miércoles, 22 de septiembre de 2021

62. Francesca Caccini, la primera mujer en componer una ópera

 


El 18 de septiembre de 1.587 nació en Florencia una niña que asombró al gran mundo en su época por su voz, por su talento como tañedora de laúd y por sus dotes como compositora.

Francesca Caccini pertenecía a una familia de músicos. Su padre, Giulio Caccini, era un compositor famoso y popular. Desde muy joven, su padre le enseñó música y composición. Su madre, Lucia Gagnolanti, también era cantante. Su hermana menor, Settimia, también se convirtió en compositora y tenía un hermano mayor, Pompeo, que era cantante y pintor.

Giulio estaba empleado por la familia Médici. Giulio formó con su familia un grupo, llamado Il Concerto Caccini. Tanto Francesca como Settimia eran sopranos.

Existen dos versiones acerca de la primera actuación pública de Francesca como cantante. Por una parte, se suele considerar que su debut se produjo en 1.600. Giulio Caccini fue contratado  para cantar en los festejos con ocasión de la boda de Enrique IV de Francia y María de Medici, celebrada en  1600. Allí cantaron las dos hermanas  en la ópera de su padre Il rapimento di Cefalo, compuesta para la ocasión  probablemente, también lo hicieron en la ópera Eurídice, compuesta por Jacopo Peri. Francesca, que tenía 13 años, cautivó al rey con su voz. El rey le pidió que permaneciera en Francia, pero los Medicis se opusieron y la obligaron a volver a Florencia, junto con el resto de la familia.

Por otra parte, según Liliana Panella, el primer testimonio fundado de la actividad como cantante de Francesca, junto con su hermana Settimia, ocurrió en la corte de los Médici, es 1602: en su diario Cesare Tinghi señaló que el 3 de abril de 1602 en la iglesia de San Nicolás en Pisa, donde la corte se movía todos los años durante la Cuaresma, la música fue dirigida por «Giulio Romano (Giulio Caccini), con la esposa (su segunda esposa, Margherita) y las dos hijas cantando bien».

En cualquier caso, Francesca Caccini, después de su debut en Francia continuó cantando con sus padres, su hermanastro Pompeo, su hermana Settimia y posiblemente otros alumnos de Giulio sin identificar en un conjunto de sus contemporáneos conocido como Le donne di Giulio Romano. Más adelante, formó grupo con su hermana Settimia y el ejecutante romano Vittoria Archilei. En esta época recibió en ocasiones el apodo  La Cecchina (pájaro cantor). Después de que la corte la contratara, continuó actuando con el conjunto familiar hasta que el matrimonio de Settimia y el traslado resultante a Mantua causaron su ruptura. Francesca sirvió en la corte de los Médici como profesora, cantante de cámara, instructora de ensayos y compositora de música de cámara y de teatro hasta principios de 1627. En 1614 era la música mejor pagada de la corte (por encima de su padre), en gran parte porque su virtuosismo musical ejemplificaba muy bien una idea de excelencia femenina proyectada por la regente de facto de la Toscana, la gran duquesa Cristina de Lorena.

Francesca atrajo la atención de Claudio Monteverdi (1), impresionado por su canto, así como Pietro Della Valle, que alabó su habilidad vocal y su poesía.​ En 1607 contrajo matrimonio con un miembro del Camerata florentina, Giovanni Battista Signorini, con quien tuvo una hija, Margherita. 

Adquirió  una  enorme fama en todas las ciudades-estado de la actual Italia y junto al libretista Michelangelo Buonaroti (sobrino nieto del artista) escribió música para la Corte de los Médicis, así como el ya citado nuevo género, la ópera, inaugurado por Monteverdi. Se cree que Caccini fue una compositora rápida y prolífica, igual en productividad a sus colegas de la corte Jacopo Peri y Marco da Gagliano. Muy poca de su música sobrevive. Compuso la mayor parte de su música escénica para su interpretación en la corte de los Médici basada en comedias del poeta Miguel Ángel Buonarroti el Joven.  En 1618 publicó una colección de treinta y seis canciones solistas y dúos de soprano/bajo (Il primo libro delle musiche) que es un compendio de estilos contemporáneos. Para la mayoría de estas canciones, Caccini usó su propia poesía.  En 1625, obtuvo uno de sus mayores éxitos con su ópera La liberazione di Ruggiero dall’isola d’Alcina  (la única conservada de sus cinco óperas), compuesta para la visita del príncipe Ladislaus Sigismondo, ópera que fue interpretada asimismo en Varsovia en 1628, siendo esta la primera ópera italiana representada fuera de sus fronteras.

Francesca Caccini escribió parte o toda la música de al menos dieciséis obras puestas en escena. Se cree que se han perdido todas menos  La liberazione di Ruggiero y algunos extractos de La Tancia e Il passatempo publicados en la colección de 1618, Il primo libro delle musiche.

Después de que el primer marido de Caccini falleciera en diciembre de 1626, rápidamente se casó nuevamente en octubre de 1627 con un noble melómano originario de Luca, Tommaso Raffaelli y tuvio un hijo. llamado también Tommaso, en 1628). Su segundo marido murió en 1630,dejando a la joven viuda en una situación bastante acomodada.

 Aunque como esposa de un noble había rechazado al menos una solicitud para actuar (en Parma, en 1628), una vez enviuda por segunda vez, Caccini volvió al servicio de los Médici. Su regreso se retrasó por las plagas de 1630-1633, pero en 1634 Caccini estaba de regreso en Florencia con sus dos hijos y sirvió en la corte como maestra de música de su hija Margherita y de las princesas Médici. Además, componía e interpretaba música de cámara y espectáculos menores para la corte. Caccini dejó el servicio de los Médici el 8 de mayo de 1641. A partir de ese momento, la pista de Francesca desaparece para siempre.


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(1) Claudio Monteverdi, cuyo nombre completo era Claudio Giovanni Antonio Monteverdi (Cremona, bautizado el 15 de mayo de 1567 - Venecia, 29 de noviembre de 1643), fue un compositor, violagambista, cantante, director de coro y sacerdote italiano. Compuso tanto música secular como sacra y marcó la transición entre la tradición polifónica y madrigalista del siglo XVI y el nacimiento del drama lírico y de la ópera en el siglo XVII. Es una figura crucial en la transición entre la música del Renacimiento y del Barroco. Nacido en Cremona, donde realizó sus primeros estudios musicales y composiciones, inició sus estudios de música con Marco Antonio Ingegnieri, maestro de capilla de la Catedral de Cremona, y a los 16 años publicó sus primeras obras. Desarrolló su carrera primero en la corte de Mantua (c. 1590-1613) y luego, hasta su muerte, en la República de Venecia. Sus cartas sobrevivientes dan una idea de la vida de un músico profesional en la Italia de la época, incluidos los problemas de ingresos, patrocinio y políticos. Gran parte de la producción musical, incluidas muchas obras escénicas, se ha perdido. Su música sobreviviente incluye nueve colecciones de madrigales, en los que muestra su dominio de la técnica madrigalista; obras religiosas a gran escala, como su Vísperas de la beata Virgen de 1610, y tres óperas completas. En 1599, se casó con Claudia de Cataneis, que murió en 1607, y en ese mismo año se estrenó La fábula de Orfeo, su primer drama musical, considerado la primera ópera de la historia, tal y como se entiende hoy día.

Nota: No existe ningún retrato seguro de Francesca Caccini. Usualmente se la identifica en las dos pinturas que ilustran este post. La superior es un detalle del cuadro conservado en el Museo Thyssen de Madrid, obra de Jacopo Negretti (Palma el Viejo), donde figura como Retrato de una mujer joven llamada "la bella".  El segundo es una obra de Orazio Gentileschi titulado "Tañedora de laud", de la Galería Nacional de Washington. Se cree un más que probable retrato de Francesca Caccini, famosa por su maestría con este instrumento.






sábado, 18 de septiembre de 2021

61. María Luisa de Borbón, la infanta española que componía sinfonías

En mi propósito de divulgar las historias de mujeres que merecen ser descubiertas, no me duelen prendas en compartir textos escritos por otras personas, con tal de ofrecer personajes interesantes. Asi se ha dado el caso cuando he conocido  la historia y el personaje de María Luisa de Borbón, hija del rey Carlos IV. Como el texto está publicado  un sitio web que permite la republicación, eso hago, ciñéndome a sus condiciones, por otra parte muy sensatas y comprensibles. En un primer momento pensé en enlazarlo y ya está (menos trabajo y menos problemas), pero entonces sólo mis contactos de Facebook se enterarían y en la espesa selva de artículos interesantes que existen en internet quedaría como perdido. Por el contrario, si lo republico, quedará ahi, a disposición de lectores que lleguen a mi blog, aunque sea por azar.   Algún día, tarde o temprano, no estaré en condiciones de seguir con este blog, pero este blog quedará ahí, flotando virtualmente en busca de lectores interesados, al menos mientras Blogger siga existiendo, puesto que no lo eliminaré el blog aunque deje de escribir en él.  Me doy por satisfecha si contribuyo a que otras personas tengan oportunidad de disfrutar de los mismos conocimientos que yo he ido acumulando.

El texto que sigue fue escrito por  Ana Lombardía, Profesora Ayudante Doctora del Área de Música, Universidad de Salamanca, y publicado  con fecha 19 de julio de 2021 en The conversation.


Hace exactamente doscientos años, en 1821, se copiaban sobre papel italiano las sinfonías más antiguas conocidas de una compositora española. Su nombre aparece en los libros de historia política, y su rostro lo habrán visto en La familia de Carlos IV de Goya.

Se trata de María Luisa de Borbón (San Ildefonso, Segovia, 1782 – Roma, 1824), Infanta de España, Reina de Etruria y Duquesa de Lucca.

Gobernó en Florencia, se enfrentó a Napoleón, quien la encerró en un monasterio durante casi dos años, y reivindicó sus derechos dinásticos en unas memorias publicadas en cinco idiomas.

Pero también merece ser recordada en la historia del arte, la de la música e incluso la del feminismo. De hecho, su figura revela el activo papel de las mujeres en la vida cultural de principios del siglo XIX. Durante los 20 años que residió en Italia, fundó dos centros de enseñanza femenina y patrocinó a numerosos artistas, incluidas mujeres que, como ella, se adentraron en terrenos dominados por figuras masculinas.


La familia de Carlos IV (Francisco de Goya, ca. 1800). A la derecha, la infanta doña María Luisa, con su hijo Carlos Luis en brazos, y su esposo, el príncipe Luis de Parma. (Foto Wikipedia)

Música en familia

María Luisa de Borbón se formó en una corte marcadamente melómana, la de sus padres Carlos IV y María Luisa de Parma, aficionados respectivamente al violín y al canto.

La infanta estudió canto y piano con los mejores maestros, como Francesco Federici, y participaba activamente en las frecuentes veladas de música de cámara, junto a familiares y amigos. Entre ellos estaba su primo Luis de Parma, llegado a la corte española con la misión de elegir esposa. Pronto se decantó por María Luisa, con quien compartía una intensa pasión por la música. Juntos cantaban, tocaban el teclado a cuatro manos y coleccionaban partituras del repertorio más moderno, internacional y variado del momento.


María Luisa de Borbón, Reina de Etruria (Vincenzo Camuccini, 1817). La protagonista sostiene una partitura instrumental.  Galleria d'arte moderna di Firenze. (Foto Wikipedia)

Reina en Florencia

En 1801, Luis fue coronado Rey de Etruria, estado satélite de la Francia napoleónica establecido sobre Toscana. Se trasladaron con todas sus partituras al Palacio Pitti de Florencia. Encargaron nuevas decoraciones a artistas de renombre, como el escultor Antonio Canòva, y adquirieron los últimos modelos de fortepianos (antecesores del piano actual). Pero Luis, que padecía de epilepsia, falleció sólo dos años después, dejando a María Luisa viuda a los 20 años, con dos hijos pequeños y la responsabilidad de gobernar como Regente.

Mecenazgo feminista

Durante sus etapas como Reina de Etruria y Duquesa de Lucca, María Luisa ejerció un intenso mecenazgo de las artes, patrocinando a arquitectos, escultores, pintores y compositores cuyos nombres han pasado a la historia.

Destacan el mencionado Canòva o el propio Gioachino Rossini, a quien encargó una ópera que nunca llegó a completar.

Pero esta infanta también apoyó la carrera de artistas cuyos nombres han permanecido en la sombra por el hecho de ser mujeres, como la pintora Matilde Malenchini, la poetisa y bailarina Teresa Bandettini o la compositora Anna Marchi (hasta ahora desconocida).

Partituras que pertenecieron a la Reina de Etruria y su hija Luisa Carlota de Borbón. Estas partituras están decoradas con cintas de raso y motivos que imitan bordados, una estética típicamente femenina. Biblioteca Palatina de Parma, Fondo Borbone. (Foto de la autora)

Melómana y compositora

María Luisa de Borbón prestó especial atención a la música, ejerciendo no sólo de mecenas y coleccionista, sino también de intérprete y compositora. Reunió una colección de más de 2 000 partituras, tocaba el teclado prácticamente a diario y organizaba reuniones musicales con otras damas aficionadas, entre ellas su hija Luisa Carlota.

Significativamente, al ser nombrada Duquesa de Lucca en 1817, María Luisa se hizo retratar por el pintor de moda, Vincenzo Camuccini, con una partitura de música instrumental. Esta era considerada mucho más intelectual y compleja que la música para canto y piano, propia de la educación femenina de la época. Y es que ella misma compuso nada menos que cuatro “sinfonías” u oberturas para orquesta completa, con una plantilla de hasta veinte instrumentos.

Estas obras (las únicas conocidas de la infanta) son de las más tempranas entre los compositores españoles en imitar el estilo de Rossini, aunque sin renunciar a sonoridades típicamente españolas, como el esquema musical del fandango.


Portada de la Sinfonía a piena orchestra (María Luisa de Borbón – Reina de Etruria) Biblioteca Palatina de Parma, Fondo Borbone. (Foto de la autora)

Veladas musicales

La colección musical de la infanta, conservada en la Biblioteca Palatina de Parma, brinda una oportunidad única para reconstruir las veladas de música de cámara que compartían las mujeres de la época. Su mentalidad e intereses, reflejados por los textos líricos, podrían sorprender al oyente actual. Por ejemplo, la letra anónima de “Aquel que gime y suspira”, con música de Andrés Rosquellas, gira en torno a la libertad femenina en materia amorosa, repitiendo irónicamente los versos “entre amar y aborrecer/ prefiero mi libertad”.

Esta fue una de las canciones seleccionadas para el concierto-conferencia “Son regina e sono amante”, creado para la Real Academia de España en Roma en 2017. Toma su título de un aria dedicada a la infanta sobre el tema de Dido de Cartago, heroína femenina que, como ella, gobernó en solitario y defendió su autonomía. El espectáculo atrajo la atención de patrocinadores internacionales, generando una serie de siete conciertos en escenarios privilegiados, como Villa Adriana en Tivoli o el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso.


Página de la Sinfonía a piena orchestra (María Luisa de Borbón – Reina de Etruria) Biblioteca Palatina de Parma, Fondo Borbone. (Foto de la autora)


Sinfonías en femenino

Por supuesto, la recuperación práctica de esta colección musical también ha incluido las sinfonías de la propia infanta. Ha sido necesario realizar su edición crítica, es decir, una especie de restauración de las partituras a partir de manuscritos plagados de errores y omisiones.

Esta edición (que publicará próximamente el Instituto Complutense de Ciencias Musicales) permite a los músicos actuales interpretar esta música olvidada por primera vez en tiempos modernos. Por ejemplo, la Sinfonía 1 fue estrenada en el bicentenario del Museo Nacional del Prado por la orquesta historicista La Tempestad, dirigida por una mujer (Silvia Márquez).

El pasado 24 de julio, los mismos intérpretes tenían previsto  estrenar la Sinfonía 2 y la Sinfonía 3 de la Reina de Etruria, celebrando los 200 años de su composición. Será en el concierto “Sinfonía en femenino”, patrocinado por Patrimonio Nacional, en un lugar muy simbólico en relación con la familia real: el Monasterio de El Escorial, precisamente el lugar donde María Luisa de Borbón descansa para siempre.



martes, 14 de septiembre de 2021

60. Anna Essinger, la escuela que salvó vidas


 Anna Essinger nació en Ulm el 15 de septiembre de 1879. Era la mayor de los nueve hijos de una pareja judía no observante. A los 14 años tuvo que dejar el colegio para ayudar a su madre a cuidar de sus hermanos más pequeños.

Cuando tenía veinte años, una tía que vivía en los Estados Unidos la invitó a que se instalara con ella por un tiempo. Anna estudió en la Universidad de Madison en Wisconsin y se preparó para convertirse en profesora de alemán mientras se pagaba sus estudios dirigiendo una residencia de estudiantes. Se pagó sus estudios dando clases de alemán y dirigiendo una residencia de estudiantes. Obtuvo un título en estudios alemanes y formación como maestra. En su estancia en los Estados Unidos, Anna entró en contacto con la comunidad cuáquera cuyos principios y valores marcarían para siempre su camino.

En 1926, ella y dos de sus hermanas, Paula y Berthe, abrieron su propia escuela progresista en el pueblo de Herrlingen en Suabia. Al cabo de un año, el ministerio de educación regional describió su enseñanza como "muy hábil, fresca y estimulante", y comenzó a prosperar. Essinger creía que la vida doméstica tranquila en el entorno rural era el entorno educativo más productivo para los niños. Pero eso tenía que superponerse con una rigurosa disciplina académica y social. Uno de sus mandatos repetidos fue "amarse los unos a los otros o, si esto no es posible, al menos respetarse los unos a los otros".

En 1933, por supuesto, todo cambió. La primera pelea de Anna  con los nazis se produjo en abril, cuando a todas las escuelas se les ordenó colocar la esvástica en el cumpleaños de Hitler. Anna y sus hermanas llevaron a sus alumnos a una excursión por el campo de todo el día, pensando que una esvástica ondeando sobre una escuela completamente vacía no haría demasiado daño. Luego, los padres no judíos se vieron sometidos a una presión cada vez mayor para que se llevaran a sus hijos y algunos lo hicieron. Al mismo tiempo, los judíos desesperados descubrieron que la escuela de Herrlingen era una de las pocas que aún estaban dispuestas a aceptar a sus hijos. Cuando el gobierno decretó que ningún niño judío podía realizar el Abitur, el principal examen final de la escuela secundaria, era el momento de actuar.

En octubre de 1933, con el acuerdo de sus padres preparó a los niños para irse de Alemania. Los padres sabían que sus hijos no volverían, pero al menos salvarían la vida.  Anna llevó a un grupo de niños a un "viaje educativo" a Holanda. Su hermana Paula llevó a otro grupo a Suiza y ambas partes siguieron viajando hasta que se reunieron en Gran Bretaña, cuyos habitantes eran entonces totalmente ignorantes de lo que estaba sucediendo en Alemania e incapaces de comprender por qué más de 70 niños y sus maestros habían irrumpido repentinamente en la zona rural de Kent.

Bunce Court
Alquilaron, y luego compraron, una casa solariega del siglo XVII cerca de Faversham.  Bunce Court parecía un nuevo hogar perfecto, aunque los comienzos no fueron fáciles. Los inspectores de educación británicos consideraran la nueva escuela de manera desfavorable desde el principio.  En 1933, Inglaterra todavía estaba segura y la guerra aún no había estallado y la gente no estaba al tanto de lo que estaba sucediendo en Alemania y por qué Essinger y la escuela se habían ido. de allí. Sin embargo, en un año o dos, se habían realizado suficientes mejoras para que los funcionarios locales se dieran cuenta de que la escuela era bastante especial; Essinger se ganó el respeto de las autoridades locales y tuvo defensores de todos los ámbitos de la vida pública. Buscó familias de acogida inglesas para que los niños las visitaran los fines de semana.

A medida que Hitler apretó su agarre, la avalancha de niños refugiados aumentó y Anna acogió a tantos como pudo. Las organizaciones benéficas judías apoyaron a algunos, pagando sus gastos, pero no a todos. Determinada a que Bunce Court no se convierta en una escuela con la etiqueta de "judía", siempre mantuvo una proporción equilibrada  de alumnos que eran ingleses no judíos y pagaban por su educación y sus refugiados.  Sin dinero para personal, los niños debía ayudar por turnos en la limpieza, la cocina y el jardín en tareas sencillas que formaban parte de  su actividad escolar. Desde el primer momento, los alumnos recibían enseñanza de dos idiomas. En el comedor había mesas "en inglés" y "en "francés", donde era obligatorio hablar esta lengua mientras se comía. El sentido del orden de Anna mantuvo las cosas bajo control, pero nunca a expensas de la justicia interna y la democracia. La  indolencia y la intolerancia eran realmente los únicos delitos.

Hubo un momento difícil después de la evacuación de Dunkerque en 1940 cuando Kent fue declarada Área de Defensa. La escuela recibió tres días para evacuar Bunce Court. De alguna manera, Anna descubrió Trench Hall, una propiedad vacía  en Shropshire, donde la escuela pasó el resto de la guerra. 

No todo fue idílico. En 1945,  Anna a prohibió a los alumnos ir a la proyección de "Henry V" de Lawrence Olivier en el cine local,  porque le habían advertido que también se mostrarían imágenes de algunos campos de concentración. En parte, estaba horrorizada de que los niños pudieran darse cuenta de lo que probablemente les había sucedido a sus padres. Pero más tarde confesó a un alumno que también temía que les atacaran algunos de los lugareños más irracionales.

No pudieron regresar a Bunce Court hasta 1946. A lo largo de 22 años, Essinger cuidó y enseñó a más de 900 niños. Cuando los nazis extendieron su alcance, los niños llegaron primero de Alemania, luego de Austria, Polonia, Checoslovaquia e Inglaterra. Los últimos años fueron particularmente difíciles. Su vista estaba fallando, pero lo que es más significativo, los últimos niños en llegar a su escuela fueron supervivientes de los campos de concentración nazis que ya no sabían cómo era la vida normal y, a veces, les resultaba muy difícil adaptarse.

Judíos deportados de Birkenau
Habiendo terminado el trabajo de su vida, Essinger cerró la escuela en 1948 y se retiró, Después de cerrar su escuela, Essinger pasó los años que le quedaban viviendo en Bunce Court y mantuvo correspondencia con sus antiguos alumnos.

Los ex alumnos de Bunce Court regresaron en cada oportunidad mientras la escuela aún existía; después de que cerró, se reunieron durante 55 años más. Se han referido a su "inmenso efecto" en sus vidas, como " Shangri-La " ya estar allí como "caminar sobre tierra santa".

Anna Essinger murió el 30 de mayo de 1960 en Otterden , Kent, Inglaterra.











miércoles, 8 de septiembre de 2021

59. Tapputi-Belatekallim, la primera química

Parece que las dos primeras personas (registradas) dedicadas a la química fueron dos mujeres. ¿Cómo se conoce este dato? Gracias a una tableta de arcilla de la antigua Mesopotamia, con escritura cuneiforme y fechada alrededor del año  1200 a. C..


En la inscripción sobre esta tableta se cita a Tapputi-Belatekalllim y a otra persona cuyo nombre –(–)ninu– aparece parcialmente borrado, y que probablemente era ayudante de la primera. Se describe a ambas mujeres como perfumistas.

El título de ‘Belakkallilm’ –supervisora de palacio– para Tapputi indica que ocupaba un lugar de importancia en la sociedad en la que vivía, desde luego elaborando sus perfumes para la realeza.

En esta época, el perfume se utilizaba, además del uso personal de personas adineradas, como ofrenda religiosa y requería de especiales habilidades para su elaboración. Para fabricar sus lociones, estas mujeres utilizaban flores, aceite,  ciprés, mirra y bálsamo.

En la tableta también se comenta que Tapputi usó el primer alambique en la historia, que desarrolló sus propios sistemas de destilación y que escribió un tratado sobre perfumería, que lamentablemente no se ha conservado. Todas estas habilidades pueden considerarse, sin duda, como primeros experimentos de química.