las aves para determinar la proporción correcta entre las alas y el cuerpo, y creando bocetos de su soñado proyecto. Decidió escribir un libro, Flyology, ilustrando, con placas, algunos de sus hallazgos. Decidió qué equipo necesitaría; por ejemplo, una brújula, para "atravesar el país por el camino más directo", para que pueda superar montañas, ríos y valles.

A principios de 1829 contrajo una enfermedad grave, posiblemente sarampión, que le causó parálisis en las piernas y la obligó a guardar cama hasta mediados de 1832. Ese periodo la marcó profundamente, pero siguió estudiando. El año de su recuperación se mudó con su madre a Fordhook Manor, una mansión situada en Ealing, una aldea a 12 km del centro de Londres, muy popular entre la aristocracia londinense. Durante este tiempo Ada vivió su primer romance; se enamoró de un joven, hijo de John Hamble, que la ayudaba con los estudios dos horas al día. Vivieron su historia de amor en secreto durante algún tiempo, pero cuando lady Byron se enteró prohibió al joven entrar en su casa y relacionarse con su hija.

El año que cumplía dieciocho años, Ada empezó a asistir a las fiestas de la alta sociedad londinense. En uno de sus primeros eventos conoció a Charles Babbage, la única persona que compartiría su fascinación por las cuestiones de mecánica. Babbage tenía cuarenta y cuatro años en ese momento y era conocido, entre otras cosas, por el proyecto que tenía entre manos: una calculadora mecánica que funcionaba sin la ayuda de un humano, llamada la máquina diferencial.

En esos tiempos en Inglaterra se hizo famoso un avanzado artilugio, el telar de seda de Joseph Marie Jacquard, con el que ella estaba totalmente fascinada. Le maravillaba la posibilidad de idear y construir máquinas, como la de Jacquard, que permitieran al ser humano controlar procesos que anteriormente eran incontrolables o lo eran de una forma errática.

Ada y Babbage se hicieron amigos. Su relación la estimuló intelectualmente; le ayudó a avanzar en sus especulaciones sobre el cálculo hasta concebir una brillante idea: construir un telar de Jacquard aplicado a los números, o en otras palabras: una computadora.

En 1834 Ada se relacionaba mucho con William King, al que lady Byron había encargado guiar a su hija moralmente; también se encargó de enseñarle matemáticas. Fue durante esas clases cuando Ada se dio cuenta de que su pasión eran las matemáticas. Ya había encontrado la disciplina a la que aplicar su extraordinaria inteligencia. El verano de ese año Ada y su madre recorrieron el norte de Inglaterra, la zona industrial más importante, visitando muchas fábricas, donde pudieron ver el telar de Jacquard en funcionamiento. Durante esa época, madre e hija se relacionaban mucho con Mary Somerville, la matemática más famosa de su país. Otros conocidos incluyeron a los científicos Andrew Crosse, Sir David Brewster , Charles Wheatstone, Michael Faraday y el autor Charles Dickens.

Ada ya era una habitual de la Corte victoriana y empezaba a asistir a diversos eventos en los que con frecuencia participaba en los bailes y encandilaba a muchos de sus asistentes, los cuales la describían como un ser encantador. Sin embargo, John Hobhouse, que había sido amigo de su padre, fue una excepción y la describió como «una joven estirada y demacrada pero con algún rasgo de su amigo, especialmente su boca». La descripción fue hecha después de su encuentro el 24 de febrero de 1834, en el que Ada dejó claro a Hobhouse que él no le gustaba, pero esta primera impresión no duró mucho tiempo y posteriormente se hicieron amigos.

En la primavera de 1835 Ada conoció a William, lord King. El aristócrata era de una familia muy influyente desde el punto de vista político, social, intelectual y religioso. Poseía varias propiedades importantes y el título de lord tenía más de un siglo de antigüedad, así que lady Byron aprobó su relación. El 8 de julio de 1835 se casaron, convirtiéndose ella en lady King. Su residencia pasó a ser una gran propiedad en Ockham Park (Ockham, Surrey), junto con otra en el Fiordo de Torridon y una más en Londres. Pasó su luna de miel en la Mansión Worthy, situada en Asley Combe (Somerset), la cual había sido construida en 1799 como un refugio de caza y que el propio King amplió con motivo de su luna de miel. Posteriormente la casa se convertiría en su retiro de verano tras volver a ser ampliada.

El matrimonio tuvo tres hijos: Byron, el heredero, nacido el 12 de mayo de 1836; Anne Isabella (llamada Annabella, posteriormente lady Anne Blunt), nacida el 22 de septiembre de 1837; y Ralph Gordon, nacido el 2 de julio de 1839.

Inmediatamente después del nacimiento de Annabella, lady King experimentó «una dolorosa y prolongada enfermedad que tardó meses en curarse». Entre 1843 y 1844 su madre le encargó a William Benjamin Carpenter la tarea de educar a los hijos de Ada y de actuar como un «instructor moral»" para su propia hija.

En 1837, William King pasó de barón a vizconde de Ockham y tomó otro título, el de conde de Lovelace. A partir de ese momento, Ada siempre firmaría como Ada Lovelace. En aquella época, las instituciones científicas no permitían que las mujeres firmaran los artículos que les publicaban, de forma que una de las más importantes de Ada está firmada sólo con sus iniciales A. A. L.

En sus primeros años de matrimonio Ada fue muy feliz, pero la falta de ambición de su marido acabó cansándola, por lo que se refugió de nuevo en las matemáticas. Decidió que necesitaba buscar un buen mentor que la guiara en su trabajo intelectual y en el verano de 1840 su madre le encontró uno: el famoso matemático y lógico Augustus de Morgan. Con su ayuda, Ada progresó rápidamente, pero De Morgan tuvo un problema como profesor. Informó a lady Byron de que su hija no se contentaba con aprender las lecciones como cualquier dama; sus preguntas iban mucho más allá de lo que trataban en las clases y él no quería fomentar esa actitud. De Morgan creía (como casi toda la sociedad en esos tiempos) que las mujeres no estaban hechas para estudiar los fundamentos de las matemáticas ni de otras ciencias. Las preguntas de Ada, según él, eran impropias de una mujer. En definitiva, le inquietaba que su alumna pensase como un hombre. Pero lady Byron y lord Lovelace hicieron caso omiso de la advertencia del profesor y ella continuó con sus estudios. Durante este tiempo en el que se vio obligada a compaginar su faceta de esposa y madre, el intercambio epistolar con su antigua tutora y amiga, Mary Somerville, representan un gran desahogo para Ada. En esta correspondencia Lovelace hace partícipe a su amiga de su frustración después de la maternidad y de las dificultades para continuar con sus estudios.

A pesar de lo que cambió su vida después de casarse, Ada y Babbage mantuvieron su amistad; él los visitaba a ella y a su marido con frecuencia. En el otoño de 1840, Babbage volvió de su estancia en Italia preocupado por su proyecto; cada vez le parecía más difícil llegar a construir el prototipo totalmente operativo de la máquina analítica (o diferencial). No tenía suficientes recursos para financiarla, pero era optimista porque un reconocido científico italiano iba a escribir un artículo sobre su proyecto. En 1841, Ada escribe a Babbage una carta dejando claro que está interesada en colaborar con él. A Babbage le pareció bien la idea, así ella empezó traduciendo el artículo del científico italiano, Luigi Federico Menabrea. Con la traducción del texto ella tenía dos objetivos: dar a conocer el valioso trabajo de su amigo y cumplir su sueño de alcanzar una vida intelectual que la elevase por encima de las exigencias de la maternidad y el matrimonio. Finalmente llamó a su trabajo Notas, que consistía en su propio estudio sobre la máquina analítica, y como anexo, la traducción del artículo del italiano. Babbage la asesoró, pero Ada fue enteramente la autora de ese trabajo.

Ada dedica gran parte de su estudio a describir con un lenguaje muy técnico cómo funcionaría la máquina analítica, pero también ofrece una serie de observaciones que dejan clara su aportación teórica. Ella distinguía con claridad entre datos y procesamiento; este pensamiento era revolucionario en su tiempo. Ada aspiraba a crear la informática, que ella llamaba la ciencia de las operaciones. Se dio cuenta de las aplicaciones prácticas de la máquina analítica y llegó incluso a vislumbrar la posibilidad de digitalizar la música. Escribió en las Notas:

"Supongamos, por ejemplo, que las relaciones fundamentales entre los sonidos, en el arte de la armonía, fueran susceptibles de tales expresiones y adaptaciones: la máquina podría componer piezas musicales todo lo largas y complejas que se quisiera"

Ada tenía una idea clara: la máquina analítica y el telar de Jacquard vienen a hacer lo mismo. Una frase clave donde se expresa esto es:

"Puede decirse que la primera teje dibujos algebraicos, del mismo modo que el telar de Jacquard teje dibujos de flores y hojas".

Ada expresa con claridad las tres funciones que podía cumplir el invento de Babbage: procesar fórmulas matemáticas expresadas con símbolos, hacer cálculos numéricos (su objetivo primordial) y dar resultados algebraicos en notación literal.

Babbage y Ada concebían la máquina analítica de manera muy distinta. Al primero no le interesaban demasiado sus consecuencias prácticas. A Ada, por el contrario, le obsesionaban las aplicaciones del invento. Ella fue la primera en intuir lo que el invento de Babbage significaba para el progreso tecnológico. Entendió que la tecnología utilizada en el telar de Jacquard y en la máquina analítica podía aplicarse a todo proceso que implicara tratar datos: de este modo abría camino a una nueva ciencia, la de la computación de la información.

Sugirió el uso de tarjetas perforadas como método de entrada de información e instrucciones a la máquina analítica. Además introdujo una notación para escribir programas, principalmente basada en el dominio que Ada tenía sobre el texto de Luigi Menabrea de 1842 (que comentó personalmente completándolo con anotaciones que son más extensas que el texto mismo) sobre el funcionamiento del telar de Jacquard así como de la máquina analítica de Babbage. Es reseñable además su mención sobre la existencia de ceros o estado neutro en las tarjetas perforadas siendo que las tarjetas representaban para la máquina de Babbage números decimales y no binarios (8 perforaciones equivaldrían entonces a 8 unidades).

También introdujo la posibilidad de que la máquina analítica no fuera solo capaz de realizar cálculos matemáticos, sino también de, entre muchas otras cosas, "producir arte" y componer música, literatura... de hecho, afirmaba que el invento sería capaz de realizar cualquier cosa que se le pidiera, siempre y cuando supiéramos cómo ordenárselo.

En el verano de 1852, la salud de Ada empeoró mucho, llevaba años padeciendo agotamiento nervioso y debilidad general, pero no fue hasta ese año que aparecieron los primeros síntomas del cáncer de útero. La enfermedad duró varios meses, durante los cuales su madre tomó el control respecto a sus citas médicas y personales. Por influencia de su madre, decidió dejar de ser materialista y adoptó ideas religiosas que la llevaron a arrepentirse de su vida anterior.

Finalmente, falleció a los treinta y seis (la misma edad a la que murió el padre que nunca conoció) años el 27 de noviembre de 1852, acompañada de su madre y de su marido.

Su nombre da nombre también a un lenguaje de programación diseñado por y para el Departamento de Defensa de los EE. UU. Hoy en día se considera a esta científica como la primera persona programadora en la historia de la informática, una auténtica pionera del concepto de inteligencia artificial.