miércoles, 9 de septiembre de 2020

15. Anne Vallayer-Coster, la naturaleza hecha arte



Anne Vallayer, de casada Coster, fue una pintora francesa, nacida en París el 21 de diciembre de 1.744 y muerta en la misma ciudad el 18 de febrero de 1.818. Está considerada una de las mejores pintoras de naturalezas muertas de Francia. Su padre era orfebre de la Real Fábrica de tapices de Gobelinos que se trasladó a París para abrir su propia tienda.

   Pintaba naturalezas muertas, retratos y miniaturas, hasta que debutaron en el Salón  las grandes pintoras retratistas, Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun y Adélaïde Labille-Guiard, en 1783. Desde que en 1785, se le criticaran mucho unos retratos sólo se dedicó casi exclusivamente a bodegones y flores, especialmente a las flores. Se conservan de ella unas 400 obras.

Retrato de María Antonieta, por Anne Vallayer
   En 1780 fue nombrada pintora de la reina María Antonieta. En ese mismo año se casó con con Jean-Pierre-Sylvestre Coster, abogado del Parlamento. Continuó su carrera con éxito hasta su muerte. Su talento la llevó a ser elegida por unanimidad miembro de la Real Academia de Arte de París. Protegida de la reina María Antonieta, durante la Revolución Francesa no dejó de pintar; sus temáticas poco comprometidas políticamente le permitieron seguir con su arte después de la Revolución.










Bodegón con instrumentos


Busto de Minerva con armas


Cesta de ciruelas

martes, 1 de septiembre de 2020

14. Olympe de Gouges y los derechos de la mujer


Olympe de Gouges, seudónimo usado por Marie Greuze, era la hija de una familia burguesa de  Montauban, donde nació el 7 de mayo de 1.748. Su padre era carnicero y su madre hija de un comerciante de telas. Se casó en 1765 con un hombre mayor, quedando al cabo de un tiempo viuda y con un hijo, Pierre Aubry. Muy decepcionada por el matrimonio en general, que calificó de "tumba de la confianza y del amor", se negó a volver a casarse. A principios de 1770, se trasladó a París donde se preocupó de que su hijo recibiera una muy buena educación. Llevaba una existencia burguesa, y frecuentaba los salones literarios parisinos donde conoció a la élite intelectual del siglo de oro francés. En 1774, su nombre figuraba en el Almanaque de París, el "Quién es quién" de la época. Emprendió entonces una carrera literaria. Escribió varias obras de teatro y montó una compañía teatral itinerante que recorría la región de París, sin que sus ingresos le permitieran mantenerse. Pero rápidamente sus obras empezaron a ser representadas en teatros de toda Francia. Su obra más conocida, La esclavitud de los negros (L’esclavage des noirs), fue publicada en 1792, pero fue inscrita en el repertorio de la Comédie-Française en 1785 bajo el título de Zamore y Mirza, o el feliz naufragio. Esta obra atrevida pretendía llamar la atención sobre la condición de los esclavos negros, pero Olympe tuvo que enfrentarse con la desaprobación de los actores de la Comédie Française. Esta dependía económicamente de la Corte de Versalles donde muchas familias nobles se habían enriquecido con la trata de esclavos. Por otro lado, el comercio con las colonias de ultramar representaba entonces el 50% del comercio exterior del país. Olympe fue encarcelada en la Bastilla por medio de una lettre de cachet, pero fue liberada al poco tiempo gracias a la intervención de sus amigos. Con la Revolución, su obra pudo por fin ser representada en la Comédie Française. A pesar de las presiones y amenazas del lobby colonial, todavía muy influyente, Olympe de Gouges mantuvo una intensa actividad a favor de la abolición de la esclavitud. En 1788 publicó el ensayo Réflexions sur les hommes nègres (Reflexiones sobre los hombres negros) que le abrió las puertas del "Club des amis des noirs" (Club de los amigos de los negros) del que fue miembro. En 1790 escribió otra obra sobre el mismo tema, Le marché des Noirs (El mercado de los negros). Los principales dirigentes del movimiento abolicionista, el abate Grégoire y el diputado girondino Brissot, dejaron constancia en sus escritos de la admiración que sentían por Olympe de Gouges. , el Periódico general de Francia (Journal général de France) publicó dos de sus folletos políticos, tratando uno de ellos de su proyecto de impuesto patriótico que desarrollará más tarde en su famosa Carta al pueblo (Lettre au Peuple). El segundo dibujaba un amplio programa de reformas sociales. Estos escritos fueron seguidos de folletos que dirigía periódicamente a los representantes de las tres primeras legislaturas de la Revolución, a los Clubes patrióticos y a diversas personalidades como Mirabeau, La Fayette y Necker a los que admiraba. Se calcula que fueron cerca de 30 panfletos. Fundó varias Sociedades Fraternas para ambos sexos.

   En 1791 escribió su famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana que comenzaba con las siguientes palabras: "Hombre, ¿Eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta."

En la línea de Montesquieu, defendió la separación de poderes. Apoyó en un principio la monarquía constitucional, pero se adhirió rápidamente a la causa republicana y se opuso a la condena a muerte de Luis XVI en 1793. Tomó partido por los Girondinos y advirtió sobre los riesgos de dictadura criticando duramente la política de Robespierre y Marat. Denunció también la creación del Comité de Salvación Pública. Su defensa de los Girondinos, después de que estos fueran eliminados de la escena política en junio de 1793, le valió ser detenida en agosto de 1793 bajo la acusación de ser la autora de un panfleto a favor de estos. Enferma por culpa de una herida que se había infectado, fue transferida a una enfermería carcelaria. Para que su detención le fuera más soportable, empeñó sus joyas en el Monte de Piedad consiguiendo así que se la trasladara a una pensión burguesa donde se recluía a los detenidos enfermos de la alta sociedad. Olympe de Gouges reclamó sin descanso que se la juzgara para poder defenderse de las acusaciones que pesaban sobre ella, y evitar así el expeditivo tribunal revolucionario. Con este fin, compuso dos panfletos que logró sacar de su lugar de reclusión y que tuvieron una amplia difusión, "Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario" y "Una patriota perseguida". Fueron sus últimos textos.

El 2 de noviembre de 1793, 48 horas después de que fueran ejecutados sus amigos girondinos, Olympe fue llevada ante el tribunal revolucionario sin poder disponer de abogado. Se defendió con valor e inteligencia en un juicio sumario que la condenó a muerte por haber defendido un estado federado, de acuerdo con los principios girondinos. Fue guillotinada al día siguiente, el 3 de noviembre de 1793.

Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Olympe de Gouges escribió: "Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna."

Se dirigió a la reina María Antonieta para que protegiera "su sexo", que decía desgraciado, y redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, calcada sobre la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos.

Asimismo realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre concubinos y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio.

Fue también una precursora de la protección de la infancia y a los desfavorecidos, al concebir en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de maternidades) y recomendar la creación de talleres nacionales para los parados y de hogares para mendigos.

Artículos de la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana

I - La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales solo pueden estar fundadas en la utilidad común.

II - El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III - El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

IV - La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer solo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

V - Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

VI - La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

VII - Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

VIII - La Ley solo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

IX - Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X - Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI - La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

XII - La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

XIII - Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

XIV - Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no solo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

XV - La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI - Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII - Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

En vida, Olympe de Gouges tuvo que enfrentarse con la misoginia habitual de la época, y fue desacreditada por la incomprensión de sus ideas por parte de muchos de sus contemporáneos. Su obra cayó en el olvido, mientras el desconocimiento y mala interpretación de sus escritos contribuyó a convertirla en objeto de desprecio y burla a lo largo del siglo XIX, donde gran parte de la intelectualidad francesa rechazaba frontalmente la idea de que una mujer hubiera sido ideóloga revolucionaria. Se dijo de Olympe de Gouges que apenas sabía leer y escribir, se sospechó de la autoría de sus obras y se dudó de su capacidad intelectual hasta llegar a cuestionar sus facultades mentales.

   Hubo que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, para que Olympe de Gouges saliera del terreno de la caricatura y la anécdota pseudo histórica, y se convirtiera en una de las grandes figuras humanistas de Francia al final del siglo XVIII. Fue objeto de estudio en Estados Unidos, Alemania y Japón. En Francia, después de la publicación en 1981 de su biografía por Olivier Blanc, que investigó su vida a partir de documentos originales de la época, los actos del bicentenario de la Revolución francesa en 1989 rindieron homenaje a la obra de Olympe de Gouges. Desde entonces, se han representado varias de sus obras de teatro y sus escritos fueron reeditados.

martes, 4 de agosto de 2020

13. Rosario Cepeda, algo más que una niña prodigio

Empiezo por reconocer que con Rosario Cepeda no soy imparcial. Escribí este texto hace ya años, cuando todavía no podía imaginar que alguna vez existiría este blog. Desde entonces, he repetido este texto en todos los blogs que he tenido y pienso que sería injusto permitir que volviera a sumirse en el olvido. Porque incluso para muchos gaditanos es una gran desconocida (1) y su nombre sólo les suena por una calle del casco antiguo. Opino que su cuidad natal no se ha portado bien con ella: No existe ningún colegio con su nombre, a pesar de lo mucho que hizo por las maestras y la educación de las niñas, como veremos. En internet tampoco se prodiga la información sobre ella. Hay poco escrito sobre ella. Y mal, con errores y grandes omisiones. Para conocer bien al personaje recomiendo el libro de Isabel Azcárate.

Por ello, algunas personas que lean esto reconocerán estas palabras por segunda o tercera vez. A riesgo de resultar pesada y repetitiva, regreso a ella porque se lo merece de sobra, y que me perdonen los que hayan leído ya el texto.

Rosario Cepeda nació en 1756. Era hija de Francisco Cepeda, caballero de la Orden de Calatrava, Regidor Perpetuo de la ciudad, alguacil mayor de la Inquisición y de su segunda esposa, Isabel Mayo.

Rosario era, por tanto, una privilegiada pues aunque su padre no tenía título de nobleza era de posición más que acomodada y pertenecía a esa casta que por herencia ostentaba el poder en una ciudad que por entonces era culta, cosmopolita y el centro del comercio con América. Lo natural en una mujer nacida en una familia como la suya era que se hubiera casado con algún miembro de otra de las familias principales de la ciudad y hubiera llevado una vida tranquila y confortable, auxiliada por un buen número de criados, poseyendo esclavos, carruajes, varias casas, alguna finca en el campo y toda clase de comodidades.

Pero sus padres debieron ver algo diferente en ella. En lugar de limitar su educación al baile, la música, algunas labores y a saber manejar una tropa de servidores, le pusieron un preceptor, Juan Antonio González de Cañaveras. En poco más de un año los avances de la niña fueron tan extraordinarios que se quiso dejar constancia pública de su excelencia haciendo que un equipo de expertos en diferentes materias la examinara públicamente para mayor honra de Mª del Rosario y ejemplo para la juventud … para que inflamados los espíritus de nuestras jóvenes se estimulen a su imitación, huyendo de la ociosidad, amando la instrucción y el estudio, para esplendor de la patria y digno esmalte de la sociedad (2).

Folleto sobre el examen realizado por
Rosario Cepeda, inserto en las Actas Capitulares,
Archivo Municipal de Cádiz
   
En septiembre de 1768, todavía con 12 años de edad, Rosario fue sometida a un examen público de nueve horas de duración, repartidas en tres días, ante un auditorio de más de trescientas personas. Conocemos con detalle el desarrollo de la prueba porque el Ayuntamiento, temeroso de que con el tiempo se olvidara esta hazaña, decidió publicar un folleto de veinte páginas donde se relató todo al detalle. Un ejemplar de dicho folleto se insertó en las Actas Capitulares, donde yo lo vi por primera vez.

Intervino la niña en primer lugar, exaltando la misión de la madre y su necesidad de estar instruida para poder cumplir con su misión de educadora, atreviéndose a denunciar el hecho de verse reducidas frecuentemente las mujeres a sólo las tareas domésticas, y a otras tareas y ocupaciones “impropias de un alma racional”. Cuando terminó su discurso comenzó propiamente el examen, que constó de las siguientes pruebas:

– Fray Tomás de Aquino, carmelita descalzo, la interrogó sobre Historia Sagrada, respondiendo a todas las preguntas sin ningún error. Juan de Tamariz, alcalde mayor de la ciudad, la examinó de Gramática. A continuación, fray Pedro Rodríguez de Mohedano, autor de la Historia Literaria de España la examinó sobre los puntos más difíciles de la ortografía de la lengua castellana. El famoso cartógrafo Vicente Tofiño (3) la examinó de Geometría. Para terminar la primera sesión de tres horas, Juan Lombardón, Ayudante General Mayor de la Armada y profesor de la Escuela de Guardias Marinas de Cádiz, la interrogó sobre la esfera terrestre y el atlas le hizo señalar los accidentes de la tierra y sus divisiones en imperios, monarquías, etc. Sus respuestas fueron tan exactas que el público interrumpió numerosas veces con aplausos.

– El segundo día comenzó Rosario dirigiendo a los asistentes un discurso en francés. Después la interrogó en esta lengua José Carbonell, Bibliotecario y profesor Idiomas en la Real Academia de Caballeros Guardias Marinas (4), quien le hizo traducir unos textos de las obras de Bossuet y Fenelón. También hizo un dictado en esta lengua que ejecutó con toda perfección. Vicente Tofiño le preguntó sobre las causas de los eclipses, sobre las medidas que usaban los antiguos y las que se usaban en ese momento, sobre los movimientos de los astros y diferencias entre los sistemas de Ptolomeo, Ticho Brahe y Copérnico. Para terminar la segunda sesión, Juan Lombardón le preguntó sobre temas de cronología.

– La tercera sesión empezó con un discurso de Rosario en latín, exaltando el beneficio de una buena educación, ponderando su deseo de conseguirla y su gran amor al estudio. A continuación fue examinada de Gramática Latina por Fray José de San Andrés, Definidor General de los Mercedarios Descalzos. Se le hizo escribir en este idioma por el mismo método que en el examen de francés y traducir al castellano cinco fábulas de Esopo. Se examinó a continuación de Heráldica y Geografía Humana, y para terminar recitó en griego una oda de Anacreonte. Agotadas las tres horas de la tercera sesión, no dio tiempo a ser examinada de italiano y aritmética, lo que también estaba previsto.

El entusiasmo que levantó la demostración de la niña fue tal que unos días después el Ayuntamiento reunió a los Capitulares y acordaron premiar a Rosario ya que, según el procurador mayor, era sentir de todos los concurrentes al acto que no se había dado ejemplo similar en toda Europa. Decidieron por unanimidad que dos regidores pasaran a cumplimentarla en nombre del Ayuntamiento y notificarle que, en premio a sus reconocidos méritos, la ciudad la elevaba a la alta dignidad cívica de Regidora Honoraria de la ciudad de Cádiz con sueldo igual al que obtenían los caballeros capitulares, y de forma vitalicia. Seis meses después, un Despacho Real sancionaba el acuerdo tomado por el cabildo de Cádiz, honrando a Rosario Cepeda Mayo con la dignidad de “Regidora Honoraria de la ciudad de Cádiz” y con una pensión vitalicia de 550 reales de vellón.

Continuó Rosario su vida familiar y no tenemos noticias de ella hasta que en 1774, a los 18 años, se casa con el teniente coronel Pedro Fernández de Gorostiza, viudo de 41 años. Después del nacimiento de su primogénito en 1777 se traslada a Madrid, donde en seguida cobra fama de ser una de las mujeres más cultas de España. Su prestigio hizo que fuera seleccionada por Carlos III para dar inicio a la Junta de Damas, la cual, anexa a la Sociedad Económica Matritense, prestó importantes servicios en el campo de la beneficencia, la educación y la industria. Hubo sus más y sus menos sobre la admisión de mujeres en la Sociedad Económica Matritense, representando Cabarrús y Jovellanos las posturas en contra y a favor sobre dicha admisión. Finalmente, como se ha dicho, Rosario y otras trece señoras más, de probado prestigio y cultura, fueron admitidas en 1787, formando la Junta de Damas de la Sociedad Económica Matritense. En un primer momento Rosario se ocupó de asuntos relacionados con la educación, sobre todo en el campo de la formación profesional de las mujeres de clases humildes. La Junta de Damas se hizo cargo de cuatro escuelas y fijó las normas. Abrió la profesión de maestras a todas las mujeres, independientemente de su estado civil, pues hasta entonces debían ser viudas; fijó para ellas una asignación económica digna y estableció que para obtener el puesto de maestras debían pasar por un examen-oposición, convocado públicamente, exámenes de los que fue hecha responsable Rosario Cepeda.

Al poco tiempo tuvo Rosario que marchar a México, al ser nombrado su marido gobernador de Veracruz en 1789. Partieron del puerto de Cádiz e iba Rosario embarazada de su tercer hijo, que nació a los dos meses de llegar la familia a América. Permanecieron allí cinco años, hasta el fallecimiento del marido en 1794. Rosario volvió a España con sus tres hijos y se estableció de nuevo en Madrid, regresando a su participación en la Junta de Damas. Es entonces cuando desarrolla más actividad, pues además de ostentar varios cargos directivos, al tema de la educación suma su trabajo en pro de las mujeres que sufrían los duros efectos de la marginación social. A su actividad en las escuelas une el trabajo en las cárceles de mujeres y la casa de niños expósitos.

Mujeres en la cárcel. Obra de Eugenio Lucas en el
Museo del Prado

Ya podemos imaginar cómo eran las cárceles de mujeres, de las que había en Madrid tres. Entre la suciedad se hacinaban, mezcladas, culpables de crímenes, prostitutas (muchas de ellas con enfermedades venéreas) y mujeres que simplemente se habían visto en el trance de mendigar. Las condiciones miserables en que se debatían las reclusas en aquella prisión hacía que muchas de ellas envejecieran y murieran antes incluso de que se celebrara el juicio. Con diferencia era el sector más abandonado de la beneficencia y el mayor foco de marginación, quitando algo de brillo a esa imagen de la España Ilustrada que nos presentan para esa época. En aquellas cárceles malolientes Rosario y la condesa de Montijo se emplearon a fondo, enseñando a los hombres el camino a seguir en ayuda de los presos. Por ello han sido calificadas como las precursoras de Concepción Arenal. . La condesa de Montijo creó una asociación que se ocupara de enseñar a aquellas presas oficios que les permitieran conseguir pequeños ingresos y prepararlas para afrontar el momento de volver a pisar la calle, buscar trabajo y poder vivir dignamente. De este modo nació la Asociación de Presas de La Galera y constituyó una novedad sin precedentes en toda España.

La condesa de Montijo. Obra de
autor desconocido en colección particular

Las casas de niños expósitos presentaban una situación aún más terrible. La tasa de mortalidad era del 80-90% debido al hambre, las enfermedades y la suciedad. Hasta que la condesa de Montijo propuso que la Junta de Damas se hiciera cargo de la Casa de Expósitos de Madrid, lo que consiguieron después de dos años de lucha. Rosario Cepeda, por entonces vicepresidenta de la Junta de Damas, tuvo un papel fundamental en la reforma de la institución, logrando en poco tiempo reducir la mortalidad del 96 al 4%, cosa que admiró a todo el mundo. El Manual de Organización que redactó Rosario fue el modelo a seguir por estas instituciones durante mucho tiempo.

Continuó también ocupándose de las escuelas, haciendo hincapié en que a las mujeres humildes, además de un oficio, se les diera enseñanza de tipo intelectual, justificándolo con el aumento de la autoestima de las interesadas, la disminución del peligro de que se lanzaran a matrimonios no deseados por la simple necesidad de sobrevivir, y el hecho de que estarían en mejores condiciones para educar a sus hijos. Todo esto dejó por escrito multitud de veces con ocasión de presentar peticiones, informes o memorias. Consta. No es fantasía ni exageración. Hace más de 200 años había en España mujeres con esa forma de pensar, dispuestas a renunciar a su vida cómoda y ociosa sin ninguna remuneración ni compensación por ello.

En 1805 la condesa de Montijo, de la que Jovellanos dijo que era la mejor mujer que había conocido en España, es desterrada de la corte por Godoy (5), por cuestiones políticas. Y en esos momentos tan difíciles Rosario tiene que hacerse cargo de la secretaría de la Junta de Damas. Tres años después, en 1808, con la invasión napoleónica, Rosario Cepeda renuncia a su cargo y desaparece de la vida pública. Desde su casa pudo presenciar todos los sucesos de aquellos días. Además, sufría porque sus tres hijos estaban divididos por sus ideas políticas. Finalmente, el despreciable Fernando VII trató por igual a los que lo apoyaban y a los que lo combatían, y los tres hijos de Rosario terminaron exiliados en Francia. Cuando ella murió, en 1815, ninguno de ellos pudo estar a su lado.

La honradez de Rosario y su marido, que no se aprovecharon de sus cargos para enriquecerse, y la dedicación desinteresada de ella durante tantos años a la defensa de los derechos de los marginados sociales tuvo como resultado que la familia viviera siempre de forma modesta y sin excesos. Su marido no dejó al morir herencia alguna (y había sido gobernador de Veracruz durante cinco años, igualito que los políticos actuales) y ella no pudo dejar a sus hijos ninguna fortuna.

Por supuesto, Rosario Cepeda no aparece en ningún santoral feminista, ni falta que le hace. Sólo desearía, por un elemental sentido de la justicia,  que en su ciudad natal algún centro educativo llevara su nombre. Fue una mujer excepcionalmente culta para la época en la que vivió y desinteresadamente  entregada a los más desfavorecidos, adelantada a su tiempo en muchas cosas.

Escribió el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, Memoria sobre las casas de Expósitos, y el Elogio de la Reyna. Destaca su obra Las mujeres vindicadas de las calumnias de los hombres, que escribió junto con Juan Bautista Cubié, ensayista, bibliotecario, escritor y periodista de la segunda mitad del siglo XVIII.

Que Cádiz da mujeres de bandera. Y punto.

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(1) Solamente existe, que yo conozca, una publicación sobre ella. Es una pequeña biografía escrita por Isabel Azcárate, titulada “Una niña regidora honoraria de la ciudad de Cádiz”. Fue publicada por Quorum Editores en Cádiz en el año 2000. De este libro he tomado algunos datos datos, aunque los he redactado a mi modo. La mayor parte de lo que sé sobre Rosario Cepeda procede directamente de la documentación, cuando investigaba para una tesis doctoral sobre los regidores perpetuos de Cádiz, frustrada por una grave enfermedad.


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(2) Los textos en cursiva están tomados de las Actas Capitulares.

(3) Gaditano, director de la Real Academia de Caballeros Guardias Marinas, cuyo Atlas Marítimo de España es la obra cumbre de la cartografía de su época.

(4) Dominaba francés, inglés, italiano, árabe, latín, griego y hebreo. Buen matemático y humanista.

(5) Godoy la odiaba de tal forma que consiguió que fuera juzgada por la inquisición. A causa del destierro la condesa de Montijo murió en 1808 en Logroño. Sus hijos también fueron desterrados.

jueves, 30 de julio de 2020

12. Alexandra David-Néel, la gran viajera

Alexandra David -Neel, con su hijo adoptivo

Existen mujeres viajeras, grandes viajeras. Pero nuestra protagonista va un paso más allá. Por eso me refiero a ella como LA gran viajera, porque dejó atrás a todas. Fue la primera occidental que entró en Llhasa, la cuidad de Tibet prohibida a los extranjeros, y no sólo antes que cualquier otra mujer, sino antes que cualquier otra persona occidental. Y no solo entró, sino que permaneció en la ciudad varios meses, disfrazada de mendiga, viviendo como tal.

Pero además de LA gran viajera fue muchas cosas mas: cantante de ópera,  políglota, exploradora, orientalista y experta en la cultura del Tíbet, además de la gran difusora del budismo en Francia,  periodista, conferenciante y escritora.

Alexandra adolescente
Louise Eugénie Alexandrine Marie David, más conocida como Alexandra David-Neel, nació en Francia en 1,868, hija única de un profesor y editor de una revista, que se autoexilió en Bélgica por sus ideas políticas y una mujer católica de ascendencia escandinava,  muy devota. Desde su infancia ya dio muestras de una personalidad muy especial. 

Alexandra con 3 años
  A los dos años se perdió. mientras su familia estaba al borde de un ataque de nervios, Alexandra estaba tan tranquila. Cuando la encontraron ni lloraba ni estaba asustada, Con su lengua de trapo solo pedía que la dejaran seguir paseando. Con 15 años intentó embarcarse sola para Gran Bretaña, sin tener ni siquiera pasaje, lo que su familia impidió porque en aquella época ninguna mujer decente viajaba sola.

Hija de padres tan diferentes, recibió una educación muy particular. Siendo todavía una niña, su padre la llevó a presenciar la ejecución de varios revolucionarios de la Comuna. A instancias de su padre, recibió clases de canto (circunstancia que finalmente la pondria en el camino a Asia, junto con su interés por el budismo, descubierto al ver un estatua de Buda en el Museo Nacional de Arte asiático Guimet, en París).

Su frustrado intento de viaje a Gran Bretaña no hizo más que encender sus ansias viajeras. Antes de cumplir 25 años, ya había ido por su cuenta a India, Túnez y España, que visitó en bicicleta.

Alexandra frecuentó durante toda su infancia y su adolescencia al geógrafo anarquista Élisée Reclus. Éste la lleva a interesarse por las ideas anarquistas de la época (Max Stirner, Mijaíl Bakunin...) y por las ideas feministas que le inspiraron la publicación de Pour la vie. Por otra parte, se convirtió en colaboradora libre de La fronde, periódico feminista administrado cooperativamente por mujeres, creado por Marguerite Durand, y participó en varias reuniones del «consejo nacional de mujeres francesas», aunque rechazó algunas posiciones adoptadas en estas reuniones (por ejemplo, el derecho al voto). Para ella era mucho más importante la enmancipación económica de las mujeres que el derecho al voto,  ya que , según ella, la falta de independencia económica es la causa esencial de la desgracia de las mujeres, que no pueden disfrutar de independencia financiera. Por otra parte, Alexandra se alejó de estas «amables aves, de precioso plumaje», refiriéndose a las feministas procedentes de la alta sociedad, que ignoraban la lucha económica a la que debían enfrentarse la mayoría de las mujeres.

 En 1.904 se casó en en Túnez con Philippe Néel, ingeniero en jefe de los ferrocarriles tunecinos, a quien había conocido en el casino de Túnez, y de quien era amante desde el 15 de septiembre de 1900. Aunque su vida en común fue a veces tempestuosa, estuvo siempre impregnada de respeto mutuo. Se conservan las cartas que escribió a su marido hasta la muerte de éste, todas en un tono muy cariñoso. Las escritas por él se perdieron en China a causa de la guerra. Se querían mucho, pero no eran capaces de convivir. Ella le comunicaba a su marido que estaría ausente unos meses a causa de un viaje.....y tardaron 14 años en volverse a encontrar.

Gracias a sus estudios de canto en el conservatorio de París fue contratada por el Teatro de la Ópera de Hanoi (entonces en la Indochina francesa). Allí se convirtió en la primera soprano, cantando los papeles protagonistas de la Traviatta o Carmen, por ejemplo. A los 36 años dejó la ópera, aunque su voz prodigiosa estaba en su mejor momento, porque heredó de su abuelo materno una considerable cantidad de dinero y eso le permitía  planear los viajes que ambicionaba desde su adolescencia.

 Planificó un viaje a India que se materializó en 1911. A los 43 años, conocía en profundidad las doctrinas orientales. Su ambición era entrar en contacto con los maestros. Desembarcó en Ceilán, actual Sri Lanka, y se dirigió a Sikkim , en el Himalaya, donde logró la decisiva audiencia con el Dalai Lama en el exilio. Su estrecha relación con el heredero de este pequeño reino, situado entre Nepal, Bután y Bengala, le dio una gran libertad de movimiento.



En sus monasterios se inició en la práctica del ascetismo tibetano. Tras un retiro en una ermita situada a 4.000 metros de altitud, el lama de Lachen le otorgó la categoría de lama (maestra) con el título de 'Lámpara de la Sabiduría'.

Lama Yogden, hijo adoptivo de
Alexandra David Neel
Fue entonces cuando conoció al joven Yongden, que le acompañó en sus viajes y a quien, finalmente, adoptó. Desde Sikkim, atravesó Nepal y se estableció durante un año en Benarés, donde profundizó en sus conocimientos del hinduismo con diversos gurús. Tras su estancia en India realizó su primera incursión en Tíbet. El acceso a su territorio, bajo soberanía china, había sido prohibido por las autoridades británicas.

Alexandra atravesó la frontera y llegó hasta el monasterio de Tashilumpo, sede del Pachen Lama, segunda autoridad religiosa del país, que la reconoció como lama (maestra). A su retorno, el gobernador inglés la expulsó de la India, por la desobediencia de haber entrado en Tibet. Inició entonces un itinerario de estudio que la llevaría a recorrer centros budistas en Birmania, Corea, Japón, China y Mongolia.

Había pasado la Primera Guerra Mundial cuando, con 53 años, decidió redimir su intento frustrado y alcanzar Lhasa, la capital de Tibet. Viajó junto a Yongden, quien ya también había alcanzado la dignidad de lama.



El viaje duró ocho meses. Sobrevivieron a base de limosnas de té con mantequilla de yak y tsampa, las gachas tibetanas, que les ofrecían las familias que les acogían.

La ciudad de Lhlasa,. En la cima, el palacio de Potala
residencia oficial del Dalai Lama


Durante el trayecto, se enfrentaron a tormentas de nieve, largas travesías a pie, pasos de montaña y un puente colgante cuyo soporte cedió mientras cruzaban un río helado. Cualquier otro hubiera explotado hasta la saciedad esa hazaña. Ella no sólo no lo hizo, sino que le quitó hierro. Tuvo que pagar un alto peaje para llegar hasta allí (“los campamentos en la nieve, el hambre, el frío, el viento que me cortaba la cara y me dejaba los labios tumefactos y ensangrentados”). Pero, de hecho, la misteriosa Lhasa le decepcionó, sobre todo cuando vio en los comercios “montones de cacerolas de aluminio expuestas como si fuesen objetos exóticos”. Un poco decepcionada por la ciudad, quedo fascinada por el camino, cuando vivió inmersa “en un silencio donde sólo cantaba el viento, en soledades casi desprovistas incluso de vida vegetal, entre caos de rocas fantásticas, picos vertiginosos y los horizontes de luz cegadora del Himalaya”, a pesar de que había tenido que superar pruebas que hubieran sido consideradas muy audaces incluso  “para hombres jóvenes y robustos”.

Alexandra, en el centro, en Lhlasa, en 1.924 



Llegó a Lhasa, convertida en un “esqueleto andante”, con 56 años. Se vistió de andrajos y se tiznó la cara con hollín para pasar desapercibida. Allí dedicó su tiempo a aprender de los maestros que encontró a su paso. Alexandra se mostró muy interesada por una práctica budista denominada creación de un tulpa. Los lamas budistas le advirtieron que era una enseñanza nada recomendable, pues consiste en la creación de un fantasma generado a través de nuestra mente. Alexandra fue advertida de que estas creaciones podían volverse peligrosas o incontrolables. Demasiado tarde, Alexandra estaba fascinada con la idea e ignoró la advertencia de sus educadores.

Bajo la concepción del mundo según los lamas, el universo en el que vivimos es una proyección creada por nosotros mismos, no hay fenómeno que exista si no es concebido por el espíritu humano. Los tulpas son entidades creadas por la mente de los lamas y son generalmente utilizados como esclavos. Son figuras visibles, tangibles, creadas por la imaginación de los iniciados.

Alexandra se alejó del resto de sus compañeros y, una vez aislada de todo, comenzó a concentrarse en dicha práctica. Ella visualizó en su interior lo que quería crear, imaginando un monje de baja estatura y gordo. Quería que fuese alegre y de inocente actitud. Tras una dura sesión, aquella entidad apareció frente a ella.

Aquella entidad era algo así como un robot, sólo realizaba y respondía a los mandatos de su creadora. Con una sonrisa fija en su rostro, el monje accedía sin rechistar a lo que ella le ordenaba. Lamentablemente, no siempre fue así y aquel tulpa comenzó a realizar actividades que no les había sido encomendadas. Tal era la independencia de aquel fantasma de apariencia corpórea que los demás monjes lo confundían con uno más. Aquella entidad comenzaba a ser un ser con voluntad propia. A medida que iba siendo más independiente, los rasgos físicos que aquel bonachón monje fantasma fueron cambiando. Su afable sonrisa fue cambiada por otra más pícara, su mirada pasó a ser malévola y nada afable para todos los que convivían con aquel extraño ser. La propia Alexandra comenzó a sentir miedo. En su libro publicado, Magic and Mystery in Tibet, Alexandra David-Néel narra los seis duros meses que duró el invertir aquel proceso, conseguir que su creación se desvaneciera. Aquel monje se había hecho insoportable y Alexandra tardó antes de conseguir invertir aquel proceso.

Alexandra era una mujer de retos, como cuando se propuso pasar dos largos años en una cueva y dedicar todo el tiempo a la meditación. Acompañada únicamente por su maestro, Alexandra aprendió tibetano y el tantrismo budista en una cueva a 4.000 metros de altitud y estuvo a punto de morir congelada ya que solamente llevaba una fina túnica de algodón. Pero para ella, todo aquello era excitante. “Será duro, pero increíblemente interesante”- comentó la exploradora a sus amigos antes de meterse en la cueva. Caminaba a diario 40 kms, para que la falta de resistencia física no pudiera truncar sus ansias de descubrimiento,

Alexandra volvió a Francia en 1946, tras el fallecimiento de su marido. Se instaló en Digne, al pie de los Alpes, escribió libros y pronunció conferencias, dando a conocer el budismo y el hinduismo en Francia. Se le galardonó con una medalla de oro por la Sociedad de Geografía de París y nombrada Caballero de la Legión de Honor.

En 1937, las ganas de echarse de nuevo al camino la vencieron. Ella y Aphur Yongden pusieron rumbo a China, donde les aguardaban los horrores de la guerra y de la invasión japonesa. Tenía 69 años. ¿Qué hizo? ¿Plegar velas? La retirada no formaba parte de su diccionario. Continuó viajando por Asia hasta 1945, cuando regresó por fin.

El 7 de octubre de 1955, una fulminante enfermedad causó la muerte de su hijo. Su madre siguió dedicándose al estudio y realizó pequeños viajes por Europa, pero la tristeza y la artritis lograron lo que nunca antes nadie logró. Renunció a las aventuras. ¿Renunció? No del todo.  Así reemprendieron juntos el viaje.

A punto de cumplir 101 años, se acercó a la comisaría del pueblo para solicitar la renovación de su  pasaporte "por si acaso". Murió el 8 de septiembre de 1.869, con 100 años. Había dejado dispuesto que sus cenizas y las de su hijo fueran arrojadas al Ganges, para emprender juntos, una vez más, un último viaje, lo que no pudo llevarse a cabo hasta 1.973.

La vida y figura de Alexandra David Neel ha inspirado estudios académicos, biografías, películas  y hasta un comic. Da nombre a calles, a una línea de tranvía en París y a un Liceo.





miércoles, 29 de julio de 2020

11. Phillis Whheatley, la primera afroamericana en publicar un libro en EEUU

Aviso: esto no lo he escrito yo. Lo publicó en un grupo de Facebook al que pertenezco Jorge Carlos Hernández González, que a diario nos deleita con historias sobre interesantísimos personajes y  acontecimientos dignos de conocer y recordar. Ante la imposibilidad de compartir su publicación (no me manejo muy bien en Facebook), pesa más mi convencimiento de que esta historia sea conocida y su protagonista, honrada, que cualquier otra consideración. Espero que Jorge Carlos no se moleste. Desde aquí le animo a abrir su propio blog para abrir al mundo sus historias. Una vez establecido que no me gusta adornarme con plumas ajenas, pasamos  a la verdadera protagonista, a la que conoceremos por el nombre de Phillis Wheatley, a falta de su verdadero nombre, que nunca conoceremos. Apartir de aquí TODO el texto pertenence a Jorge Carlos:

Phillis Wheatley (1754-1784)

“Fue llamada Phillips, porque así se llamaba el barco que la trajo, y Wheatley, que era el nombre del mercader que la compró.

Había nacido en Senegal.


En Boston, los negreros la pusieron en venta:
-¡Tiene siete años! ¡Será una buena yegua!

Fue palpada, desnuda, por muchas manos.

A los trece años, ya escribía poemas en una lengua que no era la suya. Nadie creía que ella fuera la autora. A los veinte años, Phillips fue interrogada por un tribunal de dieciocho ilustrados caballeros con toga y peluca.

Tuvo que recitar textos de Virgilio y Milton y algunos pasajes de la Biblia, y también tuvo que jurar que los poemas que había escrito no eran plagiados. Desde una silla, rindió su largo examen, hasta que el tribunal la aceptó: era mujer, era negra, era esclava, pero era poeta.”


Phillis Wheatley, fue la primera escritora afroamericana en publicar un libro en los Estados Unidos.

En Wikipedia se pueden encontrar algunos datos más para rellenar este aarmazón, aunque no muchos más.

martes, 14 de julio de 2020

10. Lavinia Fontana y Sofonisba Anguissola, dos mujeres para un bicentenario


Con motivo del bicentenario del Museo del Prado, dicha institución ha organizado un buen número de actos, entre los que se encuentra un merecido homenaje a estas pintoras renacentistas italianas, que incluye una exposición conjunta bajo el título: Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana,  la edición del catálogo correspondiente, media docena de conferencias, un curso.....

Lo que El Prado ha unido, que no lo separe el hombre. Por eso y porque tienen muchas cosas en común, las agrupo en una misma entrada: nacidas ambas en el siglo XVI, famosas y reconocidas en vida, agraciadas con padres que las apoyaron y las animaron a cultivar su talento. Pero, puesto que forzosamente por alguna hay que empezar, comienzo por Sofonisba Anguissola, aunque sea solo por su vinculación con España, donde residió en la corte de Felipe II, a quien pintó en su retrato más conocido y reproducido, también a su tercera esposa, Isabel de Valois, a las infantas y a otros importantes personajes.

Autorretrato de Sofonisba pintando. 1,556. Museo Lancut, Polonia
  

Lucía, Minerva y Europa Anguissola jugando al ajedrez.
Pintura de Sofonisba Anguissola, de 1.555

 M, Nacional de Poznan
   Sofonisba Anguissola nació en Cremona, hacia 1.535. Fue la mayor de siete hermanos, pero no la única pintora de la familia. Su padre, Amilcare Anguissola animó a sus hijas Sofonisba, Elena, Lucia, Europa, Minerva y Ana María a perfeccionar sus talentos. Como resultado de ello, nada menos que cuatro de sus hermanas cultivaron la pintura, aunque la mayor fue la más famosa y la mejor dotada. Elena, la segunda hermana y de la que Sofonisba hizo un retrato, dejo la pintura al ingresar a un convento; Ana María y Europa dejaron la pintura al casarse, y Lucía, la mejor pintora de las hermanas de Sofonisba, murió joven. Asdrubale, el único hijo varón, estudió música y latín, pero no pintaba.

Autorretrato
con su maestro
B. Campi
   A la edad de 14 años su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti.



En 1554, Sofonisba viaja a Roma, donde conoce a Miguel Ángel por mediación de otros pintores que conocían bien su obra. Este encuentro con el artista fue un gran honor para la pintora y se benefició de ser "informalmente" instruida por el gran maestro. Cuando él le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó un Niño mordido por un cangrejo (en el niño retrató a su hermano pequeño), y cuando Miguel Ángel lo vio, reconoció de inmediato el talento de ella. A partir de ese momento, el genio le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo personal y le ofreció consejo sobre los resultados. Durante al menos dos años, Sofonisba continuó este estudio "informal", recibiendo una sólida orientación del mismo Miguel Ángel, aunque fuera de manra informal.

Vasari escribió sobre ella: «Anguissola ha mostrado su mayor aplicación y mejor gracia que cualquier otra mujer de nuestro tiempo en sus empeños por dibujar; por eso ha triunfado no sólo dibujando, coloreando y pintando de la naturaleza, y copiando excelentemente de otros, sino por ella misma que ha creado excelentes y muy bellas pinturas».

Hacia 1.558 tuvo un encuentro que iba a marcar el futuro rumbo de su vida. En Milán pintó al duque de Alba, Cuando éste llevó a cabo las negociaciones para la boda de Felipe II con su tercera esposa, Isabel de Valois, Alba pensó en ella para ser una de las damas en la corte, porque la futura reina era aficionada al dibujo. Sofonisba pasó 13 años en España, primero como dama de lareina,

   A los 25 años llegó Sofonisba a España. Permaneció 13 años, primero como dama de la reina. A la muerte de ésta, como tutora de las infantas, especialmente Isabel Clara Eugenia. En este periodo trabajó tan estrechamente con Sánchez Coello, pintor de cámara de Felipe II, que el famosoretrato del rey, por el que todos lo conocemos, atribuido desde casi siempre a Sanchez Coello, hoy se sabe que es obra de Sofonisba. En los años siguientes retrató a casi todos los personajes de la corte, como la hermana y el hijo del rey, y su tercera y cuarta esposas.

En 1,570 continuaba soltera. Como se solía hacer con las damas de la reina, se habla de buscarle un marido. Ella pidió que fuera italiano. Y se concierta la boda con   Fabrizio Moncada, hijo del príncipe de Paterno, virrey de Sicilia, noble siciliano de ascendencia aragonesa. La boda se celebra con gran boato. Recibió una dote del rey. En 1,573 se marcha a Sicilia hasta 1,579, ya para entonces viuda.

Viajando hacia Cremona, Sofonisba conoció al noble genovés Orazio Lomellino, considerablemente más joven que ella, el capitán del barco en el que viajaba. Se casaron en 1579 en Pisa. Se establecieron en Génova, en una gran casa en donde pudo tener su propio estudio y tiempo para pintar y dibujar. La generosa pensión que le otorgó Felipe II, además de la fortuna personal de Orazio permitió a Sofonisba pintar y vivir libre y cómodamente. Bastante famosa entonces, recibió la visita de muchos de sus colegas. Varios de éstos eran más jóvenes que ella y aprendían e imitaban el estilo distintivo de Anguissola. Desde 1581 hasta 1615 reside en Génova, donde mantiene una posición de prestigio tanto por su cultura y su talento artístico como por sus privilegiados contactos con la corte española. Sus últimos diez años los pasa en Palermo, en sus posesiones sicilianas. En 1623, la visitó el pintor flamenco Anton van Dyck, quien hizo alusiones a sus visitas a Sofonisba en su hoy famoso cuaderno de bocetos del Museo Británico de Londres. Van Dyck dijo: «Aunque su vista está debilitada, se mantiene aún muy alerta mentalmente». En contra de lo que algunos biógrafos reclaman, ella nunca se llegó a quedar ciega; quizá tuvo cataratas. Murió en Palermo en 1625. Fue internacionalmente aclamada y respetada a lo largo de su vida.

Siete años después, en lo que sería la celebración del centenario de su nacimiento, su viudo colocó una inscripción en su tumba en la que se leía, en parte: «A Sofonisba, mi mujer [...] quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre [...] Orazio Lomellino, apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran mujer».




Lavinia Fontana, nació en 1552 en Bolonia (Italia). Fue hija del pintor Prospero Fontana, pintor de la escuela de Bolonia, que le enseñó el oficio. El estilo de Fontana fue, efectivamente, muy cercano al manierismo tardío que practicaba su padre. Ya desde muy joven se hizo un nombre como pintora de pequeñas obras de gabinete, principalmente retratos.

La mayoría de las mujeres que en esta época se dedicaron a la pintura, aprendieron con sus padres. Y muchas se casaron con otro pintor del mismo taller, lo que facilitaba que pudieran seguir dedicadas a ese trabajo.​ También es el caso de Fontana que se casó en 1577, con 25 años, con Gian Paolo Zappi.También era pintor del taller de Prospero Fontana y miembro de una familia noble. Tuvo once hijos con él. Siguió pintando durante su matrimonio para ayudar a la familia mientras su esposo se encargaba de la casa y asistía a su mujer como ayudante. Zappi, también ayudaba a su esposa en las labores artísticas, se dice que le ayudaba a realizar el fondo de sus obras. En 1603, tras la muerte de su padre, se muda permanentemente a Roma. Aquí fue elegida pintora oficial de la corte del papa Clemente VIII. También obtuvo el mecenazgo de los Boncompagni. Fue elegida como miembro de la Academia di San Luca. Con la muerte del papa Clemente VIII en 1605 fue designada retratista de la corte del papa Paulo V.

Lavinia Fontana consiguió una fortuna que utilizó en obtener una gran colección de antigüedades. Hasta su muerte en Roma en 1614, Fontana recibió varios reconocimientos, en 1611 se acuñó una medalla en su honor realizada por el escultor Felipe Antonio Casoni, en la que se le representa de perfil por el anverso, y de frente a su caballete en el reverso.

Lavinia Fontana, fue una de las artistas femeninas más reconocidas en el Renacimiento junto a Sofonisba Anguissola. Se puede apreciar la influencia de la pintora de Cremona, en su gusto por los detalles y su excelente técnica a la hora de recrear joyas y tejidos. Trabajaron en el mismo contexto, como cualquier pintor masculino, aceptando encargos de particulares y viviendo de sus ingresos como artistas. Su producción es la mayor de una mujer antes del siglo XVIII. Se conservan, firmadas y fechadas, 32 pinturas, pero documentadas hay más de 135.


Los retratos fueron la principal ocupación de Lavinia Fontana en Bolonia y más tarde en Roma, género en el que destacó por la variedad de tipologías utilizadas.Fue sin duda la pintora preferida de las damas, cuyas pretensiones de mundanidad y sofisticado lujo quedaron bien reflejadas en sus retratos.

Lavinia desplegó todas sus habilidades para visualizar la opulencia de la indumentaria, los variados textiles, las numerosas joyas o la fina elaboración de los encajes, además de los inevitables perritos falderos. También representó a los niños de las familias más notables de la ciudad en composiciones religiosas destinadas a capillas privadas, retratados junto al padre o la madre o formando parte del grupo familiar.

Fue admitida en la Academia de Roma, ciudad en la que murió  en 1.614.

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Fuentes consultadas: la web del Museo del Prado y Wikipedia