lunes, 24 de mayo de 2021

42. Kono Yasui, "la primera"

 

Kono Yasui nació 1880. Fue la mayor de nueve hermanos, todos hijos del propietario de una empresa de transporte marítimo. Su propio nacimiento definiría una de las constantes de su vida: ser la primera en muchos aspectos.

La familia estaba asentada en Sanbonmatsu, una ciudad portuaria en la prefectura japonesa de Kagawa. El ambiente local era abierto y progresivo, debido a la diversidad de visitantes que arribaban y traían consigo sus costumbres y culturas. Los padres de Kono la dejaron crecer en medio de esa atmósfera liberal, poco usual en una niña de su época.

Desde un momento temprano en su infancia, la pequeña demostró agudeza para el conocimiento y una notable pasión por los estudios. Su padre frecuentemente le facilitaba libros de Historia y otras materias que cultivarán ese interés.

En la escuela, Kono resaltaba por su entusiasmo hacia las Matemáticas y las ciencias naturales en general. Hasta los 18 años, fue educada en escuelas privadas, puesto que en su provincia todavía no existían colegios públicos para las niñas.

En 1898, la joven fue matriculada en la Escuela Superior para Mujeres (hoy Universidad Ochanomizu) de Tokio. Durante ese período se especializó para convertirse en maestra de ciencias.

Al finalizar estos estudios, en 1902, le ofrecieron un puesto de trabajo en la prefectura de Gifu. Kono aceptó el puesto y se marchó a una nueva ciudad, esta vez para convertirse en profesora para otras niñas que, como ella, sentían atracción por los saberes.

Desde esta posición laboral, la investigadora fue propuesta por uno de sus profesores para la redacción de un libro de Física que se impartiría en escuelas para niñas. Sin embargo, los prejuicios de la sociedad japonesa de principios del siglo XX impidieron que este proyecto se materializara. Las protestas de científicos masculinos y el rechazo del propio Ministro de Educación de la época, consiguieron desechar la idea. La cultura nacional seguía siendo extremadamente cerrada y conservadora.

A pesar de todo, la joven maestra se dedicó a esa tarea por tres años. Justo entonces, se concretó un curso de posgrado en el centro académico donde se graduó como maestra. Kono se convirtió en la primera mujer en ingresar a este programa de estudios con una especialización en investigación científica.

Comenzó a ser supervisada por el profesor Tomotaro Iwakawa, quien encaminó sus talentos hacia la zoología y la botánica. En ese primer año de trabajo se especializó en el aparato weberiano —una estructura anatómica del sistema auditivo de algunos peces— de las carpas.

Este proyecto de investigación le valió otro hito en su vida profesional. Nuevamente, fue la primera, esta vez la primera mujer que conseguía publicar un artículo científico en Zoological Science, revista académica japonesa.

Al completar su programa de posgrado, la Escuela Superior para Mujeres le ofreció un puesto como profesora asistente. Una vez más, quedó bajo las directivas de Iwakawa.

El académico propuso a la joven discípula una especialización en la embriología de las sanguijuelas. Kono rechazó la asignación, bajo el alegato de que odiaba a esas criaturas y, sin muchas consultas, redirigió sus pesquisas hacia la citología y embriología de algunas plantas.

Sus indagaciones sobre la Salvinia natans, un helecho acuático, fueron publicadas en Journal of Plant Science, de carácter local. No obstante, poco tiempo después, la británica Annals of Botany incluyó una ampliación del estudio entre sus páginas. Una vez más, Kono rompía los moldes y establecía el hito de ser la primera mujer japonesa cuyo nombre aparecía en una revista extranjera.

A pesar de ser una de las mentes más talentosas de su país, Kono volvió a experimentar prejuicios por el solo hecho de haber nacido mujer. A mediados de 1914, inició los preparativos para realizar un viaje que la llevaría a varias universidades internacionales para ampliar sus perspectivas y conocimientos. Estuvo a punto de no poder emprender la travesía. El Ministro de Educación de Japón se mostró renuente a permitir la iniciativa. Pero después de que muchos investigadores, la mayoría hombres, intervinieron en su favor, La autoridad decidió hacer una excepción. Sin embargo, impusieron varias condiciones a la científica. Kono debía  cursar “investigación de la economía doméstica” de conjunto con sus otras obligaciones académicas. Además, tuvo que comprometerse a que no se casaría. Aceptó las condiciones y emprendió su travesía.

Sus viajes la llevaron a Alemania y a Estados Unidos. En ambas naciones participó de proyectos investigativos relacionados con la biología celular. La experiencia amplió sus perspectivas académicas y puso su nombre juntos a expertos de la época.

De regreso a Japón, le ofrecieron formar parte de uno de los departamentos de estudio de la entonces Universidad Imperial (actualmente Universidad de Tokio). Al mismo tiempo, continuó en la Escuela Superior para Mujeres como profesora de genética y biología celular. Ocuparía esta posición durante más de 21 años. Aunque era la mejor en su campo de trabajo, no consiguió nunca la titularidad del puesto.

Estas injusticias siempre fueron mal justificadas por las autoridades con el argumento de que era mujer. No obstante, la científica se mantuvo firme y constante en sus esfuerzos.

De ese modo, en 1927, ocupó nuevamente el título de “pionera”. En esta ocasión, se convertía en la primera mujer nacida en Japón en defender su tesis doctoral y alcanzar el título. Su investigación se centró en el estudio de estructuras de lignito, carbón y el carbón bituminoso encontradas en Japón.

A lo largo de su carrera, la científica abrió el camino de la investigación y la enseñanza para muchas otras mujeres. Consiguió publicar un total de 99 artículos y fundó Cytologia, una revista académica centrada en la botánica japonesa.

Asociación de Antiguas Alumnas de la Escuela Superior de Mujeres

Sus labores como activista social contribuyeron a que la Escuela Superior de Mujeres, su alma mater, fuera establecida formalmente como universidad en 1949. Luego de este radical cambio, por fin se convirtió en profesora titular de ciencias y, tras su jubilación en 1952, consiguió la distinción de emérita.

En sus últimos años de vida, llegaron las distinciones que debió haber recibido durante toda ella. Le otorgaron la Medalla de Honor de Japón en 1955 y obtuvo la Orden de la Corona de tercera clase en 1965.

La última década de su existencia, Kono estuvo confinada en una cama. Una de sus hermanas menores cuidó de ella y fue la encargada de contar al mundo como la investigadora seguía exigiendo que le trajeran revistas y artículos científicos para poder estar actualizada.

Kono Yasui murió en 1971, a los 91 años de edad. Sus méritos personales la convirtieron en un ejemplo para las mujeres japonesas y el resto del mundo. En la historia de su nación quedará siempre grabada como “la primera”.

domingo, 23 de mayo de 2021

41. Sarmiza Bilcescu, la primera doctora en derecho del mundo fue rumana


 Sarmiza Bilcescu (27 de abril 1867 - 26 de agosto 1935) fue una jurista rumana especialmente conocida por ser la primera mujer de Europa licenciada en Derecho por la Universidad de París y la primera en el mundo que consiguió un doctorado de Derecho. (1)


Obtuvo la licenciatura de Derecho por la Universidad de París a pesar de tener grandes dificultades, incluso para poder acceder a las aulas. La acogida de los profesores fue gélida, la acogida de los alumnos fue con mucho respeto. A pesar de las dificultades, su presencia sirvió para allanar el camino a otras mujeres.

Fue la primera mujer en el mundo que consiguió un doctorado de Derecho,   con una tesis doctoral titulada "Sobre la condición jurídica de la madre", donde mostraba todas las contradicciones y la carencia de derechos de las mujeres y, muy especialmente, de las madres. La presentó, con 23 años, el 12 de junio del 1890 a la Facultad de Derecho de París. Se convirtió en la primera mujer que podía ejercer la abogacía en su país al ser admitida en la asociación de abogados del condado de Ilfov, pero lo abandonó seis años después para dedicarse a difundir y defender el derecho al acceso a la educación de las niñas y los niños de su país mediante becas, sobre todo en el ámbito rural. En 1915 puso en marcha una campaña a favor de ofrecer educación alternativa y adicional a las mujeres a quienes se había negado el acceso a la educación superior. Fundó, junto con otras mujeres, la Sociedad Rumana de Señoritas.

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(1) Cuidado con la Wikipedia, donde aparece como natural de Acín (Navarra) y fallecida en el mismo lugar.  No aparece ni una palabra sobre su familia o infancia. Un artículo raquítico el dedicado a esta mujer, con una bibliografía excesivamente general y enlaces rotos o inexistentes.

sábado, 22 de mayo de 2021

40. Caroline Lucretia Herschel, la primera astrónoma profesional de la historia


 

Caroline Lucretia Herschel nació el 16 de marzo de 1750 en la ciudad alemana de Hannover. Su padre era un músico militar con grandes inquietudes culturales que procuró dar a sus hijos una educación polifacética que incluía música, por supuesto, pero también matemáticas, astronomía, filosofía y francés. Su madre, por el contrario, pensaba que “para ser amas de casa las mujeres solo tenían que saber escribir y leer”. A escondidas, su padre le daba clases de música y le mostraba los cielos. Pero cuando murió en 1762, su madre la obligó a dedicarse exclusivamente a las labores del hogar y a cuidar de sus hermanos, ya que pensaba que una mujer deforme nunca se casaría. Y es que a los 3 años Caroline contrajo la viruela, que le dejó la cara marcada y a los 10 años tuvo tifus, que atrofió su crecimiento. A escondidas, su padre le daba clases de música y le mostraba los cielos.  

Tanto su hermano William como Alexander eran músicos y con 22 años se fue con ellos a estudiar canto. Era una buena soprano pero, excesivamente dependiente de las directrices de William, cantaba solo cuando este la dirigía.

William Herschel
En 1.772 pudo escapar del yugo materno cuando su hermano William –en aquel entonces un destacado organista y director de orquesta en la ciudad de Bath- la llevó a vivir con él en Inglaterra. A cambio, William  tuvo que garantizar a su madre el pago de una sirvienta que realizara el trabajo de Caroline. Y mientras se ocupaba del cuidado de su hermano, con el que siempre se sintió en deuda, pudo retomar su gran afición, la música, y llegó a ser una destacada soprano.

Poco después de la llegada de Caroline, William compró el libro "Astronomía", de Ferguson, y se enamoró para siempre de la ciencia de los cielos.  A medida que William en su tiempo libre se involucraba cada vez más en la astronomía, le enseñaba a Caroline matemáticas, álgebra, trigonometría y astronomía, además de inglés.

En 1781, William descubrió el planeta Urano, al que llamó 'estrella georgiana' en honor al rey Jorge III, y éste le nombró Astrónomo Real, con un salario de 200 libras al año. A partir de ese momento abandonó su profesión de músico y Caroline la de cantante de ópera. Ambos se dedicarían en cuerpo y alma al estudio del firmamento.

Desde un primer momento, Caroline colaboró con su hermano en el cálculo, diseño y construcción de sus propios telescopios; y le ayudó en la catalogación y revisión de sus observaciones, pues Caroline tenía tanta o más pericia a la hora de mirar por el telescopio, aunque sólo podía hacerlo cuando su hermano estaba de viaje. Mientras él observaba el Universo, ella anotaba los detalles, preparaba las observaciones del día siguiente, calculaba las estrellas que debían ser empleadas como referencia y acumulaba datos para las publicaciones de William.  También pulía y esmerilaba los espejos de los telescopios reflectantes que construían.

En 1783 Caroline descubrió dos cúmulos desconocidos y observó que el espacio estaba lleno de ellos. Los hermanos Herschel llegaron a descubrir 2.500, aunque los hallazgos individuales de Caroline apenas tuvieron crédito.

El 1 de agosto de 1786 encontró su primer cometa, que fue descrito como 'el primer cometa femenino'. El hallazgo fue recompensado por el rey Jorge con un sueldo de 50 libras anuales y con el reconocimiento de la comunidad científica, por lo que se la considera la primera astrónoma profesional. Caroline tenía por entonces 37 años. Durante los años siguientes descubrió otros siete cometas, nebulosas, galaxias espirales e irregulares y cúmulos abiertos que actualmente figuran en el Nuevo Catálogo General.

En 1798 envió a la Royal Astronomical Society su “Índice de observaciones de Estrellas fijas de Flamsteed”, con una lista de 560 estrellas que el astrónomo había omitido.

A la muerte de William, Caroline retornó a su natal Hannover, donde concentró su esfuerzo en la catalogación de los cuerpos celestes que había avistado.

En 1828 le fue concedida la medalla de oro de la Royal Astronomical Society (la siguiente medalla concedida a otra mujer no fue hasta 1.996, a Vera Rubin).

En 1835, con 85 años de edad, fue nombrada miembro honorario de esta Sociedad, ya que ser miembro de pleno derecho estaba vetado a las mujeres.

Caroline redactó  su propio epitafio, que decía  “Los ojos de ella, en la gloria, están vueltos hacia los cielos estrellados”. Caroline murió en Hannover  el 9 de enero de 1848, a los 97 años de edad.

En su honor un cráter de la Luna se llama Caroline Herschell y el asteroide Lucretia se llamó así por su segundo nombre.





miércoles, 12 de mayo de 2021

39. La mujer de hoy no tiene nombre, y los tiene todos

 

                                                                                                                                                                      1. Esto no se ha acabado, quedan muchas mujeres olvidadas que rescatar. Pero de muchas de ellas no vamos a poder decir: "fue la primera que", porque entraremos en otra época, el siglo XX y el momento presente. Pero, aunque incluso estén vivas, son mujeres que hay que traer a primer plano porque lo merecen, lo merecen tanto como Sofía Brahe (siglo XVI) y otras. No lo merecen menos porque lo hayan tenido más fácil. No todas las que lo tienen fácil aprovechan esa facilidad. De forma que el homenaje sigue,

2. No mencionaré nombres, pero sí bastantes cifras, hasta miles de millones. La cantidad que aportan unas posibilita la calidad que alcanzan otras. Hoy es el turno de las mujeres sin nombre donde casi todos vamos a poder incluir a nuestras madres, abuelas, hermanas. Así que cada cual le ponga nombre al título.

El trabajo de cuidados no remunerado es el “motor oculto” que sostiene la vida de muchas personas en el planeta, y mantiene la existencia de empresas y sociedades (Oxfam Intermón 2020). Son las mujeres las que realizan más de las tres cuartas partes de este trabajo. Las mujeres y niñas dedican 12 500 millones de horas diarias a ese trabajo sin reconocimiento ni salario que engloba actividades como el cuidado de niños y niñas, personas mayores, enfermas o discapacitadas, además de tareas domésticas como cocinar, lavar o ir a buscar leña o agua. Ese tiempo supone una contribución a la economía mundial de al menos 10,8 billones de dólares anuales, una cifra que triplica el volumen de la industria mundial de la tecnología, es decir, del gasto total en tecnología que realizan en todo el mundo personas, empresas y gobiernos. En muchas ocasiones, las mujeres tienen que reducir su jornada laboral o renunciar a sus empleos para poder cuidar a los demás. En todo el mundo, el 42 % de las mujeres no puede acceder a un empleo remunerado porque son las responsables del trabajo de cuidados, en comparación con tan solo el 6 % de los hombres.

Las más “afortunadas” constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado. Empleos como el de enfermera, trabajadora del hogar o cuidadora, a menudo están mal pagados, no tienen derechos laborales, conllevan un horario irregular y pueden suponer un importante desgaste físico y emocional.

Se prevé que, durante la próxima década, aumente la presión sobre las personas que se dedican al sector de cuidados, tanto remunerado como no, debido al crecimiento y envejecimiento de la población mundial. Se estima que para el año 2030, 2 300 millones de personas necesitarán cuidados; 200 millones más que en 2015. Además, el cambio climático podría empeorar la inminente crisis de las tareas asistenciales. Se calcula que, en 2025, hasta 2400 millones de personas vivirán en zonas donde no habrá agua suficiente, y las mujeres y las niñas se verán obligadas a recorrer mayores distancias para conseguirla.


El informe de Oxfam Intermón afirma que un incremento de tan solo el 0,5 % adicional en el tipo del impuesto que grava la riqueza del 1 % más rico de la población mundial durante los próximos 10 años permitiría recaudar los fondos suficientes para crear 117 millones de puestos de trabajo de cuidados en sectores como la educación, la salud, el cuidado infantil y la asistencia a las personas mayores.

Además, los gobiernos invierten muy poco en infraestructuras y servicios públicos vitales que también podrían contribuir a reducir el trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y las niñas. Las inversiones en sistemas de suministro de agua y saneamiento, electricidad, cuidado de menores y asistencia médica podrían liberar parte del tiempo que las mujeres y niñas dedican a estas tareas y mejorar su calidad de vida. Un gran número de países se enfrenta al reto que supone el envejecimiento de la población en un contexto en el que cada vez menos personas se dedican a proporcionar los cuidados y la atención que las personas mayores necesitan.

En la actualidad, el 11,5 % de la mano de obra a nivel mundial se dedica al trabajo de cuidados remunerado y, a medida que la población mundial siga envejeciendo, la demanda de estos cuidados se incrementará considerablemente y el sector asistencial podría suponer una gran cantidad de empleos dignos para millones de personas.

Según la Confederación Sindical Internacional (CSI), una inversión pública directa en la economía de los cuidados equivalente al 2 % del PIB en tan solo siete países de renta alta permitiría crear más de 21 millones de puestos de trabajo, de los cuales entre el 75 % y el 85 % estarían ocupados por mujeres. Sin embargo, si se ignora la necesidad de invertir en estos puestos de trabajo, serán las reglas del mercado las que se encarguen de proveer servicios de cuidados, con la consiguiente precariedad de salarios y el deterioro de las condiciones de trabajo, al mismo tiempo que se reduce la accesibilidad, la asequibilidad y la calidad de estos servicios.

No parece que tengamos una buena perspectiva global en el sector de los cuidados y tampoco, a corto plazo, auguramos para las mujeres un futuro de equidad, corresponsabilidad y recursos en el ámbito doméstico. Si focalizamos la situación en el primer mundo, en un núcleo familiar tradicional y le ponemos rostro y nombre a uno de los adultos, nos podemos encontrar con que esa persona ha perdido por completo el control de su vida, con un sentimiento de estar obligada a procurar el bienestar de los suyos olvidándose de su propia salud física y mental.

lunes, 10 de mayo de 2021

38. Sofía Pereiaslavtseva, la bióloga que descubrió los secretos del Mar Negro

 


Sofía Mikhailovna Pereiaslavtseva nació el 29 de septiembre de 1849. Era hija de Mikhail Pereiaslavtsev, coronel del Ejército ruso. Sus primeros estudios los cursó en Kursk, donde, con la excepción de un año en San Petersburgo, vivió hasta 1870. Pasó después dos años en Kharkov, sede de una universidad importante y de varios institutos científicos. Su primer trabajo publicado fue un estudio de los lepidópteros de la provincia de Vorónezh; también hizo estudios taxonómicos de la fauna del distrito de Kharkov.

La primera mitad de la década de 1860 fue un momento muy interesante en la historia rusa. Fue la época de las “Grandes Reformas”. En 1861 se abolió la servidumbre y se adoptaron decisiones políticas de gran calado. Fue una época excelente para los jóvenes varones, que disfrutaron de más libertad y mejores perspectivas de las que habían tenido generaciones anteriores. El interés por las ciencias naturales se extendió en la sociedad, en sintonía con una nueva mentalidad propia de un cambio de época. Las jóvenes no quedaron al margen de las tendencias del momento, aunque por su posición secundaria en las familias y en la sociedad, tuvieron acceso a ellas a través de sus hermanos varones, maestros de escuela y tutores privados, y mediante la prensa. Se puso de moda asistir a conferencias de divulgación científica, formar parte de un pequeño círculo juvenil que discutía sobre ciencia, filosofía y política, y que leía libros, también sobre ciencias naturales.

Ese fue el caldo de cultivo en el que surgió una generación que protagonizaría un fenómeno paradójico, como fue el liderazgo que ejerció un grupo de jóvenes rusas en el acceso a estudios superiores en carreras científicas y matemáticas en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX.

He calificado el fenómeno como paradójico precisamente porque en el siglo XIX, con algunas notables excepciones y durante periodos limitados de tiempo, las universidades rusas no admitían mujeres. Las que estaban interesadas en el estudio de las ciencias naturales o, incluso, a dedicarse profesionalmente a ello, debían intentar otras vías para satisfacer sus intereses.

Existieron tres las vías para conseguirlo: 

La primera opción era enfrentarse a la burocracia, en la confianza de que antes o después, conseguirían su objetivo.

La segunda consistía en salir del país e ir a estudiar a algunas de las universidades europeas en las que admitían mujeres; a partir de 1870 cada vez fueron más las que optaron por esa vía.

La tercera era hacerse autodidactas, que fue la que eligieron de forma mayoritaria las mujeres.

Sofía Pereiaslavtseva fue una de las protagonistas de ese fenómeno. De Kharkov viajó a Zúrich en 1872. Por entonces, la ciudad suiza se había convertido en un destino muy apetecido por las jóvenes rusas que salieron a estudiar a países extranjeros. Sofía fue una de las organizadoras de la “Biblioteca Pública Rusa”, que se convirtió en el centro de la juventud revolucionaria. Se involucró en las actividades políticas en torno a los intelectuales rusos exiliados Mikhail Bakunin y Peter Lavrov. Sofía era seguidora de Lavrov, de ideas más reformistas que revolucionarias, y en enero de 1874 fue nombrada bibliotecaria de la Biblioteca Lavrista, una pequeña escisión de la original, Bakunista.

Las actividades de los jóvenes rusos fuera de su país atrajeron la atención de la “Tercera Sección” (la policía secreta del Zar) y el gobierno decretó el regreso de los estudiantes rusos de las universidades europeas a su tierra natal, amenazándolos con represalias en caso de desobediencia. Sofía, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, optó por quedarse en Zúrich para terminar sus estudios.

Durante su estancia en Suiza aprovechó para visitar la Stazione Zoologica de Nápoles, que había sido fundado solo cuatro años antes y es hoy uno de los centros más antiguos del mundo de biología marina. Ella fue la primera mujer que visitó el laboratorio napolitano, donde recogió muestras que le servirían para su investigación doctoral.


En 1876 defendió su tesis doctoral en ciencias (titulada, en alemán, Vorläufige Mittheilungen über die Nase der Fische), que trató sobre la forma y la función del órgano del olfato en peces. Se convirtió así en una de las primeras mujeres en obtener un doctorado en ciencias en el mundo y quizás la primera en conseguirlo en zoología y en biología marina. Tras completar su doctorado, Pereiaslavtseva retornó a Rusia.

En aquella época, las sociedades científicas rusas –de creación, en consonancia con los nuevos tiempos, relativamente reciente– aceptaban mujeres. La pertenencia a las sociedades permitía asistir a las sesiones, presentar los trabajos propios ante el resto de miembros, acceder a la biblioteca y colección de ejemplares de la sociedad, y a sus revistas. A finales de los setenta ya aparecen nombres femeninos en las revistas científicas y durante los ochenta su número se elevó de forma significativa. También aumentó su presencia en las reuniones científicas.

Ese es el ambiente con que se encontró Sofía a su retorno a Rusia. Se incorporó a la Estación Biológica de Sebastopol –fundada en septiembre de 1871–, para sustituir de forma temporal a quien era su primer director, V. N. Ulyanin. La incorporación se produjo a instancias de Alexander Kovaleski, catedrático de la Universidad de Novorosíisk y secretario de la Sociedad de Naturalistas de Novorosíisk. Su investigación se orientó al estudio de la embriología y anatomía de los invertebrados del Mar Negro.

Pereiaslavtseva no solamente se incorporó como investigadora, sino que desempeñó también las funciones de directora, puesto que esa era la posición que ocupaba Ulyanin. Cuando se reincorporó este, a ella se le asignó una ayuda de 150 rublos para que continuase su investigación.

Durante los años en el laboratorio su investigación se centró en el desarrollo embrionario de anfípodos y turbelarios. Catalogó 200 especies animales del Mar Negro, incluyendo 105 protozoos (ciliados, principalmente). Publicó numerosos artículos científicos y dos monografías bellamente ilustradas sobre la fauna de la zona. Una de ellas, la más valiosa, fue la monografía sobre turbelarios, la primera publicada en ese campo, que es considerada hoy todo un clásico en la literatura zoológica. También publicó la primera carta náutica de la fauna de la Bahía de Sebastopol.

En 1880, Ulyanin dejó su puesto con carácter definitivo y Kovalevski se ofreció a asignar su puesto a Pereiaslavtseva, con la condición de que su salario fuera de solo 50 rublos al mes. La propuesta tuvo el respaldo de la Sociedad de Naturalistas de Novorosíisk, a la que pertenecía la Estación Biológica. Pereiaslavtseva aceptó y pasó a ocupar el puesto de directora durante diez años, desde 1878 hasta 1888, cuando fue asumido por Aleksander Kovaleski. Se convirtió así en la primera mujer en dirigir una institución científica en Rusia y muy probablemente en el mundo. En 1889 el VIII Congreso de Naturalistas y Médicos Rusos la eligió como directora de su sección de Zoología.

Aunque cesase como directora en 1888, Sofía se mantuvo como zoóloga jefa hasta 1891, cuando tras una fuerte disputa con Kovaleski, renunció a su puesto y dejó Sebastopol. Se encontró entonces en una situación difícil. Sin ningún medio de vida, pasó algún tiempo con sus parientes en San Petersburgo, haciendo ocasionales trabajos de traducción (la única forma, además de enseñar, que permitía a las mujeres rusas con estudios ganar algo de dinero) pero no pudo ganarse la vida de esa forma.

Sin embargo, al año siguiente, la Sociedad Imperial de Moscú de Naturalistas le otorgó una beca para desplazarse al extranjero, lo que le permitió volver a visitar la Stazione Zoologica de Nápoles, donde permaneció durante 15 meses, entre 1893 y 1894. En esta ocasión ocupó de forma “oficial” una de las “mesas rusas”; la Estación Zoológica disponía de puestos de investigación cuyo uso era sufragado, mediante el pago de un alquiler, por gobiernos, universidades y centros de investigación extranjeros. Sofía ocupó uno de esos puestos. Su primera estancia, la que hizo mientras residía en Zúrich, no había tenido ese carácter oficial. Pudo dedicarse así a estudiar la fauna de la Bahía de Nápoles y del sur de Francia.


Mientras ocupaba la mesa rusa de Nápoles, tuvo conocimiento de que se le había concedido el premio Kessler de la Sociedad Rusa de Científicos Naturales por su monografía sobre los turbelarios del Mar Negro.

El año siguiente, el IX Congreso de Naturalistas y Médicos Rusos recaudó suficientes fondos como para poder costearle una estancia en París, donde trabajó durante dos años en el Museo Nacional de Historia Natural. En el Museo parisino trabajó en el desarrollo de varias especies de arácnidos. Aprovechó la estancia para visitar la Estación Biológica de Roscoff. Abandonó Francia cuando se le acabaron los fondos.

En 1903 volvió a Odesa, con la esperanza de continuar sus investigaciones zoológicas en Sebastopol. Su situación era tan difícil que su viejo amigo, el profesor de botánica de la Universidad de Novorosíisk, Liudvig Al’bertovich Rishavi, publicó una nota en el periódico de la ciudad, Odesskii listok:


"Sin medios para vivir, ganándose el pan con traducciones de lenguas extranjeras, entre una indigencia pecuniaria increíble, a veces medio muerta de hambre, Sofía Mikhailovna continuó su labor científica, siguió publicando sus artículos científicos, lo que le dio una reputación europea… Como viejo amigo de S M Pereiaslavtseva, creo que mi deber es informar mediante esta carta a todos sus conocidos y simpatizantes y también a todas las mujeres educadas que aspiran a la educación superior sobre la difícil y casi desesperada situación de Pereiaslavtseva".

La Academia de Ciencias de San Petersburgo le envió algo de dinero.

Llegados a este punto, las fuentes consultadas discrepan con respecto a su final. Según la Wikipedia (francesa, Sofía M Pereiaslavtseva acabó siendo incorporada, en 1903, como profesora de zoología comparada a la Universidad de Novorossíisk.

Las otras fuentes barajan la posibilidad de que muriese por un tumor cerebral, aunque algunos de sus amigos insistieron después en que había muerto de hambre a causa de la penuria en la que transcurrieron los últimos meses de su vida. En cualquiera de estos casos, la muerte le sobrevino en Odesa el 1 de diciembre de 1903 a la edad de 54 años.

Pereïaslavtseva era una científica concienzuda y extraordinariamente exigente consigo misma. En sus investigaciones sobre el desarrollo no se conformó, como era habitual, con observar las fases consideradas más importantes. Eso implicaba que en ocasiones se quedaba observando el embrión durante las siguientes 30 a 36 horas a la puesta, y con interrupciones ocasionales de dos o tres horas, proseguía las observaciones de las siguientes fases. Era una de las zoólogas más respetadas de su tiempo. Sus dificultades para alcanzar una situación estable son buena muestra de las dificultades que sufría las mujeres científicas en aquella época, si no contaban con el apoyo de un científico varón o una fuente de ingresos propia. De su altura científica son buena muestra los hitos de su biografía consignados aquí, con logros a la altura de un ramillete muy escogido de grandes figuras.

Para saber más:

- Mary R. S. Creese (2015): Ladies in the Laboratory IV: Imperial Russia´s Women in Science, 1800-1900: A Survey of Their Contributions to Research. Rowman & Littlefield Publishers.

Sabrina Graber (2021): Sofia Pereiaslavtseva: A pioneer in marine zoology & research institution management. The European Marine Biological Resource Centre (EMBRC)-News.

Olga Valkova (2008): "The Conquest of Science: Women and Science in Russia, 1860–1940". Osiris 23 (1): 136-165.

Wikipedia: Sofia Pereïaslavtseva.