martes, 30 de junio de 2020

4, La mujer detrás del GPS




Gladys Brown nació en 1930 en el condado de Dinwiddie, Virginia, un sitio "muy rural".


Su familia tenía una pequeña granja, y ella estaba destinada a  trabajar en el campo con ellos, pero   tenía otras ambiciones: no quería quedarse allí recogiendo tabaco, maíz o algodón como sus vecinos. Tampoco quería trabajar en la fábrica cercana, machacando las hojas de tabaco para confeccionar cigarrillos o preparar tabaco para pipas.

Comprendió que su camino pasaba por marcharse a la ciudad, donde tendría otras oprtunidades. Cuando fue accediendo a más educación, obtuvo calificaciones más altas y aprendió que la educación era lo que me ayudaría a salir de allí.

Terminó secundaria con unas notas tan altas como para asegurarse una beca universitaria. Al principio no sabía qué estudiar, porque destacaba en todas las materias y le aconsejaron que eligiera matemáticas o algo tan difícil que eligiera poca gente. Y se decidió por las matemáticas, algo que en su Universidad cursaban muy pocas mujeres. La pocas compañeras mujeres que tenía se dedicaron a la enseñanza. Ella también lo hizo durante dos años, y entonces tuvo la oportunidad de trabajar en la base naval de Dahlgreen. Allí, West recopilaba y procesaba información de satélites, y la usaba para determinar su posición exacta.

Al mismo tiempo que West trabajaba como matemática, el movimiento por los derechos civiles en EE.UU. ganaba fuerza. Pero ella tuvo que mantenerse al margen porque, al trabajar para el gobierno, podía traerle problemas para su trabajo. En la base sólo habia otros tres negros, una mujer y dos hombres. Gladys se casó con Ira West, uno de sus compañeros. West continuó trabajando como matemática y su trabajo fue recompensado cuando la directora de su departamento la nominó en 1979 para recibir una mención. Así, West fue recomendada para encargarse del proyecto del radioaltímetro Seasat, el primer satélite que podía observar remotamente los océanos.

Tras retirarse en 1998 después de una carrera de más de 40 años. West regresó a la educación e inició un doctorado que tuvo que interrumpir cuando sufrió un derrame cerebral que afectó su audición, vista, equilibrio y movilidad. "De repente", dice, "estas palabras me vinieron a la mente: 'No te puedes quedar en la cama, tienes que levantarte y terminar tu doctorado, Y West lo logró.

Su historia y sus logros, sin embargo, no salieron a la luz sino hasta que un estudiante de su universidad,  leyó una breve biografía que West había entregado para un acto de alumnos. Entonces,  comenzaron a aparecer diversos artículos sobre West aparecieron en la prensa local, estudiantes escribieron sobre ella y West fue reconocida oficialmente por el Senado de Virginia  "por su innovadora carrera en matemáticas y por su contribución vital a la tecnología moderna". En 2.017, el capitán Godfrey Weekes,  comandante en Dahlgren, dijo que West había jugado un "rol fundamental" en el desarrollo del GPS.

lunes, 29 de junio de 2020

3, Guapísima y superdotada




A pesar de la inconsistencia del mito sobre la incompatibilidad de que una mujer sea muy inteligente y a la vez muy guapa, sobre todo si se dedica al espectáculo, la leyenda sigue muy arraigada hasta el día de hoy. Parece creerse que aquellas mujeres que han escogido una profesión donde se valora la belleza lo han hecho porque no tenían otras cualidades. Pero hay ejemplos muy conocidos que tiran por tierra esta absurda teoría, como Hedy Lamarr.

Hedwig Eva Maria Kiesler nació en Viena en 1914. Su gran inteligencia se hizo patente desde pequeña, y era considerada superdotada por sus profesores. A los 16 años empezó a estudiar ingeniería, pero tres años después su afición por lo artístico se impuso y comenzó a trabajar en el teatro.

Su carrera cinematográfica empezó con un escándalo, al protagonizar la película checa “Éxtasis” (1933), en la que aparece el primer desnudo integral de la historia del cine (entendido como el primer desnudo en una película comercial; antes de eso se habían hecho algunos cortometrajes eróticos para adultos). A partir de ahí se hizo famosa en todo el mundo. Esa fama atrajo al millonario Friedrich Mandl, que concertó con sus padres un matrimonio de conveniencia. Eva se vio obligada por ellos a casarse contra su voluntad, convirtiéndose en una especie de presa de su celosísimo marido que, además de iniciar la localización y destrucción de todas las copias de la película (1), hizo que abandonara su carrera cinematográfica y la sometió a una vida de auténtica prisionera.

Durante este periodo, Eva retoma sus estudios de ingeniería para distraerse, e inicia una relación sentimental con su asistenta, lo que le permitiría finalmente escapar de su marido/carcelero. Ayudada por esta mujer, monta un complicado plan de fuga y se escapa por la ventana de un restaurante, teniendo preparado un coche que la lleva hasta París y de ahí a Londres. Pero como todavía no se sentía suficientemente a salvo, decide ir a Estados Unidos donde Louis B. Mayer la protege, relanza su carrera en el cine y le da su nombre artístico, Hedy Lamarr. No fue muy afortunada eligiendo sus películas. La única que destacó un poco fue “Sansón y Dalila”. Por otra parte, rechazó los papeles de “Luz de gas” y “Casablanca”.

Su marido era simpatizante de los nazis y fue proovedor de armas de Mussolini durante la ocupación de Abisinia. Eva, que odiaba a los nazis, ayudada por sus conocimientos de ingeniería, había aprovechado para sonsacar a su marido y a sus socios todos los conocimientos de la tecnología armamentística de la época que estaban a su alcance, información que luego cedió a las autoridades de EEUU. Pero su aportación más importante fue la invención de la técnica de conmutación de frecuencias, que patentó en 1941, y que consistía en un equipo de radio que cambiaba de frecuencias constantemente, con lo que al enemigo le resultaba imposible seguir la señal. En esa tecnología se basan los sistemas de comunicaciones digitales modernos, por lo que la podemos considerar como una precursora de la tecnología en la que se basa el wifi y la telefonía 3G (2).

Eva se casó cinco veces más, y tuvo tres hijos, uno de ellos adoptado. Sobrevivió a su último marido 35 años. En 1957 hizo su última película, y a partir de ese momento su vida fue un desastre. Perdió mucho dinero en varios escándalos, incluidos dos arrestos por robar en tiendas. Se dedicó entonces a la pintura, para la que tenía bastantes cualidades, pero esa actividad no le permitía pagar sus grandes deudas. Arruinó su belleza natural con varias operaciones de cirugía estética y vivió sus últimos años en la pobreza, totalmente enclaustrada, comunicándose con sus hijos y amigos únicamente por teléfono. Murió en enero de 2.000.

Como en tantos otros casos, su brillantísima inteligencia para la ciencia se vio unida a una gran incapacidad para encauzar de modo feliz su vida privada.

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(1) No consiguió todas las copias de la película, alguna de las escenas están disponibles en algunos sitios de internet, muy pocos. Youtube tenía el vídeo pero lo retiró. Ésta es una de las web donde se pueden ver algunos planos. Una vez pinchado el enlace, para que se pueda ver el vídeo tenéis que pinchar en un botoncito donde declaráis ser mayores de 18 años.

(2) En los años 90, los ingenieros que trabajaban en el desarrollo de las redes informáticas inalámbricas se encontraron con el problema de evitar que los equipos que integraban la red se interferirieran entre si. El problema estaba claro, si dos aparatos emiten a la vez por el mismo canal, sus señales se interfieren y a los receptores no les llega nada; la solución obvia es hacer que los equipos estén escuchando el canal y emitan únicamente cuando no hay nadie mas emitiendo, pero esto tiene un problema: ¿Que pasa si dos equipos empiezan a emitir simultáneamente? Este problema es muy real, ya que los equipos informáticos funcionan a unas velocidades muy altas, de manera que en las milésimas de segundo que tarda una señal de radio en recorrer la distancia que le separa de alguno de sus compañeros de la red, este último tiene tiempo de comprobar el canal y realizar su propia emisión.

En general, se observó que los esquemas basados en regular el tráfico para evitar que varios aparatos emitieran a la vez eran muy ineficientes. En este punto, se puso sobre la mesa la invención de Hedy Lamarr; en este caso, la idea era que los equipos, en lugar de utilizar un único canal, utilizarían un rango de canales de radio, y a la hora de transmitir elegirían uno de ellos al azar, e irían cambiando de frecuencia también de forma aleatoria. Por supuesto, seguía existiendo el problema de que dos aparatos emitieran a la vez por el mismo canal en el mismo momento, pero se observó que las probabilidades de que esto ocurriera eran muy bajas, con lo que las pérdidas de datos derivadas eran lo bastante pequeñas como para ser manejadas mediante un protocolo convencional de detección y corrección de errores.

El único problema que tenía esta tecnología era la necesidad de que el receptor pudiera escuchar simultaneamente en todos los canales utilizados, algo que en aquel momento ya era perfectamente posible (cuando Hedy inventó su aparato no lo era), pero con un coste mucho mas elevado de lo que los compradores estarían dispuestos a pagar, así que la idea tuvo que quedarse en el congelador hasta los primeros años del presente siglo, en que la tecnología ya se había abaratado lo suficiente como para que el cambio aleatorio de frecuencia se pudiera utilizar en equipos comerciales.

Así, todas las tecnologías inalámbricas de que disponemos en la actualidad, tanto la telefonía de tercera generación como el Wifi o el BlueTooth, se basan en el cambio aleatorio de canal. Como dato curioso, la telefonía de segunda generación (el archiconocido GSM), también es digital, aunque en este caso el problema de las interferencias se solucionò mediante un esquema de turnos, en el que la central telefónica hace de master y determina en que orden han de emitir los teléfonos; este esquema es mucho menos eficiente que el salto de frecuencias, pero la tecnología utilizada es mucho mas barata.

Y así es como una inventora que huyó de un marido déspota y que trabajó para el ejército estadounidense durante la II G.M. sentó las bases de los sistemas de comunicaciones digitales modernos. (Tomado del blog Teleobjetivo)

domingo, 28 de junio de 2020

2, María Gertrudis Hore Ley "La hija del sol"

Es una lástima que la vida de esta poetisa gaditana sea escasamente conocida. Por más que haya sido investigada por estidiosos como Frederique Morand,  doctora en Letras y Civilización Hispánicas por la Universidad de París, cuyos años de investigación se plasmaron finalmente en la obra Una poetisa en busca de libertad. María Gertrudis Hore y Ley 1742-1801, publicada finalmente por la Diputación de Cádiz en 2.008, pesó finalmente más el cuento que sobre ella escribió Fernán Caballero, titulado "La hija del sol" seudónimo con el que firmaba sus poesías.

Nació María  Gertrudis en Cádiz  el 5 de diciembre de 1.742, en una familia de irlandeses dedicados al comercio. Recibió una educación acorde a la época y al estatus social de sus padres. Pronto destaca por su belleza y cultura: traducía latín e italiano; tenía conocimientos de francés, matemáticas, historia, geografía y astronomía; tenía gran afición por la lectura y gran facilidad para versificar y muy aficionada a la música, Conocida en las tertulias literarias e ilustradas de Cádiz y Madrid y en la tertulia del científico Jorge Juan  Antes de cumplir los veinte años, el 15 de agosto de 1762 se casa con Esteban Fleming, comerciante radicado en El Puerto de Santa María que viaja con frecuencia a América en un matrimonio secreto con dispensa de amonestaciones, costumbre frecuente entre los comerciantes de la ciudad . Sus poemas aparecen publicados en el Correo de Madrid, a partir de 1787, y en el Diario de Madrid desde 1795. También en Semanario erudito y curioso de Salamanca, y Diario de Barcelona, entre otros. Su producción literaria fue abundante, aunque sólo se conservan un par de manuscritos en la Biblioteca Nacional, Poesías varias y Poesías, aunque también se sabe que ella misma destruyó muchas de sus obras en un afán expurgatorio, En su investigación F, Morand también descubrió algunos poemas olvidados en Santander.

  A los 35 años profesa, con autorización de su marido, como religiosa en el convento de clausura de las religiosas concepcionistas de Santa María adoptando el nombre de Sor María de la Cruz, sin abandonar la producción literaria. Llegó a ser secretaria del convento, donde permaneció hasta su muerte, el 9 de agosto de 1.801.

Cuando Cecilia Bhol de Faber escribió el relato La hija del sol, introduce un episodio que no se sabe si es realidad o ficción. María Gertrudis marcha a pasar una temporada a una casa que el matrimonio tenía en la Isla de León mientra su marido viaja a La Habana, y allí se enamora de un brigadier de guardiamarinas que la visitaba con la complicidad de una criada negra. Una noche su amante es apuñalado ante la casa y ama y criada retiran el cadaver y limpian la sangre. Pero al día siguiente lo ve desfillar ante sus marinos y cree que se está volviendo loca. Otra versión es que tiene un sueño premonitorio de lo que ocurrirá si consuma el adulterio. Sea como fuere, Gertrudis escribe a su marido, le confiesa todo y le pide autorización para irse a un convento.

Qudan algunas incógnitas en su historia ¿Ocurrió el incidente del brigadier o fue fruto de la imaginación popular o de Fernán Caballero para explicar la decisión de  irse al convento? ¿Tuvo un hijo? Porque escribió un poema "a un hijo muerto de viruela", pero no se sabe si era una experiencia propia o se ponía en el lugar de una madre a la que le hubiera sucedido. Demasiadas lagunas, a pesar de la abundante bibliografía sobre el personaje:

Bibl.: N. M. de Cambiaso, Memorias para la biografía y para la bibliografía de la Isla de Cádiz, vol. II, Madrid, Imprenta de León Amarita, 1830, págs. 72-80; M. Serrano y Sanz, Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833, vol. I-2, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1903-1905, págs. 523-532; A. Aguilar Piñal, Índice de las poesías publicadas en los periódicos españoles del siglo xviii, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1981; R. P. Sebold, “La pena de la Hija del Sol. Realidad, leyenda y Romanticismo”, en L. T. del Valle y D. Villanueva (eds.), Estudios en honor a Ricardo Gullón, Lincoln, Nebraska, Soc. of Spanish-American Studies, 1984, págs. 295-308; C. Sullivan, “Dinos, dinos quién eres: The Poetic Identity of María Gertrudis de Hore (1742-1801)”, en M. Z. Hafter (ed.), Pen and Peruke: Spanish Writters of the Eighteenth Century, Michigan Romance Studies, XII (1992), págs. 153-183; E. Lewis, “Mythical Mystic o Monja romántica?: The poetry of María Gertrudis Hore”, en Dieciocho, 16, 1-2 (1993), págs. 95-109; C. A. Sullivan, “Las escritoras del siglo xviii”, en I. M. Zavala (ed.), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana) IV. La literatura escrita por mujer (de la Edad Media al siglo xviii), Barcelona, Editorial Anthropos, 1997, págs. 305-330; M. Bolufer Peruga, Mujeres e Ilustración: la construcción de la feminidad en la Ilustración española, Valencia, Editorial Alfonso el Magnánimo, 1998; C. Martínez, R. Pastor, M. J. de la Pascua y S. Tavera (dirs.), Mujeres en la historia de España. Enciclopedia biográfica, Barcelona, Planeta, 2000; M. Nang, “La verticalidad espiritual de la poesía de doña Gertrudis de Hore”, en Cuadernos de Investigación de la Literatura Hispánica, 25 (2000), págs. 63-90; F. Morand, “María Gertrudis Hore, una poetisa olvidada en la segunda mitad del siglo xviii”, en M.ª J. Porro Herrera (ed.), Romper el espejo. La mujer y la trasgresión de códigos en la literatura española: escritura, lectura, textos (1001-2000), Córdoba, Universidad, 2001; Doña María Gertrudis Hore (1742-1801): una poetesse gaditane entre le siècle et la clôture, tesis doctoral, Lille, Université de Lille III, 2001; E. Palacios Fernández, La mujer y las letras en la España del siglo xviii, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2002; “El Parnaso poético femenino en el siglo xviii: escritoras neoclásicas”, en L. Montejo Gurruchaga y N. Baranda Leturio (coords.), Las mujeres escritoras en la historia de la literatura española, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2002, págs. 85-121; F. Morand, “Primer acercamiento a la poetisa y religiosa doña María Gertrudis Hore (1742-1801), alias la Hija del Sol”, en Cuadernos de la Ilustración al Romanticismo, 10 (2002), págs. 171-184; Doña María Gertrudis Hore (1742- 1801), vivencia de una poetisa gaditana entre el siglo y la clausura, Madrid, Ayuntamiento de Alcalá de Henares,








sábado, 27 de junio de 2020

1. Feliciana Enríquez de Guzmán, la sevillana que se codeaba con Lope de Vega


El siglo XVII es conocido como el Siglo de Oro debido al avance en positivo que se produce en todas las vertientes de la literatura española. Géneros y costumbres cambian y modelan un nuevo ámbito. En lo relativo al teatro, la aparición de la mujer como dramaturga supone un giro de 180º, ya que su papel se había limitado hasta el momento a la actuación, no a la escritura. A partir de ese momento se revela como una figura con nombre propio y reconocimiento.

Ese cambio revolucionario se produjo, aún con dificultad, en dos grandes vertientes. La primera, y más conocida, fue por medio de los conventos, puesto que la mayoría de las niñas eran instruidas en colegios de monjas, por lo que estas debían tener algunos conocimientos para después enseñarlos. Así, muchas mujeres decidían hacerse monjas para huir de la presión social, que les negaba su espacio tanto personal como literario. La otra vertiente era la de aquellas que, fuera del convento, luchaban por hacerse un sitio en la escena literaria (1).


Feliciana Enríquez de Guzmán, como María de Zayas, Ana Caro, Leonor de la Cueva o Ángela Azevedo, eligió el camino difícil (desarrollando su vocación fuera de los muros protectores de un convento), a diferencia de sus hermanas Carlota y Magdalena, monjas en el convento de Santa Inés de Sevilla. Nació en Sevilla, en el último tercio del siglo XVI, y se casó con Cristóbal Ponce de Solís, enviudando pronto. Contrajo un segundo matrimonio con Francisco de León Garavito, y en 1630 enviudó de nuevo.

No sabemos en qué momento de su vida, en un alarde de valentía, se atrevió a asistir, disfrazada de hombre, a la Universidad de Salamanca. Su plan se vino abajo porque allí se enamoró de otro estudiante y tras tres años de engaño renunció a su disfraz. He leído que ese estudiante que conoció en Salamanca fue su segundo marido, pero no hay nada seguro. Lo que se sabe es que Francisco de León había estudiado en Salamanca, siendo licenciado en Cánones, luego cabe la posiblidad que enamorado de Salamanca y segundo marido fueran la misma persona.

Feliciana Enríquez, a la que se considera la primera dramaturga española, que abrió camino a otras, desafió convencionalismos y buenas costumbres y escribió, desde fuera de un convento, en prosa y en verso, teatro y poesía lírica.  Fue autodidacta y dominaba materias como la mitología, el lenguaje jurídico, los poetas cómicos y otras dentro de la literatura profana. Conocida sobre todo por su “Tragicomedia de los Jardines y Campos Sabeos”, tuvo el atrevimiento de añadir posteriormente a esta obra unos entreactos en prosa (muy poco corrientes en el teatro barroco) llamados “Las gracias mohosas” y que en sí mismos constituyen una comedia del absurdo donde, no sólo critica la forma de escribir teatro de sus contemporáneos masculinos, sino que presenta a unos personajes femeninos totalmente contrarios a los arquetipos del momento.

Alcanzó el reconocimiento en vida, vio sus obras publicadas y algunos autores famosos escribieron sobre ella y sus andanzas. Lopc de Vega, en la silva 3ª de su Laurel de Apolo, escribe acerca de su aventura universitaria salmantina (2). Tirso de Molina se refirió a ella en su obra “El amor médico” (3). Curiosamente, esta obra de Tirso trata sobre una mujer que, vestida de hombre, estudia en la Universidad de Coimbra, y además se representó en Sevilla cuando aún vivía Feliciana, por lo que todo el que acudiera a la representación sabría en quién se inspiraba Tirso.

Una precursora.

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(1) Henar Pérez Martín en “Red teatral”

(2) “Mintiendo su nombre,/ Y transformada en hombre,/ Oyó Filosofía,/ Y por curiosidad Astrología. (…) Y de aquella científica Academia/ Mereció los laureles con que premia;/ No de otra suerte que a Platón divino/ Aquella celebrada Mantinea,/ Que en forma de varón a Grecia vino”.

(3) “¿Siempre han de estar las mujeres/ Sin pasar la raya estrecha/ De la aguja y la almohadilla?/ celebre alguna Sevilla/que en las ciencias  aprovecha