sábado, 20 de febrero de 2021

30. Isabel Barreto, la primera almirante en la historia de la navegación

 



Con cada nueva historia que descubro para ir incorporando a este blog, me sorprendo más y más. Y la de Isabel Barreto no se queda atrás.

Solo hubo una mujer al frente de una expedición naval durante aquellos viajes de descubrimiento y conquista que tuvieron lugar en el siglo XVI.

Esa mujer se llamaba Isabel Barreto, fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

Protagonizó una hazaña enorme: la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI.

Atravesó por entero el Océano Pacífico y fue la primera en cruzar ese océano por el hemisferio sur. Y descubrió las islas Marquesas, un archipiélago de la Polinesia.

Isabel Barreto nació en Pontevedra en 1.567, siendo bautizada en Santa María la Mayor con el esplendor acorde a la posición de su abuelo Francisco Barreto. Francisco Barreto fue un militar y explorador, natural de Faro (Portugal), que llegó a ser gobernador de la India portuguesa, obsesionado con encontrar las minas del rey Salomón que falleció en Asia en 1573. Hija de Nuño Rodríguez Barreto, natural de islas de la Madera (Madeira), y Mariana de Castro, tuvo seis hermanos (Gerónimo, Diego, Luís, Gregorio, Antonio y Lorenzo) y dos hermanas (Mariana y Leonor).

Los Barreto fueron una familia de prósperos comerciantes de esclavos y productos acostumbrados a viajar por todo el mundo. Sea como fuere, en 1585, la familia se trasladó de España a Perú de la mano del IV Marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza, que llegó a ser virrey de ese país. Allí, la joven Isabel se casó a los 19 años con el Adelantado Álvaro de Mendaña y Neira, un gallego-berciano nacido en Congosto en 1542, que llegó al país con unos veinte años. Mendaña, en 1567 inició su primer viaje por el Océano Pacífico con el pontevedrés Pedro Sarmiento de Gamboa en busca de la Terra Australis y un gran tesoro, pero lo que descubrieron fueron unas islas a las que llamaría Salomón. En 1574 Álvaro de Mendaña obtuvo los permisos de navíos y comercio así como la licencia de pesquería de perlas en los Mares del Sur, océano conocido como "el lago español". La pareja tenía la ilusión de encontrar las islas que los harían inmensamente ricos. Álvaro ostentaba el título de Adelantado y buscaba el dinero que le hacía falta para volver a las islas Salomón y tomar posesión efectiva del territorio; conocer a Isabel le facilitó a Mendaña poner en marcha su segundo viaje, ya que la dote de Isabel, 40.000 ducados, sirvió para financiar dicha expedición.

La expedición partió del puerto de Paita rumbo a las islas Salomón cinco años más tarde, el 16 de junio de 1595, con cuatro naves: el galeón San Gerónimo, nave capitana en la que viajaba Isabel; la nao Santa Isabel; la galeota San Felipe y la fragata Santa Catalina. Embarcaron "378 marineros españoles y portugueses", y para colonizar los nuevos territorios "unas 90 personas más entre mujeres y niños". Acompañaban a Isabel en la travesía varios de sus hermanos: Diego y Luis Barreto como alférez, como capitán Lorenzo Barreto y también Mariana Barreto, casada con otro expedicionario.

Camino de llegar a las islas Salomón descubren el archipiélago de las Marquesas, deteniéndose en cuatro de las islas. Las Marquesas son un archipiélago en la Polinesia Francesa. Recibieron su nombre del español Álvaro de Mendaña que las descubrió en 1595, llamándolas «Islas Marquesas de Mendoza» en honor al virrey de Perú, García Hurtado de Mendoza y Manríquez, marqués de Cañete. .

La expedición no se presentaba fácil: A la habitual escasez de víveres y agua limpia, así como a la inherente presencia de las enfermedades habituales en estos viajes se unía que los marineros que fueron escogidos de entre lo peor de la sociedad, ya que Felipe II vio en estos viajes una oportunidad de deshacerse de toda clase de vagos y maleantes. Entre ellos abundaban desertores y delincuentes huidos de diversas colonias españolas en América. Isabel comprendió pronto que solo imponiendo una estricta disciplina evitaría un desastre.

Mendaña enfermó de malaria e hizo testamento, dejando a Isabel como heredera universal de todos los cargos que el rey le había concedido, pues tenía la facultad, en caso necesario de nombrar sucesor a quien quisiese,  así como del marquesado que ostentaba  (1) Mendaña murió en Santa Cruz (islas Salomón) al día siguiente de dictar testamento, el 18 de octubre de 1595. Se hizo cargo entonces de la expedición Lorenzo Barreto, pero también murió a los dos días de su cuñado. Entonces Isabel se quedó con el mando efectivo de la expedición, justo en un momento delicado, con escasez de agua y provisiones y rodeada de hombres descontentos que estaban al borde del motín por no haber hallado todavía las riquezas que esperaban.

La estricta disciplina que impuso Isabel en esos momentos fue la munición que su peor enemigo usó contra ella. Se podia decir que tenía al enemigo en casa. Pedro Fernandez de Quirós, piloto  portugués al servicio de España, la odiaba y pretendía las posibles riquezas de las islas Salomón. posiblemente también se sumara el hecho de no soportar estar bajo el mando de una mujer. El caso es que alentaba a los marineros a la desobediencia y al motín y escribió contra  ella. «Quirós la describía en su diario como una mujer «de carácter varonil, autoritaria, indómita y que impondrá su voluntad despótica». La llegó a acusar, durante la travesía, de «robar la escasa agua de que disponían para gastarla en lavar con ella su ropa», y de pasearse por cubierta «con sus perlas y sus encajes». Ante la actitud de los hombres, Isabel  tuvo que emplear mano dura, castigando con la horca a quien contraviniera las órdenes. La situación se volvió insostenible cuando algunos marineros asesinaron  al cacique local, llamado Malope. Isabel ordenó ahorcar por este asesinato a dos hombres. Al producirse una insurrección de los indígenas por el asesinato de su jefe, y ante la falta de comida y agua,  el precario estado de salud   de los expedicionarios y agotada por las constantes disputas con Quirós, Isabel decidió poner rumbo a Filipinas, llegando a Manila el 11 de febrero de 1.596, donde fue recibida como una heroina, con honores y salvas de artillería a su entrada en la bahía. Allí dio la orden de no desembarcar hasta el día siguiente, que un marinero desobedeció, desembarcando para ir a por unos cocos, por lo cual fue ahorcado.

En Filipinas Isabel se casó con el general Fernando de Castro. Con su segundo marido participó en otra expedición que la llevó a Acapulco y a Guanaco. (Capitanía General de Chile, hoy Argentina) donde Isabel poseía una encomienda. Tras su regreso a Lima, tenemos dos versiones del final de su historia. Una es que murió allí en Lima. Otra es que la pareja regresó a España para reclamar sus derechos sobre las islas Salomón,  porque Quirós había logrado del rey Felipe III una real cédula que le otorgaba el derecho a regresar y cristianizar las islas Salomón, anulando el título que Isabel había heredado de su primer marido y, finalmente, habría muerto en su Galicia natal.

Ruta de la expedición de Isabel y Mendaña, su primer marido

Paita (Perú), 9 de abril de 1595.

El Callao, 16 de junio.

Las Marquesas de Mendoza (islas Marquesas), 21 de julio - 5 de agosto.

Magdalena (Islas Marquesas, Fatu Hiva)

Dominica (Islas Marquesas, Hiva Oa)

Santa Cristina (Islas Marquesas, Tahuata)

San Pedro (Islas Marquesas, Moho Tani)

San Bernardo (Pukapuka, islas Cook), 20 de agosto.

La Solitaria (Niulakita, Tuvalu), 29 de agosto.

Islas Salomón:

Tinakula, 7 de septiembre.

La Huerta (Tomotu Noi), Recifes (islas Swallow), 8 de septiembre.

Santa Cruz (Nendö, islas Santa Cruz), 8 de septiembre - 18 de noviembre. Allí muere Mendaña el 18 de octubre de 1.595

Guam, 1 de enero de 1596.

Manila, 11 de febrero.

No quisiera terminar sin comentar dos cosas: 

La primera es el papel decisivo de los tres hombres importantes en la vida de Isabel. La escritora Alexandra Lapierre hace la siguiente reflexión: Los hombres de su vida “hicieron posible su aventura”, . “Primero su padre, quien la escogió entre sus hijos para llevar su apellido y continuar su obra (por no hablar de que la generosidad de la dote hizo posible la expedición), después su marido –Álvaro de Mendaña-, quien osó lo que ningún navegante, llevarla con él”, el mismo que a su muerte "intentó protegerla de sus propios hombres confiriéndole todos los poderes”. Fue su segundo marido quien la “emancipó legalmente de su tutela, dándole la gestión de su propia fortuna”.



La segunda es que existen dos libros sobre Isabel Barreto. No los he leído,  así que no puedo garantizar que no estén algo novelados. El primero es de la mencionada Alexandra Lapierre, publicado en España por Planeta en 2.013. Creo que se publicó antes en francés. El segundo, de Mario Escobar, es más reciente y me temo que muy novelado. El título es disparatado y no viene a cuento.  La sinopsis comienza "Isabel es una joven que se traslada al Nuevo Mundo huyendo de la pobreza" y ya sabemos que eso no es así, lo que me hace temer que carece de investigación y documentación. La ilustración de la portada también me da mala espina. Me recuerda al personaje de Penélope Cruz en "Piratas del Caribe".

Por cierto, el hecho de que sea un personaje sobre el que ha habido un velo de desconocimiento quizás la ha librado de convertirse en un ridículo personaje de mamarrachada holliwoodiense.

Actualización de l día 14 de agosto de 2.023:

Acabo de saber de la reciente publicación de otro libro sobre Isabel Barreto. Se titula "La Adelantada de los mares del Sur". Lo escribe  Mariana Guarinoni y en España lo ha publicado Ediciones B. Aún no la he leído, de forma que no puedo precisar si se trata de una biografía fiel o está novelada.






FUENTES:

-Wikipedia  

- Irene Hernández Velasco: "La fascinante vida de Isabel Barreto, la almirante que fue reina de los Mares del Sur en el siglo XVI" BBC News Mundo.

- Milagros Bará: "La familia de Isabel Barreto" Diario de Pontevedra.

- Isabel Barreto, la primera mujer almirante de la armada española El Imparcial.

- Francisco Gilet: Isabel Barreto, almirante de la Mar del Sur España en la historia.org

- Manuel P. Villatoro: Española y olvidada: la epopeya oculta por la Leyenda Negra de la primera almirante de la historia ABC

__________________________

(1) Según la historiadora Hilda Elías: "La autorización para la colonización, el título de Adelantado de las Islas y el de Almirante, transmisible a su hijo o heredero se lo concedió el rey Felipe II en 1573.


viernes, 19 de febrero de 2021

29. Nitocris, la primera (que no última) faraón de Egipto

 


A lo largo del Antiguo Egipto hubo varias mujeres que gobernaron como faraones. Las más conocidas son Hatsetsup y Cleopatra VII, pero hubo algunas más. La que nos ocupa  sería la primera de ellas.


Nitocris, hermana y esposa de Menenra II, hijo de Pepi II. Vivió en una época muy convulsa: la dinastía VI, la última del Imperio Antiguo, cuando el poder del faraón estaba ya muy amenazado por los sacerdotes de Amón y los gobernadores locales. Menenra II tuvo un reinado muy corto, pues fue asesinado durante un periodo de hambruna en el caos de esta lucha por el poder. Nitocris, como esposa del faraón y también hija del anterior faraón, Pepi II, asumió el trono. Decidida a vengar el asesinato de su hermano-esposo, mandó construir una sala de banquetes en el palacio. Con la excusa de inaugurarla, invitó a un banquete a todos los que tuvieron que ver con el crimen, en una especia de "acto de reconciliación". Durante el banquete la sala, completamente cerrada, fue inundada por un canal que desviaba hacia su interior agua del Nilo, muriendo ahogados todos los conspiradores. Posteriormente Nitocris se suicidó prendiendo fuego al palacio y muriendo entre las llamas. A Nitocris no la hubiera sucedido nadie, sumiéndose el país  en el caos del Primer Periodo Intermedio.


Es mencionada por Herodoto y Manetón, el sacerdote egipcio que puso por escrito una relación de todos los faraones egipcios organizados por dinastías y la cronología de sus reinados, aunque no coinciden en la duración de su reinado. Por otro lado, hay quien defiende que Nitocris nunca existió y que su leyenda es una creación de la Baja Época (periodo que va de la dinastía XXVI a la derrota del imperio persa por Alejandro). De momento, y hasta nuevos descubrimientos, todo está por confirmar.


 

viernes, 5 de febrero de 2021

28. Nicolasa Escamilla, "la Pajuelera"


   Francisco de Goya realizó cuatro grandes series de grabados: Los Caprichos (1799), La Tauromaquia (1814-1816), Los Desastres de la guerra (1810-1820) y Los Disparates  (1815-1824). En total, mas de 200 obras. Para una de ellas, la Tauromaquia  realizó un dibujo preparatorio en sanguina que se conserva en el Museo del Prado. Su protagonista es Nicolasa Escamilla "La Pajualera", que, como vemos en la fotografía, era picadora a caballo.

Nacida en Valdemoro en el siglo XVIII, en fecha sobre la que no hay acuerdo, antes de dedicarse a los toros vendía pajuelas de azufre, de donde viene su apodo. Mujer pionera dentro de la tauromaquia tanto por la antigüedad como por la destreza demostrada en el manejo de la vara de detener. La primera fecha conocida y documentada sobre la aparición de La Pajuelera en actuaciones taurinas es 1747. En el siglo XVIII  la importancia del toreo a caballo es superior a la del toreo a pie, situación que luego evolucionaría, invirtiéndose. Fue la más importante de las mujeres toreras del siglo XVIII, lo que explicaría que Goya la eligiese para incluirla en su Tauromaquia.

Actuó en Salamanca el 8 de agosto de 1748 en un festejo celebrado por la Sala de Alcaldes de Corte en el que fueron bregados dieciocho toros de Diego Gamarra por la mañana y otros doce por la tarde, lidiados por los varilargueros Juan de Luna, José Daza y Nicolasa Escamilla, «La Pajuelera» a quien le correspondieron dos toros; la actuación está recogida en un significativo documento que Patrimonio Nacional guarda en el Archivo General de Palacio de Madrid, revelado por Diego Ruiz Morales (documentalista) y citado en 1996 por José Delfín Val en su obra Lanzas, Espadas y Lances:

[…] retirados estos, a ejemplo de lo que se practicó en las fiestas del año pasado (1747) salga en traje decente a quebrar garrochones a dos toros Nicolasa Escamilla, de estado soltera en esta corte, con beneplácito de su padre, como lo ejerció el año pasado en Valdemoro en una de sus fiestas, con lucimiento y destreza del caballo y aplausos de todos los concurrentes [...] (1)


(1)FUENTE: Wikipedia

sábado, 30 de enero de 2021

27. Las otras "Agustina de Aragón"

 Agustina Saragossa no fue la única mujer que participó en la defensa de Zaragoza. Éstas son algunas de las más conocidas:


María Agustín era de familia humilde, y trabajaba de criada. En el primer sitio se dedicó a abastecer a los combatientes de munición, comida y bebida en la puerta del Portillo.

Cuando llegó un soldado moribundo con la noticia de que en el convento de los Trinitarios se habían quedado sin cartuchos, María cogió dos capachos llenos de munición y echó a correr hacia el convento, en medio del fuego cruzado. Llegada al convento, aunque el prior intentó detenerla, volvió a la carrera al Portillo, y en el camino recibió un balazo en el cuello. Convencida de que la herida no era grave, cogió de nuevo un capacho de munición y un cántaro de aguardiente y volvió a correr hacia el convento. A su regreso se desmayó, ya que la herida era más importante de lo que se creía. El balazo tuvo sus consecuencias. Además de quedarle un costurón bastante feo en el cuello, el movimiento de su brazo izquierdo quedó muy disminuido.

Cuando se recuperó participó en las mil batallas que se dieron en Zaragoza contra los franceses, y recibió varias condecoraciones por su valentía. Por todo ello, el general Palafox le concedió en 1815 una pensión de 2 reales diarios ya que, a causa del balazo estaba impedida para trabajar. Murió en 1831 a los 48 años.

María Josefa Rosa, madre Rafols, fundó la congregación de las Hijas de la Caridad de Santa Ana en Zaragoza y se hizo cargo del hospital de Nuestra Señora de Gracia.

Durante los dos sitios por los franceses serían la madre Rafols y las Hermanas de la Caridad las que ayudarían a todos los enfermos y pobres. El 3 de Agosto de 1808, el Hospital queda en ruinas por un bombardeo. María Rafols será con su tranquilidad, trabajo y humildad quien iría a pedir de puerta en puerta el sustento para socorrerlos. Iban incluso al mismo campo francés, arriesgando su vida en medio de las balas. Después de tres sucesivos traslados en menos de cuatro meses el Hospital de Nuestra Señora de Gracia queda instalado a finales de 1808 en el llamado Hospital de Convalecientes.

Cuando llega el segundo sitio fue más duro aún. Los alimentos faltan para todos y no hay a quien pedir limosna. La madre Rafols se arriesgará y se presentará al general francés Lannes para pedir alimentos y curar a los heridos. El arranque de Sor María y la delicadeza con que logró despertar la sensibilidad del francés salvaron muchas vidas.

La madre Rafols y los pocos supervivientes de aquella catástrofe seguirán trabajando después de la guerra entre penurias y ruinas. Su misión, alimentar a los prisioneros y enfermos, procurar limosna con alguna reclamación por parte de la administración del gobierno intruso de la Caridad y del Hospital.

Zaragoza le concedió el título de Heroína de la Caridad. Fue beatificada por Juan Pablo II en 1994.

María de la Consolación Azlor, condesa de Bureta, se distinguió durante el primer sitio por la creación y dirección del denominado Cuerpo de Amazonas, formado por mujeres dedicadas al aprovisionamiento de los soldados y la atención a los heridos. La Condesa de Bureta desde el primer día acudió puntualmente al hospital de Nuestra Señora de la Gracia, donde con otras mujeres ayudaban a la Madre Rafols y el resto de aquellas monjas de la Caridad de Santa Ana, en atención a los heridos y enfermos que iban llegando. El hospital fue uno de los edificios más bombardeados, falleciendo hasta nueve monjas de las veintiuna que allí trabajaban, sin embargo, tanto las Hermanas de la Madre Rafols como la Condesa prosiguieron su tarea.

El 4 de agosto, ante el empuje francés, los hermanos Palafox dejaron la ciudad pero los zaragozanos no se rindieron, ese día fueron ellos los que se enfrentaron al Ejército francés. La Condesa de Bureta organizaba el servicio de agua para los hombres que se hallaban en las baterías y las trincheras, con una serie de mujeres que vivían con ella al haber perdido sus casas. Los caballos y mulas que poseía se empleaban en el transporte de municiones, movimiento de artillería, etc. Entretanto en la cocina de su casa se mantenía continuo fuego para hacer las comidas con las que se surtía a los defensores. Su casa era por decirlo así, un centro estratégico de servicios desde donde partían o a donde llegaban los que solicitaban auxilio, llegando en ese día a ocuparse con otras personas que ella dirigió, de las abandonadas defensas de las inmediaciones de su casa, montando dos piezas de artillería. La ciudad resistió, y el día 8 de agosto regresa Palafox, acompañado de un convoy de víveres, que tanta falta hacían, así como un grupo de Voluntarios de Aragón.

La Condesa de Bureta falleció el 23 de diciembre de 1.814 como consecuencia de una gangrena durante el parto de su hija Pilar, siendo enterrada en la cercana iglesia de San Felipe.

Manuela Sancho actuó como proveedora en el primer sitio y en el segundo luchó activamente, tomando las armas y colaborando en la defensa del convento de San José. El comandante del mismo, Mariano Renovales, que no era nada dado a los halagos ni a la exageración, pone en conocimiento de Palafox el comportamiento de la heroína en los términos siguientes:  “Recomiendo con particularidad a Manuela Sancho que, tanto en el ataque del día treinta y uno de diciembre del año pasado, como en el de ayer sirvió de artillería y mortero como pudiera haberlo hecho el mejor artillero, conduciendo cartuchos para los unos, y piedras para el otro; sin haberle notado la menor mutación a pesar de haber caído algunos a su lado. Dio fuego a algunos cañones, y lo hizo con fusil desde la trinchera como uno de tantos; y pareciéndome una heroína, digna del distintivo que V. E. concedió por las acciones de últimos del año pasado, por hallarse comprendida en ellos y para que sirva de estímulo, he tenido a bien hacerlo presente a V. E. 

Mencionada con honores por Palafox el 3 de enero de 1807 debido a su defensa del convento de San José, recibió el Escudo de distinción, lo cual le proporcionó una pensión de 2 reales a partir de 1815. Actualmente sus restos descansan en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo, junto con los de Casta Alvarez y Agustina de Aragón.

Casta Álvarez Barceló, de orígenes humildes, se destacó en las labores de aprovisionamiento y logística de la defensa de Zaragoza, aunque sólo tenía 22 años en aquel momento; además, luchó activamente en acciones militares, especialmente en la acción contra los ulanos polacos, un cuerpo de élite de caballería del ejército de Napoleón. Cuando la caballería polaca amenazaba con penetrar en la ciudad a través de la Puerta del Carmen, Casta Álvarez y otros defensores zaragozanos se opusieron a su entrada, consiguiendo rechazar al ejército francés. Acompañó a los defensores en la batería de cañones de puerta Sancho y en los combates del barrio del Arrabal, armada de una bayoneta sujeta al extremo del hombro.

Por los méritos contraídos en su actuación durante el asedio recibió el Escudo de Distinción, le fue asignada una pensión por el régimen de Fernando VII y otorgado el Escudo de defensor de la Patria.

María Manuela de Pignatelli
Otras mujeres, sin combatir directamente, también colaboraron de algún modo en la defensa de la ciudad, como María Manuela de Pignatelli, duquesa de Villahermosa, que contribuyó con numerosas donaciones económicas que hizo para cubrir los enormes gastos producidos por la guerra. Ayudó de manera especial a los voluntarios de Sas y de Mariano Cerezo.

domingo, 24 de enero de 2021

26. Sophia Brahe, la primera mujer que conoció la posición exacta de las planetas en el siglo XVI

 


La historia siguiente es de superación, tristeza y ambición. Es la historia de Sophia Brahe, la famosa asistente de astrónomo, pero también la de una mujer que siempre miró hacia delante.

Sophia Brahe nació en 1.556 el seno de una familia noble de Knudstrup (Escania, entonces Dinamarca), siendo la hija menor de la familia. Desde temprana edad, demostró gran pasión por las estrellas. En 1566, a la edad de 10 años ya auxiliaba a Tycho en sus observaciones astronómicas.  Su hermano Tycho, tuteló sus enseñanzas, y pronto mostró su inclinación por la química, la horticultura y, sobre todo, la astronomía. Aunque la familia mostró rechazo hacia los estudios de su hija pequeña, Tycho Brahe la tomó como asistente en 1573. Sophia no pudo ir a la universidad, que entonces solo aceptaba varones, por lo que se formó de manera autodidacta (acudiendo a bibliotecas) y consiguió que sus padres le pagaran clases particulares de matemáticas, química, medicina, horticultura y genealogía. Probablemente estudiaría también latín y griego, pues el latín era la lengua en que se escribían las obras científicas. Su hermano, al ver como adquiría conocimientos, la tomó como asistente siendo aún una adolescente, casi niña.  Hasta su matrimonio, Sophia trabaja con su hermano en el observatorio del Castillo de Urania (Uraniborg) en la isla de Hven y colaboró en la redacción del catálogo donde se detallaba la posición de los planetas y el fondo estelar, y que sirvió a Johannes Kepler para anunciar sus leyes astronómicas.

Sophia Brahe contrajo matrimonio en 1577 con Otto Thott, pero enviudó pronto (1588) dejándola con un hijo. Heredó de su marido una vasta superficie de fincas en Escania (Suecia) que convirtió en foco de sus ingresos al dedicarse de lleno a la horticultura. También comenzó a trabajar en química (entonces llamada alquimia) creando medicamentos espagíricos que comercializaba entre la clase alta escandinava.

En 1590, volvió a comprometerse con un amigo de su hermano, Erik Lange. Sin embargo, antes de casarse cayó en la ruina, rompió el compromiso y desapareció hasta que en 1602 se reencontraron y se casaron. Nuevamente, Sophia enviudó en 1613. En los últimos años de su vida abrazó una nueva disciplina: la genealogía. Murió en Elsinor (Dinamarca) en 1.643.

Sofía y Tycho fueron los primeros en conocer la posición exacta de los planetas en el siglo XVI. Compilaron un catálogo de las posiciones planetarias durante varias décadas. Este catálogo constituyó el conjunto más correcto de datos uniformes de la situación de los planetas con referencia al fondo estelar de su tiempo.

Sofía Brahe llegó a ser una leyenda no solo de su tiempo, sino también de las actuales universidades danesas y europeas las cuales utilizan sus crónicas como un arquetipo de su metodología ejemplar en el área de técnicas de investigación. Sin embargo, muchos de los descubrimientos realizados por Sofía, le fueron atribuidos a Tycho.





sábado, 9 de enero de 2021

25. Rosalind Franklin. la científica a la que le birlaron un premio Nobel


Muchas mujeres cambiaron la ciencia, aunque sus nombres probablemente ni nos suenan. La británica Rosalind Franklin (1.920-1.958) es una de ellas. Sus descubrimientos en el campo del ADN dieron lugar a uno de los avances científicos más importantes del siglo XX: la Fotografía 51, una muestra nítida de la estructura de doble hélice del ADN. Sin embargo,  durante muchos años fueron los científicos James Watson y Francis Crick los que se adjudicaron tal descubrimiento como propio, llevándose todo el mérito e incluso el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1962. El descubrimiento pasó a la historia como "la hélice de Watson" y Rosalind Franklin murió (a los 37 años) a causa de un cáncer provocado por sus largas exposiciones a la radiación sin recibir el reconocimiento que merecía. Años después del fallecimiento de la biofísica, James Watson confesó que ganó el Nobel gracias a los hallazgos de Franklin, la verdadera descubridora de la Fotografía 51.





jueves, 7 de enero de 2021

24. Fanny Mendelssohn, la compositora silenciada en favor de su famoso hermano


 

Fanny Mendelssohn nace en Hamburgo el 14 de noviembre de 1.805 en el seno de una destacada familia judía que más tarde se convertiría al protestantismo, adoptando el apellido Mendelssohn-Bartholdy. Nieta del filósofo Moses Mendelssohn, su padre, Abraham Mendelssohn Bartholdy, era banquero y filántropo berlinés. La mayor de cuatro hermanos, todos gozaron de una excelente educación, Paul, Felix Mendelssohn, Rebecca y ella misma,​ en una época en que se consideraba normal que las niñas no estudiaran más que lectura, escritura, y las llamadas "artes de adorno", pues su destino "natural" era casarse y criar hijos.

Fanny recibió la misma educación musical privilegiada que su hermano Félix. Sin embargo, su padre, el hijo del filósofo Moses Menselssohn, apoyó la carrera de su hijo varón y prohibió a su hija que se dedicara profesionalmente a la música".

Varias cartas y testimonios de la propia Fanny dan cuenta de cómo su hermano crecía profesionalmente mientras ella se veía obligada a enfocar su carrera a géneros de cámara que pudiese estrenar en la intimidad de su salón. Sus primeros lieder fueron publicados bajo el nombre de F. Mendelssohn. Años más tarde, el mismo Félix reconoció que estos habían sido compuestos por su hermana y no por él. Tuvo que morir su padre para que Fanny alcanzara la libertad para impulsar su carrera artística. Su hermano se siguió oponiendo a que publicara con su propia identidad, pero esta vez Fanny se mantuvo firme. Finalmente, Fanny murió prematuramente a los 42 años, antes de obtener el reconocimiento que merecía. A la muerte de Fanny, Félix recapacitó y publicó algunas de sus obras, aunque la siguió tan rápido a la tumba (murió en noviembre de 1847, seis meses después que Fanny) que poco le dio tiempo a hacer por la divulgación de su música". Fanny no solo componía, sino que era mejor pianista que su hermano. Fanny debutó en público en 1838, interpretando el Concierto N.º. 1 para piano de su hermano. 

En los últimos años, su música se ha convertido en parte del repertorio habitual gracias a numerosas interpretaciones y grabaciones. 





domingo, 13 de diciembre de 2020

23. Nellie Bly, pionera del periodismo encubierto, la mujer que demostró que Verne se equivocaba

 


Cuando se leen muchos blogs, ocurre con frecuencia que, justo  cuando vas a escribir algo, otra persona escribe sobre el mismo tema (o parecido). Ya me ha pasado varias veces y siempre he dejado a un lado lo que tenía escrito porque no me gusta que alguien piense que utilizo ideas ajenas o copio. Esta mañana me he sentado en mi butaca con muchas ganas de escribir cosas en TODOS mis blogs. Pero tengo una rutina diaria: primero entro en mi correo, luego me pongo al día en Face book. y ya luego escribo, leo periódicos o novelas, veo series o vídeos de conferencias que me interesan..., hasta la hora de cenar.

Así pues, entré hoy en mi correo y allí me encontré con un aviso de nueva publicación en el blog Curistoria, del que ya os he compartido bastantes cosas en Fb y resulta que era casi igual a un borrador que yo tenía ya escrito y listo para publicar. Me dio un poco de rabia. Como el post de Curistoria parece que complementa al mío: cada uno de nosotros aporta algo que al otro le falta, he decidido publicar también mi post, con enlaces al post de Curistoria y a una web de cine que aporta información que creo interesante. Jamás me adorno con plumas ajenas y en todo lo que he escrito como historiadora o arqueóloga siempre he dado el crédito debido a otros con notas a pie de página o como correspondiera. De forma que, aquí vamos:

Elizabeth Cochran, sobre todo conocida por su pseudónimo Nellie Bly, (1864-1922) fue la pionera del periodismo de investigación y, particularmente, de lo que se convirtió en su sello personal, el periodismo encubierto.


Siendo muy joven, tras leer una columna de carácter sexista en el periódico Pittsburgh Dispatch, escribió una carta de respuesta al editor. Éste, impresionado por el estilo de la carta, le ofreció un trabajo como reportera en la sección de sociedad con reportajes sobre las desigualdades que padecían las mujeres. Nellie trabajó como sirvienta y en una fábrica de cajas de cartón, para conocer las condiciones de trabajo de estas mujeres. En 1885 fue corresponsal en México: sus crónicas contra el gobierno corrupto del dictador Porfirio Díaz provocaron su expulsión del país.

Pulitzer, propietario de The New York World, la contrató como reportera. El primer trabajo que le encargó fue un artículo sobre el manicomio para mujeres de Blackwell’s Island. Nellie se fingió loca y consiguió que la internaran en él. Desde dentro, como una enfema más, supo de primera mano las tremendas condiciones a que se sometía a las mujeres y escribió un impactante libro titulado Diez días en un manicomio.   Se ha hecho una película sobre este episodio protagonizada por Christina Ricci. Se titula "Atrapada en el manicomio". Nellie sólo permaneció allí diez días, pero su libro consiguió que la institución fuera clausurada y que la sociedad se concienciara. Hay que decir que en el siglo XIX muchos padres y maridos sin escrúpulos ingresaban impunemente a hijas o esposas de por vida en lugares así, por intereses económicos, o por tener relaciones con otras mujeres, o por evitar escándalos familiares.

En 1888 Nellie supo que una compañía naviera aseguraba que ya se podía realizar la vuelta al mundo en menos de 80 días. Nellie había leído la famosa novela de Julio Verne y estaba convencida de poder realizar el viaje en menos tiempo. Le propuso a Pulitzer que la enviara a tratar de hacer ese viaje en menos tiempo, a lo que éste se negó, por considerar que aquello era imposible para una mujer y además tan joven. Ella lo desafió a que enviara a un hombre mientras ella salía al mismo tiempo, pero escribiendo para otro periódico, y así lo convenció. En noviembre de 1889 salió de Nueva York rumbo a Inglaterra. Por el post de Curistoria he sabido que la revista Cosmopolitan envió a otra mujer para que compitiera con ella, saliendo de la misma ciudad y viajando en dirección contraria. 

 Nellie había pensado que un encuentro con Julio Verne sería una interesante aportación a su narración del viaje, que se publicaba en el periódico por entregas, de modo que solicitó de antemano reunirse con él, lo que fue aceptado. Desde Calais se apartó de su ruta para el encuentro con Verne. Tenía que recorrer 180 millas y sólo tenía tres horas para la entrevista. Verne, su mujer y un intérprete la recogieron en la estación de ferrocarril de Amiens y la llevaron a casa. Allí Verne le enseñó en un mapa del mundo el recorrido realizado por Phileas Fogg en su novela y le preguntó su itinerario. “Londres, Calais, Brindisi, Port Said, Ismailia, Suez, Aden, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, y de regreso a Nueva York en sólo 79 días”. “¿Por qué no va a Bombay, como hizo Phileas Fogg?”, le preguntó Verne. “Porque me interesa mucho más ganar tiempo que salvar a una joven viuda”, le respondió Nellie. Verne le aseguró que la aplaudiría si lo conseguía en 79 días pero que hacerlo en 75 sería un milagro. Le deseó suerte, pero estaba convencido de su fracaso. Este episodio del encuentro con Verne no aparece en el post de Curistoria, por eso digo que ambos nos complementamos.

Verne se equivocó. Nellie realizó su viaje (24.899 millas) en 72 días, 6 horas y 11 minutos (1). La última entrega del viaje fue publicada en el periódico junto con una felicitación de Verne. Su viaje completo fue también publicado como libro en La vuelta al mundo en 72 días. En su recorrido no se limitó a pasar por los lugares, sino que investigó sobre asuntos hasta entonces no tocados por mujeres periodistas (y prácticamente tampoco por hombres). Por ejemplo, en Cantón visitó leproserías y cárceles, escribiendo después sobre las condiciones de vida en ellas, los métodos de tortura y las ejecuciones.



Continuó realizando hazañas impensables para una mujer de su época hasta que en 1895 se casó con un millonario y abandonó el periodismo. A la muerte de su marido se hizo cargo de sus empresas pero, años después, arruinada, volvió al periodismo, llegando a ser reportera desde el frente del este durante la Primera Guerra Mundial. Murió a los 57 años de una neumonía.

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(1) El récord fue posteriormente batido por Georges Francis Train, que consiguió reducir el tiempo a 62 días. 

domingo, 15 de noviembre de 2020

22. Margit Slachta , hubo muchos Oskar Schindler y algunos fueron mujeres

 


Una película afortunada catapultó a la fama a Oskar Schindler, pero, además de él,  fueron muchos los hombres y mujeres que se jugaron la vida por salvar a miles de judíos del Holocausto. La mayoría de ellos no son tan conocidos como el ¡protagonista de la película de Spielberg, aunque también merecerían un film. Para representar a todos esos desconocidos elijo hoy a  Margit Slachta, una húngara poco conocida que junto, a otras mujeres unidas bajo su inspiración, salvo a miles de judíos de una muerte cierta. Católica, activista del feminismo, defendió los derechos humanos desde el activismo y la política activa. Nació el 18 de septiembre de 1.884 en Košlice (o Kassa), que entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro.

Comenzó trabajando en la enseñanza, como profesora de francés y alemán.  El sinsentido de las leyes anti-judías promulgadas tras la invasión de Hungría por parte de los nazis despertó en ella un sentimiento de rabia e indignación. Una de sus aspiraciones pasaba por poder formar parte del parlamento de su país para poder luchar en favor de las mujeres. Fundadora de la Unión de Mujeres Católicas, que luchaba por el voto femenino, Margit consiguió romper el techo de cristal de la política y en 1920, a sus treinta y seis años, se convirtió en la primera mujer en ocupar un escaño en la Dieta húngara. En 1923 fundó las Hermanas de Servicio Social. Las Hermanas Sociales eran bien conocidas por toda Hungría por sus labores de enfermería, partería y cuidado de huérfanos. Pronto fueron conocidas en Budapest, donde abrieron sus puertas a personas necesitadas, centrándose en los huérfanos, las mujeres embarazadas y desamparadas y los enfermos. También fundaron escuelas para formar a trabajadores sociales que ayudaran en el futuro en la misión de las Hermanas de Servicio Social. Las Hermanas de Servicio Social seguían los dictados de la espiritualidad benedictina y sentían una especial devoción por el Espíritu Santo. Daba también clases de justicia social cristiana. Margit Slachta unió así la política con la acción directa a través de actos caritativos y plasmó sus ideales en escritos espirituales y artículos reivindicativos.

Cuando en 1938 las primeras leyes anti-judías empezaron a amenazar la vida de esta comunidad en Hungría, Margit no les dio la espalda y denunció en su periódico La voz del espíritu lo injusto de tales medidas. El gobierno intentó silenciar a aquella mujer que hablaba claro sobre los derechos humanos cerrando en 1943 su publicación, que ella continuó difundiendo de manera clandestina.

Ni ella ni sus hermanas se amedrentaron ante la creciente amenaza que se vertía cada día con más virulencia sobre los judíos húngaros y que culminarían con la ocupación del país por parte de los nazis y las primeras deportaciones masivas. Sus convicciones religiosas, basadas en la justicia social, no le permitían mirar hacia otro lado. Ni tan siquiera cuando sabía que su vida correría peligro.

Sin descanso, las Hermanas de Servicio Social, se trasladaron a los guetos judíos para facilitarles ropa y alimento y se jugaron la vida escondiéndolos en sus casas. Sus actividades clandestinas pronto fueron puestas al descubierto y Margit fue detenida y torturada. Pudo salvar la vida, pero lloró de rabia por la muerte de su compañera Sára Salkaházi. Nada ni nadie, sin embargo, iban a permitir que ella y sus hermanas abandonaran su labos en Hungría.

Hungría se unió las Potencias del Eje en 1940. En otoño de 1940, las familias judías de Csíkszereda fueron deportadas y enviadas a Körösmezö en Carpathia-Ruthenia. Margit Slachta respondió inmediatamente a los informes de 1940 sobre el desplazamiento temprano de judíos, escribiendo al sacerdote parroquial de Körösmezö pidiéndole averiguar por su bienestar. El proceso fue detenido en la tarde del 9 de diciembre, cuando un telegrama del Ministerio de Defensa ordenó la liberación de los detenidos. Era el mismo día en que estaba fechada su carta al sacerdote. El reporte reveló que el capitán a cargo de la operación recibió un telegrama a las 7:00 p.m. en donde se le ordenaba que liberara a los prisioneros judíos de manera inmediata, así como su traslado de vuelta a Csíkszereda, (El texto en cursiva está tomado literalmente  de Wikipedia).

Cuando terminó la guerra, Margit Slachta regresó al Parlamento húngaro. En 1947 se presentó con el partido independiente conocido como Liga de Mujeres Cristianas que consiguió cuatro escaños en la Dieta. Margit había sobrevivido al horror del nazismo pero la llegada de un nuevo régimen no mejoró las cosas. El comunismo no le permitió continuar con su labor política y asistencial en su propio país.En 1949 se vió obligada a emigrar a los Estados Unidos con la esperanza nunca cumplida de regresar algún día a su hogar. Murió en Búfalo en 1.974. En 1985, once años después de su muerte, la organización judía Yad Vashem nombró a Margit Slachta Justa entre las Naciones.


lunes, 2 de noviembre de 2020

21. Alice Ball y el medicamento contra la lepra


 

Alice Augusta Ball (Seattle, 24 de julio de 1892 – Hawái, 31 de diciembre de 1916) fue una científica y química estadounidense que desarrolló un extracto de aceite inyectable que fue el único tratamiento efectivo contra la lepra hasta la aparición de los antibióticos en 1940. Y Fue la primera mujer afroamericana que se graduó en la Universidad de Hawái con un máster.


Alice Augusta Ball nació el 24 de julio de 1892 en Seattle (Washington, EE. UU.) y era hija de James Presley y Laura Louise (Howard) Ball. Su familia era de clase media acomodada. Su padre fue editor de periódico, fotógrafo y abogado.​ Su abuelo, James Ball  fue un famoso fotógrafo y uno de los primeros afroamericanos en Estados Unidos en aprender la técnica del daguerrotipo. James Ball  Se mudó a Hawai con su familia en 1903, pero falleció al año siguiente. Esto llevó a su familia a tomar la decisión de regresar a Seattle en 1905.

Después de regresar a Seattle, Ball estudió en la escuela secundaria, donde se graduó con distinciones en ciencias en 1910. Posteriormente ingresó en la Universidad de Washington para estudiar Química.


Al cabo de cuatro años de estudio obtuvo un título en Química farmacéutica y Farmacia. ​ Tras graduarse, Ball recibió becas para estudiar en la Universidad de California Berkeley y en la Universidad de Hawái.​ Decidió mudarse a Hawái para estudiar un máster en química. En 1915 fue la primera mujer y la primera afroamericana de Estados Unidos en obtener un título de máster de la Universidad de Hawái. 


Mientras trabajaba en su tesis, el Dr. Harry T. Hollmann, un médico asistente en el Hospital de Kalihi en Hawái, le pidió que le ayudase a desarrollar un método para aislar los compuestos químicos activos en el aceite de chaulmoogra. El aceite de chaulmoogra ya había sido utilizado para el tratamiento de la lepra con buenos resultados. El problema era que la mayoría de los leprosos dejaban al poco tiempo el tratamiento porque  era muy  amargo y revolvía el estómago.​ Ball desarrolló un proceso para aislar los ésteres de etilo de los ácidos grasos en el aceite de chaulmoogra para que pudieran ser inyectados, pero falleció antes de poder publicar sus resultados.​ Arthur L. Dean, que era un químico en la Universidad de Hawái, continuó su trabajo y comenzó a producir grandes cantidades de extracto inyectable de chaulmoogra.


​Hasta ese momento, a los enfermos de lepra se les aislaba en una isla. En 1918, un médico de Hawái informó en el Journal of the American Medical Association que un total de 78 pacientes habían sido dados de alta en el Kalihi Hospital gracias a las inyecciones obtenidas con el procedimiento descubierto por Ball, y pudieron hacer una vida prácticamente normal, regresando a sus casas, viviendo con sus familias y trabajando.​ El éster de etilo aislado fue el tratamiento recomendado contra la lepra hasta que se descubrieron los antibióticos en la década de 1940.


Alice Augusta Ball murió el 31 de diciembre de 1916 a la edad de 24 años. Cayó enferma durante sus investigaciones y volvió a Seattle para recibir tratamiento pocos meses antes de su muerte. En 1917 un artículo del periódico Pacific Commercial Advertiser sugirió que la causa de su muerte podría haber sido envenenamiento por cloro mientras impartía clases. Sin embargo la causa real de su muerte se mantiene como desconocida, ya que su certificado de defunción original fue modificado para indicar que la tuberculosis fue la causa de su muerte.


A pesar de que su carrera como investigadora fue corta, Ball introdujo un nuevo tratamiento para la enfermedad de Hansen (o lepra) que continuó utilizándose hasta la década de 1940. La Universidad de Hawái no reconoció su trabajo durante casi 90 años. Finalmente, en el año 2000, la universidad le rindió homenaje dedicándole una placa con su nombre, situada sobre el único árbol de chaulmoogra del campus. El mismo día, la vicegobernadora declaró el 29 de febrero como «el día de Alice Ball», que se celebra cada 4 años. En ​2007 la Universidad de Hawái la galardonó de nuevo con la Medalla a la Distinción.



domingo, 18 de octubre de 2020

20. Enheduanna, la primera científica de la historia

 



Nacida alrededor del año 2300 a. C. . Enheduanna era hija de Sargón I el Grande, rey de Akad (ciudad en el centro de Mesopotamia). Su nombre significa En (gran sacerdotisa), Hedu (ornamento) y Anna (del dios del cielo).

Para algunos investigadores, Enheduanna es la primera mujer registrada en la historia de la ciencia y también la primera persona que firma sus escritos. Desde el punto de vista estrictamente matemático, Enheduanna fue capaz de resolver ecuaciones de tercer grado, a partir de unas tablillas en las que aparecían la suma del cuadrado y el cubo de gran cantidad de números naturales.

De ahí que no sea descabellado considerarla, como hacen varios autores, no sólo la primera mujer científica de la antigüedad, sino también la primera mujer matemática de la historia Para mayor información sobre Enheduanna puede verse:

- Vázquez Hoys, Ana. Enheduanna, la primera autora literaria de la historia. Blog «Investigación y opinión acerca del mundo antiguo...

- Wikipedia


FUENTE: Divulgación Matemática,  Volumen IV. Nº 3, pags 18-24 (pdf)


miércoles, 30 de septiembre de 2020

19. El calvario de las primeras universitarias españolas

 


 

María Isidra de Guzmán
En España, el acceso de la mujer a la universidad no se produce hasta finales del siglo XIX, a cuentagotas y con más obstáculos y dificultades que los que se imponían a sus compañeros. Si bien habían existido excepciones como la de María Isidra de Guzmán, la primera mujer española en alcanzar el grado de doctora ya durante el siglo XVIII, la llegada de la contemporaneidad será la que acerque a las mujeres de forma masiva a las aulas universitarias. No obstante, hay que destacar que durante gran parte del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la presencia de la mujer en la universidad española es minoritaria y se localiza en determinados estudios considerados por la sociedad como más adecuados para el papel que desarrolla en el núcleo familiar.



A día de hoy las universitarias son mayoría entre los estudiantes, llegando a representar el 58% de los alumnos matriculados en España. Igualmente, todos sabemos que, aun actualmente en las universidades hay carreras altamente feminizadas, con una presencia masiva de mujeres cursando aquellos grados. Medicina, Farmacia y Veterinaria han superado, desde hace tiempo, el 70% de alumnado femenino. En base a estos datos debemos plantearnos una serie de preguntas. ¿Cuándo empieza el proceso de feminización de algunas carreras universitarias? Las mujeres pioneras que entraron la universidad, ¿qué obstáculos legales padecieron para poder acceder? ¿Solo fueron obstáculos jurídicos, o también de naturaleza social y cultural? ¿Porqué, a lo largo del siglo XX, se ha considerado que unas determinadas carreras son supuestamente más aptas para las mujeres?


La universidad que organiza el Estado liberal de mediados del siglo XIX, después de las revoluciones liberales, tiene poco a ver con la universidad actual. En esos momentos, existían diez universidades repartidas por todo el país (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Oviedo, Santiago de Compostela, Sevilla, Granada, etc.), enfocadas a la élite y con el monopolio de la Universidad Central de Madrid sobre los cursos de doctorado. En estas universidades se podían cursar cinco carreras que daban lugar a un título y a una profesión titulada: Derecho, Medicina, Farmacia, Letras y Ciencias.

Para acceder a la universidad era condición sine qua non el título de Bachillerato y pagar las matrículas y los títulos. Eran carreras largas y caras a las que se les debía sumar los costes de desplazamiento y alojamiento si no se residía en la ciudad donde se encontraba el centro. Por lo tanto, era una universidad enfocada a las clases medias y a las clases altas. Una universidad reservada al género masculino, aunque no existía ningún obstáculo legal, en teoría, que imposibilitara la entrada de la mujer en la universidad. No obstante, si no existía tal prohibición es porque ni siquiera se consideraba la posibilidad de que la mujer se formara en estudios superiores.


A finales del siglo XIX, las mujeres de clase media y alta recibían educación y formación en sus casas mientras esperaban un matrimonio adecuado.


Era, eso sí, un tipo de educación muy concreto. Aprendían a leer, escribir, costura y bordado. Si se buscaba una educación más esmerada, un poco de geografía, historia, música y, en algunos casos, dibujo y francés. Esta educación se ha denominado “de adorno”. Trataba de dotar de un barniz cultural a las mujeres y  que dominasen algunas habilidades con la única finalidad de alternar en los salones.


Por lo tanto, esta formación no tenía como fin el mundo profesional. Tampoco cultivar la intelectualidad, sino el disponer de una cierta cultura general de la que poder presumir en los acontecimientos sociales. En ningún caso esta educación podía rebasar los límites que la sociedad decimonónica había impuesto a las mujeres.


Las mujeres finalizaban su educación aproximadamente a los quince años de edad, momento en el cual eran presentadas en sociedad y empezaban a acudir a tertulias, paseos y teatros, entre otros esparcimientos. Era el momento de conseguir un marido, casarse y formar una familia. En el caso de no conseguir matrimonio eran tildadas de “solteronas”. Pero si lograban casarse, todos los conocimientos adquiridos hasta entonces eran plasmados en los salones, por lo que la educación recibida les proporcionará los instrumentos necesarios para el mantenimiento de las relaciones sociales.


Las mujeres de clase media, en cierto modo, eran las que salían peor paradas. Se diferenciaban del conjunto de la sociedad por disponer de un nivel de vida superior al resto, lo que les permitía no tener que trabajar ni dentro ni fuera del hogar. La gran mayoría, además, disponía de servicio propio. Este hecho las desplazaba automáticamente al interior del hogar. Incluso si la familia se encontraba en un apuro económico y la mujer deseaba trabajar, el padre o el esposo se negaban rotundamente, ya que eso significaba pasar de ser señoritas a ser pueblerinas. A diferencia de las chicas de clase alta, que disponían de colegios de élite e institutrices, las chicas de clase media se las apañaban con asistir a los colegios de religiosas.


Si las familias de clase media podían permitirse enviar a sus hijas a la universidad, ¿por qué no lo hacían? Los manuales burgueses de la época hablaban del arquetipo de mujer como “ángel del hogar”. Este arquetipo evocaba a una mujer predestinada por naturaleza y por religión a la maternidad y a la exclusiva dedicación a la familia, confinada en el interior del hogar bajo la tutela masculina.


El hombre, en cambio, se encontraba abierto al mundo público y al conjunto de la sociedad. Si que es cierto, no obstante, que es a lo largo del siglo XIX que se empieza a considerar las ventajas que supondría instruir y formar a las mujeres, pero no como medio para su propia realización personal, sino con el propósito de que puedan aplicar esos conocimientos en el ámbito familiar, proporcionando una mejor atención al marido y una mejor educación a los hijos.


María Helena Maseras Ribera, Medicina


Como ya se ha dicho anteriormente, prohibición explicita del acceso de la mujer a la universidad no había. La ley no decía nada sobre la posibilidad de que las mujeres estudiasen carreras universitarias. Pero, aun así, cuando María Helena Maseras Ribera decide acceder a la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, necesita un permiso real de don Amadeo I para que le permitiera estudiar la carrera de Medicina. Ni siquiera disponer de dicho permiso, este no la habilitaba para acceder a clase. Durante tres años tuvo que recibir clases en privado hasta que los profesores Joan Giné y Partagàs y Narcís Carbó y Aloy, viendo sus buenas calificaciones, le permitieron asistir a las clases. En el número 1.165, del 23 de abril de 1876 de la revista El Siglo Médico se hicieron eco de la noticia:


“Al abrirse la matrícula del presente curso académico, se inscribió en la asignatura de Terapéutica una señorita que tenía ya aprobada la de Anatomía. Hará próximamente un mes y medio, pasando lista el Sr. Carbó, catedrático de la primera de las expresadas asignaturas, nombró a la discípula en cuestión. Esto produjo una gran sorpresa entre todos los alumnos, y entonces dijo el profesor que la señorita de que se trata se halla inscrita como alumna y que tenía por lo mismo la obligación de asistir a clase si quería optar a los exámenes ordinarios.

Sabedora, sin duda, dicha señorita de la indicación hecha por el Sr. Carbó, decidióse a asistir a la cátedra y el día 14 al entrar el profesor de Terapéutica en el local designado para las explicaciones de dicha asignatura, llevaba a su lado a la bella matriculada. La sorpresa que se apoderó de los escolares allí reunidos al ver a su condiscípula, a la que saludaron con una salva de aplausos, ya pueden figurarse nuestros lectores. Desde dicho día 14 la indicada señorita, a la que acompaña su hermano, también alumno de medicina, continúa concurriendo a la cátedra, tomando asiento al lado del Sr. Carbó. Excusamos manifestar que este incidente ha aumentado la asistencia a la cátedra indicada”.


 Por lo tanto, dentro del aula, María Helena tenía un asiento reservado en la tarima, al lado del profesor. No tenía permitido sentarse con sus compañeros. Maseras se convierte así en la primera mujer que se matricula oficialmente en una universidad de España. Otras lo habían hecho anteriormente, pero vestidas de hombre, como Concepción Arenal cuando decidió estudiar la carrera de Derecho en 1841. Además, se acordó que no podía rondar los pasillos ni las zonas comunes. Debía entrar en la antesala de los profesores y esperar allí al catedrático para ir al aula. Debía haber lo mismo para volver al terminar la clase. No obstante, en estos momentos se creía que la mujer podía alterar el orden de las clases.


María Helena finalizaría sus estudios en 1878. Cuando solicitó hacer el examen de licenciatura, no se le dio permiso para realizarlo hasta 1882. Obtuvo la calificación de sobresaliente, aunque nunca pudo ejercer la medicina al no querer realizar el doctorado vistas las trabas burocráticas que le ponían por el camino.


María Dolors Aleu Riera, Medicina (1874)


María Dolors Aleu se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona dos años después que su antecesora, en 1874. Nada más entrar fue recibida a pedradas, motivo por el cual su padre decidió ponerle dos escoltas que la acompañarían durante toda la carrera. Con una calificación de sobresaliente, terminó sus estudios en 1879, pero no se le otorgó el permiso de licenciatura hasta 1882. Una vez licenciada decidió hacer el doctorado en Medicina en la Universidad Central de Madrid. Su tesis no podrá ser leída hasta el 6 de octubre de 1882, una vez superada la oposición del rector. Esta tesis se tituló Necesidad de encaminar por una nueva senda la educación higiénico-moral de la mujer y fue publicada en La Independencia Médica en el año 1883. Se especializó en Ginecología y Medicina Infantil.


Después de doctorarse dispondría de su propia consulta en el número 31 de la Rambla de Cataluña de Barcelona, donde ejerció con éxito la profesión durante veinticinco años. Paralelamente, ocupó el cargo de maestra de Higiene Doméstica en la Academia de Bellas Artes y Oficios para la Mujer, institución fundada en 1885 por Clotilde Cerdà Bosch y ella misma.

Dentro de su consulta atendía y curaba a mujeres burguesas que llevaban años con dolencias ginecológicas sin atender “por no acudir al médico a causa de la vergüenza”, así como también se dedicó a asistir a las prostitutas, madres solteras, mujeres pobres del barrio chino y niños huérfanos de la Casa de la Caridad, estos de forma altruista. Ejerció consulta hasta 1911, año en que su hijo de veintiún años muere de tuberculosis.


Martina Castells Ballespí, Medicina

Martina Castells se matriculó, igual que sus dos antecesoras, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona en el año 1877. Terminó la carrera en cuatro cursos, en 1881. Si embargo, hasta 1882 no se le permitirá realizar el examen de licenciatura. Lo realizaría, además, junto con María Dolors Aleu. Con la calificación de aprobada presentó su tesis el 9 de octubre de 1882. La tesis tuvo como título: Educación física, intelectual y moral que debe darse a la mujer para que contribuya en grado máximo a la perfección y la dicha de la Humanidad. Según los diarios de la época, la tesis reivindicaba la educación de la mujer, la evolución de la representación de la mujer para la historia y tanto su felicidad como la colectiva de la humanidad.


Decidió dedicarse a la pediatría, pero moriría en 1884 debido a unas complicaciones ocurridas durante su primer embarazo, sin haber llegado a tener tiempo suficiente a ejercer como profesional.


El motivo por el cual se tardó tanto tiempo en permitir el examen de licenciatura a estas tres pioneras universitarias fue el debate que se originó en el Consejo de Instrucción Pública respecto a la posibilidad de conceder el doctorado a las mujeres. Finalmente, se llegó a determinar la concesión. Pero se precisó que solo podrían solicitarlo las estudiantes que ya habían finalizado sus estudios y aquellas que se encontraran en proceso. De esta forma se prohibía de facto, según la Real Orden del 16 de marzo de 1882, que otras mujeres pudieran iniciar los estudios universitarios. Al menos hasta que se adoptara una medida definitiva sobre el asunto en cuestión.


Para entonces eran nueve las universitarias matriculadas en España. Las últimas fueron María Luisa Domingo García en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid (1880), Dolores Lleonart Casanovas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona (1881) y Teresa de Andrés Hernández en la Facultad Filosofía y Letras de la misma universidad (1881). Cabe decir que ni la Universidad de Barcelona, ni la Universidad de Valencia ni la Universidad de Valladolid encontraron ningún inconveniente, al menos de forma tan aparente, en dejar matricular a mujeres en sus respectivos centros. Estos casos tan solo se daban en la Universidad Central de Madrid.


Concepción Alexandre
De las universitarias del periodo que abarca desde 1882 hasta 1888 destaca Concepción Alexandre Ballester, que pudo acceder a la carrera de Medicina al no haberle sido aplicada la normativa. Esto le permitió terminar los estudios de Bachillerato y poder acceder a la universidad.



Ya en el curso 1884-1885 no se matriculó ninguna nueva alumna en estudios superiores debido a que la normativa citada anteriormente impedía que aquellas que finalizaban la Segunda Enseñanza pudieran acceder a la universidad.


El caso de Dolores Closas Morera es digno de remarcar. En 1886 decidió matricularse en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona. Pagó por las asignaturas de Química General, Mineralogía y Botánica, Geometría General y Análisis Matemático, asignaturas que estuvo cursando hasta el momento de realizar los exámenes finales. Fue entonces cuando se le comunicó que no los podía continuar porque su matrícula había sido declarada nula de acuerdo con la normativa vigente, a pesar de que ella había iniciado la segunda enseñanza en 1881 y, por lo tanto, no le era aplicable.


El Consejo de Instrucción Pública de 1882 no consideraba que las mujeres estuvieran capacitadas para los estudios de Filosofía y Letras, a diferencia de los de Medicina. Es en estos momentos cuando este pensamiento se invierte. Se trató de alejar a las mujeres de la Medicina para acercarlas a Filosofía y Letras. Se trataba de estudios que apenas tenían salida profesional para ellas. Además, pensaban que podían responder a lo que ellos suponían que era el deseo de “adorno” que con los estudios buscaban.


La prohibición de que las mujeres pudieran acceder a estudios superiores se mantuvo vigente hasta el año 1888, momento en el cual un Real Decreto permitía que pudieran licenciarse en tanto que la enseñanza fuera privada. Por lo tanto, tenían el derecho a ser examinadas, pero no a asistir a clase. Aun así, si se pedía asistir a clase, el rector y el profesor de la asignatura en cuestión debían autorizarlo.


Matilde Padrós y Ángela Carraffa
En el curso 1887-1888 fueron admitidas en la carrera de Filosofía y Letras las universitarias Matilde Padrós y Rubio, por la Universidad Central de Madrid, y Ángela Carraffa de Nava, por la Universidad de Salamanca. A Matilde la avalaron tres catedráticos a los que ella había sido alumna asidua en sus respectivas clases, los cuales tacharon de inmejorable el comportamiento y el rendimiento de la alumna.

En 1890, una vez finalizadas las licenciaturas, las dos universitarias solicitaron el acceso al Doctorado en la Universidad Central, donde coincidirían en la misma clase con el famoso historiador Ramon Menéndez Pidal. En 1892, Ángela Carraffa presentó su tesis titulada Fernando Núñez de Guzmán. Su vida y sus obras, convirtiéndose así en la primera mujer en obtener el título de Doctora en Filosofía y Letras.

Un año más tarde, en 1893, Matilde Padrós obtuvo su doctorado con la tesis titulada El testamento de Jacob (Flecha, 1994: 87). De ella, José Ortega y Gasset diría: “Es la mujer más inteligente que he conocido, pero lo más interesante de esta mujer es que ella no sabe que es inteligente. Difícilmente se encontrará a un ser más inteligente y más inocente”.

La normativa aprobada en el año 1888 estuvo vigente hasta el 8 de marzo de 1910. Hasta entonces, las aspirantes a ser futuras universitarias debían contar con el permiso de la Dirección General de Instrucción Pública. La institución estudiaba cada caso particular, trámite que podía llevar meses e incluso años. Este fue uno de los factores que explican que, a lo largo del siglo XIX, tan solo hubiera 107 estudiantes matriculadas en universidades españolas.


Además, si asistían al aula debían ir acompañadas del padre, de un hermano o bien del profesor. En 1910 se eliminan las trabas y se garantiza que la mujer pudiera acceder a la universidad en igualdad de condiciones respecto a los hombres. Luisa Cruces Matesanz es uno de los casos de mujeres que tuvo que ir acompañada de un hombre a clase. Fue la primera licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona en 1910.


En el transcurso de esos casi cuarenta años de prohibiciones, burocracias, papeleos y decisiones administrativas arbitrarias, un total de setenta y siete mujeres consiguieron acceder a la universidad en España. De ellas, cincuenta y tres terminaron sus estudios y lograron el título de licenciadas o doctoras.


Matilde Ucelay
De 1910 a 1936 hubo un aumento del 7.842% en el número de universitarias matriculadas, pasando de las 33 a las 2.588 en 26 años. Durante este periodo cabe remarcar algunas mujeres importantes, como María Sordé Xipell, primera licenciada en Ciencias Naturales; Catalina de Sena Vives Pieras, primera Doctora en Ciencias; Zoé Rosinach Pedrol, primera Doctora en Farmacia; María Ascensión Chirivella Marín, primera licenciada en Derecho; Carmen Cuesta Muro, primera Doctora en Derecho; Pilar Careaga Basabe, primera licenciada en Ingeniería Industrial; o Matilde Ucelay Maórtua, primera licenciada en Arquitectura.



Emilia Pardo Bazán

Se iban realizando avances de cara a la normalización de la figura femenina dentro de las aulas universitarias. Sin embargo, aún se se mantenían en pie ciertos sectores que eran un tanto reacios a lo que ellos consideraban del todo inapropiado. Incluso grandes figuras de las letras sufrieron esta discriminación. En 1916, Emilia Pardo Bazán fue nombrada catedrática de la Universidad Central de Madrid. Su nombramiento era deseo expreso del rey Alfonso XIII debido a sus méritos literarios. Sin embargo, los catedráticos expresaron unánimemente su desacuerdo. Los alumnos, todos ellos varones, le hicieron el vacío en sus clases, no acudiendo nunca.



FUENTES:


- Daniel Pedrero Rosón: Las primeras universitarias españolas. 

- Wikipedia:











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