lunes, 24 de mayo de 2021

42. Kono Yasui, "la primera"

 

Kono Yasui nació 1880. Fue la mayor de nueve hermanos, todos hijos del propietario de una empresa de transporte marítimo. Su propio nacimiento definiría una de las constantes de su vida: ser la primera en muchos aspectos.

La familia estaba asentada en Sanbonmatsu, una ciudad portuaria en la prefectura japonesa de Kagawa. El ambiente local era abierto y progresivo, debido a la diversidad de visitantes que arribaban y traían consigo sus costumbres y culturas. Los padres de Kono la dejaron crecer en medio de esa atmósfera liberal, poco usual en una niña de su época.

Desde un momento temprano en su infancia, la pequeña demostró agudeza para el conocimiento y una notable pasión por los estudios. Su padre frecuentemente le facilitaba libros de Historia y otras materias que cultivarán ese interés.

En la escuela, Kono resaltaba por su entusiasmo hacia las Matemáticas y las ciencias naturales en general. Hasta los 18 años, fue educada en escuelas privadas, puesto que en su provincia todavía no existían colegios públicos para las niñas.

En 1898, la joven fue matriculada en la Escuela Superior para Mujeres (hoy Universidad Ochanomizu) de Tokio. Durante ese período se especializó para convertirse en maestra de ciencias.

Al finalizar estos estudios, en 1902, le ofrecieron un puesto de trabajo en la prefectura de Gifu. Kono aceptó el puesto y se marchó a una nueva ciudad, esta vez para convertirse en profesora para otras niñas que, como ella, sentían atracción por los saberes.

Desde esta posición laboral, la investigadora fue propuesta por uno de sus profesores para la redacción de un libro de Física que se impartiría en escuelas para niñas. Sin embargo, los prejuicios de la sociedad japonesa de principios del siglo XX impidieron que este proyecto se materializara. Las protestas de científicos masculinos y el rechazo del propio Ministro de Educación de la época, consiguieron desechar la idea. La cultura nacional seguía siendo extremadamente cerrada y conservadora.

A pesar de todo, la joven maestra se dedicó a esa tarea por tres años. Justo entonces, se concretó un curso de posgrado en el centro académico donde se graduó como maestra. Kono se convirtió en la primera mujer en ingresar a este programa de estudios con una especialización en investigación científica.

Comenzó a ser supervisada por el profesor Tomotaro Iwakawa, quien encaminó sus talentos hacia la zoología y la botánica. En ese primer año de trabajo se especializó en el aparato weberiano —una estructura anatómica del sistema auditivo de algunos peces— de las carpas.

Este proyecto de investigación le valió otro hito en su vida profesional. Nuevamente, fue la primera, esta vez la primera mujer que conseguía publicar un artículo científico en Zoological Science, revista académica japonesa.

Al completar su programa de posgrado, la Escuela Superior para Mujeres le ofreció un puesto como profesora asistente. Una vez más, quedó bajo las directivas de Iwakawa.

El académico propuso a la joven discípula una especialización en la embriología de las sanguijuelas. Kono rechazó la asignación, bajo el alegato de que odiaba a esas criaturas y, sin muchas consultas, redirigió sus pesquisas hacia la citología y embriología de algunas plantas.

Sus indagaciones sobre la Salvinia natans, un helecho acuático, fueron publicadas en Journal of Plant Science, de carácter local. No obstante, poco tiempo después, la británica Annals of Botany incluyó una ampliación del estudio entre sus páginas. Una vez más, Kono rompía los moldes y establecía el hito de ser la primera mujer japonesa cuyo nombre aparecía en una revista extranjera.

A pesar de ser una de las mentes más talentosas de su país, Kono volvió a experimentar prejuicios por el solo hecho de haber nacido mujer. A mediados de 1914, inició los preparativos para realizar un viaje que la llevaría a varias universidades internacionales para ampliar sus perspectivas y conocimientos. Estuvo a punto de no poder emprender la travesía. El Ministro de Educación de Japón se mostró renuente a permitir la iniciativa. Pero después de que muchos investigadores, la mayoría hombres, intervinieron en su favor, La autoridad decidió hacer una excepción. Sin embargo, impusieron varias condiciones a la científica. Kono debía  cursar “investigación de la economía doméstica” de conjunto con sus otras obligaciones académicas. Además, tuvo que comprometerse a que no se casaría. Aceptó las condiciones y emprendió su travesía.

Sus viajes la llevaron a Alemania y a Estados Unidos. En ambas naciones participó de proyectos investigativos relacionados con la biología celular. La experiencia amplió sus perspectivas académicas y puso su nombre juntos a expertos de la época.

De regreso a Japón, le ofrecieron formar parte de uno de los departamentos de estudio de la entonces Universidad Imperial (actualmente Universidad de Tokio). Al mismo tiempo, continuó en la Escuela Superior para Mujeres como profesora de genética y biología celular. Ocuparía esta posición durante más de 21 años. Aunque era la mejor en su campo de trabajo, no consiguió nunca la titularidad del puesto.

Estas injusticias siempre fueron mal justificadas por las autoridades con el argumento de que era mujer. No obstante, la científica se mantuvo firme y constante en sus esfuerzos.

De ese modo, en 1927, ocupó nuevamente el título de “pionera”. En esta ocasión, se convertía en la primera mujer nacida en Japón en defender su tesis doctoral y alcanzar el título. Su investigación se centró en el estudio de estructuras de lignito, carbón y el carbón bituminoso encontradas en Japón.

A lo largo de su carrera, la científica abrió el camino de la investigación y la enseñanza para muchas otras mujeres. Consiguió publicar un total de 99 artículos y fundó Cytologia, una revista académica centrada en la botánica japonesa.

Asociación de Antiguas Alumnas de la Escuela Superior de Mujeres

Sus labores como activista social contribuyeron a que la Escuela Superior de Mujeres, su alma mater, fuera establecida formalmente como universidad en 1949. Luego de este radical cambio, por fin se convirtió en profesora titular de ciencias y, tras su jubilación en 1952, consiguió la distinción de emérita.

En sus últimos años de vida, llegaron las distinciones que debió haber recibido durante toda ella. Le otorgaron la Medalla de Honor de Japón en 1955 y obtuvo la Orden de la Corona de tercera clase en 1965.

La última década de su existencia, Kono estuvo confinada en una cama. Una de sus hermanas menores cuidó de ella y fue la encargada de contar al mundo como la investigadora seguía exigiendo que le trajeran revistas y artículos científicos para poder estar actualizada.

Kono Yasui murió en 1971, a los 91 años de edad. Sus méritos personales la convirtieron en un ejemplo para las mujeres japonesas y el resto del mundo. En la historia de su nación quedará siempre grabada como “la primera”.

domingo, 23 de mayo de 2021

41. Sarmiza Bilcescu, la primera doctora en derecho del mundo fue rumana


 Sarmiza Bilcescu (27 de abril 1867 - 26 de agosto 1935) fue una jurista rumana especialmente conocida por ser la primera mujer de Europa licenciada en Derecho por la Universidad de París y la primera en el mundo que consiguió un doctorado de Derecho. (1)


Obtuvo la licenciatura de Derecho por la Universidad de París a pesar de tener grandes dificultades, incluso para poder acceder a las aulas. La acogida de los profesores fue gélida, la acogida de los alumnos fue con mucho respeto. A pesar de las dificultades, su presencia sirvió para allanar el camino a otras mujeres.

Fue la primera mujer en el mundo que consiguió un doctorado de Derecho,   con una tesis doctoral titulada "Sobre la condición jurídica de la madre", donde mostraba todas las contradicciones y la carencia de derechos de las mujeres y, muy especialmente, de las madres. La presentó, con 23 años, el 12 de junio del 1890 a la Facultad de Derecho de París. Se convirtió en la primera mujer que podía ejercer la abogacía en su país al ser admitida en la asociación de abogados del condado de Ilfov, pero lo abandonó seis años después para dedicarse a difundir y defender el derecho al acceso a la educación de las niñas y los niños de su país mediante becas, sobre todo en el ámbito rural. En 1915 puso en marcha una campaña a favor de ofrecer educación alternativa y adicional a las mujeres a quienes se había negado el acceso a la educación superior. Fundó, junto con otras mujeres, la Sociedad Rumana de Señoritas.

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(1) Cuidado con la Wikipedia, donde aparece como natural de Acín (Navarra) y fallecida en el mismo lugar.  No aparece ni una palabra sobre su familia o infancia. Un artículo raquítico el dedicado a esta mujer, con una bibliografía excesivamente general y enlaces rotos o inexistentes.

sábado, 22 de mayo de 2021

40. Caroline Lucretia Herschel, la primera astrónoma profesional de la historia


 

Caroline Lucretia Herschel nació el 16 de marzo de 1750 en la ciudad alemana de Hannover. Su padre era un músico militar con grandes inquietudes culturales que procuró dar a sus hijos una educación polifacética que incluía música, por supuesto, pero también matemáticas, astronomía, filosofía y francés. Su madre, por el contrario, pensaba que “para ser amas de casa las mujeres solo tenían que saber escribir y leer”. A escondidas, su padre le daba clases de música y le mostraba los cielos. Pero cuando murió en 1762, su madre la obligó a dedicarse exclusivamente a las labores del hogar y a cuidar de sus hermanos, ya que pensaba que una mujer deforme nunca se casaría. Y es que a los 3 años Caroline contrajo la viruela, que le dejó la cara marcada y a los 10 años tuvo tifus, que atrofió su crecimiento. A escondidas, su padre le daba clases de música y le mostraba los cielos.  

Tanto su hermano William como Alexander eran músicos y con 22 años se fue con ellos a estudiar canto. Era una buena soprano pero, excesivamente dependiente de las directrices de William, cantaba solo cuando este la dirigía.

William Herschel
En 1.772 pudo escapar del yugo materno cuando su hermano William –en aquel entonces un destacado organista y director de orquesta en la ciudad de Bath- la llevó a vivir con él en Inglaterra. A cambio, William  tuvo que garantizar a su madre el pago de una sirvienta que realizara el trabajo de Caroline. Y mientras se ocupaba del cuidado de su hermano, con el que siempre se sintió en deuda, pudo retomar su gran afición, la música, y llegó a ser una destacada soprano.

Poco después de la llegada de Caroline, William compró el libro "Astronomía", de Ferguson, y se enamoró para siempre de la ciencia de los cielos.  A medida que William en su tiempo libre se involucraba cada vez más en la astronomía, le enseñaba a Caroline matemáticas, álgebra, trigonometría y astronomía, además de inglés.

En 1781, William descubrió el planeta Urano, al que llamó 'estrella georgiana' en honor al rey Jorge III, y éste le nombró Astrónomo Real, con un salario de 200 libras al año. A partir de ese momento abandonó su profesión de músico y Caroline la de cantante de ópera. Ambos se dedicarían en cuerpo y alma al estudio del firmamento.

Desde un primer momento, Caroline colaboró con su hermano en el cálculo, diseño y construcción de sus propios telescopios; y le ayudó en la catalogación y revisión de sus observaciones, pues Caroline tenía tanta o más pericia a la hora de mirar por el telescopio, aunque sólo podía hacerlo cuando su hermano estaba de viaje. Mientras él observaba el Universo, ella anotaba los detalles, preparaba las observaciones del día siguiente, calculaba las estrellas que debían ser empleadas como referencia y acumulaba datos para las publicaciones de William.  También pulía y esmerilaba los espejos de los telescopios reflectantes que construían.

En 1783 Caroline descubrió dos cúmulos desconocidos y observó que el espacio estaba lleno de ellos. Los hermanos Herschel llegaron a descubrir 2.500, aunque los hallazgos individuales de Caroline apenas tuvieron crédito.

El 1 de agosto de 1786 encontró su primer cometa, que fue descrito como 'el primer cometa femenino'. El hallazgo fue recompensado por el rey Jorge con un sueldo de 50 libras anuales y con el reconocimiento de la comunidad científica, por lo que se la considera la primera astrónoma profesional. Caroline tenía por entonces 37 años. Durante los años siguientes descubrió otros siete cometas, nebulosas, galaxias espirales e irregulares y cúmulos abiertos que actualmente figuran en el Nuevo Catálogo General.

En 1798 envió a la Royal Astronomical Society su “Índice de observaciones de Estrellas fijas de Flamsteed”, con una lista de 560 estrellas que el astrónomo había omitido.

A la muerte de William, Caroline retornó a su natal Hannover, donde concentró su esfuerzo en la catalogación de los cuerpos celestes que había avistado.

En 1828 le fue concedida la medalla de oro de la Royal Astronomical Society (la siguiente medalla concedida a otra mujer no fue hasta 1.996, a Vera Rubin).

En 1835, con 85 años de edad, fue nombrada miembro honorario de esta Sociedad, ya que ser miembro de pleno derecho estaba vetado a las mujeres.

Caroline redactó  su propio epitafio, que decía  “Los ojos de ella, en la gloria, están vueltos hacia los cielos estrellados”. Caroline murió en Hannover  el 9 de enero de 1848, a los 97 años de edad.

En su honor un cráter de la Luna se llama Caroline Herschell y el asteroide Lucretia se llamó así por su segundo nombre.





miércoles, 12 de mayo de 2021

39. La mujer de hoy no tiene nombre, y los tiene todos

 

                                                                                                                                                                      1. Esto no se ha acabado, quedan muchas mujeres olvidadas que rescatar. Pero de muchas de ellas no vamos a poder decir: "fue la primera que", porque entraremos en otra época, el siglo XX y el momento presente. Pero, aunque incluso estén vivas, son mujeres que hay que traer a primer plano porque lo merecen, lo merecen tanto como Sofía Brahe (siglo XVI) y otras. No lo merecen menos porque lo hayan tenido más fácil. No todas las que lo tienen fácil aprovechan esa facilidad. De forma que el homenaje sigue,

2. No mencionaré nombres, pero sí bastantes cifras, hasta miles de millones. La cantidad que aportan unas posibilita la calidad que alcanzan otras. Hoy es el turno de las mujeres sin nombre donde casi todos vamos a poder incluir a nuestras madres, abuelas, hermanas. Así que cada cual le ponga nombre al título.

El trabajo de cuidados no remunerado es el “motor oculto” que sostiene la vida de muchas personas en el planeta, y mantiene la existencia de empresas y sociedades (Oxfam Intermón 2020). Son las mujeres las que realizan más de las tres cuartas partes de este trabajo. Las mujeres y niñas dedican 12 500 millones de horas diarias a ese trabajo sin reconocimiento ni salario que engloba actividades como el cuidado de niños y niñas, personas mayores, enfermas o discapacitadas, además de tareas domésticas como cocinar, lavar o ir a buscar leña o agua. Ese tiempo supone una contribución a la economía mundial de al menos 10,8 billones de dólares anuales, una cifra que triplica el volumen de la industria mundial de la tecnología, es decir, del gasto total en tecnología que realizan en todo el mundo personas, empresas y gobiernos. En muchas ocasiones, las mujeres tienen que reducir su jornada laboral o renunciar a sus empleos para poder cuidar a los demás. En todo el mundo, el 42 % de las mujeres no puede acceder a un empleo remunerado porque son las responsables del trabajo de cuidados, en comparación con tan solo el 6 % de los hombres.

Las más “afortunadas” constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado. Empleos como el de enfermera, trabajadora del hogar o cuidadora, a menudo están mal pagados, no tienen derechos laborales, conllevan un horario irregular y pueden suponer un importante desgaste físico y emocional.

Se prevé que, durante la próxima década, aumente la presión sobre las personas que se dedican al sector de cuidados, tanto remunerado como no, debido al crecimiento y envejecimiento de la población mundial. Se estima que para el año 2030, 2 300 millones de personas necesitarán cuidados; 200 millones más que en 2015. Además, el cambio climático podría empeorar la inminente crisis de las tareas asistenciales. Se calcula que, en 2025, hasta 2400 millones de personas vivirán en zonas donde no habrá agua suficiente, y las mujeres y las niñas se verán obligadas a recorrer mayores distancias para conseguirla.


El informe de Oxfam Intermón afirma que un incremento de tan solo el 0,5 % adicional en el tipo del impuesto que grava la riqueza del 1 % más rico de la población mundial durante los próximos 10 años permitiría recaudar los fondos suficientes para crear 117 millones de puestos de trabajo de cuidados en sectores como la educación, la salud, el cuidado infantil y la asistencia a las personas mayores.

Además, los gobiernos invierten muy poco en infraestructuras y servicios públicos vitales que también podrían contribuir a reducir el trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y las niñas. Las inversiones en sistemas de suministro de agua y saneamiento, electricidad, cuidado de menores y asistencia médica podrían liberar parte del tiempo que las mujeres y niñas dedican a estas tareas y mejorar su calidad de vida. Un gran número de países se enfrenta al reto que supone el envejecimiento de la población en un contexto en el que cada vez menos personas se dedican a proporcionar los cuidados y la atención que las personas mayores necesitan.

En la actualidad, el 11,5 % de la mano de obra a nivel mundial se dedica al trabajo de cuidados remunerado y, a medida que la población mundial siga envejeciendo, la demanda de estos cuidados se incrementará considerablemente y el sector asistencial podría suponer una gran cantidad de empleos dignos para millones de personas.

Según la Confederación Sindical Internacional (CSI), una inversión pública directa en la economía de los cuidados equivalente al 2 % del PIB en tan solo siete países de renta alta permitiría crear más de 21 millones de puestos de trabajo, de los cuales entre el 75 % y el 85 % estarían ocupados por mujeres. Sin embargo, si se ignora la necesidad de invertir en estos puestos de trabajo, serán las reglas del mercado las que se encarguen de proveer servicios de cuidados, con la consiguiente precariedad de salarios y el deterioro de las condiciones de trabajo, al mismo tiempo que se reduce la accesibilidad, la asequibilidad y la calidad de estos servicios.

No parece que tengamos una buena perspectiva global en el sector de los cuidados y tampoco, a corto plazo, auguramos para las mujeres un futuro de equidad, corresponsabilidad y recursos en el ámbito doméstico. Si focalizamos la situación en el primer mundo, en un núcleo familiar tradicional y le ponemos rostro y nombre a uno de los adultos, nos podemos encontrar con que esa persona ha perdido por completo el control de su vida, con un sentimiento de estar obligada a procurar el bienestar de los suyos olvidándose de su propia salud física y mental.

lunes, 10 de mayo de 2021

38. Sofía Pereiaslavtseva, la bióloga que descubrió los secretos del Mar Negro

 


Sofía Mikhailovna Pereiaslavtseva nació el 29 de septiembre de 1849. Era hija de Mikhail Pereiaslavtsev, coronel del Ejército ruso. Sus primeros estudios los cursó en Kursk, donde, con la excepción de un año en San Petersburgo, vivió hasta 1870. Pasó después dos años en Kharkov, sede de una universidad importante y de varios institutos científicos. Su primer trabajo publicado fue un estudio de los lepidópteros de la provincia de Vorónezh; también hizo estudios taxonómicos de la fauna del distrito de Kharkov.

La primera mitad de la década de 1860 fue un momento muy interesante en la historia rusa. Fue la época de las “Grandes Reformas”. En 1861 se abolió la servidumbre y se adoptaron decisiones políticas de gran calado. Fue una época excelente para los jóvenes varones, que disfrutaron de más libertad y mejores perspectivas de las que habían tenido generaciones anteriores. El interés por las ciencias naturales se extendió en la sociedad, en sintonía con una nueva mentalidad propia de un cambio de época. Las jóvenes no quedaron al margen de las tendencias del momento, aunque por su posición secundaria en las familias y en la sociedad, tuvieron acceso a ellas a través de sus hermanos varones, maestros de escuela y tutores privados, y mediante la prensa. Se puso de moda asistir a conferencias de divulgación científica, formar parte de un pequeño círculo juvenil que discutía sobre ciencia, filosofía y política, y que leía libros, también sobre ciencias naturales.

Ese fue el caldo de cultivo en el que surgió una generación que protagonizaría un fenómeno paradójico, como fue el liderazgo que ejerció un grupo de jóvenes rusas en el acceso a estudios superiores en carreras científicas y matemáticas en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX.

He calificado el fenómeno como paradójico precisamente porque en el siglo XIX, con algunas notables excepciones y durante periodos limitados de tiempo, las universidades rusas no admitían mujeres. Las que estaban interesadas en el estudio de las ciencias naturales o, incluso, a dedicarse profesionalmente a ello, debían intentar otras vías para satisfacer sus intereses.

Existieron tres las vías para conseguirlo: 

La primera opción era enfrentarse a la burocracia, en la confianza de que antes o después, conseguirían su objetivo.

La segunda consistía en salir del país e ir a estudiar a algunas de las universidades europeas en las que admitían mujeres; a partir de 1870 cada vez fueron más las que optaron por esa vía.

La tercera era hacerse autodidactas, que fue la que eligieron de forma mayoritaria las mujeres.

Sofía Pereiaslavtseva fue una de las protagonistas de ese fenómeno. De Kharkov viajó a Zúrich en 1872. Por entonces, la ciudad suiza se había convertido en un destino muy apetecido por las jóvenes rusas que salieron a estudiar a países extranjeros. Sofía fue una de las organizadoras de la “Biblioteca Pública Rusa”, que se convirtió en el centro de la juventud revolucionaria. Se involucró en las actividades políticas en torno a los intelectuales rusos exiliados Mikhail Bakunin y Peter Lavrov. Sofía era seguidora de Lavrov, de ideas más reformistas que revolucionarias, y en enero de 1874 fue nombrada bibliotecaria de la Biblioteca Lavrista, una pequeña escisión de la original, Bakunista.

Las actividades de los jóvenes rusos fuera de su país atrajeron la atención de la “Tercera Sección” (la policía secreta del Zar) y el gobierno decretó el regreso de los estudiantes rusos de las universidades europeas a su tierra natal, amenazándolos con represalias en caso de desobediencia. Sofía, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, optó por quedarse en Zúrich para terminar sus estudios.

Durante su estancia en Suiza aprovechó para visitar la Stazione Zoologica de Nápoles, que había sido fundado solo cuatro años antes y es hoy uno de los centros más antiguos del mundo de biología marina. Ella fue la primera mujer que visitó el laboratorio napolitano, donde recogió muestras que le servirían para su investigación doctoral.


En 1876 defendió su tesis doctoral en ciencias (titulada, en alemán, Vorläufige Mittheilungen über die Nase der Fische), que trató sobre la forma y la función del órgano del olfato en peces. Se convirtió así en una de las primeras mujeres en obtener un doctorado en ciencias en el mundo y quizás la primera en conseguirlo en zoología y en biología marina. Tras completar su doctorado, Pereiaslavtseva retornó a Rusia.

En aquella época, las sociedades científicas rusas –de creación, en consonancia con los nuevos tiempos, relativamente reciente– aceptaban mujeres. La pertenencia a las sociedades permitía asistir a las sesiones, presentar los trabajos propios ante el resto de miembros, acceder a la biblioteca y colección de ejemplares de la sociedad, y a sus revistas. A finales de los setenta ya aparecen nombres femeninos en las revistas científicas y durante los ochenta su número se elevó de forma significativa. También aumentó su presencia en las reuniones científicas.

Ese es el ambiente con que se encontró Sofía a su retorno a Rusia. Se incorporó a la Estación Biológica de Sebastopol –fundada en septiembre de 1871–, para sustituir de forma temporal a quien era su primer director, V. N. Ulyanin. La incorporación se produjo a instancias de Alexander Kovaleski, catedrático de la Universidad de Novorosíisk y secretario de la Sociedad de Naturalistas de Novorosíisk. Su investigación se orientó al estudio de la embriología y anatomía de los invertebrados del Mar Negro.

Pereiaslavtseva no solamente se incorporó como investigadora, sino que desempeñó también las funciones de directora, puesto que esa era la posición que ocupaba Ulyanin. Cuando se reincorporó este, a ella se le asignó una ayuda de 150 rublos para que continuase su investigación.

Durante los años en el laboratorio su investigación se centró en el desarrollo embrionario de anfípodos y turbelarios. Catalogó 200 especies animales del Mar Negro, incluyendo 105 protozoos (ciliados, principalmente). Publicó numerosos artículos científicos y dos monografías bellamente ilustradas sobre la fauna de la zona. Una de ellas, la más valiosa, fue la monografía sobre turbelarios, la primera publicada en ese campo, que es considerada hoy todo un clásico en la literatura zoológica. También publicó la primera carta náutica de la fauna de la Bahía de Sebastopol.

En 1880, Ulyanin dejó su puesto con carácter definitivo y Kovalevski se ofreció a asignar su puesto a Pereiaslavtseva, con la condición de que su salario fuera de solo 50 rublos al mes. La propuesta tuvo el respaldo de la Sociedad de Naturalistas de Novorosíisk, a la que pertenecía la Estación Biológica. Pereiaslavtseva aceptó y pasó a ocupar el puesto de directora durante diez años, desde 1878 hasta 1888, cuando fue asumido por Aleksander Kovaleski. Se convirtió así en la primera mujer en dirigir una institución científica en Rusia y muy probablemente en el mundo. En 1889 el VIII Congreso de Naturalistas y Médicos Rusos la eligió como directora de su sección de Zoología.

Aunque cesase como directora en 1888, Sofía se mantuvo como zoóloga jefa hasta 1891, cuando tras una fuerte disputa con Kovaleski, renunció a su puesto y dejó Sebastopol. Se encontró entonces en una situación difícil. Sin ningún medio de vida, pasó algún tiempo con sus parientes en San Petersburgo, haciendo ocasionales trabajos de traducción (la única forma, además de enseñar, que permitía a las mujeres rusas con estudios ganar algo de dinero) pero no pudo ganarse la vida de esa forma.

Sin embargo, al año siguiente, la Sociedad Imperial de Moscú de Naturalistas le otorgó una beca para desplazarse al extranjero, lo que le permitió volver a visitar la Stazione Zoologica de Nápoles, donde permaneció durante 15 meses, entre 1893 y 1894. En esta ocasión ocupó de forma “oficial” una de las “mesas rusas”; la Estación Zoológica disponía de puestos de investigación cuyo uso era sufragado, mediante el pago de un alquiler, por gobiernos, universidades y centros de investigación extranjeros. Sofía ocupó uno de esos puestos. Su primera estancia, la que hizo mientras residía en Zúrich, no había tenido ese carácter oficial. Pudo dedicarse así a estudiar la fauna de la Bahía de Nápoles y del sur de Francia.


Mientras ocupaba la mesa rusa de Nápoles, tuvo conocimiento de que se le había concedido el premio Kessler de la Sociedad Rusa de Científicos Naturales por su monografía sobre los turbelarios del Mar Negro.

El año siguiente, el IX Congreso de Naturalistas y Médicos Rusos recaudó suficientes fondos como para poder costearle una estancia en París, donde trabajó durante dos años en el Museo Nacional de Historia Natural. En el Museo parisino trabajó en el desarrollo de varias especies de arácnidos. Aprovechó la estancia para visitar la Estación Biológica de Roscoff. Abandonó Francia cuando se le acabaron los fondos.

En 1903 volvió a Odesa, con la esperanza de continuar sus investigaciones zoológicas en Sebastopol. Su situación era tan difícil que su viejo amigo, el profesor de botánica de la Universidad de Novorosíisk, Liudvig Al’bertovich Rishavi, publicó una nota en el periódico de la ciudad, Odesskii listok:


"Sin medios para vivir, ganándose el pan con traducciones de lenguas extranjeras, entre una indigencia pecuniaria increíble, a veces medio muerta de hambre, Sofía Mikhailovna continuó su labor científica, siguió publicando sus artículos científicos, lo que le dio una reputación europea… Como viejo amigo de S M Pereiaslavtseva, creo que mi deber es informar mediante esta carta a todos sus conocidos y simpatizantes y también a todas las mujeres educadas que aspiran a la educación superior sobre la difícil y casi desesperada situación de Pereiaslavtseva".

La Academia de Ciencias de San Petersburgo le envió algo de dinero.

Llegados a este punto, las fuentes consultadas discrepan con respecto a su final. Según la Wikipedia (francesa, Sofía M Pereiaslavtseva acabó siendo incorporada, en 1903, como profesora de zoología comparada a la Universidad de Novorossíisk.

Las otras fuentes barajan la posibilidad de que muriese por un tumor cerebral, aunque algunos de sus amigos insistieron después en que había muerto de hambre a causa de la penuria en la que transcurrieron los últimos meses de su vida. En cualquiera de estos casos, la muerte le sobrevino en Odesa el 1 de diciembre de 1903 a la edad de 54 años.

Pereïaslavtseva era una científica concienzuda y extraordinariamente exigente consigo misma. En sus investigaciones sobre el desarrollo no se conformó, como era habitual, con observar las fases consideradas más importantes. Eso implicaba que en ocasiones se quedaba observando el embrión durante las siguientes 30 a 36 horas a la puesta, y con interrupciones ocasionales de dos o tres horas, proseguía las observaciones de las siguientes fases. Era una de las zoólogas más respetadas de su tiempo. Sus dificultades para alcanzar una situación estable son buena muestra de las dificultades que sufría las mujeres científicas en aquella época, si no contaban con el apoyo de un científico varón o una fuente de ingresos propia. De su altura científica son buena muestra los hitos de su biografía consignados aquí, con logros a la altura de un ramillete muy escogido de grandes figuras.

Para saber más:

- Mary R. S. Creese (2015): Ladies in the Laboratory IV: Imperial Russia´s Women in Science, 1800-1900: A Survey of Their Contributions to Research. Rowman & Littlefield Publishers.

Sabrina Graber (2021): Sofia Pereiaslavtseva: A pioneer in marine zoology & research institution management. The European Marine Biological Resource Centre (EMBRC)-News.

Olga Valkova (2008): "The Conquest of Science: Women and Science in Russia, 1860–1940". Osiris 23 (1): 136-165.

Wikipedia: Sofia Pereïaslavtseva.


sábado, 24 de abril de 2021

37. Patricia Bath, ". . . y los ciegos ven"

 


Fue una niña afroamericana nacida en Harlem; su padre era un inmigrante de Trinidad, el primer hombre negro autorizado a manipular maquinarias pesadas en la construcción del metro de la ciudad, su madre, descendiente de esclavos negros, fue ama de casa mientras sus hijos fueron pequeños, después trabajó en el servicio doméstico para ahorrar y conseguir que sus hijos tuvieran estudios; según las estadísticas, Patricia era una persona con muy pocas posibilidades de triunfar en la vida. Sus padres le regalaron, cuando era pequeña, un juego de química y un microscopio y eso despertó su curiosidad y sus ganas de aprender. Y lo consiguieron, pues pronto comenzó a sentirse realmente interesada por todas las ramas de la ciencia. Era también una buena estudiante, por lo que pudo obtener durante su época de adolescente una beca de la National Science Foundation que le permitió continuar sus estudios y realizar un exitoso trabajo de investigación que más tarde le valdría el Premio al Mérito de la Revista Mademoiselle.

Gracias a sus recién estrenados éxitos, además del esfuerzo de sus progenitores, pudo obtener primero el Bachiller Universitario en química y más tarde la carrera de medicina, en la Universidad de Howard. Después de licenciarse se mudó a California, donde se convertiría en la primera mujer afroamericana en ejercer como cirujana en su hospital universitario. Además, pasó a ser la primera oftalmóloga del Instituto de los Ojos Jules Stein, de UCLA.

Bath recibió el Bachelor of Arts en química del Hunter College de Manhattan en 1964. Se trasladó a Washington D. C. para asistir la Universidad de Medicina Howard College para recibir su doctorado en 1968. Durante su tiempo en Howard, fue presidenta de la Asociación Médica Nacional Estudiantil y colaboradora de los Institutos Nacionales de Salud y el Instituto Nacional de Salud Mental.

Fue interna en el Hospital Central de Harlem, posteriormente sirviendo como especialista en la  Universidad de Columbia.​ Viajó a Yugoslavia en 1967 para estudiar la salud infantil, observando que la práctica de cuidado de ojo era desigual entre minorías raciales y la población pobre; posteriormente percibió la mayor incidencia ceguera entre sus pacientes negros y pobres.​ Decidió que abordaría este asunto, y persuadió a sus profesores de Columbia para operar a pacientes ciegos, gratuitamente, en el Hospital Central de Harlem, el cual no había ofrecido hasta entonces cirugía ocular.

Bath fue pionera en todo el mundo en la disciplina de "oftalmología comunitaria", desarrollada por voluntarios, que facilita los cuidados oculares necesarios a las poblaciones desfavorecidas. Fue residente en oftalmología en la Universidad de Nueva York entre 1970 y 1973, siendo la primera afroamericana en este rol.

Uno de los grandes trabajos que debemos agradecer a Patricia Bath es su preocupación por la salud de los ojos de las personas con menos recursos. Observó que en las comunidades más desfavorecidas de Estados Unidos se producían problemas de visión derivados de causas que podían prevenirse a través de la educación, la divulgación y la implicación de los servicios públicos sanitarios. Fue así como cofundó en 1970 el Instituto Americano para la Prevención de la Ceguera, una organización sin ánimo de lucro que defendía la visión como un derecho básico del ser humano.

El año 1981 marcaría un antes y un después en la vida de Bath. En ese momento comenzó a trabajar en su invento más reconocido: el ultrasonido Laserphaco (Laser PHotoAblative Cataract surgery). A lo largo de más de un lustro se enfrascó en la construcción de una herramienta que permitiera debilitar, de forma menos dolorosa, la capa rugosa y externa de las cataratas. Esto permitió que el procedimiento fuese mucho más preciso y acelerado. Patricia recibió la patente de su invención en 1988. Con ella, se convirtió en la primera mujer afroamericana y médica en obtener esta clase de registro para una aplicación en materia de salud. A lo largo de su carrera, conseguiría otras cuatro patentes de inventos.

Además, se convirtió en pionera en una nueva disciplina, llamada oftalmología comunitaria, que la llevó incluso a atravesar las fronteras de su país natal y viajar varias veces a países como Pakistán,  Nigeria o Tanzania, donde ayudó a tratar la visión de sus habitantes. También publicó 100 artículos de investigación y dedicó parte de sus años de trabajo a la divulgación de la oftalmología, así como a dar charlas a jóvenes interesados en la medicina, la ciencia y la tecnología. Incluso después de retirarse de la medicina siguió dando charlas y conferencias.

A principios de 1993, la doctora Bath decidió retirarse. Pasó entonces a formar parte del equipo honorario de Centro “Jules Stein” y la UCLA. Ese mismo año fue reconocida como Pionera de la Academia de Medicina de su alma máter en Washington D.C. Con el tiempo y el deterioro de su salud, decidió mudarse a San Francisco para estar más cerca de su hija y nieta. Allí murió el 30 de mayo de 2.019, a los 76 años, a causa de un cáncer de pulmón que padecía, aunque todavía decía tener muchos proyectos pendientes.

Yo, particularmente, le estoy agradecida por la sonda Laserphaco, que inventó y perfeccionó. Tanto mi padre como mi madre fueron operados de cataratas por este método sin dolor, casi sin molestias ni postoperatorios complicados y eso les evitó la ceguera en su vejez.

 FUENTES:

- Patricia Bath,  Wikipedia   

- Claudia Alemany: Patricia Bath, de Harlem a la Academia. Mujeres con Ciencia.

- Azucena Martín: La vista como derecho fundamental: el legado que nos deja tras su muerte Patricia Bath. Hipertextual.

- Patricia Bath, inventora de un laser para las cataratas. Huellas de mujeres geniales.


miércoles, 21 de abril de 2021

36. Vera Gedroits, la princesa que revolucionó la medicina de guerra

 


La princesa Vera Ignatievna Gedroitz, su verdadero nombre, como debe ser llamada, pues pertenecía a la realeza de Lituania nació el 19 de abril de 1870, en Slobodishe (actualmente Ucrania, entonces imperio ruso). Fue la tercera de cinco hermanos en una familia en la que madre procedía de Alemania y su padre pertenecía a la realeza lituana.

La infancia suele servir para acumular experiencias y recuerdos selectivos, pero en muchas ocasiones también es una fuente de traumas que después nos acompañan toda la vida. A Vera Gedroitz, la muerte de uno de sus hermanos, al que se encontraba muy unida, la llevó desde niña a querer estudiar Medicina para salvar vidas y paliar el sufrimiento. Tal era el amor por su hermano Sergei, que también inspiró el seudónimo literario (Sergei Gedroitz) con el que firmó sus obras, de poesía y científicas, a lo largo de su vida.  Asistió a la escuela secundaria de mujeres de Bryansk, pero fue expulsada por las continuas travesuras contra sus maestros. Su padre quiso entonces que se iniciara en la medicina como asistente en una fábrica, pero finalmente fue readmitida en la escuela y se graduó con muy buenas notas. Continuó su educación en San Petersburgo, aunque la joven volvió a poner en riesgo su futuro al unirse al movimiento juvenil revolucionario, ya que fue detenida por participar en una manifestación, expulsada de los estudios y devuelta junto a sus padres. Ansiosa por concluir sus estudios, y ante la imposibilidad de hacerlo ya en Rusia, Vera organizó un matrimonio de conveniencia con su amigo Nikolai Belozerov en San Petersburgo. Vera utilizó su nombre de casada para obtener un pasaporte y viajó a Suiza para estudiar en la Universidad de Lausana (ya que en Suiza admitían a mujeres en la Facultad de Medicina sin problemas), donde se formó para ser cirujana y se graduó en 1898, de nuevo con calificaciones brillantes que le valieron su título de Doctora en Medicina y Cirugía. En Suiza profundizó en sus investigaciones sobre la cirugía, pero en 1900 se vio obligada a regresar a Rusia cuando recibió una carta de su padre en la que le informaba de que su hermana Alexandra había muerto de tuberculosis y que su madre sufría de agotamiento nervioso.  Le pidió a Vera que regresara y a cambio le prometió ayudarla a conseguir un trabajo en un nuevo hospital de una fábrica que se estaba construyendo.

A su llegada a Rusia, Gedroitz fue contratada inmediatamente en la Fábrica de Cemento Maltsov y allí empezó a ejercer de cirujana. Dado el tipo de trabajo que se desarrollaba en la fábrica, los trabajadores sufrían frecuentes lesiones por levantar grandes pesos, hernias, lesiones de espalda, Cuando solo llevaba un año en el puesto había realizado  ya 248 intervenciones quirúrgicas, incluidas amputaciones, hernias y fracturas, con una incidencia de muertes y fracasos inferior al de cualquier otro hospital de la época. Preocupada por la salud general de los trabajadores, Vera elaboró una lista de recomendaciones para los administradores de la fábrica y también comenzó a publicar artículos científicos en revistas médicas rusas, que rápidamente fueron traducidos y tenidos en cuenta a nivel internacional.

El 21 de febrero de 1903 Vera recibió la convalidación de su título de Medicina en Rusia, lo que le permitió ejercer como cirujana en todo el país. Un año después, con el estallido de la guerra entre Rusia y Japón, Gedroitz se ofreció como voluntaria para ir al frente con Cruz Roja. En el primer mes de la guerra la primera cirujana en una contienda atendió a 1.255 pacientes, incluidos más de 100 pacientes con heridas en la cabeza y 61 pacientes con heridas abdominales. En principio trabajó en unas condiciones penosas. Los enfermos y heridos estaban alojados en cabañas cuyas paredes revistieron de arcilla y luego fueron cubiertas con sábanas. Posteriormente la situación mejoró con un tren hospital

Su pericia y profesionalidad le valieron ser nombrada cirujana en jefe del tren hospital, que constaba de un vagón operativo y cinco vagones para pacientes. El vagón de operaciones era una unidad quirúrgica especialmente equipada, suministrada por la nobleza rusa para permitir que la atención a los heridos se realizara en las líneas del frente.

Aunque muchos cirujanos militares rusos, así como franceses y británicos habían descartado la idea de tratar las heridas abdominales, Gedroits reconoció que la intervención temprana era clave. El tratamiento estándar en ese momento requería que se colocara al paciente en una posición semi-reclinada para que la herida pudiera drenar. En épocas anteriores, sin anestesia, las heridas abdominales penetrantes se consideraban inoperables.  Gedroits fue la primera en realizar laparotomías en pacientes militares, con un método que obligaba a realizar la intervención quirúrgica dentro de las tres horas posteriores a ser herido. Su tasa de éxito fue tan alta que el Ejército ruso y la sociedad rusa de médicos militares adoptaron oficialmente sus procedimientos operativos. Con la inminente derrota rusa, Gedroitz ayudó a organizar la evacuación del tren hospital, que se realizó bajo el  fuego  porque las tropas se negaron a retirarse hasta que los pacientes fueran trasladados. En 1905 Vera regresó al Hospital de la Fábrica Maltsov como cirujana jefa y fue nombrada jefa médica del Hospital Lyudinovskaya.

Además de hernias y lesiones industriales, las publicaciones de Gedroitz también cubrieron cirugías para obstetricia, la glándula tiroides y varios tumores que había visto en sus pacientes. Sus experiencias de intervenciones quirúrgicas incluyeron heridas abdominales y torácicas, amputaciones, embarazos ectópicos, reconstrucciones faciales y de tendones, resecciones intestinales, histerectomías, trepanaciones del cráneo y fragmentación de huesos.

Doodle publicado por Google hace solo unos días,  con motivo del 151 aniversario de Vera Gerdoitz


En 1909 la emperatriz Alexandra Feodorovna convirtió a Gedroitz en la médica residente principal del Hospital de la Corte y primera mujer médica de la casa real, encabezando los departamentos de Cirugía y Ginecología-Obstetricia, además de ser la pediatra de los menores del palacio. Tal era el amor de Vera por la medicina y la cirugía que llegó a involucrar en ellas a la emperatriz Alexandra y a sus hijas Tatiana y Olga enseñándoles lo básico de la cirugía.

Vera Gedroitz opera mientras la zarina Alexandra
 y las grandes duquesas Olga y Tatiana ayudan como enfermeras


Con la llegada de la revolución en 1917 y verse amenazada hasta la propia familia real rusa, Gedroitz volvió a pedir trabajar como cirujana de guerra una vez más. Esta vez se trataba de la Primera Guerra Mundial, aunque en ella no corrió la misma suerte que en su primera experiencia bélica, ya que fue herida y terminó en Kiev.

Allí, una vez recuperada, Vera Gedroitz fue contratada para enseñar cirugía pediátrica y finalmente recibió el título de profesora y desempeñó su cargo en la Universidad de Kiev a partir de 1929. Sin embargo, la medicina no fue su única ocupación. Además de numerosos artículos médicos sobre nutrición y tratamientos quirúrgicos durante su etapa como profesora, su talento como escritora se extendió a la publicación de varias colecciones de poemas y obras basada en hechos reales, entre las que destacan sus memorias, publicadas en 1931 y tituladas simplemente La vida. En ellas cuenta la historia de su viaje personal que la llevó a servir en el frente en 1904.

Gedroitz, conocida por sus excentricidades, su vestimenta masculina y su voz grave, falleció en marzo de 1932, a los 61 años, víctima de un cáncer de útero diagnosticado un año antes. Fue enterrada en Kiev y al parecer su tumba fue atendida durante muchos años por un arzobispo a quien había tratado en su juventud. Cuando murió el prelado eligió ser enterrado junto a ella.

El legado de Vera Gedroitz, a pesar de ser una gran desconocida, continúa vigente con sus procedimientos  y su éxito con el tratamiento de heridas abdominales, que jugaron un papel tan relevante en la medicina militar internacional. Fue pionera en la aplicación de laparotomía para el tratamiento de heridas abdominales en el frente de batalla, una de las primeras mujeres de Rusia en trabajar como cirujana, la primera en convertirse en profesora de cirugía y trabajar como médico militar, y la primera mujer en servir como médico en el Palacio Imperial.

Cuando buscaba información para escribir esta entrada, pude leer un comentario hecho por una periodista, idéntico a otros que se hicieron sobre otras mujeres de este blog: ¿Cómo es posible que nadie haya hecho una película sobre esta mujer?


BIBLIOGRAFÍA: 

- Chris Baraniuk, La princesa olvidada que revolucionó la medicina de guerra (y salvó cientos de vidas), BBC Mundo, 26 mayo 2019

- J. D. C. Bennett, Princess Vera Gedroits: military surgeon, poet, and author, The BMJ 305 (6868) (1992) 1532-1534, PDF

- Wikipedia (castellano e inglés)

- Alberto López: "/Vera-Gedroitz-la-princesa-cirujana-que-revoluciono-la-medicina-de-guerra". El País, 19 de abril de 2.021






jueves, 15 de abril de 2021

35. Margaret Lindsay Huggins, la astrónoma que fotografió las estrellas

 


Margaret Lindsay Murray (su nombre de soltera) nació en Dublín en 1848. Su padre, abogado, enviudó cuando ella era pequeña y se volvió a casar. Según la necrológica que le dedicó la revista de la Real Sociedad Astronómica Canadiense, Margaret fue educada en casa y desde pequeña sintió interés por las áreas científicas, especialmente por la astronomía, aunque otras fuentes indican que debía ese interés a la influencia de su abuelo materno, un banquero de buena situación económica. Solía basarse en viejos atlas del cielo para estudiar las constelaciones desde su jardín. A los 10 años y armada con un pequeño telescopio se dedicó a estudiar las manchas de la superficie solar. Además le gustaba experimentar con juegos de química y logró dominar las incipientes técnicas fotográficas de la época.

En 1875 Margaret se casó con William Huggins (ella tenía 27 años y él 51), que ya era un conocido astrónomo, y ambos se beneficiaron de esa alianza, también científicamente: él compartió con ella sus conocimientos, que ella deseaba ampliar, y ella colaboró en sus investigaciones justo cuando él había empezado a encargarse del observatorio de Tulse Hill de la Real Sociedad Astronómica británica y empezaban a surgir algunas críticas porque se le hubiese encomendado esa tarea a un investigador solo.

Es habitual leer que ella fue una asistente entregada y servicial, pero en realidad fue mucho más que eso a raíz de los cuadernos de investigación que llevaban y la correspondencia entre ambos. Tras su matrimonio, ella se involucró enseguida en el trabajo del observatorio y eso cambió totalmente el tipo de trabajo que se hacía como su organización. Las escuetas notas de él se convirtieron en detalladas descripciones, pero además, las fotografías se convirtieron en una forma habitual de registrar lo que hasta ese momento había sido pura observación descrita. Las habilidades previas y el interés de ella fueron gran parte del impulso que puso en marcha el programa de investigación fotográfica de Huggins.

La primera publicación dedicada a la fotografía espectral publicada en base al trabajo del observatorio de Tulse Hill apareció en la revista Proceedings of the Royal Society a finales de 1876 y William Huggins aparecía como su único autor. Ambos llevaban casi 15 años casados cuando por primera vez aparecieron ambos como coautores de una publicación, pero aunque todas las anteriores sobre sus logros fotográficos no la mencionaban, sí queda claro en los cuadernos que ambos mantenían que las habilidades fotográficas de ella estaban detrás de estos avances y de esta nueva vía de investigación y observación astronómica.

En sus anotaciones las referencias a la fotografía y sus técnicas son constantes y detalladas, diferenciando a menudo sus trabajos y resultados de los obtenidos por su marido. En muchas de ellas hace referencia al diseño de experimentos, a qué mediciones registrar para comprobar uno u otro parámetro, a cómo adaptar los instrumentos para aprovechar su potencial según lo que quisiera comprobar. En concreto, el verano de 1876 pareció pasarlo experimentando con distintos tipos de placas sensibles para captar imágenes. Tenía un agudo sentido de la innovación e hizo importantes mejoras en el equipamiento del observatorio que pronto pusieron a los Huggins a la vanguardia de la astrofotografía espectroscópica.

Ambos trabajaron juntos durante más de 30 años como colegas de investigación, aunque la imagen histórica de ambos es la del científico y su asistente. Sin embargo, en una carta que ella escribió a un conocido tras la muerte de su marido en 1910 se aprecia su deseo de reconocimiento por un trabajo que fue mucho más compartido de lo que siempre se pensó: “Pienso en esta pensión como un honor hacia él, aunque también es honorable hacia mí y, humildemente espero, habérmela ganado en estos 35 años de trabajo muy duro. Ninguno de vosotros sabe cómo de duro trabajamos aquí nosotros dos solos, sin ayuda”.

Junto con su amiga y también astrónoma Agnes Clerke, fue elegida en 1903 miembro honorario de la Real Sociedad Astronómica, una distinción que solo otras dos mujeres previamente habían obtenido. Falleció en Londres en  1915.


domingo, 4 de abril de 2021

34. Eugenia Pereira, química y farmacéutica

 


Eugenia Pereira Rodríguez nació en O Carballiño (Orense) el 3 de abril de 1895. Purificación Rodríguez, su madre, era comerciante. Su padre, César Pereira, era abogado. No reconoció oficialmente su paternidad hasta un tiempo más tarde. A los 18 años, Eugenia decidió realizar estudios universitarios a pesar de la oposición inicial de su familia. En 1917 comenzó sus estudios de Farmacia como alumna libre. Obtuvo su licenciatura en 1921, con premio extraordinario. En 1923 obtuvo también la licenciatura en Química, de nuevo consiguiendo un premio extraordinario. Recibió su doctorado en Química en la Universidad Central de Madrid con una tesis titulada “Investigación y evaluación de la sílice en tejidos orgánicos animales”. También obtuvo su doctorado en Farmacia. Años más tarde presentó a la Sociedad Española de Higiene un trabajo titulado “Aplicación de cloro en la depuración bacteriológica de agua potable en Madrid”.


En 1924 se convirtió en la primera licenciada gallega de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Santiago de Compostela en obtener una beca JAE (Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas). Con esa ayuda pudo viajar a la École Nationale Supérieure de Chimie de Burdeos donde aprendió enología. Deseaba comprender y mejorar los procesos de vinificación para poder usar esos conocimientos en los viñedos de su familia, situados a orillas de río Avia. Anteriormente, en Santiago de Compostela, ya había realizado pruebas para, a partir de cepas autóctonas, intentar obtener levaduras para el proceso de fermentación del vino. De hecho, en su solicitud de beca, incluyó como mérito los buenos resultados obtenidos en estos experimentos en su tierra. Antes de recalar en Burdeos, había realizado una estancia en el Instituto Pasteur de París. En estos viajes, por ser mujer, fue acompañada de su hermano menor.


Más tarde, Eugenia Pereira obtuvo por oposición el cargo de Jefe del Laboratorio Químico de la Aduana de Barcelona, ​​ciudad en la que viviría a partir de entonces. Allí se casó y el matrimonio tuvo dos hijas.


En Barcelona desarrolló su vertiente emprendedora, dirigiendo en primer lugar una farmacia, y después el laboratorio Pemur en Castelldefels –más adelante pasó a llamarse laboratorio Pereira— que fabricaba antibióticos, cosméticos, pastas dentales –como Pemur o Fluident–, tratamientos para el calzado, preparados a base de pólvora –como Soldent— y diversos productos de farmacia. También fue la primera empresa española en fabricar un detergente líquido comercializado en España.


AUTORA: Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaboradora en ::ZTFNews y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.


FUENTES:


Rosa María Cid Galante, Eugenia Pereira Rodríguez, Historia das nossas melleres ourensás, 2 marzo 2009

Eduardo Rolland, Eugenia Pereira, científica galega e muller pioneira da farmacia, GCiencia, 5 marzo 2020

Eugenia Pereira Rodríguez, Procedimiento de fabricación de un dentífrico, Patente ES0144204 A3 (16.02.1939) (PDF), OEPM

Eugenia Pereira Rodríguez, Perfeccionamientos en el procedimiento de fabricación de dentífricos, Patente ES0144205 A1 (16.04.1942) (PDF), OEPM

Eugenia Pereira Rodríguez, Galipedia





miércoles, 31 de marzo de 2021

33. Victoria Martín del Campo, una gaditana que merece una calle en su ciudad natal

Autorretrato de Victoria Martín del Campo
Museo  de Cádiz

 Victoria Martín de Campo (Cádiz, 1794-1869) fue una pintora neoclásica española, también conocida como «Barhie». Académica de mérito de la Nacional de Santa Cristina, supernumeraria de la provincial de Bellas Artes. Discípula del pintor Manuel Montano, sus obras se caracterizan por un sentido especial del dibujo, correcto pero no sometido, un modelado exquisito y un sentido justo del color. El Museo de Cádiz conserva tres obras suyas: La adoración de los pastores, Autorretrato y Psiquis y Cupido.

Victoria Martín de Campo, también conocía como Victoria Martín Barhié, nació en 1794, fue la tercera de los cuatro hermanos de una familia burguesa de Cádiz. Su padre, Sebastián Martín, era cónsul de Cerdeña y  comerciante. Su madre, Claudia Barhié, de origen francés, falleció al poco de su nacimiento y quedó al cuidado de la nueva esposa de su padre, que fue la encargada de su tutela y de la de sus hermanos.

No se sabe con exactitud cuál fuese su formación, se cree que nunca viajó a París o Roma, que fueron los núcleos fundamentales del Neoclasicismo imperante en la época, pero se sabe que tuvo por maestro a Manuel Montano, del que recibió una educación basada en la literatura y el arte, principalmente. Si bien, muy poco se sabe sobre el proceso de formación de esta pintora que, a juicio de Gaya Nuño, es uno de los mejores valores de la pintura neoclásica española.

Participó en diversos certámenes, siendo premiada en varios de ellos. El mayor éxito profesional fue ser la primera mujer Académica de mérito de la Nacional de Santa Cristina y supernumeraria de la provincial de Bellas Artes de Cádiz. También consiguió ser socia de mérito del Liceo de Málaga. Contrajo un primer matrimonio con Álvaro Jiménez Basurto, un comerciante acomodado en Cádiz, titular de varios cargos en la administración gaditana. Él se encargó de administrar los bienes de su esposa y de sus hermanos, pero a su muerte no dejó bienes significativos ni hijos. Tras enviudar contrajo nuevo matrimonio en 1835 con Antonio María de Campo, oficial de la contaduría de aduanas, que a su muerte tampoco dejará nada de valor. El heredero de Victoria, será su sobrino Francisco Berriozabal Martín.

Adoración de los pastores
Museo de Cádiz

Cultivó la temática religiosa (En la catedral de Cádiz 
Ecce Homo, alguna vez atribuido a Ribera, la Dolorosa y San Lorenzo Mártir; en el Museo de Cádiz, Adoración de los pastores) y mitológica (En el Museo de Cádiz, Psiquis y Cupido), además del retrato. Por último, hay obras en paradero desconocido o mal atribuidas como son: La Casta Susana, David tocando el arpa ante Saúl, Niño en una floresta, y un retrato de niño que fue muy popular entre los intelectuales del momento, pero del que no se poseen registros. Tampoco existen registros sobre su colección de dibujos.

Tras enviudar por segunda vez, volvió a la casa familiar en la calle de la Soledad, en el barrio de San Antonio, donde vivió hasta su muerte en 1.869. 


Psiquis y Cupido
Museo de Cádiz


viernes, 19 de marzo de 2021

32. Rosario Weiss, la niña que aprendió a dibujar con Goya

 

Autorretrato de Rosario Weiss, fechado en 1,830,
encontrado en la Biblioteca Municipal de Burdeos


Retrato de Leocadia Zorrilla,
pintado por Goya en 1.815
María del Rosario Weiss Zorrilla (Madrid, 2 de octubre de 1814-ibídem, 31 de julio de 1843) fue bautizada en la parroquía de san Ginés como hija menor del matrimonio, mal avenido y bastante efímero,  formado por Isidoro Weiss Alonso, joyero de origen alemán y Leocadia Zorrilla Galarza, última amante de Goya. El matrimonio fue infeliz y se rompió definitivamente poco después del  nacimiento de Rosario, siguiendo cada uno su camino. Todo apunta a que Francisco de Goya y Leocadia se conocieron en 1805, en la boda (5 de julio) del hijo del pintor, Javier, con Gumersinda. Goya tenía 59 años y Leocadia 16.

Leocadia entró a trabajar como ama de llaves de la casa de Francisco de Goya en torno a 1815. En aquél tiempo el pintor aragonés era ya viudo -su esposa Josefa Bayeu había fallecido en junio de 1812- tenía ya 70 años, estaba achacoso y, por supuesto, sordo desde hacía tiempo. Ella rondaba los 30 años de edad y se convirtió en criada, cuidadora y compañera sentimental de Goya.

Para 1820 Leocadia ya se había trasladado con sus dos hijos menores, Guillermo y Rosario (1) , a vivir definitivamente junto a Francisco de Goya hasta la muerte del pintor en 1828. Primero compartieron techo en la célebre “Quinta del sordo” de Madrid hasta 1824 y luego en Burdeos, donde se reunieron con él en el exilio francés. La pequeña Rosario fue objeto especial de los mimos y atenciones del anciano pintor, quien la instruía con paciencia en los inicios del dibujo.

Goya era especialmente cariñoso con la niña, a la que llamaba "Mi Rocío" (2), le gustaba tenerla en su compañía y le enseñaba algunos trucos para comenzar a manejarse con los pinceles, pues aquella niña mostraba gran atención, ganas de aprender y, sobre todo, destilaba talento.  A los 6 años empezó a enseñarla a dibujar. La niña tenía un pequeño caballete adaptado para su edad. Podemos imaginarnos al viejo y genial artista acometiendo sus últimas obras mientras la pequeña Rocío se fijaba en todos los detalles, escuchaba los consejos e instrucciones de su cariñoso maestro y completaba o remataba esbozos de obras que él le pasaba además de otros dibujos para que ella los copiara. El talento de la niña era indudable.  De sus dotes artísticas dan una idea por ejemplo que los 77 dibujos conservados en la Hispanic Society y en un principio atribuidos a Goya,  en 1956 José López-Rey demostró que eran de Rosario, opinión  que fue corroborada después por otros dos especialistas. Según varios expertos, algunos de los últimos dibujos y bocetos atribuidos a Goya es más que probable que llevaran también la mano de Rosario Weiss, quien le ayudaba a terminarlos o los iniciaba y era el genio de Fuendetodos quien los culminaba. La primera intención de Goya fue enviar a la niña a estudiar a París, y con esa intención escribió a su amigo el banquero José María Ferrer, residente en París, el 28 de noviembre de 1824:


 "Esta célebre criatura quiere aprender a pintar de miniatura, y yo también quiero, por ser el fenómeno tal vez mayor que habrá en el mundo de su edad hacer lo que hace; la acompañan cualidades muy apreciables como usted verá si me favorece en contribuir a ello; quisiera yo enviarla a París por algún tiempo, pero quisiera que usted la tuviera como si fuera hija mía ofreciéndole a usted la recompensa ya con mis obras o con mis haberes; le envío a Usted una pequeña señal de las cosas que hace...


Como no obtuvo respuesta de Ferrer, en 1827 Goya puso a Rosario en manos del pintor Antoine Lacour (3) que había abierto escuela en Burdeos, aunque el estilo académico del francés satisfizo poco el genio de don Francisco y fue perfeccionando su propia técnica, de trazos más finos.  

De la vida de Goya, Leocadia y sus hijos en Burdeos, tenemos un párrafo de una carta escrita por Leandro Fernández Moratín a otro amigo del pintor, el también ilustrado y clérigo, Juan Antonio Melón:

"Goya ha tomado una casita muy acomodada con luces del Norte y Mediodía, y su poquito de jardín, casa sola y nuevecita en donde se haya muy bien. Doña Leocadia, con su acostumbrada intrepidez, reniega a ratos y a ratos se divierte. Rosarito habla ya francés como una totovía (4), corre y brinca y se entretiene con algunas gabachuelas de su edad..."


“La lechera de Burdeos” es objeto también de múltiples interpretaciones. Firmada por Goya hacia 1827, aspectos artísticos y otros detalles como que quedara en poder de Leocadia Zorrilla tras la muerte del pintor -quien la tuvo que vender pronto- no descartan que Rosario Weiss fuera su autora o al menos coautora. Otros apuntan a que lo más probable es que fuera ella, de 13 años entonces, la retratada.





Muerto Goya en 1828, la situación se volvió tirante, pues Javier y Leocadia se odiaban mutuamente. Javier liquidó a Leocadia con 1.000 francos, que pronto se acabaron. 

Hasta 1833 no regresaron Leocadia y Rosario a España, acogiéndose a una amnistía general concedida para los exiliados. De nuevo en España, la joven Rosario desarrolló su carrera al trabajar inicialmente como copista, copiando obras por encargo de particulares y también para el restaurador Serafín García de la Huerta, algunas de las cuales pudieron haber sido vendidas como originales por dicho restaurador.  

También trabajaba como copista  en el Museo del Prado, la Academia de San Fernando y en colecciones privadas como la de la duquesa de San Fernando. Como entonces los cuadros no se exponían en línea, sino en hileras superpuestas hasta el techo. Como a Rosario no se le autorizó para bajar las obras, cuando las obras ya no estuvieron a la altura de su vista tuvo que dejar de hacer tales copias. También realizó miniaturas, retratos a lápiz muy celebrados y litografías de importantes escritores y artistas de su tiempo como Larra, Espronceda, Zorrilla... Tuvo mucho que ver en ello su participación como socia en el Liceo Artístico y Literario desde 1837.

En la Academia de San Fernando participó varios años en sus exposiciones anuales y, con el aplauso general y el apoyo de sus compañeros del Liceo, fue nombrada académica de mérito de tan prestigiosa institución en 1840, una de las pocas mujeres que lo lograron.

El cénit de su trayectoria profesional le llegó poco después cuando fue elegida por la Corona en 1842 para desempeñar el puesto de maestra de dibujo de cámara de la futura Isabel II y de su hermana la infanta Luisa Fernanda. Comenzaron así sus lecciones en palacio de la mejor profesora de dibujo posible en aquellos tiempos, pero por desgracia no pudo ejercer ese cargo mucho tiempo, pues en el verano de 1843 fallecía súbitamente enferma de cólera con apenas 29 años de edad.

Su truncaba así tristemente una trayectoria imparable, la de una mujer que mamó de niña, nada menos que de Francisco de Goya, el amor por la pintura y sobre todo por el dibujo y con quien dio sus primeros y prometedores trazos en un lienzo.

Rosario Weiss Zorrilla se hubiera consolidado como referencia artística fundamental del siglo XIX español si no hubiera fallecido tan joven, justo cuando su estrella comenzaba a brillar y era objeto del reconocimiento de todos.

____________________________________

(1)  El hijo mayor, Joaquín, se quedó en el domicilio paterno. Isidoro Weiss murió en la miseria en Madrid en 1.850.

(1) Muchos biógrafos de Goya pensaban que Goya era su padre. Dos años antes del nacimiento de Rosario, Isidoro Weiss había denunciado a su esposa por "deslealtad", pero no  hay más prueba. Lo que si se constata que Goya tenía por esta niña un afecto indudable, como se trasluce en cartas conservadas del pintor.

(3) También he encontrado el dato de que la puso como alumna de un tal Vernet fabricante de papeles pintados. (?)

(4) Totovía es un pájaro cantor parecido a la alondra

FUENTES:

Rosario Weiss Wkipedia

Leocadia Zorrilla Wikipedia

Daniel ARVERAS, Tu otro diario: Rosario Weiss, la discípula aventajada de Goya