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sábado, 17 de julio de 2021

51. Valerie Thomas, la inventora que se convirtió en científica de la NASA contra todo pronóstico

 


Comienzo diciendo que el texto que sigue no es mío, sino de una periodista llamada Rocío P. Benavente, que lo ha publicado en el blog "Mujeres con Ciencia", un blog de la Universidad del País Vasco. Encuentro el texto tan correcto y tan claro que he decidido incluirlo  en mi blog "Mujeres por descubrir", dando crédito a su autora, como hay que hacer en estos casos.

Entre 1972 y 2021, Estados Unidos ha lanzado al espacio un total de nueve satélites del programa Landsat. El objetivo de estos dispositivos es devolver a la Tierra imágenes detalladas de su superficie con distintos fines de investigación. Para lograrlo hay que utilizar sofisticados sistemas de procesamiento de imágenes, de forma que los datos se transmitan e interpreten correctamente y el potencial de sus observaciones no se pierda por el camino. Valerie Thomas, inventora y científica contra todo pronóstico, fue una de las responsables de desarrollar esos sistemas de procesamiento de imagen.

Thomas nació en febrero de 1943 en Maryland, California, y es un ejemplo más para la larga lista de mujeres que siguieron sus inquietudes científicas por una cuestión, casi, de cabezonería personal y a pesar de no contar con la ayuda de su entorno. Y eso que su padre sí tenía algunos conocimientos técnicos y científicos.

De hecho su primera curiosidad por esa rama del conocimiento apareció un día que vio a su padre cacharrear con las tripas de la televisión para arreglarla. Ella quería saber cómo funcionaba. Alrededor de los 8 años cayó en sus manos un libro titulado The Boys First Book on Electronics —El primer libro de los chicos sobre electrónica–, y ella lo llevó a casa esperando que su padre le ayudase a poner en marcha alguno de los proyectos que aparecían en él, pero no fue así.

En esa época, Thomas asistía a un instituto femenino donde tampoco se impulsó su vocación técnica, ya que no se consideraba una opción para las mujeres. En un momento de tensiones raciales y lucha por los derechos civiles, Thomas, una adolescente negra, tenía una desventaja añadida para recibir una educación completa en ese campo. Para ella sus intereses eran, sobre todo, un empeño personal.

Esto cambió al pasar a la universidad. Thomas se matriculó en la Morgan State University y fue una de las dos únicas mujeres que hicieron estudios de física. Era muy buena estudiante y pronto tuvo suficientes conocimientos de matemáticas como para entrar a trabajar como analista de datos en la NASA.

Entró en la agencia espacial en 1965. En 1976, asistió a un seminario científico donde se produjo la demostración de una ilusión óptica en la que se engañaba al espectador para que creyese que una bombilla seguía encendida, incluso después de haber sido desenroscada de su sitio, utilizando un complejo juego de espejos. Esto despertó su vocación de inventora y decidió empezar a trabajar con espejos ella misma, cóncavos y planos, consiguiendo por ejemplo generar la ilusión de que podía reflejarse un objeto que en realidad estaba detrás del cristal y produciendo así ilusiones tridimensionales.

Empezó a experimentar y a estudiar cómo se relacionaba un objeto y su reflejo respecto a las distintas imágenes y posiciones que se percibían al utilizar distintos espejos. Pensó que si era posible presentar y transmitir este tipo de imágenes de forma realista, en el futuro ese conocimiento y técnicas servirían para realizar grandes mejoras en los sistemas de vídeo y televisión.

En 1980 obtuvo la patente de su transmisor de ilusiones, un sistema que utilizaba un espejo cóncavo en el lado del emisor y otro en el del receptor para producir ilusiones ópticas. Este sistema y algunas de sus variantes sigue siendo utilizado hoy por la NASA en programas de observación espacial, y se han estudiado para implementarse en herramientas médicas y quirúrgicas para observar en el interior del cuerpo de los pacientes durante una operación, entre otras cosas.


Dentro de la NASA, Thomas se encargó durante más de diez años de supervisar los trabajos de procesamiento de imagen del programa Landstat, el primero que sirvió para conseguir imágenes de la Tierra desde el espacio. Gracias a estas imágenes pudo ayudar a predecir, entre otras cosas, problemas con las cosechas en distintos lugares del mundo. A medida que avanzaban en el conocimiento y la información que estas imágenes podían proporcionar, la tecnología y los sistemas empleados también avanzaban para poder compartirlas y transmitirlas a otros lugares del mundo.

A pesar de su talento, la carrera de Thomas en la NASA estuvo marcada por el hecho de ser mujer y afroamericana, y tuvo que trabajar especialmente duro para ascender; llegó a ocupar el puesto de jefa de la Oficina de Operaciones de Datos de Ciencia Espacial de la NASA. Durante su tiempo allí contribuyó al desarrollo de programas informáticos que se utilizaron en la investigación sobre el cometa Halley, sobre el agujero y la capa de ozono y la tecnología satelital en su conjunto. Se retiró de la agencia en 1995.

En recuerdo de sus años de estudiante, cuando no tuvo mucho apoyo para sus aspiraciones, Thomas ha participado en programas que buscan despertar y alimentar las vocaciones científicas entre los jóvenes, especialmente entre las chicas, tanto desde la NASA como en un papel de mentora dentro de distintas organizaciones con ese fin.


sábado, 24 de abril de 2021

37. Patricia Bath, ". . . y los ciegos ven"

 


Fue una niña afroamericana nacida en Harlem; su padre era un inmigrante de Trinidad, el primer hombre negro autorizado a manipular maquinarias pesadas en la construcción del metro de la ciudad, su madre, descendiente de esclavos negros, fue ama de casa mientras sus hijos fueron pequeños, después trabajó en el servicio doméstico para ahorrar y conseguir que sus hijos tuvieran estudios; según las estadísticas, Patricia era una persona con muy pocas posibilidades de triunfar en la vida. Sus padres le regalaron, cuando era pequeña, un juego de química y un microscopio y eso despertó su curiosidad y sus ganas de aprender. Y lo consiguieron, pues pronto comenzó a sentirse realmente interesada por todas las ramas de la ciencia. Era también una buena estudiante, por lo que pudo obtener durante su época de adolescente una beca de la National Science Foundation que le permitió continuar sus estudios y realizar un exitoso trabajo de investigación que más tarde le valdría el Premio al Mérito de la Revista Mademoiselle.

Gracias a sus recién estrenados éxitos, además del esfuerzo de sus progenitores, pudo obtener primero el Bachiller Universitario en química y más tarde la carrera de medicina, en la Universidad de Howard. Después de licenciarse se mudó a California, donde se convertiría en la primera mujer afroamericana en ejercer como cirujana en su hospital universitario. Además, pasó a ser la primera oftalmóloga del Instituto de los Ojos Jules Stein, de UCLA.

Bath recibió el Bachelor of Arts en química del Hunter College de Manhattan en 1964. Se trasladó a Washington D. C. para asistir la Universidad de Medicina Howard College para recibir su doctorado en 1968. Durante su tiempo en Howard, fue presidenta de la Asociación Médica Nacional Estudiantil y colaboradora de los Institutos Nacionales de Salud y el Instituto Nacional de Salud Mental.

Fue interna en el Hospital Central de Harlem, posteriormente sirviendo como especialista en la  Universidad de Columbia.​ Viajó a Yugoslavia en 1967 para estudiar la salud infantil, observando que la práctica de cuidado de ojo era desigual entre minorías raciales y la población pobre; posteriormente percibió la mayor incidencia ceguera entre sus pacientes negros y pobres.​ Decidió que abordaría este asunto, y persuadió a sus profesores de Columbia para operar a pacientes ciegos, gratuitamente, en el Hospital Central de Harlem, el cual no había ofrecido hasta entonces cirugía ocular.

Bath fue pionera en todo el mundo en la disciplina de "oftalmología comunitaria", desarrollada por voluntarios, que facilita los cuidados oculares necesarios a las poblaciones desfavorecidas. Fue residente en oftalmología en la Universidad de Nueva York entre 1970 y 1973, siendo la primera afroamericana en este rol.

Uno de los grandes trabajos que debemos agradecer a Patricia Bath es su preocupación por la salud de los ojos de las personas con menos recursos. Observó que en las comunidades más desfavorecidas de Estados Unidos se producían problemas de visión derivados de causas que podían prevenirse a través de la educación, la divulgación y la implicación de los servicios públicos sanitarios. Fue así como cofundó en 1970 el Instituto Americano para la Prevención de la Ceguera, una organización sin ánimo de lucro que defendía la visión como un derecho básico del ser humano.

El año 1981 marcaría un antes y un después en la vida de Bath. En ese momento comenzó a trabajar en su invento más reconocido: el ultrasonido Laserphaco (Laser PHotoAblative Cataract surgery). A lo largo de más de un lustro se enfrascó en la construcción de una herramienta que permitiera debilitar, de forma menos dolorosa, la capa rugosa y externa de las cataratas. Esto permitió que el procedimiento fuese mucho más preciso y acelerado. Patricia recibió la patente de su invención en 1988. Con ella, se convirtió en la primera mujer afroamericana y médica en obtener esta clase de registro para una aplicación en materia de salud. A lo largo de su carrera, conseguiría otras cuatro patentes de inventos.

Además, se convirtió en pionera en una nueva disciplina, llamada oftalmología comunitaria, que la llevó incluso a atravesar las fronteras de su país natal y viajar varias veces a países como Pakistán,  Nigeria o Tanzania, donde ayudó a tratar la visión de sus habitantes. También publicó 100 artículos de investigación y dedicó parte de sus años de trabajo a la divulgación de la oftalmología, así como a dar charlas a jóvenes interesados en la medicina, la ciencia y la tecnología. Incluso después de retirarse de la medicina siguió dando charlas y conferencias.

A principios de 1993, la doctora Bath decidió retirarse. Pasó entonces a formar parte del equipo honorario de Centro “Jules Stein” y la UCLA. Ese mismo año fue reconocida como Pionera de la Academia de Medicina de su alma máter en Washington D.C. Con el tiempo y el deterioro de su salud, decidió mudarse a San Francisco para estar más cerca de su hija y nieta. Allí murió el 30 de mayo de 2.019, a los 76 años, a causa de un cáncer de pulmón que padecía, aunque todavía decía tener muchos proyectos pendientes.

Yo, particularmente, le estoy agradecida por la sonda Laserphaco, que inventó y perfeccionó. Tanto mi padre como mi madre fueron operados de cataratas por este método sin dolor, casi sin molestias ni postoperatorios complicados y eso les evitó la ceguera en su vejez.

 FUENTES:

- Patricia Bath,  Wikipedia   

- Claudia Alemany: Patricia Bath, de Harlem a la Academia. Mujeres con Ciencia.

- Azucena Martín: La vista como derecho fundamental: el legado que nos deja tras su muerte Patricia Bath. Hipertextual.

- Patricia Bath, inventora de un laser para las cataratas. Huellas de mujeres geniales.


jueves, 10 de septiembre de 2020

16. Ángela Ruiz Robles, la precursora del ebook


Si rastreamos los datos que nos dicen quién fue el inventor del ebook que conocemos en la actualidad, encontraremos a un hombre llamado Michael Hart y una fecha, 1971. Efectivamente, el que fuera el creador del Proyecto Gutenberg para facilitar el acceso a los libros digitalizados, se acepta como el inventor del ebook. Pero unos veinte años antes, en un pueblo recóndito de una España autárquica y sumida en una larga postguerra, una mujer con inquietud y pasión por el conocimiento, patentó un artilugio que pretendía ser una suerte de libro mecánico que redujera el espacio ocupado por la gran cantidad de libros que podía ocupar una disciplina de estudio y que permitiera adaptarse a las necesidades de cada lector. Como si de un Julio Verne en femenino se tratara, aquella maestra gallega llamada Ángela Ruiz Robles, soñó con un invento que nadie entonces quiso comercializar pero que décadas más tarde, se ha convertido en un objeto prácticamente indispensable para lectores y estudiantes.

Ángela Ruiz Robles nació el 28 de marzo de 1895 en la localidad leonesa de Villamanín en el seno de una familia acomodada.  Su padre, Feliciano Ruiz, era farmacéutico, y su madre, Elena Robles, ama de casa. Ángela inició sus estudios superiores en la Escuela de Magisterio de León.  Desde el momento en el que pisó por primera vez como docente un aula, supo que entre esas cuatro paredes de la Escuela de Magisterio de León se encontraría con sus dos grandes pasiones: su vocación por la enseñanza y su afán por facilitar el aprendizaje a sus alumnos. Fue en esta misma institución donde impartiría años después clases de taquigrafía, mecanografía y contabilidad mercantil. En 1917 fue docente y directora en la Escuela de Gordón, en León. En 1918 obtuvo la plaza de maestra en Santa Eugenia de Mandiá, una aldea próxima a Ferrol. Estuvo allí hasta 1928.

Ángela se convirtió en una maestra de gran valía que impartió clases en distintas escuelas e incluso en algunas de ellas llegó a ser su directora. También crearía su propia academia para adultos en la que impartiría ella misma clases para opositores, así como alfabetización de adultos entre la población obrera.

Además de su faceta como docente, Ángela, un espíritu incansable, llegó a escribir dieciséis libros versados en gramática, ortografía y taquigrafía y dio conferencias sobre dichos temas.

Mientras Ángela dedicaba su vida a la enseñanza, su mente fue gestando una idea genial. Observando a sus alumnos, cargados siempre de libros, y viendo la necesidad de impartir una educación que tendiera a adaptarse a los estudiantes, imaginó un artilugio que facilitara la lectura de libros.

Su primer invento fue patentado con el número 190698 el 7 de diciembre de 1949 sin que recibiera el interés ni de la comunidad científica ni de ninguna empresa susceptible de comercializarla. 



Su invento,la Enciclopedia Mecánica, que tenía el tamaño de una pequeña maleta, constaba de dos partes, En una se introducían unos carretes que contenían las lecciones de las diferentes asignaturas y niveles, que se iban cambiando según necesidades. El prototipo incluía las materias de Inglés y Francés, y cambiando los carretes se iba adaptando a la edad y necesidades de los alumnos. En la otra parte, unas teclas con letras y números permitían escribir textos.

A pesar de que Ángela Ruiz recibió muchos reconocimientos en España y otros países como Francia o Bélgica, no hubo ninguna empresa que quisiera comercializar su Enciclopedia Mecánica. Solamente una propuesta le llegó desde EEUU en 1970 pero la rechazó con la esperanza de que alguna institución de su propio país hiciera realidad su sueño. Quería que se fabricara en España, pero nadie en España financió su proyecto.

En 1998, el Ayuntamiento de Ferrol le rindió un homenaje a toda su labor realizada en el Colegio Público Ibáñez Martín, su último lugar de trabajo. "Doña Angelita", como la llamaban,  Ruiz Robles fallecía el 27 de octubre de 1975.

Pocas décadas después, el mundo no se sorprende al ver un dispositivo electrónico de pequeñas dimensiones y altas capacidades. Ella, una mujer en la España franquista, donde sólo podía aspirar a ser ama de casa o, a lo sumo, maestra de escuelas femeninas, imaginó un libro que bien podría haber sido el precursor de los sofisticados libros electrónicos actuales.  Desde el 2006, la Enciclopedia formó parte de la Exposición del Museo Pedagógico de Galicia (MUPEGA)4​ en Santiago de Compostela (La Coruña) hasta el 4 de mayo de 2012, que pasó a la Exposición permanente del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de La Coruña. 

Poco a poco se ha ido conociendo su historia. El siguiente vídeo, de televisión española, resume en pocos minutos la historia de nuestra protagonista.


lunes, 29 de junio de 2020

3, Guapísima y superdotada




A pesar de la inconsistencia del mito sobre la incompatibilidad de que una mujer sea muy inteligente y a la vez muy guapa, sobre todo si se dedica al espectáculo, la leyenda sigue muy arraigada hasta el día de hoy. Parece creerse que aquellas mujeres que han escogido una profesión donde se valora la belleza lo han hecho porque no tenían otras cualidades. Pero hay ejemplos muy conocidos que tiran por tierra esta absurda teoría, como Hedy Lamarr.

Hedwig Eva Maria Kiesler nació en Viena en 1914. Su gran inteligencia se hizo patente desde pequeña, y era considerada superdotada por sus profesores. A los 16 años empezó a estudiar ingeniería, pero tres años después su afición por lo artístico se impuso y comenzó a trabajar en el teatro.

Su carrera cinematográfica empezó con un escándalo, al protagonizar la película checa “Éxtasis” (1933), en la que aparece el primer desnudo integral de la historia del cine (entendido como el primer desnudo en una película comercial; antes de eso se habían hecho algunos cortometrajes eróticos para adultos). A partir de ahí se hizo famosa en todo el mundo. Esa fama atrajo al millonario Friedrich Mandl, que concertó con sus padres un matrimonio de conveniencia. Eva se vio obligada por ellos a casarse contra su voluntad, convirtiéndose en una especie de presa de su celosísimo marido que, además de iniciar la localización y destrucción de todas las copias de la película (1), hizo que abandonara su carrera cinematográfica y la sometió a una vida de auténtica prisionera.

Durante este periodo, Eva retoma sus estudios de ingeniería para distraerse, e inicia una relación sentimental con su asistenta, lo que le permitiría finalmente escapar de su marido/carcelero. Ayudada por esta mujer, monta un complicado plan de fuga y se escapa por la ventana de un restaurante, teniendo preparado un coche que la lleva hasta París y de ahí a Londres. Pero como todavía no se sentía suficientemente a salvo, decide ir a Estados Unidos donde Louis B. Mayer la protege, relanza su carrera en el cine y le da su nombre artístico, Hedy Lamarr. No fue muy afortunada eligiendo sus películas. La única que destacó un poco fue “Sansón y Dalila”. Por otra parte, rechazó los papeles de “Luz de gas” y “Casablanca”.

Su marido era simpatizante de los nazis y fue proovedor de armas de Mussolini durante la ocupación de Abisinia. Eva, que odiaba a los nazis, ayudada por sus conocimientos de ingeniería, había aprovechado para sonsacar a su marido y a sus socios todos los conocimientos de la tecnología armamentística de la época que estaban a su alcance, información que luego cedió a las autoridades de EEUU. Pero su aportación más importante fue la invención de la técnica de conmutación de frecuencias, que patentó en 1941, y que consistía en un equipo de radio que cambiaba de frecuencias constantemente, con lo que al enemigo le resultaba imposible seguir la señal. En esa tecnología se basan los sistemas de comunicaciones digitales modernos, por lo que la podemos considerar como una precursora de la tecnología en la que se basa el wifi y la telefonía 3G (2).

Eva se casó cinco veces más, y tuvo tres hijos, uno de ellos adoptado. Sobrevivió a su último marido 35 años. En 1957 hizo su última película, y a partir de ese momento su vida fue un desastre. Perdió mucho dinero en varios escándalos, incluidos dos arrestos por robar en tiendas. Se dedicó entonces a la pintura, para la que tenía bastantes cualidades, pero esa actividad no le permitía pagar sus grandes deudas. Arruinó su belleza natural con varias operaciones de cirugía estética y vivió sus últimos años en la pobreza, totalmente enclaustrada, comunicándose con sus hijos y amigos únicamente por teléfono. Murió en enero de 2.000.

Como en tantos otros casos, su brillantísima inteligencia para la ciencia se vio unida a una gran incapacidad para encauzar de modo feliz su vida privada.

_________________

(1) No consiguió todas las copias de la película, alguna de las escenas están disponibles en algunos sitios de internet, muy pocos. Youtube tenía el vídeo pero lo retiró. Ésta es una de las web donde se pueden ver algunos planos. Una vez pinchado el enlace, para que se pueda ver el vídeo tenéis que pinchar en un botoncito donde declaráis ser mayores de 18 años.

(2) En los años 90, los ingenieros que trabajaban en el desarrollo de las redes informáticas inalámbricas se encontraron con el problema de evitar que los equipos que integraban la red se interferirieran entre si. El problema estaba claro, si dos aparatos emiten a la vez por el mismo canal, sus señales se interfieren y a los receptores no les llega nada; la solución obvia es hacer que los equipos estén escuchando el canal y emitan únicamente cuando no hay nadie mas emitiendo, pero esto tiene un problema: ¿Que pasa si dos equipos empiezan a emitir simultáneamente? Este problema es muy real, ya que los equipos informáticos funcionan a unas velocidades muy altas, de manera que en las milésimas de segundo que tarda una señal de radio en recorrer la distancia que le separa de alguno de sus compañeros de la red, este último tiene tiempo de comprobar el canal y realizar su propia emisión.

En general, se observó que los esquemas basados en regular el tráfico para evitar que varios aparatos emitieran a la vez eran muy ineficientes. En este punto, se puso sobre la mesa la invención de Hedy Lamarr; en este caso, la idea era que los equipos, en lugar de utilizar un único canal, utilizarían un rango de canales de radio, y a la hora de transmitir elegirían uno de ellos al azar, e irían cambiando de frecuencia también de forma aleatoria. Por supuesto, seguía existiendo el problema de que dos aparatos emitieran a la vez por el mismo canal en el mismo momento, pero se observó que las probabilidades de que esto ocurriera eran muy bajas, con lo que las pérdidas de datos derivadas eran lo bastante pequeñas como para ser manejadas mediante un protocolo convencional de detección y corrección de errores.

El único problema que tenía esta tecnología era la necesidad de que el receptor pudiera escuchar simultaneamente en todos los canales utilizados, algo que en aquel momento ya era perfectamente posible (cuando Hedy inventó su aparato no lo era), pero con un coste mucho mas elevado de lo que los compradores estarían dispuestos a pagar, así que la idea tuvo que quedarse en el congelador hasta los primeros años del presente siglo, en que la tecnología ya se había abaratado lo suficiente como para que el cambio aleatorio de frecuencia se pudiera utilizar en equipos comerciales.

Así, todas las tecnologías inalámbricas de que disponemos en la actualidad, tanto la telefonía de tercera generación como el Wifi o el BlueTooth, se basan en el cambio aleatorio de canal. Como dato curioso, la telefonía de segunda generación (el archiconocido GSM), también es digital, aunque en este caso el problema de las interferencias se solucionò mediante un esquema de turnos, en el que la central telefónica hace de master y determina en que orden han de emitir los teléfonos; este esquema es mucho menos eficiente que el salto de frecuencias, pero la tecnología utilizada es mucho mas barata.

Y así es como una inventora que huyó de un marido déspota y que trabajó para el ejército estadounidense durante la II G.M. sentó las bases de los sistemas de comunicaciones digitales modernos. (Tomado del blog Teleobjetivo)