domingo, 13 de diciembre de 2020
23. Nellie Bly, pionera del periodismo encubierto, la mujer que demostró que Verne se equivocaba
domingo, 15 de noviembre de 2020
22. Margit Slachta , hubo muchos Oskar Schindler y algunos fueron mujeres
Una película afortunada catapultó a la fama a Oskar Schindler, pero, además de él, fueron muchos los hombres y mujeres que se jugaron la vida por salvar a miles de judíos del Holocausto. La mayoría de ellos no son tan conocidos como el ¡protagonista de la película de Spielberg, aunque también merecerían un film. Para representar a todos esos desconocidos elijo hoy a Margit Slachta, una húngara poco conocida que junto, a otras mujeres unidas bajo su inspiración, salvo a miles de judíos de una muerte cierta. Católica, activista del feminismo, defendió los derechos humanos desde el activismo y la política activa. Nació el 18 de septiembre de 1.884 en Košlice (o Kassa), que entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro.
Comenzó trabajando en la enseñanza, como profesora de francés y alemán. El sinsentido de las leyes anti-judías promulgadas tras la invasión de Hungría por parte de los nazis despertó en ella un sentimiento de rabia e indignación. Una de sus aspiraciones pasaba por poder formar parte del parlamento de su país para poder luchar en favor de las mujeres. Fundadora de la Unión de Mujeres Católicas, que luchaba por el voto femenino, Margit consiguió romper el techo de cristal de la política y en 1920, a sus treinta y seis años, se convirtió en la primera mujer en ocupar un escaño en la Dieta húngara. En 1923 fundó las Hermanas de Servicio Social. Las Hermanas Sociales eran bien conocidas por toda Hungría por sus labores de enfermería, partería y cuidado de huérfanos. Pronto fueron conocidas en Budapest, donde abrieron sus puertas a personas necesitadas, centrándose en los huérfanos, las mujeres embarazadas y desamparadas y los enfermos. También fundaron escuelas para formar a trabajadores sociales que ayudaran en el futuro en la misión de las Hermanas de Servicio Social. Las Hermanas de Servicio Social seguían los dictados de la espiritualidad benedictina y sentían una especial devoción por el Espíritu Santo. Daba también clases de justicia social cristiana. Margit Slachta unió así la política con la acción directa a través de actos caritativos y plasmó sus ideales en escritos espirituales y artículos reivindicativos.
Cuando en 1938 las primeras leyes anti-judías empezaron a amenazar la vida de esta comunidad en Hungría, Margit no les dio la espalda y denunció en su periódico La voz del espíritu lo injusto de tales medidas. El gobierno intentó silenciar a aquella mujer que hablaba claro sobre los derechos humanos cerrando en 1943 su publicación, que ella continuó difundiendo de manera clandestina.
Ni ella ni sus hermanas se amedrentaron ante la creciente amenaza que se vertía cada día con más virulencia sobre los judíos húngaros y que culminarían con la ocupación del país por parte de los nazis y las primeras deportaciones masivas. Sus convicciones religiosas, basadas en la justicia social, no le permitían mirar hacia otro lado. Ni tan siquiera cuando sabía que su vida correría peligro.
Sin descanso, las Hermanas de Servicio Social, se trasladaron a los guetos judíos para facilitarles ropa y alimento y se jugaron la vida escondiéndolos en sus casas. Sus actividades clandestinas pronto fueron puestas al descubierto y Margit fue detenida y torturada. Pudo salvar la vida, pero lloró de rabia por la muerte de su compañera Sára Salkaházi. Nada ni nadie, sin embargo, iban a permitir que ella y sus hermanas abandonaran su labos en Hungría.
Hungría se unió las Potencias del Eje en 1940. En otoño de 1940, las familias judías de Csíkszereda fueron deportadas y enviadas a Körösmezö en Carpathia-Ruthenia. Margit Slachta respondió inmediatamente a los informes de 1940 sobre el desplazamiento temprano de judíos, escribiendo al sacerdote parroquial de Körösmezö pidiéndole averiguar por su bienestar. El proceso fue detenido en la tarde del 9 de diciembre, cuando un telegrama del Ministerio de Defensa ordenó la liberación de los detenidos. Era el mismo día en que estaba fechada su carta al sacerdote. El reporte reveló que el capitán a cargo de la operación recibió un telegrama a las 7:00 p.m. en donde se le ordenaba que liberara a los prisioneros judíos de manera inmediata, así como su traslado de vuelta a Csíkszereda, (El texto en cursiva está tomado literalmente de Wikipedia).
Cuando terminó la guerra, Margit Slachta regresó al Parlamento húngaro. En 1947 se presentó con el partido independiente conocido como Liga de Mujeres Cristianas que consiguió cuatro escaños en la Dieta. Margit había sobrevivido al horror del nazismo pero la llegada de un nuevo régimen no mejoró las cosas. El comunismo no le permitió continuar con su labor política y asistencial en su propio país.En 1949 se vió obligada a emigrar a los Estados Unidos con la esperanza nunca cumplida de regresar algún día a su hogar. Murió en Búfalo en 1.974. En 1985, once años después de su muerte, la organización judía Yad Vashem nombró a Margit Slachta Justa entre las Naciones.
lunes, 2 de noviembre de 2020
21. Alice Ball y el medicamento contra la lepra
Alice Augusta Ball (Seattle, 24 de julio de 1892 – Hawái, 31 de diciembre de 1916) fue una científica y química estadounidense que desarrolló un extracto de aceite inyectable que fue el único tratamiento efectivo contra la lepra hasta la aparición de los antibióticos en 1940. Y Fue la primera mujer afroamericana que se graduó en la Universidad de Hawái con un máster.
Alice Augusta Ball nació el 24 de julio de 1892 en Seattle (Washington, EE. UU.) y era hija de James Presley y Laura Louise (Howard) Ball. Su familia era de clase media acomodada. Su padre fue editor de periódico, fotógrafo y abogado. Su abuelo, James Ball fue un famoso fotógrafo y uno de los primeros afroamericanos en Estados Unidos en aprender la técnica del daguerrotipo. James Ball Se mudó a Hawai con su familia en 1903, pero falleció al año siguiente. Esto llevó a su familia a tomar la decisión de regresar a Seattle en 1905.
Después de regresar a Seattle, Ball estudió en la escuela secundaria, donde se graduó con distinciones en ciencias en 1910. Posteriormente ingresó en la Universidad de Washington para estudiar Química.
Al cabo de cuatro años de estudio obtuvo un título en Química farmacéutica y Farmacia. Tras graduarse, Ball recibió becas para estudiar en la Universidad de California Berkeley y en la Universidad de Hawái. Decidió mudarse a Hawái para estudiar un máster en química. En 1915 fue la primera mujer y la primera afroamericana de Estados Unidos en obtener un título de máster de la Universidad de Hawái.
Mientras trabajaba en su tesis, el Dr. Harry T. Hollmann, un médico asistente en el Hospital de Kalihi en Hawái, le pidió que le ayudase a desarrollar un método para aislar los compuestos químicos activos en el aceite de chaulmoogra. El aceite de chaulmoogra ya había sido utilizado para el tratamiento de la lepra con buenos resultados. El problema era que la mayoría de los leprosos dejaban al poco tiempo el tratamiento porque era muy amargo y revolvía el estómago. Ball desarrolló un proceso para aislar los ésteres de etilo de los ácidos grasos en el aceite de chaulmoogra para que pudieran ser inyectados, pero falleció antes de poder publicar sus resultados. Arthur L. Dean, que era un químico en la Universidad de Hawái, continuó su trabajo y comenzó a producir grandes cantidades de extracto inyectable de chaulmoogra.
Hasta ese momento, a los enfermos de lepra se les aislaba en una isla. En 1918, un médico de Hawái informó en el Journal of the American Medical Association que un total de 78 pacientes habían sido dados de alta en el Kalihi Hospital gracias a las inyecciones obtenidas con el procedimiento descubierto por Ball, y pudieron hacer una vida prácticamente normal, regresando a sus casas, viviendo con sus familias y trabajando. El éster de etilo aislado fue el tratamiento recomendado contra la lepra hasta que se descubrieron los antibióticos en la década de 1940.
Alice Augusta Ball murió el 31 de diciembre de 1916 a la edad de 24 años. Cayó enferma durante sus investigaciones y volvió a Seattle para recibir tratamiento pocos meses antes de su muerte. En 1917 un artículo del periódico Pacific Commercial Advertiser sugirió que la causa de su muerte podría haber sido envenenamiento por cloro mientras impartía clases. Sin embargo la causa real de su muerte se mantiene como desconocida, ya que su certificado de defunción original fue modificado para indicar que la tuberculosis fue la causa de su muerte.
A pesar de que su carrera como investigadora fue corta, Ball introdujo un nuevo tratamiento para la enfermedad de Hansen (o lepra) que continuó utilizándose hasta la década de 1940. La Universidad de Hawái no reconoció su trabajo durante casi 90 años. Finalmente, en el año 2000, la universidad le rindió homenaje dedicándole una placa con su nombre, situada sobre el único árbol de chaulmoogra del campus. El mismo día, la vicegobernadora declaró el 29 de febrero como «el día de Alice Ball», que se celebra cada 4 años. En 2007 la Universidad de Hawái la galardonó de nuevo con la Medalla a la Distinción.
domingo, 18 de octubre de 2020
20. Enheduanna, la primera científica de la historia
Nacida alrededor del año 2300 a. C. . Enheduanna era hija de Sargón I el Grande, rey de Akad (ciudad en el centro de Mesopotamia). Su nombre significa En (gran sacerdotisa), Hedu (ornamento) y Anna (del dios del cielo).
Para algunos investigadores, Enheduanna es la primera mujer registrada en la historia de la ciencia y también la primera persona que firma sus escritos. Desde el punto de vista estrictamente matemático, Enheduanna fue capaz de resolver ecuaciones de tercer grado, a partir de unas tablillas en las que aparecían la suma del cuadrado y el cubo de gran cantidad de números naturales.
De ahí que no sea descabellado considerarla, como hacen varios autores, no sólo la primera mujer científica de la antigüedad, sino también la primera mujer matemática de la historia Para mayor información sobre Enheduanna puede verse:
- Vázquez Hoys, Ana. Enheduanna, la primera autora literaria de la historia. Blog «Investigación y opinión acerca del mundo antiguo...
- Wikipedia
FUENTE: Divulgación Matemática, Volumen IV. Nº 3, pags 18-24 (pdf)
miércoles, 30 de septiembre de 2020
19. El calvario de las primeras universitarias españolas
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María Isidra de Guzmán |
A día de hoy las universitarias son mayoría entre los estudiantes, llegando a representar el 58% de los alumnos matriculados en España. Igualmente, todos sabemos que, aun actualmente en las universidades hay carreras altamente feminizadas, con una presencia masiva de mujeres cursando aquellos grados. Medicina, Farmacia y Veterinaria han superado, desde hace tiempo, el 70% de alumnado femenino. En base a estos datos debemos plantearnos una serie de preguntas. ¿Cuándo empieza el proceso de feminización de algunas carreras universitarias? Las mujeres pioneras que entraron la universidad, ¿qué obstáculos legales padecieron para poder acceder? ¿Solo fueron obstáculos jurídicos, o también de naturaleza social y cultural? ¿Porqué, a lo largo del siglo XX, se ha considerado que unas determinadas carreras son supuestamente más aptas para las mujeres?
La universidad que organiza el Estado liberal de mediados del siglo XIX, después de las revoluciones liberales, tiene poco a ver con la universidad actual. En esos momentos, existían diez universidades repartidas por todo el país (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Oviedo, Santiago de Compostela, Sevilla, Granada, etc.), enfocadas a la élite y con el monopolio de la Universidad Central de Madrid sobre los cursos de doctorado. En estas universidades se podían cursar cinco carreras que daban lugar a un título y a una profesión titulada: Derecho, Medicina, Farmacia, Letras y Ciencias.
Para acceder a la universidad era condición sine qua non el título de Bachillerato y pagar las matrículas y los títulos. Eran carreras largas y caras a las que se les debía sumar los costes de desplazamiento y alojamiento si no se residía en la ciudad donde se encontraba el centro. Por lo tanto, era una universidad enfocada a las clases medias y a las clases altas. Una universidad reservada al género masculino, aunque no existía ningún obstáculo legal, en teoría, que imposibilitara la entrada de la mujer en la universidad. No obstante, si no existía tal prohibición es porque ni siquiera se consideraba la posibilidad de que la mujer se formara en estudios superiores.
A finales del siglo XIX, las mujeres de clase media y alta recibían educación y formación en sus casas mientras esperaban un matrimonio adecuado.
Era, eso sí, un tipo de educación muy concreto. Aprendían a leer, escribir, costura y bordado. Si se buscaba una educación más esmerada, un poco de geografía, historia, música y, en algunos casos, dibujo y francés. Esta educación se ha denominado “de adorno”. Trataba de dotar de un barniz cultural a las mujeres y que dominasen algunas habilidades con la única finalidad de alternar en los salones.
Por lo tanto, esta formación no tenía como fin el mundo profesional. Tampoco cultivar la intelectualidad, sino el disponer de una cierta cultura general de la que poder presumir en los acontecimientos sociales. En ningún caso esta educación podía rebasar los límites que la sociedad decimonónica había impuesto a las mujeres.
Las mujeres finalizaban su educación aproximadamente a los quince años de edad, momento en el cual eran presentadas en sociedad y empezaban a acudir a tertulias, paseos y teatros, entre otros esparcimientos. Era el momento de conseguir un marido, casarse y formar una familia. En el caso de no conseguir matrimonio eran tildadas de “solteronas”. Pero si lograban casarse, todos los conocimientos adquiridos hasta entonces eran plasmados en los salones, por lo que la educación recibida les proporcionará los instrumentos necesarios para el mantenimiento de las relaciones sociales.
Las mujeres de clase media, en cierto modo, eran las que salían peor paradas. Se diferenciaban del conjunto de la sociedad por disponer de un nivel de vida superior al resto, lo que les permitía no tener que trabajar ni dentro ni fuera del hogar. La gran mayoría, además, disponía de servicio propio. Este hecho las desplazaba automáticamente al interior del hogar. Incluso si la familia se encontraba en un apuro económico y la mujer deseaba trabajar, el padre o el esposo se negaban rotundamente, ya que eso significaba pasar de ser señoritas a ser pueblerinas. A diferencia de las chicas de clase alta, que disponían de colegios de élite e institutrices, las chicas de clase media se las apañaban con asistir a los colegios de religiosas.
Si las familias de clase media podían permitirse enviar a sus hijas a la universidad, ¿por qué no lo hacían? Los manuales burgueses de la época hablaban del arquetipo de mujer como “ángel del hogar”. Este arquetipo evocaba a una mujer predestinada por naturaleza y por religión a la maternidad y a la exclusiva dedicación a la familia, confinada en el interior del hogar bajo la tutela masculina.
El hombre, en cambio, se encontraba abierto al mundo público y al conjunto de la sociedad. Si que es cierto, no obstante, que es a lo largo del siglo XIX que se empieza a considerar las ventajas que supondría instruir y formar a las mujeres, pero no como medio para su propia realización personal, sino con el propósito de que puedan aplicar esos conocimientos en el ámbito familiar, proporcionando una mejor atención al marido y una mejor educación a los hijos.
María Helena Maseras Ribera, Medicina
“Al abrirse la matrícula del presente curso académico, se inscribió en la asignatura de Terapéutica una señorita que tenía ya aprobada la de Anatomía. Hará próximamente un mes y medio, pasando lista el Sr. Carbó, catedrático de la primera de las expresadas asignaturas, nombró a la discípula en cuestión. Esto produjo una gran sorpresa entre todos los alumnos, y entonces dijo el profesor que la señorita de que se trata se halla inscrita como alumna y que tenía por lo mismo la obligación de asistir a clase si quería optar a los exámenes ordinarios.
Sabedora, sin duda, dicha señorita de la indicación hecha por el Sr. Carbó, decidióse a asistir a la cátedra y el día 14 al entrar el profesor de Terapéutica en el local designado para las explicaciones de dicha asignatura, llevaba a su lado a la bella matriculada. La sorpresa que se apoderó de los escolares allí reunidos al ver a su condiscípula, a la que saludaron con una salva de aplausos, ya pueden figurarse nuestros lectores. Desde dicho día 14 la indicada señorita, a la que acompaña su hermano, también alumno de medicina, continúa concurriendo a la cátedra, tomando asiento al lado del Sr. Carbó. Excusamos manifestar que este incidente ha aumentado la asistencia a la cátedra indicada”.
Por lo tanto, dentro del aula, María Helena tenía un asiento reservado en la tarima, al lado del profesor. No tenía permitido sentarse con sus compañeros. Maseras se convierte así en la primera mujer que se matricula oficialmente en una universidad de España. Otras lo habían hecho anteriormente, pero vestidas de hombre, como Concepción Arenal cuando decidió estudiar la carrera de Derecho en 1841. Además, se acordó que no podía rondar los pasillos ni las zonas comunes. Debía entrar en la antesala de los profesores y esperar allí al catedrático para ir al aula. Debía haber lo mismo para volver al terminar la clase. No obstante, en estos momentos se creía que la mujer podía alterar el orden de las clases.
María Helena finalizaría sus estudios en 1878. Cuando solicitó hacer el examen de licenciatura, no se le dio permiso para realizarlo hasta 1882. Obtuvo la calificación de sobresaliente, aunque nunca pudo ejercer la medicina al no querer realizar el doctorado vistas las trabas burocráticas que le ponían por el camino.
María Dolors Aleu Riera, Medicina (1874)
Después de doctorarse dispondría de su propia consulta en el número 31 de la Rambla de Cataluña de Barcelona, donde ejerció con éxito la profesión durante veinticinco años. Paralelamente, ocupó el cargo de maestra de Higiene Doméstica en la Academia de Bellas Artes y Oficios para la Mujer, institución fundada en 1885 por Clotilde Cerdà Bosch y ella misma.
Dentro de su consulta atendía y curaba a mujeres burguesas que llevaban años con dolencias ginecológicas sin atender “por no acudir al médico a causa de la vergüenza”, así como también se dedicó a asistir a las prostitutas, madres solteras, mujeres pobres del barrio chino y niños huérfanos de la Casa de la Caridad, estos de forma altruista. Ejerció consulta hasta 1911, año en que su hijo de veintiún años muere de tuberculosis.
Martina Castells Ballespí, Medicina
Decidió dedicarse a la pediatría, pero moriría en 1884 debido a unas complicaciones ocurridas durante su primer embarazo, sin haber llegado a tener tiempo suficiente a ejercer como profesional.
El motivo por el cual se tardó tanto tiempo en permitir el examen de licenciatura a estas tres pioneras universitarias fue el debate que se originó en el Consejo de Instrucción Pública respecto a la posibilidad de conceder el doctorado a las mujeres. Finalmente, se llegó a determinar la concesión. Pero se precisó que solo podrían solicitarlo las estudiantes que ya habían finalizado sus estudios y aquellas que se encontraran en proceso. De esta forma se prohibía de facto, según la Real Orden del 16 de marzo de 1882, que otras mujeres pudieran iniciar los estudios universitarios. Al menos hasta que se adoptara una medida definitiva sobre el asunto en cuestión.
Para entonces eran nueve las universitarias matriculadas en España. Las últimas fueron María Luisa Domingo García en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid (1880), Dolores Lleonart Casanovas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona (1881) y Teresa de Andrés Hernández en la Facultad Filosofía y Letras de la misma universidad (1881). Cabe decir que ni la Universidad de Barcelona, ni la Universidad de Valencia ni la Universidad de Valladolid encontraron ningún inconveniente, al menos de forma tan aparente, en dejar matricular a mujeres en sus respectivos centros. Estos casos tan solo se daban en la Universidad Central de Madrid.
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Concepción Alexandre |
Ya en el curso 1884-1885 no se matriculó ninguna nueva alumna en estudios superiores debido a que la normativa citada anteriormente impedía que aquellas que finalizaban la Segunda Enseñanza pudieran acceder a la universidad.
El caso de Dolores Closas Morera es digno de remarcar. En 1886 decidió matricularse en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona. Pagó por las asignaturas de Química General, Mineralogía y Botánica, Geometría General y Análisis Matemático, asignaturas que estuvo cursando hasta el momento de realizar los exámenes finales. Fue entonces cuando se le comunicó que no los podía continuar porque su matrícula había sido declarada nula de acuerdo con la normativa vigente, a pesar de que ella había iniciado la segunda enseñanza en 1881 y, por lo tanto, no le era aplicable.
El Consejo de Instrucción Pública de 1882 no consideraba que las mujeres estuvieran capacitadas para los estudios de Filosofía y Letras, a diferencia de los de Medicina. Es en estos momentos cuando este pensamiento se invierte. Se trató de alejar a las mujeres de la Medicina para acercarlas a Filosofía y Letras. Se trataba de estudios que apenas tenían salida profesional para ellas. Además, pensaban que podían responder a lo que ellos suponían que era el deseo de “adorno” que con los estudios buscaban.
La prohibición de que las mujeres pudieran acceder a estudios superiores se mantuvo vigente hasta el año 1888, momento en el cual un Real Decreto permitía que pudieran licenciarse en tanto que la enseñanza fuera privada. Por lo tanto, tenían el derecho a ser examinadas, pero no a asistir a clase. Aun así, si se pedía asistir a clase, el rector y el profesor de la asignatura en cuestión debían autorizarlo.
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Matilde Padrós y Ángela Carraffa |
En 1890, una vez finalizadas las licenciaturas, las dos universitarias solicitaron el acceso al Doctorado en la Universidad Central, donde coincidirían en la misma clase con el famoso historiador Ramon Menéndez Pidal. En 1892, Ángela Carraffa presentó su tesis titulada Fernando Núñez de Guzmán. Su vida y sus obras, convirtiéndose así en la primera mujer en obtener el título de Doctora en Filosofía y Letras.
Un año más tarde, en 1893, Matilde Padrós obtuvo su doctorado con la tesis titulada El testamento de Jacob (Flecha, 1994: 87). De ella, José Ortega y Gasset diría: “Es la mujer más inteligente que he conocido, pero lo más interesante de esta mujer es que ella no sabe que es inteligente. Difícilmente se encontrará a un ser más inteligente y más inocente”.
La normativa aprobada en el año 1888 estuvo vigente hasta el 8 de marzo de 1910. Hasta entonces, las aspirantes a ser futuras universitarias debían contar con el permiso de la Dirección General de Instrucción Pública. La institución estudiaba cada caso particular, trámite que podía llevar meses e incluso años. Este fue uno de los factores que explican que, a lo largo del siglo XIX, tan solo hubiera 107 estudiantes matriculadas en universidades españolas.
Además, si asistían al aula debían ir acompañadas del padre, de un hermano o bien del profesor. En 1910 se eliminan las trabas y se garantiza que la mujer pudiera acceder a la universidad en igualdad de condiciones respecto a los hombres. Luisa Cruces Matesanz es uno de los casos de mujeres que tuvo que ir acompañada de un hombre a clase. Fue la primera licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona en 1910.
En el transcurso de esos casi cuarenta años de prohibiciones, burocracias, papeleos y decisiones administrativas arbitrarias, un total de setenta y siete mujeres consiguieron acceder a la universidad en España. De ellas, cincuenta y tres terminaron sus estudios y lograron el título de licenciadas o doctoras.
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Matilde Ucelay |
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Emilia Pardo Bazán |
FUENTES:
- Daniel Pedrero Rosón: Las primeras universitarias españolas.
- Wikipedia:
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martes, 15 de septiembre de 2020
18. María Goyri, la mujer junto al sabio
viernes, 11 de septiembre de 2020
17. Anne MarieGrosholtz,, la precursora de los museos de cera
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Anne Marie a los 24 años. Obra de Curtius |
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Recreación del trabajo de Marie durante la Revolución (Museo Tassaud en Londres) |
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Dos días antes del 14 de julio de 1.789 varias cabezas robadas del gabinete de Curtius fueron paseadas por las calles como protesta del pueblo |
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Los visitantes contemplan la colección de Tassaud en Baker Street Grabado del siglo XIX |